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Cuando un bosque se quema...


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PPP

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Este sería un artículo para la Sección de "el mono desnudo":

Recuerdo que uno de los primeros anuncios que salieron en España intentando prevenir los incendios forestales, decía que “Cuando un bosque se quema...algo suyo se quema”. Y recuerdo que la mordacidad terrible del humorista Perich, creo que fue, añadió en uno de sus chistes, un epílogo, que lo dejó de esta manera: “Cuando un bosque se quema...algo suyo se quema... señor conde”

En lo que llevamos de año, se han quemado unas 50.000 hectáreas de bosques en España; esto es, unos 500 Km2. España tenía en 1998, un 16,8 % de su superficie de bosques; dado que su superficie son 505.990 Km2, los bosques suponen un total de 85.000 Km2. Eso quiere decir que, en lo que va de año, se ha quemado un 0,6 % de todos los bosques de España, un país con 41 millones de habitantes.

La situación en Portugal, entre el año pasado y este, es mucho más grave.

Portugal tiene 92,135 Km2 de extensión y el año 98 tenía un 18,3 % de bosques; es decir, unos 17.000 Km2 de bosques. Si no recuerdo mal, la destrucción neta de bosques ha podido alcanzar niveles que llegan, entre 2003 y lo que va de 2004, al 5% del total de los bosques. Portugal es un país con 10,1 millones de habitantes.

Pensemos un poco. ¿Quién podría vivir en un mundo sin árboles? Seguramente, nadie. Pensemos otro poco. Cuando oímos por radio o vemos por televisión los terribles incendios forestales, ¿Qué escuchamos decir a los medios supuestamente responsables de informarnos de estas tragedias? Pues algo así como “se han quemado, hasta el momento, unas dos mil hectáreas (por ejemplo), pero afortunadamente sólo se han quemado cinco viviendas y un establo y no hay que lamentar desgracias personales”

Pero ¿seguro que no es una desgracia personal y colectiva? ¿Por qué los medios y los políticos reaccionan de esta manera? ¿Y si se quemaran todos los bosques algún año? ¿Qué sería de la vida de ese país? Pues los medios creen que seguiría. Y algunos creemos que no, que todos los ciudadanos morirían, por lógica.

Entonces ¿por qué no se relaciona la poca superficie boscosa que nos queda, con la vida y el aire que respiramos? ¿Podemos seguir permitiéndonos ser espectadores pasivos de que cada año el planeta, en su conjunto, pierda entre el 1 y el 3% de sus masas forestales mundiales, bien por la contaminación, la deforestación, o bien por incendios, en un momento en que ya se han perdido más del 55% de los bosques del mundo?

Necesitamos, desesperadamente, una nueva visión de estas tragedias, basada en la lógica y no en la estúpida costumbre de valorar sólo, o principalmente, bienes inmuebles y vidas humanas.

Veamos y pensemos por un momento. Si en España hay 41 millones de personas y 85.000 Km2 de bosques, tenemos 1 Km2 de bosques por cada 480 personas. Si en Portugal tienen 10,1 millones de personas y 17.000 Km2 de bosques, a ellos les toca un Km2 de bosque por cada 600 personas.
En promedio, sintiéndonos ibéricos y además, seres humanos sobre el mundo, los habitantes de la Península y sus islas de soberanía, disponemos de 1 Km2 de bosques para cada 500 personas.

Y sinceramente creo que cada vez que se quema un solo kilómetro cuadrado de bosque, han muerto, indirectamente, pero con toda seguridad, 500 personas y la vida animal y vegetal que les sustenta. Así lo pienso y así lo creo firmemente, como ciudadano del mundo que está convencido de que está vivo sobre el planeta, gracias a la Madre Naturaleza que nos sustenta y no gracias al trabajo rutinario que pueda estar haciendo o a los bienes muebles o inmuebles que pueda poseer. Me parece insultante y cínico que se diga “afortunadamente no ha habido que lamentar desgracias personales", porque creo que no es cierto. Es una gran desgracia, personal y tambien colectiva. Mueren morirán de forma lenta, pero inexorable. Han destruido su propia casa, su verdadera casa, no la de ladrillo y cemento, sino la que verdaderamente les cobija. Lo que se quema, son sus alimentos, es su despensa y su frigorífico y su mercado, no solo un bosque.

