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La Naturaleza salpica.


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reevelso

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La Naturaleza salpica. La Naturaleza eyecta, escupe, enjuaga, inunda y humedece por doquier. El elemento responsable de todo ello es el agua, como se puede uno imaginar. Pero, lo que ya exige un ejercicio de visualización algo más completo es el hecho de que el AGUA, como elemento básico e imprescindible de la Vida, interactúa con los demás elementos básicos, que hace miles de años se definieron: el AIRE, el FUEGO y la TIERRA.

Son, sin duda, los pilares básicos de nuestro pequeño universo conocido, de nuestra Tierra, sin menospreciar las tablas periódicas de los elementos que la química ha ido descubriendo. Porque, cuando me refiero a agua, todos sabemos que es H2O y el fuego es energía en forma de calor liberado de alguna materia que se consume debido a una reacción en cadena que se llama combustión en la que interviene el oxígeno como catalizador. Sabemos que el oxígeno es un componente fundamental -aunque no en cuantía el más importante- de nuestra atmósfera respirable. Todo eso está claro. Sólo se trata de ver si el haber profundizado tanto en el conocimiento de la Vida nos ha servido realmente de algo, si nos ha hecho más sabios, o si decidimos utilizar todos los buenos descubrimientos sobre misteriosas leyes físicas que personas valientes y lúcidas tardaron en ocasiones toda una vida en esclarecer, para quedarnos solo con el botín.

Pienso que el sacrosanto concepto de la propiedad privada o estatal habla mucho en favor de esta segunda opción. Saber mucho de la química de la Vida no nos ha hecho más solidarios ni respetuosos, sino más avariciosos y arrogantes. Al menos hasta hace muy poco, antes de las evidencias de los efectos no deseados de nuestras acciones sobre el medio. Ahora empezamos a constatar los hechos: la Naturaleza reacciona y lo hace salpicando de nuevo. Ya no lo podemos negar y lo admitimos: somos responsables de una grave agresión medioambiental sobre la fauna y flora del planeta. Pero, si el afrontar los hechos a estas alturas nos aporta esperanza para seguir a salvo de las salpicaduras está por ver.

Pero volvamos al AGUA: éste es un elemento pasivo, sin movimiento propio. Necesita de algo que le proporcione dicho movimiento para generar las corrientes oceánicas, llegar al punto de ebullición o de paso convertirse en vapor de agua, ascender y condensarse, desplazarse en forma de nube y descender sobre un campo de trigo o una cuidad. Y dicho esto, adelanto la evidencia de que la Vida sobre la Tierra y nosotros mismos somos producto del puro hecho de que el agua circula por el planeta, impulsado por la energía del Sol.

Y esto ha tenido que ocurrir durante tanto tiempo -cientos de millones de años sobre una Tierra en transformación- y con tan sumo cuidado para crear un equilibrio que establezca las condiciones idóneas (las que permiten que las formas de vida cuajen y tengan tiempo de desarrollarse, reproducirse y criar antes de morir) que el ser humano aún no ha alcanzado a comprender los detalles del mecanismo ni conoce la mitad de los pasos que la vida ha tenido que dar hasta llegar a NOSOTROS. Literalmente se puede decir que nuestro planeta se ha acondicionado a sí mismo en un proceso complejo y delicado hasta convertirse en el hábitat más perfecto que hasta ahora conozcamos, tan perfecto que es como una perla reluciente en un mar de piedras.

Todo ello ha ocurrido sin más y aquí estamos para dar buena Fe de los resultados, porque, si algo nos define, es la capacidad de asombrarnos ante lo que los demás pobladores animales y vegetales de la Tierra encuentran de lo más normal: el hecho de estar vivos y rodeados de tanta belleza y majestuosidad que se aprecia en cualquier rincón esculpido por los elementos.

