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Otro cuento de terrorismo energético: la clonación

Otro cuento de terrorismo energético: la clonación

En febrero de 2004, científicos surcoreanos anunciaron con orgullo, que habían clonado embriones humanos y se justificaron, inmediatamente, diciendo que eran con fines exclusivamente terapéuticos. Esta fecha pasará a lo poco que queda de historia del homo industrialis.

Desde que la oveja Dolly hizo irrupción en el mundo científico, hace apenas siete años, las manipulaciones genéticas han ido in crescendo de forma exponencial, por supuesto siempre con fines terapéuticos y con muchos y muy estrictos controles. Las modificaciones genéticas de las plantas han tomado un camino mucho más incontrolado y las grandes empresas del “agrobusiness” están invadiendo los mercados y los suelos del mundo, ante la impotencia de campesinos, agricultores e incluso gobiernos (pocos, la verdad), que osan oponerse a los designios de un mundo de semillas patentadas y certificadas.

Los debates, falsos claro está, se centran sobre si esas modificaciones ayudarán a “mejorar” nuestro “nivel de vida”, nuestra “calidad de vida”, nuestra “salud” o nuestra “seguridad alimentaria” (sic), entendida como el aseguramiento de una cantidad suficiente de alimentos vegetales y animales y dando por supuesto que esa ingeniería genética es la pieza clave y única para asegurarla. Los que se oponen, lo hacen con una suerte de prevención, que apela a la lógica y al sentido común y poco más y en algún honroso caso, como el de Vandana Shiva, por ejemplo, dando ejemplos de cómo las semillas genéticamente modificadas y sobre todo la superestructura económica y financiera que la empuja, representan un mal, más seguramente que un bien, para el conjunto de los seres humanos y todas las demás especies animales y vegetales.

El mundo economicista en que estamos inmersos resulta incapaz de ver los efectos a largo plazo de las decisiones que se toman para ganar dinero y acumular capital lo más rápidamente posible. Esta religión se antepone a todo y los gobiernos han cedido las más importantes parcelas de poder frente a estos grandes, gigantescos y diabólicos mecanismos de acumulación de capital hasta el infinito. Su poder es tal, que son capaces de trasladar su moral de avaricia y acumulación, al común de las gentes, que caen en la trampa de la mayor producción a corto plazo y se olvidan que en el largo plazo puede ser una quimera. La sabiduría popular, que siempre había dado al tiempo y a la tradición (que no es otra cosa que valores que se asientan con el tiempo, con mucho tiempo y cuanto más tiempo mejor), ha dejado de lado estas preciosas enseñanzas y se ha entregado, con un frenesí suicida para su propia especie y para las ajenas, a devorar suelos, a emponzoñar aguas, a agotar depósitos, a envenenar aires y a quemar todo lo que se les pone por delante.

Es muy común hoy escuchar a personas que cuando se les enfrenta a una tragedia como el agujero de ozono (tres veces el tamaño de los EE.UU. en la actualidad), o al aumento de los gases de efecto invernadero, al agotamiento de las aguas y el envenenamiento de los ríos y mares contesten : si, creo que mis hijos lo pasarán mal, pero a mi no creo que me toque. Y se quedan tan tranquilos; a esos extremos ha llegado la alineación.

El avance científico en los últimos decenios, unido a la ferocidad capitalista por el acopio y la acumulación de riqueza por sí misma, han trasladado esos mecanismos de intensificación de la explotación de los recursos y de los bienes al mundo de la genética. La excusa es que es para mejorar las condiciones y la calidad de vida de los seres que componen la sociedad. El escudo en que se parapetan, que sólo los retrógrados se oponen al avance inexorable de la ciencia. La realidad es que no es así, sino que se investiga para obtener beneficios, como resultado de la venta de los productos que son objeto y consecuencia de la investigación, sean estos ruedas de coche, nuevos materiales semiconductores, prótesis o patentes genéticas de semillas.