Cínicos y faltos de visión, de valores y de criterios, son los que dicen “afortunadamente...”, cada vez que se echan cuentas, de hoja Excel y de economista de la tierra plana, de los resultados de un incendio forestal. No se puede permitir esta ignominia.

Estos días, en las carreteras españolas están sacando por los carteles anunciadores, unos avisos de efecto que dicen “50 muertos el mismo fin de semana del año pasado”, para recordar a los conductores los que el año pasado murieron en las carreteras, para qu, supuestamente, tomen conciencia. Es curioso que ya no se les avise de "papá ven en tren" o "papá, manda el coche a freir espáragos".

Creo que ya va siendo hora de decir que hay que acabar, que hay que exterminar esta cultura estúpida del consumo incesante, del automóvil privado y de la verdadera falta de conciencia (no de la ficticia y superficial) con la Naturaleza, así, con mayúsculas. Hay que ser conscientes de que si este año llevamos quemadas 120.000 hectáreas (1.200 Km2) en la Península Ibérica y de sus islas de soberanía, eso son, exactamente, 600.000 muertos (seres humanos) a fuego lento, más la biodiversidad animal y vegetal que se nos va para siempre. Ni más, ni menos. Doscientas verdaderas Torres Gemelas (o sea, cuatrocientas Torres), derribadas por la estulticia de dirigentes y líderes empresariales y sindicales, que mantienen en la suprema ignorancia a sus ciudadanos, convenciéndolos de que el principal enemigo en nuestros países es un terrorismo difuso, aunque este año haya batido récords de maldad y haya asesinado a cerca de doscientas personas. Mientras no tengamos conciencia de este gigantesco problema, oculto e intencionadamente ignorado, podemos llegar a la estúpida situación de vernos con, por ejemplo, 60 millones de habitantes, sobre una tierra totalmente calcinada, y un descerebrado locutor diciendo “se nos ha quemado la última hectárea de bosque que teníamos, pero afortunadamente, no ha habido que lamentar desgracias personales ni pérdida de bienes, incluidas las bombonas de oxígeno con las que normalmente respiran los ciudadanos, ni los invernaderos hidropónicos e ignífugos con desaladoras, ni los puertos, aeropuertos o autopistas asfaltadas, desde donde nos siguen llegando los alimentos y suministros de otros países”

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Osec

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No es solo por dorarte la pildora ;-) pero me ha parecido un árticulo muy bueno, eso sí, echo de menos alguna referencia a la brutal intencionalidad que suele provocar estos incendios, ( he oido referencias en los media que hablan de que 90% de los incencios son provocados ). En este contexto, y a sabiendas de que los pirómanos representan también una minoría dentro de los incendios provocados, creo que no está de más señalar que hay unos culpables detras de muchas de esas catástrofes, que persiguiendo en lucro personal no dudan en arrasar con lo que haga falta. Es fácil saber quienes son los auténticos responsables, basta con fijarse en el uso que se le da a esas hectáreas de bosque quemado, que empresa, constructora, ayutamiente afinca algo allí, y ya sabes quien pago al "loco" de la cerilla.

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PPP

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Tienes razón, Osec, debería haber dicho algo sobre la intencionalidad, aunque esa es otra de las grandes estafas. La verdadera intención, la verdadera maldad. es la de construir una sociedad voraz como la que tenemos; el resto se da por añadidura.