Este asombro no ha llevado a formular preguntas y esas preguntas nos han convertido en buscadores de respuestas sobre todo tipo de cuestiones que han dado lugar a las más diversas civilizaciones y su modo de interactuar con el entorno, desde los enfoques más espirituales en los que cada ser en la Tierra forma parte de un espíritu universal al que se venera y respeta, al modo pragmático o materialista de contemplar la Vida y todas sus manifestaciones. Una vaca puede ser así un ser sagrado o un cuadrúpedo descuartizable en piezas perfectamente catalogadas y adecuadas al consumo de carne en la dieta humana moderna.

Este segundo punto de vista sobre los seres vivos y todo lo que nos rodea es el que nos caracteriza a los humanos civilizados de hoy. No somos uno más de la Fiesta de la Vida. No nos conformamos con ser testigos o mensajeros. El sentirnos fuera de los circuitos naturales y tener que apañárnoslas con un cuerpo sin pelaje, sin colmillos ni garras nos ha empujado de la mera supervivencia a la dominación, a ser protagonistas y a escribir el guión de nuestros pasos. Somos los autores de nuestro propio montaje teatral, expertos en inventar mundos al margen de lo natural. Tenemos nuestros propios escenarios y son asombrosos también.

Aún hay quienes viven en cuasi perfecta armonía con el medio ambiente y en un absoluto respeto por toda criatura, aunque maten para alimentarse, y luego estamos la mayoría dominante, la civilización que surgió a partir de los imperios históricos, los romanos, bizantinos, las dinastías chinas y los demás imperios de oriente, todos ellos fundidos ahora por los intereses comerciales planetarios en una mal avenida comunidad económica en la que grandes y pequeños luchan por sobrevivir o dominar.

Ciertamente la visión dominante de la Naturaleza es que ella nos proporciona los recursos necesarios para hacernos más fuertes y ricos, más seguros y protegidos. En realidad, todo lo que hacemos es extraerle los recursos para transformarlos en utensilios que nos hagan la vida más confortable y a salvo de la misma Naturaleza que nos proporciona los materiales básicos a partir de los cuales fabricamos lo que nos define: un juego que se llama yo soy lo que tengo.


La Naturaleza, sin embargo, salpica, y nos recuerda que Ella sigue en movimiento, su movimiento, de modo que aparece un huracán o un terremoto y nos recuerda que solo somos inquilinos y no los dueños del planeta. Somos invitados, seguramente hijos predilectos, con la capacidad de comprender las reglas de juego de la casa, aunque es posible que las hayamos comprendido un poco tarde. En no muchos años lo sabremos.

La tierra es una especie de horno-lavadora que cría a millones de seres vivos. El Sol produce las grandes diferencias térmicas subrayadas por la rotación terrestre. Eso pone un marcha un complejo sistema de corrientes atmosféricas y marinas. El agua es el elemento portador de la energía solar y actúa de cuna de la vida. El agua también transporta esa vida a todos los lugares de la Tierra. De este proceso también hemos surgido nosotros, de un conjunto de condiciones atmosféricas únicas. En busca de nuestros orígenes, nos pusimos a observar muy pronto cómo funciona la Vida y la muerte. Y nos dimos cuenta de que somos el resultado de la mezcla justa entre calor, humedad y materia prima.

En las leyendas sobre la creación en las que se afirma que el primer ser humano se hizo del barro, se comprendió a la perfección que nosotros somos el producto final de la dinámica inducida por la situación relativa de la Tierra y el Sol, cuya energía radiada es la justa para que el agua tenga la temperatura exacta que permita que del suelo se extraigan los elementos necesarios para la vida vegetal que es el sustento de todas las formas de vida animales, incluido, desde luego, el Hombre y la Mujer. Esos elementos parecían verdaderamente estar en manos de un Dios escultor. Nosotros éramos unos insignificantes bípedos desnudos y asustados. De modo que decidimos hacer un esfuerzo por congraciarnos con tales elementos. ¿Y por qué no?