Por ello, cuando vi en un artículo sobre almacenamiento, energía y transformidad, el cuadro que a continuación expongo, empecé a adquirir conciencia de la importancia del tema.

TABLA 12.1. EMERGÍA DE ALGUNOS ALMACENAMIENTOS GLOBALES

(CAPITAL NATURAL)[1] POSIBLES ÓRDENES DE MAGNITUD

ELEMENTOS

TIEMPO DE REPOSICIÓN EN AÑOS

EMERGÍA ALMACENADA EN SEJ

VALOR MACROECONÓMICO (En Em$ de 1992)

Infraestructura mundial[2]

100

9,44*1026

6,3*1014

Aguas dulces

200

1,89*1027

1,26*1015

Ecosistemas terrestres

500

4,7*1027

3,1*1015

Información cultural y tecnológica

104

9,44*1028

6,3*1016

Atmósfera

106

9,44*1030

6,3*1018

Océanos

2*107

1,89*1032

1,25*1020

Continentes

109

9,44*1033

6,3*1021

Información genética de las especies

3*109

2,8*1034

1,86*1022

INVIRTIENDO EN CAPITAL NATURAL (“INVESTING IN NATURAL CAPITAL”), Annmary Jansson, Monica Hammer, Carl Folke, Robert Costanza, Olaf Johansson, Sandra KoskoffISBN 1-55963-316-6

Publicado por la Sociedad Internacional para una Economía Ecológica (“The International Society for Ecological Economics”) e Island Press, 1994.

Tel. 1 800-828-1302 ó 1 707-983-6432; Fax: 1 707-983-6164

La tabla 12.1 muestra el almacenaje de los recursos que ha generado el medio ambiente. Las fuentes de energía de la izquierda se indican con un símbolo circular. Las energías de las fuentes se utilizan en los procesos de transformación de la energía para producir las cantidades almacenadas en el depósito. Según la segunda ley, parte de la energía se degrada en el proceso y se muestra como “energía usada”; se escapa a través del sumidero de calor y es incapaz de realizar más trabajo. También debido a la segunda ley, la cantidad almacenada tiende a dispersarse, perdiendo su concentración. Parte de esa energía pasa a través del camino de la depreciación y del sumidero de calor.

La Literatura sobre la evolución de la Naturaleza es exhaustiva y la mayor parte de ella se dedica a informar sobre los valores estimados de mercado de los almacenamientos y los flujos de los sistemas medioambientales. En estudios recientes a la evaluación medioambiental, se utilizaron medidas monetarias para los almacenamientos naturales. Otros han utilizado simples medidas físicas de los recursos almacenados, especialmente de la energía.

Para construir y mantener almacenados los recursos disponibles, es necesario realizar un trabajo que requiere energía y exige una transformación. El trabajo se mide por la energía que se debe consumir en él, pero la energía de un tipo no puede considerarse equivalente a la energía de otro tipo. Por ejemplo, un julio de energía solar tiene menor capacidad de realizar un trabajo que un julio de energía contenida en el carbón, puesto que la energía del carbón se encuentra más concentrada que la energía solar. La relación entre energía solar y la energía del carbón se puede calcular determinando el número de julios de energía solar que se requieren para producir un julio de energía de carbón. Los diferentes tipos de energía que existen en la Tierra están jerárquicamente organizados con los julios de energía de un tipo que se requieren para generar energía de otro tipo. Para evaluar todos los flujos y almacenamientos sobre una referencia común, usamos la emergía solar (Odum 1986; Scienceman 1987), que se define de la siguiente forma:

La emergía solar es la energía solar consumida, directa o indirectamente, para hacer un producto o realizar un servicio. Su unidad es el emjulio solar”. (“solar emjoule” o sej, en inglés)

Aunque la energía se conserva según la primera ley, según la segunda la capacidad de la energía para realizar un trabajo se agota y no puede ser reutilizada. Por definición, la emergía solar solo se conserva en una cadena de transformaciones hasta que la capacidad de realizar trabajo de la energía final restante es agotada (generalmente en realimentaciones interactivas).