Cuando escribí el artículo, lo hice fundamentalmente indignado por los que creen que "afortundamente no ha habido que lamentar desgracias personales" entendiendo por ello, que 600.000 personas acaban de perder un pu´món para respirar y que el otro se les está encharcando de aguas fecales y de aguas de mar que no realizan como debieran la creación de plancton, debido precisamente al calentamiento de la atmósfera.. Lo escribí pensando en esos estúpidos que creen que cuando un bosuqe se quema, se quema algo del señor conde o algo ajeno, porque ellos se dedican a la industria, sin darse cuenta de que aunque trabajen con un martillo neumático, al final lo importante son sus brazos, su hígado y sus riñones con capacidad de filtrado y depuración, su cerebro (muy plano en estos días) para pensar, y por supuesto, sus pulmones para respirar. No se dan cuenta de que somos tres cuartas partes de agua, exactamente como la Tierra y que necesitamos agua. Creen que se pueden comprar en el supermercado, embotellada y fresquita.

Iba contra esa civilización y se me olvidó que debería haber ido también contra la civilziación que permite que un fin de semana aparezcan trescientas mil familias en trescientos mil coches en las cumbres más altas de las cordilleras vecinas, a hacer paellas, fumarse cigarrillos debajo de los pinos y a tirar las botellas de plástico que se han bebido (esas de donde creen que mana el agua) entre los matorrales. Debería haber ido también contra los constructores que son capaces de corromper a cualquier concejal de obras públicas para recalificar de forma incalificable, lo que no es clasificable, para construir urbanizaciones altius, citius, fortius (cada vez más arriba o más dentro de las pocas reservas que tenemos y cada vez más grandes). Si, debería haberlo hecho. Recuerdo el chiste del fabuloso El Roto de hace pocos días. Se veía una persona en un bloque gigantesco de apartamentos frente a la playa y otra en el mar mirando a la costa. La primnera decía: "¡que vista tan magnífica del mar!" y la segunda, metida en el agua y mirando en sentido contrario, decía "¡Que vista tan espantosa de rascacielos!" Esos somos nosotros. Esa es nuestra civilización y esas son las dos caras de nuestras monedas humanas. Tenemos que hacer esfuerzos gigantescos, sobre todo dentro de nosotros mismos y de nuestros propios cerebros, si queremos ser en un minuto la inconsciente persona del apartamento y al minuto siguiente, la persona abrumada de la playa.

Saludos

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Víctor

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Estoy totalmente de acuerdo contigo Pedro y lo que nos dices en el artículo.

Hace mucho tiempo ya que estoy en contra del desarrollismo turístico, residencial e incluso industrial de nuestras costas y montes (que dicho sea de paso, es el motor de la destrucción de bosques y parajes naturales), sin embargo aún no me he acostumbrado a las barbaridades que se siguen haciendo en los pocos lugares vírgenes que nos quedan.

No puedo evitarlo, debo pertenecer a una especie rara que no se resigna a pagar su hipoteca, comprarse un coche, ni tener un apartamentito aquí o allá con vistas a la cocina del vecino y un trocito de azul entre dos bloques de cemento. Vamos que todo lo que sea darle a la rueda dichosa del consumo por el consumo, con su lógica estúpida, no va en absoluto conmigo. Y se puede vivir muy feliz sin dependencias que nos agobian y esclavizan.

Soy como Ideafix el perrito de Obelix al que le daba un ataque cada vez que los romanos arrancaban un árbol. Imagínate que hasta el hecho de que arranquen en mi calle un árbol porque está un poco torcido me causa una cierta tristeza y depresión. Yo llenaría de árboles las ciudades, uno cada diez pasos, para que su sombra cobije, para que su verdor nos de frescor, para que en su ramas haya vida, para que alegren la vista dominada por el gris aburrido y patético, no sólo de los edificios sino de las caras amargadas y asfixiadas de polución, caras que esperan a que venga de nuevo el viernes para escapar de esa cárcel de locos.