Nacieron las religiones y sus agentes humanos con sus respectivos rituales. No hay nada de primitivo en ello. Toda religión actual es la secuela de la primera ceremonia en la que un grupo de humanos trataba de comunicarse con las grandes fuerzas naturales. Es lo que nos ha permitido sobrevivir durante milenios, hasta que en los últimos siglos decidimos dejar de pedir permiso a las fuerzas naturales para coger lo que nos plazca. Había nacido la ciencia.

Pero, adorar al Sol no es tan disparatado como pueda parecernos a los modernos monoteístas descafeinados por una visión científica que ha añadido su voz al concierto, pretendiendo ser la prima donna. Al fin y al cabo el Sol es y será siempre la verdadera fuente local de vida. ¡Viva pues el Sol y los ocho minutos luz que nos separan de él!

En cuanto se pudo demostrar que ciertas perspectivas del universo simplemente estaban equivocadas, volvió a cobrar fuerza la curiosidad del Hombre por saber en qué mundo vive. Recuperamos nuestra licencia para investigar, largamente negada por los dogmas religiosos, por mero interés institucional, desde luego. Así que se acabó la pausa impuesta por los papas y nos volvimos a subir al carro de la investigación, con mejores herramientas que dieron lugar a una retroalimentación fabulosa que permitió una mirada más profunda a la Vida.

El conocimiento más detallado sobre los procesos y la composición de la vida nos proporcionó mayor dominio sobre los mismo y la capacidad de realizar transformaciones de la materia que dieron lugar a ese sinfín de objetos que ahora nos rodea. El que más investigadores tuviera a su lado antes se convertiría en poderoso y rico. Los sacerdotes dejaron de ser útiles a los gobiernos para incrementar sus riquezas. Fueron sustituidos por científicos, muchos científicos. La religión ya no se mete en Física. Perdió la batalla por diez a cero. Ahora solo se dedica a moralizar y cuidar sus propias arcas. También necesita sobrevivir. Mientras tanto la industria mundial manda a sus investigadores por todo el planeta en busca de nueva información susceptible de ser utilizada en beneficio propio. La industria no quiere conocer, quiere transformar y vender. Y se ha dado cuenta de que las maravillas de la Vida son mucho mayores de lo que imaginamos.

Sin embargo, la ciencia convertida en patentes para la industria, solo ha servido para dar permisos de transgresión abusivos que los temores a los castigos divinos no permiten en los pueblos ‘primitivos’. Gracias a esos permisos que alguno ha llamado audacia y valor, nacieron las actuales potencias mundiales y sus clanes del poder industrial y tecnológico. Ahora nuestra vida, nuestro alimento, está en manos de los consorcios que siguen manipulando los recursos para incrementar sus beneficios. Las leyes del hombre solo se adaptan a sus intereses. De eso se ocupan los abogados.

Decir que Dios, un dios con rostro humano es la fuente de toda vida fue un complicado paso en la progresión de respuestas a los misterios de la vida y de la muerte. Fue tal vez el paso preliminar para que ese rostro humano terminase por mezclarse con nosotros hasta desaparecer y ser nosotros mismo los dueños de la Vida o al menos creernoslo. En nuestra avaricia hemos pecado de ingenuos.

Lo cierto es que, mientras tanto, la Naturaleza sigue salpicando para continuar su trabajo infatigable de proporcionarnos a todos el sustento vital. Sin sus corrientes que encadenan el alimento y distribuyen el calor por el planeta de un modo equilibrado, y que también, de vez en cuando, nos abruman o derrumban nuestras casas, nada de lo que somos sería posible. Lo cierto es que la estamos observando, con miles de ojos en busca de las señales que nos avisen sobre ese desastre que creemos estar provocando. queremos predecir sus movimientos, saber dónde y con qué fuerza va a impactar. Lo cierto es que pocas veces podemos hacer otra cosa que huir y ponernos a salvo. Y en eso los ricos llevan mucha ventaja sobre los pobres. La experiencia lo ha demostrado de nuevo recientemente.