La transformidad solar se define de la siguiente manera:

La transformidad solar es la emergía solar que se requiere para realizar un julio de un producto o un servicio. Su unidad es el emjulio por julio” (págs. 201-203).

El descubrimiento, en la tabla anterior, de que, según este criterio de evaluación energética, la información genética de las especies, es la que tiene mayor valor, por necesitar un tiempo de reposición mucho más alto que el de los mismos océanos y continentes, más que el aire que respiramos, fue revelador. Y ello está relacionado con una mayor energía solar almacenada en esas especies vivas. Dicho de forma más precisa, ya que el tiempo que se ha necesitado para llegar a donde ahora se encuentra la genética de las especies es de 3.000 millones de años, éstas han podido acumular una cantidad de energía solar mayor que la necesaria para hacer los continentes, por ejemplo.

Es, desde luego, un criterio de evaluación algo discutible, pero no deja de tener sentido y vale bastante bien para la energía solar que se ha necesitado para terminar haciendo un kilo de antracita o un metro cúbico de gas natural o un litro de petróleo. Por lo menos, en este sentido, sí que da un parámetro que ayuda mucho a ver, en su exacta perspectiva, el valor que tiene el que hayan tenido que pasar, hace sesenta o cien millones de años, varios años para que se forme una masa vegetal como la de un árbol. Que luego haya caído, junto con toda una masa boscosa, bajo un manto terrestre, que haya sido movido por fenómenos o telúricos o atmosféricos, como un aluvión, también provocados por el sol. Y que determinadas condiciones de presión y temperatura hayan dado lugar, cien millones de años después a esa antracita. Cuando se quema esa antracita y se obtiene un julio con ella, no es el mismo julio que el que se obtiene de tomar el sol directamente; es oro concentrado por el sol, por años de sol, sobre materia orgánica.

En este sentido, comprobar que la información genética almacenada en las especies se encuentra en la cima de todas las acumulaciones, se comprende muy bien por qué, en cuanto ha habido posibilidad de manipular los genes, el diablo del capital y su ansía de acumulación se han puesto a la tarea de intentar controlar y acelerar los mecanismos de funcionamiento genético, en provecho propio y para acumular riqueza y bienes.

La verdad es que los hombres ya indujeron hace siete mil años, por medio de la selección de los mejores granos de las mejores cosechas y los mejores animales, una forma de control genético de las especies animales y vegetales, si bien en los 7.000 años que el hombre es agricultor y ganadero, los cambios han sido importantes pero han llevado sus buenos siete milenios.

Lo que hace pocas décadas ha empezado, es un nuevo salo cualitativo en esa manipulación. Es un intento de acelerar, de forma muy entrópica, ese control genético. Primero fueron las semillas; luego las plantas y un salto en sus propiedades; finalmente los animales. Y hace pocos días, si se excluye a una secta que juraba haber clonado al hombre, hace un par de años, científicos surcoreanos anunciaron orgullosos clonaciones humanas. Desde luego, con fines terapéuticos.

Es un viejo sueño el que se persigue. Es un nuevo concepto de medicina, nada hipocrático y sí muy hipócrita. En un mundo con seis mil millones doscientos millones de seres, de los que dos mil se arrastran sin las mínimas garantías de supervivencia, un clan de señoritos, pertenecientes a una sociedad patricia, se afana por conseguir células madre de repuesto, para que los pudientes puedan reponer, con mucha seguridad y sin rechazos, hígados, riñones, corazones maltratados por el abuso de alimentos y alcohol, o huesos rotos por una civilización del automóvil, que exige su cupo de huesos quebrados. Esta sociedad se nutre del resto del mundo, aunque lo ignora y se despega cada vez más de la realidad y del mundo que les sirve de sustento. Ese es el concepto de progreso. Que unos progresen mucho mientras otros, los más, se hunden cada vez más en el abismo.

