Bienvenido(a) a Crisis Energética viernes, 13 diciembre 2019 @ 15:16 CET

¡Son los fosfatos, estúpido!

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Este es el título del único artículo que he leído en los últimos días y que da en el clavo, mejor en el meollo, del culebrón Marruecos-Saharauis-España.

Por lo general, y a lo largo de la historia de la humanidad, las guerras entre estados han estado mayoritariamente guiadas por la posesión de recursos. Estos recursos, anhelados por el estado agresor, obviamente confieren alguna ventaja a su poseedor. Como es evidente esta lucha se disfraza de múltiples maneras: agresión a la soberanía del territorio, agresión a las ideas religiosas... etc. De ello ya se encargan los correspondientes Goebbels de cada estado. El resultado ya sabemos cual es: siempre apechugan los mismos, o sea los pobres y además civiles.

En el momento actual asistimos a la enésima representación de la misma opereta en la que ahora intervienen como actores los arriba tres mencionados: Marruecos, el pueblo Saharaui y el estado Español.

La acción empezó ya hace bastantes años, en algún recondito despacho de alguien que se dió cuenta del valor de los recursos que estaban en juego.

Hoy en el Economista, alguien se ha acordado por fin de que el fosfato es imprescindible para la agricultura y que más lo va a ser en el futuro. Este hecho va suponer pingües beneficios para el estado Alauita. Como es evidente hay también intereses geoestratégicos de por medio, pero el económico - el representado por los yacimientos de fosBucraa - es más que importante (amén de los intereses de Marruecos por hacerse con el control de toda la costa Mediterranea donde el afloramiento de aguas frias y ricas en nutrientes garantiza una gran cantidad de pesca).

Cito un fragmento entresacado del artículo de M. Claver:

Así, cuando España en el año 1947 descubrió los primeros yacimientos de fosfatos, daba el pistoletazo de salida a una guerra por su control. La aparición de la mina de BuCraa (una de las más grandes del mundo), en 1963, terminó por atraer el interés global. El régimen de Franco realizó inversiones muy importantes para su explotación. De hecho, la todavía vigente cinta transportadora que traslada los fos- fatos desde BuCraa hasta el puerto (la más grande del mundo, con 100 km de longitud) data de aquellos años. Actualmente, y pese a las reiteradas quejas y denuncias de los saharauis, la mina es explotada por una empresa estatal marroquí encargada de las extracciones, procesamiento y venta.

¿Pero qué beneficios económicos se obtienen de estos yacimientos? Resulta complicado conocer con exactitud la cifra de ingresos que, para las arcas marroquíes, supone la extracción de las fosfatinas.

Se han realizado algunas aproximaciones y, según los cálculos menos ambiciosos, entre los años 1975 y 2006, se podrían haber extraído de BuCraa, un total de 40 millones de toneladas.

En los últimos años, esta cifra es muy posible que se haya disparado al estimarse que se ha producido un aumento muy significativo en la producción, alcanzándose los cuatro millones de toneladas al año. Hoy por hoy, Marruecos es el mayor exportador de fosfatos del mundo (con una producción anual aproximada de 30 millones de toneladas).

Y mientras Marruecos es el principal exportador, Estados Unidos es el principal importador. En los últimos diez años, habría estado recibiendo el 99 por ciento de sus importaciones procedentes de Marruecos y del Sáhara Occidental. La disminución que están sufriendo los yacimientos de fosfatos ha provocado que los dos grandes productores (EEUU y China) prefieran frenar sus exportaciones. Con el aumento de la producción de alimentos y también de biocombustibles, el cambio de dieta de la población mundial y la lucha por las reservas mundiales de fosfatos, veremos elevarse su precio hasta cotas muy notables.

Según se ha estimado, los yacimientos de BuCraa tienen una vida por delante de 30 ó 40 años. Después, se agotarán. Pero, al precio actual, sabemos que los fosfatos procedentes de estas minas podrían están incrementando las arcas del Reino alauí en unos 1.250 millones de euros al año. Una cifra que justificaría la lucha por la anexión del Sáhara. Sólo considerando el precio actual de los fosfatos, en tres décadas estaríamos hablando de unos 38.000 millones de euros.

Alguien se acuerda de la bandera de los EE.UU. en la Marcha Verde... ¿qué casualidad, no?. Son los principales importadores del fosfato Marroquí.

Ya he citado con anterioridad que los minerales no dejan de ser recursos importantísimos para mantener nuestra civilización. El paulatino cénit de estos recursos, la mayoría a lo largo de la primera mitad de este siglo, va a comportar luchas por su posesión.

La historia del conflicto entre Marruecos-pueblo Saharaui-España puede servir para ilustrar este proceso. Podemos citar otros casos como el Coltán del Congo, el cobre de Chipre, o quizas los futuros enfrentamientos por REE entre China y otros estados necesitados de estos recursos para fabricar sus ordenadores, placas solares... etc.

Como siempre, lo que en los despachos se decide y se reviste de aureola religioso-nacionalista, el pueblo de a pie lo acaba pagando... Pobre pueblo saharaui...