Refugiarnos en ciudades de hormigón no nos ha acercado a las respuestas ni nos ha puesto a salvo de nada. Aunque tratemos de escapar de las salpicaduras, de las inclemencias y los caprichos de la Naturaleza, reuniéndonos en mundos en los que hemos imitado los circuitos naturales para que nuestros deseos se satisfagan al margen de los ritmos naturales que establecen las estaciones y/o diferentes latitudes en las que nos asentamos, los elementos penetran sin clemencia hasta el último escondite. La naturaleza es una sintonía de la que nosotros somos una nota, aparentemente discordante. Desde luego hacemos todo lo posible, sobre todo las sociedades pudientes, por crear nuestro micro clima, totalmente al margen de lo que ocurre fuera, allí afuera.

Haga frío o haga calor, elegimos la temperatura, la humedad ambiental y la intensidad lumínica. Y mientras, nos dedicamos a un juego inconsciente que solo sirve para saciar nuestra hambre voraz: alterar los espacios naturales y sus equilibrios de una forma tan brutal que ya sabemos que puede que en unas décadas no habrá refugio que nos proteja de las salpicaduras de la Naturaleza que entrará renovada por nuestras puertas para recordarnos que no hemos jugado con sus reglas y que siempre es ella la que, a la larga, nos las marca. Ser los rebeldes de la familia nos llevará a ciertas consecuencias. Obedecer solo a nuestro propio mandato puede ser divertido y proporcionar toda una serie de ventajas mientras nos vaya bien. Pero haber perdido el contacto con lo natural cuando los cambios a los que estamos forzando a los grandes ciclos nos devolverán el golpe en nuestra propia cara, puede ser el factor que nos lleve a perder la partida justo cuando ya nos sentíamos invencibles.

La mayoría de las religiones hablan del arrepentimiento, que en sus acepción original significa dar media vuelta. Pero a muy poca gente le apetece volver allí. Es más divertido seguir en el parque de atracciones que hemos montado o al menos soñar con poder entrar, malviviendo hacinados en sus límites, en lugar de llevar una vida en armonía con las fuerzas que dan y quitan el sustento, sea Dios, El Sol o la dinámica de fluidos cósmicos. La idea de dar la vuelta ha estado siempre presente como una advertencia que nos hace nuestra voz de la conciencia. ‘Estas luces solo te seducen para luego llevarte a la oscuridad sin remedio’. Lo cierto es que no hay nada cierto y tal vez debamos echar el freno ya y tal vez exista otro camino por el que escaparnos de la catástrofe y seguir evolucionando.

Tal vez sea tarde para todo ello. Es posible que ya nos la hayamos jugado. Puede que debamos hacer un esfuerzo colectivo tremendo para evitar una ducha fría que se lleva por delante a la humanidad. ¿Debemos renunciar a todo lo que hemos logrado? ¿Tiene que ser hoy mismo? Es como dejar de fumar y no verse capaz. Estamos enganchados a nuestro estilo de vida, aún a riesgo de que nos mate.



También es muy posible que no sea necesario dejar de ser lo que somos, dejar de tener lo que tenemos, porque, desde una perspectiva más relajada y no menos responsable, el plan de juego sea ése precisamente, y que nos comportemos como lo hacemos y que todo va bien así. Puede que solo estemos cogiendo lo que generosamente se dispuso para que nos estrujásemos la sesera con el fin de encontrarle utilidad a materias primas tan repugnantes como el petróleo y convertirlo en miles de productos fabulosos, sanos y divertidos. Tal vez seamos el plan genial de una mente sin prejuicios. Al fin y al cabo un planeta es solo un planeta más en un Universo que cada año crece exponencialmente y nos hace ser cada vez más insignificantes.

