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Las utopías corrompidas

  • jueves, 28 octubre 2021 @ 12:25 CEST
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El titulo ha sido extraído de un interesante artículo de Phillipe Bihouix (https://editionsladecouverte.fr/catalogue/index-Revue_du_crieur_Na__2-9782707187987.html). En él, el autor nos transmite sus reflexiones sobre los avances científicos o tecnológicos y la futura transformación de nuestras sociedades industriales. De hecho, el subtítulo del artículo - un "estudio de la arrogancia tecnocientífica" - ya nos puede dar una pista de por dónde va a transitar el análisis del autor. Aunque el artículo tiene ya unos años, se publicó en 2015, pienso que explica perfectamente – al igual que la tesis y trabajos de Alicia Valero y Antonio Valero – lo que está sucediendo estos días (por ejemplo con los famosos "microchips").

En la actualidad cada día vemos noticias sobre innumerables avances científicos y tecnológicos que nos prometen un mundo mejor. Un mundo en el que la mayoría de nuestros problemas ambientales, energéticos, económicos y sociales van a ser solucionados. Pero, ¿es esto real?. Y, ¿cuánto hay de avance real y de agitación de brazos?.

Dentro de toda esta profusión de utopías tecnocientíficas Bihouix nos propone una sistematización interesante.

Por una parte tenemos en primer lugar las utopías cornucopianas (las del cuerno de la abundancia). En este tramo tenemos como ejemplos (entre otros) la tercera revolución industrial de Jeremy Rifkin (ya saben el del futuro hidrogenado...), las nuevas baterías de bajo costo y carga ultrarápida, las granjas de turbinas mareomotales o de dispositivos de energía undimotriz, las pilas de combustible o la fusión fría, el Hyperloop de Elon Musk, la explotación de los recursos minerales en asteroides o del agua de los océanos, las impresoras de carne (producción artificial de carne a partir de células madre)...Todo un conjunto de avances que harán que el pico del petróleo y la escasez de recursos minerales pasen a ser algo obsoleto.

En segundo lugar tenemos las utopías de tecnoesclavista, en las que la rápida evolución de las tecnologías de la comunicación e información así como de la miniaturización de los equipos informáticos van a permitir la substitución de trabajo humano por máquinas. Aquí podrían citarse entre otros ejemplos: Los robots nanomédicos cirujanos, los coches autónomos, los robots agrícolas, los robots cocineros...

En tercer lugar están las utopías "antropo-aumentadas" que son aquellas que posibilitarán que la humanidad mejore su rendimiento gracias a la tecnología. En este punto se pueden incluir – entre otras – las interfaces entre hombre-máquina, el progreso en medicina terapéutica (con los implantes biomecánicos cada vez más sofisticados que irán substituyendo partes de nuestro cuerpo dañadas o envejecidas), el desarrollo en el conocimiento de los mecanismos de envejecimiento y de la regeneración.

En cuarto lugar tenemos las utopías restaurativas, destinadas a solventar nuestros desastres ecológicos (resultado de nuestra actividad predadora de recursos debida al predominio de nuestro modelo "Buzz Lightyear" (hasta el infinito y más allá; ver Exprimiendo agua). Como ejemplo de ellas se puede citar a la geoingeniería destinada a frenar el cambio climático (entre éstas cabe destacar el "secuestro de CO2" que estos días esta de moda gracias a la planta desarrollada en Islándia (que supone un gran gasto energético y que consume 25 toneladas de agua por cada tonelada de CO2 que pasa a transformarse en carbonato dentro del basalto en el que se inyecta)), las" biotecnologías amarillas (que utiliza bacterias para bioremediar suelos y aguas), las tecnologías de ADN para revivir especies extintas...

Si las miramos con atención, la mayoría de las utopías tecnológicas nos prometen abundancia (recursos inacabables), ociosidad ( ya trabajaran las máquinas por nosotros), poder o capacidades. Todas ellas son fantasías presentes en mayor o menor medida en todas las culturas, mitologías, morales y religiones de los pueblos de la Tierra.