Para que los que se lo puedan permitir puedan reemplazar su piel completa, si se queman. Está bien eso, piensan los que viven en esa sociedad de patricios y nobles, que temen poder quemarse o accidentarse, o que les de un infarto algún día. Que son lo que suelen no pensar que con la milésima parte del coste de una operación de ese tipo, se salvarían decenas de vidas que ahora se frustran, por falta de una aspirina, una vacuna simple, un antibiótico, un pedazo de pan, un vaso de leche o una manta. En el fondo, son no-personas, no les importan.

La manipulación genética moderna, es extremadamente intensiva. Exige enormes medios y es, por tanto, muy energética. Consume muchos recursos en muy poco tiempo. Era lógico que así fuese. Pero eso no importa a los que no se tienen que preocupar por los equilibrios energéticos. Ellos están al servicio de industrias farmacéuticas, o multinacionales médicas que comercializarán tus propios repuestos corporales y te los guardarán, cuidadosamente, en cajas fuertes climatizadas, para cuando sea necesario reemplazar alguno de los tuyos desgastados, de forma que puedas aumentar tu esperanza de vida hasta los 120 años, hombre occidental (¡qué gran triunfo!) mientras ahí, afuera, la gente vive cada vez menos, porque esos frigoríficos demandan una energía que podría calentar una magra sopa a centenares, que evitarían morirse así de frío a los 34 años. Ese es el equilibrio energético que se ha encontrado.

Ciencia que se desvanecerá, como azucarillo en el agua de la historia, cuando los microscopios electrónicos dejen simplemente de funcionar y las sofisticadas centrifugadoras, los miles de probetas de usar y tirar, los climatizadores de más-menos una décima de grado, dejen de estabilizar los costosos productos que ahora atesoran, en busca del beneficio, enmascarado.

Estos piratas con ojo de microscopio/ arrendadores de úteros, profanadores de templos/ congeladores de esperma/ sepultureros criónicos/ aprendices moleculares de brujo/ sátiros de pene hipodérmico/ desfacedores de entuertos en retorta/ moldeadores de Nobeles en cuerpos Marylin/ inicuos cartógrafos del genoma/ violadores de oveja con jeringa/ rejuvenecedores de domingas/ engodapollos de carnes de goma/manipuladores de cromosomas/ clonadores de rompe, rasga y pringa/prepotentes erectores de mingas: que se preparen, que donde las dan, las toman. Este hatajo de Mengueles del II Reich del capital, que le meten picana a los embriones, creen que hay atajos a la construcción de la Naturaleza. Se equivocan, si piensan que sus cinco años de carrera, el master y varios años de currículo engordado tan artificialmente como sus subproductos cárnicos, han adquirido más conocimientos que los miles de millones de años de selección natural. Curioso, que estos deterministas, que tanto adoran los postulados darwinistas, frente a los retrasados del concepto bíblico de la creación, abandonen luego tan precipitadamente la selección natural, para afirmar, con toda rotundidad, que sus manipulaciones de las últimas décadas les hacen superiores y les adelantan sobre la madre que los parió, que no es otra que la mil veces millonaria en años Naturaleza.

Dicen respetarla, pero ¡que va!, de respeto nada. Dicen querer sólo mejorarla, como el que se cisca en su propia madre y cree que la supera

La buena noticia, es que no hay que preocuparse mucho. Si uno se cree la tabla de la paciente, laboriosa y ordenada acumulación de energía en la información genética de las especies que hasta ahora han sido, no debe preocuparse porque los “productos” de estos manipuladores puedan prevalecer, a largo plazo, sobre los que ya llevaban el sello de la depurada supervivencia que dan los miles de millones de años y el paseo triunfal por los vericuetos de una selección natural y ancestral. Las ladillas fosforescentes, con las que un amigo mío hacía un chiste fácil sobre los genitales de su novia, no prevalecerán sobre las ladillas vulgares. Dolly tampoco, sobre las ovejas de las estepas kazajas. Y los empresarios trasplantados de vísceras replicadas, mantenidas a buen recaudo en el mercado de futuros de pellejos, osamentas y órganos blandos, tampoco sobrevivirían más que un bebé gitano, nacido en un carromato en un camino perdido de Transilvania. Me refiero, claro está, a la supervivencia como especie, no a la supervivencia como individuo, que es lo que obsesiona hoy a ricos y a las empresas que ya se frotan las manos con este negocio.