Si es que en realidad, al margen de toda presunción sobre quienes somos y si significa algo nuestra vida, somos sin duda un agente importante en la transformación constante a la que se halla sometido el planeta. Y no estamos fuera. No somos unos parias. Actuamos desde dentro. Tenemos la fuerza de cien volcanes y nuestra acción altera los ritmos...pues bien, las consecuencias también las tendremos que afrontar, de un modo u otro y lo que se apuesta no es menos que nuestra propia existencia porque la naturaleza seguirá salpicando dentro y fuera de sus océanos aún mucho después de habernos ido. Será un reto más, seguramente de los importantes.

Lo que parece seguro es que reencontrarnos (por las buenas) con la Naturaleza es un empeño que hemos decidido olvidar en algún momento, porque, tal vez, vimos de pronto la opción de escapar de Ella, la que nos escupió hace miles de años cuando el ser humano cobró consciencia de sí mismo y vio como sus más terribles temores se despertaron en su alma. El miedo nos ha hecho huir. Solo el amor nos puede reconducir hacia lo que somos. Y, adónde íbamos? En realidad nuestra huida es con el tesoro cargado en los lomos. Nuestra ingenuidad no tiene límites.

Ahora, gracias a la medicina genética pretenderemos vivir eternamente. No sé para qué...yo solo quiero regresar, pero sé que si me siento fuera de lo natural como ser consciente y reflexivo, es para ver y apreciar mejor lo que nos ha parido: la Naturaleza que salpica. Y yo quiero que me salpique, que me impresione y me sacuda por dentro, para volver a sentirme unido a ella. Quiero resolver un auténtico problema de comunicación que me mantiene en un estado de permanente ansiedad. En realidad quiero sentir su amor, ese Amor que llevamos milenios prometiéndonos. Durante milenios el ser humano trataba de no enfadar a las divinidades naturales. Durante siglos se nos cuenta luego que Dios y la Virgen nos aman. Todo trata de lo mismo: deseamos sentirnos unidos a algo que reponde a nuestros orígenes. Aunque obremos al margen de sus leyes, tenemos que afrontar nuestra mortalidad y ello nos lleva sin excepción a plantearnos un diálogo con nuestra Naturaleza.

Pero yo no me conformo con palabras de supuestos intermediarios, sean sacerdotes o publicistas, para saciar mi sed. De modo que necesito comunicarme con la energía creadora, sentirla con toda su fuerza. Está en todas partes, a nuestro alrededor, en los espacios naturales donde bulle la Vida incesantemente. La miro de fuera y me inunda su hermosura. Quiero volver a entrar. Pero también me doy cuenta que el hallarme separado, ser un observador atónito me permite apreciarla en toda su dimensión y esforzarme por vivir en armonía con el resto de la vida sobre la Tierra. No se puede amar a la madre desde el vientre. Por alguna razón que aún no nos explicamos tuvimos que sentirnos solos y aislados, expulsados. Pero tampoco se la debe maldecir y desecar por habernos obligado a salir, a crecer y madurar. Porque en verdad somos los hijos que se están comiendo las entrañas de su madre. Esperemos que tal sacrificio sirva para algo. El camino es incierto, pero lo que es seguro es que nos va a salpicar.
Paz y Amor !

Estado: desconectado

si3rra

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Identificado: 23/11/2004
Mensajes: 120
no se que se terminará antes si el agua o el petroleo: articulo de barrameda.com

Observando el continente europeo vemos que casi toda Europa se encuentra en un estado que va de grave a crítico. De sus 55 ríos, sólo cinco no están contaminados. La escasez de agua potable es crítica en España, sur de Italia, Grecia y los Balcanes, parte de Holanda, Alemania, Países Bajos e Inglaterra. En el resto, grave. Han contribuido a este desastre, la explotación irracional del recurso, la contaminación producida por las industrias petroquímicas, el uso de agrotóxicos hasta hace pocos años en la agricultura, la devastación de los bosques y florestas naturales.