Los árboles dan mucho y exigen poco. Dan tanto que no lo podemos ni llegar a imaginar. Donde hay un bosque, allí hay fauna, vida; donde hay un bosque, allí hay agua retenida en el subsuelo por las raíces. La tierra se apelmaza y no se disgrega y desliza cuando hay tormentas, en parte porque está retenida por las raíces, pero también porque el agua de lluvia llega al suelo con menor fuerza al tener que sortear las miles de hojas y ramas. La erosión no es posible bajo un bosque. El bosque es cuna de las fuente que no son más que el punto donde el suelo escurre su agua sobrante.

Justo bajo el árbol, la tierra es más fértil porque retiene más minerales y humedad que el árbol retiene para su uso. Si paseamos por el bosque (o un parque urbano frondoso) la temperatura baja siempre al menos uno o dos grados, dependiendo de la humedad de la tierra y la capacidad de las hojas de absorber el aire caliente circulante, que suele estar lleno de CO2 en la ciudad. En Barcelona encontramos que hay una diferencia de entre 4 a 6 grados, entre el interior y la periferia (a 5 Km). Lo constato cada vez que salgo, sobretodo en invierno que las calefacciones van a tope sumadas a tubos de escape de los coches. El bosque es un regulador de la temperatura y la humedad, además de un filtro contra la contaminación. Es como se dice un pulmón verde. SI una ciudad tiene muchos bosques (parques) la temperatura se regulariza y el aire es más puro. Pero en Barcelona no hay tanto parque como sería necesario, más bien el ayuntamiento va a por lo barato y en vez de césped y árboles apuesta por el asfalto, las plazas duras, el mármol, el granito... y unos cuantos bancos para sentarse que indican que "aquel engendro" es un parque público.

Pero, hablando de pulmones verdes, sólo hay que ver lo que hacen con los pocos pulmones verdes que nos quedan en la Tierra.

Todo viene rodado, en efecto Pedro, cuando "La verdadera intención, la verdadera maldad. es la de construir una sociedad voraz como la que tenemos; el resto se da por añadidura." Por eso tendremos gente que apoye proyectos como "Terra Mítica" donde se necesita tanta agua y sombra en un lugar donde no hay ni agua ni sombra. Benidorm es el engendro turístico más endemoniado que tiene el Mediterráneo. Sólo pensar la energía necesaria en esos rascacielos para bombear el agua (desalada=más energía) hasta el piso 20 o 30 ya me da pánico.

Hay mucha gente que piensa como el ex-ministro (menos mal) Zaplana (al que considero de extrema derecha): desarrollismo tipo años sesenta (en que gobernaba Fraga ¡qué cosas! ahora del PP). Precisamente Fraga apostó por destrozar la preciosa Costa Brava catalana, que por cierto, estaba llena de bosques de pinos colgados de los acantilados...

Aquí en Catalunya van a sacar (ya era hora) una ley que prohíba recalificar un terreno quemado por un incendio forestal. A ver si es así en todas partes. Lo que sospecho en el caso de Galicia donde hay tanto bosque, agua y verde porque llueve mucho, es que los incendios sean provocados para: plantar más eucaliptos que dan madera más rápidamente o bien para tener tierras cultivables, para especular o para recalificar. No sé pero es muy sospechoso... o no: Fraga es el caudillo de allí, perdón, quería decir el presidente de esa comunidad...

Pongamos un árbol en nuestra vida. Plantémoslo, abonémoslo, regémoslo y protejámoslo. Eso dice mucho más que cualquier buena intención de cualquier gobierno. Eso nos hace más personas.

Un árbol es un amigo, un aliado de la humanidad. Desde antiguo se aprovechó para calentarnos y construir herramientas, casas, barcos, etc. Aunque siempre nos hemos excedido en su uso, esquilmando los bosques antiguos que quedaban...

En fin, que se podrían exponer infinidad de elogios al árbol, pero creo que nos quedaríamos cortos...

Vïctor











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