El cuadro anterior, anima mucho a pensar en la frase del poeta uruguayo Couturé, que decía “El tiempo siempre reclama todo aquello que se hace sin su consentimiento”. Anima a creer que la estupidez, no es más que una rama desviada del tronco general del conocimiento humano, que no tiene posibilidades de sobrevivir, más que en un espurio momento en que la estupidez de la sociedad industrial y capitalista le sirve de momentáneo caldo de cultivo. El cuadro anterior es de lo más poético que se ha visto últimamente. A mi me recuerda una poesía que hice en 1983, de una sola estrofa, que decía:

“Tan cerca del ADN y tan lejos de la Vida...”

Un buen día, se irá la luz eléctrica (para siempre) y los frigoríficos del Banco de Clonaciones tendrán que hacer lo que el sueco que guardaba un jabalí entero en el congelador de su casa en Bagdad, cuando la guerra le dejó sin energía: tirarlo, porque se pudrirá en 24 horas. Y los que pensaban que serían eternos, porque habían puesto su plan de pensiones en estos sofisticados bancos de órganos, córneas, corazones, se morirán del susto; serán incapaces de vivir sabiendo que sólo tienen el corazón que llevan puesto.

Ese día, los campesinos desdentados y enjutos, de piel curtida por el aire y el sol, ya viejos a sus cuarenta años, pero viejos con nietos, se reirán de los jóvenes prometedores que a sus cuarenta años no habían tenido tiempo de tener hijos, porque tenían que pagar antes las letras de la vitrocerámica (¡qué cosa tan inútil!) y del coche con common-rail-turbo-diesel-injection. Entonces los genes, los verdaderos genes, empezarán a hacer su trabajo y entonces, será el día en que los humillados de la tierra serán ensalzados y los poderosos serán humillados. Un llanto y crujir de dientes para los que pensaron que el nivel tecnológico de la sociedad no tenía marcha atrás; para los que creen firmemente, porque se benefician momentáneamente de ello, que el trasplante de corazón es bueno (¿cómo no va a ser bueno para el individuo al que se le ha salvado la vida unos años más?), pero que se niegan a pensar qué podría haber hecho Hipócrates con ese mismo gasto energético, con elementos mucho más sencillos y con las vidas de cientos de pacientes que se apagaron por falta de cosas elementales. No será renunciar al conocimiento, sino ser obligado por la falta de energía barata a abandonar los caminos impracticables de una medicina y una genética espantosamente caras y enormemente sofisticadas, complejas y por tanto frágiles. Una ciencia tan entrópica que resultará imposible en poco tiempo. Será entonces el momento de la ciencia del sentido común, libre de aparatosos aparatos. Será un pequeño paso para el hombre moderno y un gran paso para una humanidad más consciente. Será el momento de volver a enorgullecerse de provenir de la ameba y de tener reposados en nuestros propios cuerpos millones de años de una cuidada evolución, que un día algunos listos creyeron intuir en una doble hélice. Tan cerca del ADN y tan lejos de la vida...

Pedro Prieto. 17 de febrero de 2004.

[1] Producto del flujo anual solar 9,44*1024 sej/año y el orden de magnitud de los tiempos de reposición en la columna 1.

[2] Autopistas, puentes, oleoductos, etc. (pág. 209)

Última Edición: jueves, 19 febrero 2004 @ 18:06 CET| Hits: 5.446 Ver la versión para imprimir