Peor es la situación en Asia. En el Asia Menor, Medio Oriente, la Península Arábiga, Irán, Afganistán, Pakistán, India, Asia Central, parte de China, Japón, Corea, el estado es crítico. Turquía e Irak están enfrentados por las nacientes del Tigris y el Eufrates donde los turcos aspiran a construir represas para desviar el agua de estos ríos. El trasfondo de la guerra israelí - palestina también está dado por la decisión de Israel de apoderarse totalmente de los recursos que ambos pueblos comparten y aún del agua del Líbano y Siria.

Los ríos de la India están totalmente contaminados. Igual el río Amarillo, corazón y vida de China, y los ríos que alimentan las planicies del norte aunque el gobierno chino ha tomado medidas para revertir la situación. Las reservas subterráneas de China también fueron afectadas, sobre todo entre los años 1991 y 1996.

El Mar de Aral, que se encuentra entre Uzbekistán y Kazajstán, se está secando debido a la contaminación producida por los elementos químicos que se utilizan en Uzbekistán para el lavado del algodón, que es el principal producto económico del país. Esta contaminación ha matado toda la vida que florecía alrededor del Aral y ha afectado la salud de los habitantes de la región: distintos cánceres, abortos espontáneos, niños que nacen con graves problemas físicos o mentales.

Australia padece serios problemas en el sur. La superexplotación de los ríos y de las reservas de agua subterránea están concentrando grandes cantidades de sal en la superficie. El intento australiano de desviar el curso de algunos ríos hacia esta zona del país, terminó provocando un desastre ecológico de carácter irreversible en todo sentido, no sólo para la vida vegetal y animal, sino también para la humana pues se perdieron tierras fértiles, muy aptas para la agricultura.

Africa a pesar de poseer dos enormes acuíferos (reservorios de agua potable mineral subterráneos que se encuentran a partir de distintas profundidades de la superficie), el de Nubia (Sudán) con un volumen de 75.000 kilómetros cúbicos (un kilómetro cúbico equivale a un billón de litros de agua, es decir un uno con doce ceros atrás) y el del Norte del Sahara con 60.000 kilómetros cúbicos, se encuentra en estado crítico en el norte, parte de Somalía, Eritrea, Etiopía y en el sur del continente. Todos su ríos y lagos están contaminados por la sobreexplotación humana, sobre todo por razones económicas. ¡Cruel paradoja! Un continente que posee reservas de agua potable, que alguna vez fue comparado con el Paraíso, hoy se muere de sed.

El Agua Potable en el Continente Americano 1

Nuestro continente, con el 12% de la población mundial, encierra el 47% de las reservas de agua potable de superficie y subterránea del mundo.

En América del Norte, la situación va de grave a crítica. Doscientos millones de personas dependen del agua subterránea para el uso doméstico y los científicos han determinado que la misma desempeña un papel importante en la conservación de los ríos, lagos, humedales y sistemas acuáticos. Las aguas superficiales y subterráneas interactúan, de tal modo que los cambios en los niveles de agua subterránea pueden tener efectos significativos en hábitats críticos como la vegetación ribereña y la vida silvestre que de ellos dependen. Canadá posee el 9% del agua dulce y renovable del mundo, la gran mayoría de ella es subterránea y se calcula que su volumen es 37 veces más grande que el del agua de los lagos y ríos del país. Se sabe que el agua subterránea abastece en un 22% al lago Erie y en un 42% a los lagos Hurón y Ontario. Más de un cuarto de canadienses se abastecen de agua subterránea para uso doméstico. A pesar de contar con tanta agua potable, la población sólo accede al 40% de ella.

En muchas regiones el agua subterránea se usa con mayor rapidez que con la que se recarga. Canadá está padeciendo problemas de contaminación en algunas zonas debido a industrias petroquímicas, pesticidas, aguas servidas, nitratos, desechos químicos, bacterias. La contaminación de los acuíferos produce mortalidad entre la población, sobre todo en los niños, ya que las aguas subterráneas se transforman en armas letales por los venenos, tóxicos y bacterias que adquieren.