Pero, ¿van a poderse realizar. Según Bihouix muchas nunca se podrán realizar. La razón estriba en tres fenómenos principales y absolutamente inevitables:

En primer lugar, y de modo contrario a lo que parece, nuestro sistema industrial no cambia de la noche al día. Se requiere tiempo ya que se basa en los principales "sistemas de ingenieria" (infraestructura energética, transporte, edificios, equipos industriales y servicios públicos), que son físicamente casi inmutables o muy lentos de cambiar.

En segundo lugar, la mayoría de "mitos tecnológicos" descuidan el componente de los recursos no renovables, que es el vínculo sistémico entre los recursos y la energía. En teoría existe una cantidad gigantesca de energía disponible, pero la era abundante y barata se está volviendo escasa. Para continuar produciendo o extrayendo "nueva" energía se requerirán cantidades crecientes de recursos, energía y metales de todo tipo. Traducido al román paladino: contaminaremos cada vez más, agostaremos todos los recursos disponibles y en un mundo finito como es el nuestro obtendremos cada vez menos energía y por ende nuestra civilización ( la del BAU o del crecer-crecer hasta el infinito y más allá) colapsará. Y esto es así porque la concentración presente en las menas de los diferentes metales que necesitamos (la ley) cada vez es menor y por tanto se requiere más energía y mayor volumen de material para obtener la cantidad necesaria para mantener el funcionamiento de nuestra sociedad (para aquellos que piensen aún que con el reciclaje vamos a poder solucionarlo todo les recomiendo la lectura de Coste exergético y decrecimiento y Alicia Valero: "Nuestra civilización depende de minerales muy escasos en la naturaleza"). Este mayor aumento en la remoción de materiales conlleva más contaminación y destrucción de hábitats y por ende un mayor daño medioambiental. Pero no sólo pasa con los metales. El incremento en la demanda, con el consiguiente agotamiento y contaminación también afecta al agua, el suelo, la madera... Afecta a todos los recursos (bienes que obtenemos de la naturaleza para satisfacer nuestras necesidades de energía exosomática, ver Exprimiendo agua) que necesitamos para nuestro modelo basado en el crecer-crecer.

En tercer lugar, está la cuestión de los costes, que incluye los recursos físicos necesarios o la necesidad de mano de obra y capital, es decir, la inversión en instalaciones industriales. ¿Cuántas de estas tecnologías serán económicamente accesibles para nuestras sociedades? Ya tenemos grandes dificultades para financiar las líneas ferroviarias de alta velocidad de las redes existentes, por lo que es probable que el coste de Hyperloop (el sistema de transporte de alta velocidad propuesto por Elon Musk), por ejemplo, sea totalmente prohibitivo, debido a las adquisiciones necesarias para construir una línea suficientemente recta, necesaria para tal velocidad de operación. Tomemos la robotización: funciona bien cuando los robots realizan muchas tareas repetitivas, como en las líneas de montaje, para reducir los costos de diseño, fabricación y mantenimiento. Pero es poco probable que un robot venga a desbloquear su fregadero o planchar su ropa, simplemente porque incluso si esto se pudiera lograr técnicamente, el costo sería prohibitivo en comparación con un plomero o una criada.

En cualquier caso, el camino hacia el mundo 'soñado' será largo y costoso. En primer lugar, para que las nuevas innovaciones se devuelvan dentro de un tiempo razonable, las empresas deberán amortizar sus inversiones y pagar a sus empleados y sus accionistas. Por lo tanto, para financiar las colosales inversiones que se requerirán para la investigación y el desarrollo significativos e inciertos sobre el hombre "aumentado" del futuro, tendrán que encontrar mercados que sean capaces de proporcionar inversiones grandes, estables y sostenibles sin un retorno rápido. Teniendo en cuneta este aspecto, las aplicaciones militares ofrecen un medio completamente natural. Los desarrollos tecnológicos y las actividades militares están íntimamente ligados, al menos desde el descubrimiento del cobre, y es seguro que las primeras aplicaciones del hombre "aumentado" son y serán financiadas y probadas para hacer "soldados de infantería del futuro".

Este es y será un camino largo y costoso, especialmente para el planeta, porque todos estos desarrollos estarán lejos de ser neutrales en términos de consumo de recursos y generación de residuos. El aumento de la demanda de recursos escasos acentuará la presión de la minería sobre los ecosistemas y el volumen de desechos electrónicos se volverá inmanejable (de hecho ya lo es).

Finalmente, nada implica que las tecnologías desarrolladas vayan a ser accesibles para todos. Las telecomunicaciones nos dan un mal ejemplo al hacernos creer que el progreso es siempre generalizable, física y económicamente. Pero, por ejemplo, solo un pequeño porcentaje de la población mundial puede tomar el avión, varias décadas después de su "democratización", mientras que muchos están sufriendo su impacto ambiental, ya sea directamente, ya sea por la proximidad a los aeropuertos, o bien indirectamente por las obras destinadas a su implantación o su ampliación (vease el caso del aeropuerto de Barcelona y su pretendida ampliación, ver Lo de siempre).

Por tanto, las promesas tecnológicas, cada vez más numerosas y extraordinarias, seguirán ocupando el espacio mediático. Y también es de temer que cuanto más se deteriore el medio ambiente y más se exacerben las tensiones, más anuncios sobre un mundo mejor aparecerán. La disonancia cognitiva, el desagradable estado de tensión provocado por "conocimientos, creencias u opiniones incompatibles", apenas ha comenzado. Es una apuesta segura que estas utopías, desde ahora confinadas al campo tecnocientífico, halagando nuestros instintos más bajos, libradas de todas las consideraciones éticas, de cualquier dimensión humana y política, de cualquier reflejo social o subversivo, de cualquier potencial de revuelta, estas utopías "listas para consumir" incrustadas en nuestros sistemas tecnológicos, florecerán en un largo crepúsculo. Entra dentro de esa normalidad que dice que la "esperanza es lo último que ha de perderse", frase a la que añadiría que la esperanza basada en realidades no en falsedades. Porque hacer trampas al solitario es lo que nos ha llevado hasta la situación actual. El suministrar antiinflamatorios, calmantes y antibióticos a un cáncer sólo trata los efectos pero no la causa. El cáncer sigue ahí. En nuestro caso todas las medidas de bancos centrales, la inclusión de "todos los líquidos" en el concepto de suministros de petróleo por la AIE para mantener las tasas "aparentemente normales", el greenwashing actual... son sólo medidas paliativas de los efectos de ese cáncer llamado BAU o el "crecer-crecer" (hasta el infinito y más allá). Por tanto o se cambia de modelo o el cáncer nos consumirá y hará colapsar nuestra civilización hasta llegar a Thanatia.

P.S. Para aquellos interesados en el tema de los recursos minerales como uno de los factores limitantes para el desarrollo de las utopías tecnocientíficas, dejo aquí una serie de enlaces sobre libros, artículos y entrevistas que pienso pueden ser interesantes:

https://icariaeditorial.com/mas-madera/4695-thanatia-los-limites-minerales-del-planeta.html

https://www.publico.es/sociedad/ue-consume-30-metales-mundo-siendo-6-poblacion-global.html

https://www.publico.es/sociedad/emergencia-climatica-onu-preve-inminente-crisis-mundial-agua-derivada-emergencia-climatica.html

https://livre.fnac.com/a2886445/Philippe-Bihouix-Quel-futur-pour-les-metaux

https://livre.fnac.com/a6737145/Philippe-Bihouix-L-Age-des-low-tech-Vers-une-civilisation-techniquement-soutenable#int=S:Suggestion|FA:LIV|1|6737145|BL1|L1

https://www.heraldo.es/noticias/economia/2021/09/12/alicia-valero-aragon-falta-microchips-punta-iceberg-nos-espera-1518712.html

https://www.ccma.cat/catradio/solidaris/els-recursos-minerals-escassegen-a-les-botigues-no-trobarem-el-que-volem/noticia/3123784/ (la entrevista del video es en español, el resto – lo escrito – está en catalán)