EE.UU. tiene el 40% de sus ríos y lagos contaminados. El famoso Canal del Amor de las Cataratas del Niágara, equivalente para los norteamericanos a lo que es la Garganta del Diablo en nuestras Cataratas del Iguazú, padece un alto grado de contaminación. Pero también la padecen los acuíferos estadounidenses. El Ogallala, que se extiende por ocho estados desde Dakota del Sur al norte, hasta Texas, ha visto mermar sus aguas por la sobreexplotación del mismo en las grandes llanuras, corazón cerealero del país. El uso de agrotóxicos como el glifosato, utilizado ya como defoliante por las tropas norteamericanas durante la Guerra de Vietnam y cuyas consecuencias aún se hacen sentir en el medio ambiente y población vietnamitas, los desechos químicos, sumideros, han contaminado gravemente al Ogallala. El Acuífero ha disminuido hasta 30 metros en algunas zonas.

La mitad de la población estadounidense depende del agua subterránea. La extracción a mayor ritmo que con el que la naturaleza lo recarga, es decir la explotación irracional del acuífero, produce la disminución del nivel del agua (Chicago - Milwaukee, Cuenca del Alburqueque, Nueva México, Acuífero Sparta de Arkansas, Louisiana, Mississipi), la intrusión del agua salada en los acuíferos costeros (tal el caso de la costa atlántica de Cap Code a Miami, Long Island, Nueva York y la costa central de California), el hundimiento del suelo (Valle San Joaquín, California, Houston, Galveston en Texas, Baton Rouge en Louisiana, Phoenix en Arizona) y la reducción de las descargas de agua superficial en ríos y humedales. El proceso de hundimiento del suelo es irreversible pues los sedimentos de los mantos acuíferos se compactan y la capacidad de almacenamiento se reduce para siempre. Hoy EE.UU. tiene un déficit de agua subterránea calculado en 13.600 millones de metros cúbicos (cada metro cúbico equivale a 1.000 litros de agua) anuales, cuya mayor parte se acumula en el Ogallala. La sobreexplotación también alteró el sistema de los Everglades en Florida y produjo la ruptura del equilibrio ecológico de la región. El acuífero transfronterizo entre Canadá y EE.UU. el Abbootsford, también está contaminado. Los sistemas sépticos, las fugas en los tanques de almacenamiento subterráneo, los derrames de sustancias químicas industriales, las filtraciones de los vertederos de residuos sólidos y peligrosos, los terrenos baldíos donde alguna vez funcionaron industrias como fundiciones, plantas de destilación de alquitrán, de hulla y altamente contaminados, los nitratos, plaguicidas y bacterias, han alterado la calidad de las aguas subterráneas y de superficie. En Texas, se está evaluando la construcción de una planta de desechos radiactivos y peligrosos lo que provocaría la potencial contaminación de las aguas del río Bravo o Grande, frontera natural entre México y EE,UU.

En diversas partes de la Florida, San Antonio, Texas, Alburqueque, Nueva México, el agua subterránea es la única fuente disponible de agua potable. La escasez de la misma está llevando a disputas entre los usuarios y los proveedores de agua, ya que para EE.UU. el agua potable es una mercancía, por lo tanto objeto de oferta y demanda y no un bien social, que a veces llegan a verdaderos enfrentamientos armados. Los costos de bombeo aumentan cada vez más y los pozos rinden cada vez menos. En las Llanuras Altas, los agricultores han comenzado a abandonar la agricultura de irrigación. Los cambios en los recursos hídricos, están afectando las relaciones internacionales en las fronteras norte (Canadá) y sur (México) de EE UU donde las cuencas compartidas están generando disputas, a pesar de los Acuerdos Binacionales sobre Aguas Compartidas. El Acuerdo entre Canadá y EE UU data del año 1909 y regula las cuencas del Río San Lorenzo, de los Grandes Lagos, Grandes Llanuras, del Columbia y Yukón.

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