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El suministro global de petróleo: retos e incertidumbres

  • lunes, 26 abril 2010 @ 12:16 CEST
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El pasado jueves 22 de abril la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, una entidad constituida en 1764, acogió entre sus miembros al Dr. Mariano Marzo Carpio, geólogo del petróleo de prestigio internacional y catedrático de recursos energéticos de la Universidad de Barcelona. El profesor Marzo apenas necesita presentación entre nuestros lectores habituales, pues además de ser socio de honor de la asociación que impulsa estas páginas, es uno de los científicos españoles que más participa en los medios de comunicación con actividades de divulgación acerca de los recursos energéticos, circunstancia por la que muy a menudo traemos aquí sus artículos en prensa y sus presentaciones.

De acuerdo con los estatutos de esta Real Academia, todos los candidatos a ingresar en esta institución lo hacen a través de un discurso, que después es contestado por uno de los miembros. Para su ingreso, el Dr. Marzo presentó un discurso titulado "El suministro global de petróleo: retos e incertidumbres" (fichero PDF, 770KB), que resumió en una intervención de un poco más de una hora, ayudado por una presentación (fichero PDF, 7,4MB).

El texto presentado es un compendio de casi todo lo que se ha dicho acerca del futuro del suministro petrolero, comentado por una autoridad en la materia. Los datos presentados, y los comentarios que de ellos hace Mariano Marzo, si bien no resultarán nuevos para la mayoría de nuestros lectores, tienen el mérito de aportar perspectiva y ayudan a tener un entendimiento más profundo y lúcido acerca del problema, especialmente a la hora de la siempre difícil comunicación pública de estos hechos.

El discurso íntegro empieza constatando el desafío al que se enfrenta la industria petrolera (y por extensión el resto de la sociedad): incrementar durante los próximos veinte años la producción petrolera entre 20 y 22,5 mbd para así satisfacer la demanda prevista. Pero este volumen hay que triplicarlo hasta los 64 mbd si tenemos en cuenta que además de los nuevos flujos de producción necesarios, es necesario compensar la caída en la capacidad de producción que el agotamiento natural de los yacimientos ya existentes inflige anualmente en un promedio cercano al 6,7%. Este es un reto que va más allá de la industria energética, dado que existe una relación muy estrecha entre el crecimiento del PIB mundial y la producción de petróleo: desde 1980, incrementar en un 1% el PIB mundial ha requerido elevar en una media del 0,3% la demanda de petróleo.

Una de las cuestiones clave para entender el reto petrolero es la distinción entre los distintos tipos de petróleo y también lo que diferencia los recursos petroleros de las reservas probadas de petróleo, pues aquí reside mucha de la confusión reinante en torno al asunto de los límites de la producción de petróleo. Como explica con gran detalle el Dr. Marzo, los recursos petrolíferos mundiales (sin contar con el resto de hidrocarburos como el gas o el carbón) son aún enormemente grandes, suficientes, sobre el papel, para satisfacer las necesidades energéticas de la humanidad más allá de este siglo. Si sumamos las reservas de petróleo convencional, las mejoras en la extracción mediante diversas técnicas y los diferentes petróleos no convencionales (petróleos pesados, arenas asfálticas y pizarras bituminosas) obtenemos una cifra de 6 billones de barriles de petróleo (sin contar con la conversión de parte de las reservas de gas y carbón en líquidos, que teóricamente podrían aportar 2,4 billones de barriles más). Compárese con las reservas probadas de petróleo de 1,23 billones que maneja la industria y no es difícil entender por qué muchas personas se resisten a creer que pueda existir ningún tipo de límite al crecimiento futuro de la producción de petróleo. Y aquí es precisamente donde el trabajo de recopilación y análisis del Dr. Marzo se convierte en imprescindible para entender cuales son esos límites.

El primer límite viene anunciado por las series históricas de descubrimientos petroleros y consumo: pese al desarrollo tecnológico y a los nuevos descubrimientos, desde mediados de la década de los sesenta las nuevas reservas probadas y probables encontradas han ido disminuyendo, de manera que desde la mitad de la década de los ochenta se consume más petróleo del que se descubre. Por otra parte, encontrar y extraer el petróleo se está encareciendo, especialmente desde principios de esta década. Esto es un reflejo de la mayor dificultad técnica del descubrimiento y extracción, así como un desplazamiento hacia proyectos cada vez más complejos y remotos. El coste medio de perforación se ha multiplicado por dos entre 2000 y 2007, mientras que la profundidad de perforación ha aumentado un 15%.

Quizás la señal más evidente de las dificultades de la industria petrolera para aumentar la producción es la constatación de que la producción de petróleo convencional a nivel mundial se haya en declive. La Agencia Internacional de la Energía reconoce que la producción de los yacimientos conocidos hoy caerá de los 70 mbd hasta los 51 mbd en 2015 y a los 27 mbd en 2030. Aumentar la producción neta requiere en primer lugar compensar la pérdida de capacidad productiva debida al agotamiento natural, y este es un reto ya acuciante: en cinco años habrá que reponer 30 mbd (la capacidad de tres Arabia Saudí).

Como nos recuerda el Dr. Marzo, los asuntos geológicos no son los únicos que cuentan. La capacidad de producción va quedando concentrada cada vez más en las regiones que cuentan con mayores reservas. Es por esta razón que la producción de los países de la OCDE ha llegado ya a su tope, según estimaciones de la AIE, por lo que en el futuro seremos cada vez más dependientes de la OPEP. Esta circunstancia es fácil de entender si sabemos que treinta de los cincuenta y cuatro países productores de petróleo (el 61% de la producción mundial) ya han llegado a su techo productivo o peak oil, mientras que del resto, solo catorce siguen aumentando su producción y los diez restantes muestran una tendencia al estancamiento, que suele ser la antesala del declive. Además, muchos de los países que serán claves para el suministro futuro se encuentran en áreas geográficas (Golfo Pérsico, Cáucaso) sujetas a altos riesgos de inestabilidad política.

Esta reparto de las reservas y de la capacidad de producción muestra también dónde se deberán llevar a cabo las inversiones necesarias para convertir esos recursos en reservas comerciales: el 75% de la inversión en exploración y producción correspondería a países no OCDE. En la mayoría de estos países las reservas de petróleo están en manos de los propios gobiernos, y en algunos las leyes nacionales impiden que el capital extranjero participe en la industria petrolífera. La AIE calcula que para cubrir la demanda prevista de petróleo hasta 2030 se deberán invertir 5,9 billones de dólares (que es solo un 23% de los 25,5 billones de dólares necesarios para asegurar el suministro energético mundial, no solo de petróleo, de los próximos 20 años). Los riesgos asociados a esta inversión son variados, desde la dependencia financiera de los países productores respecto a los ingresos del petróleo a decisiones estratégicas de interés nacional como la de controlar el ritmo de extracción con vistas a las generaciones futuras, pasando por el propio aumento del consumo en los países productores.

Incluso si estas barreras desapareciesen, la propia industria se enfrenta a la escasez de mano de obra cualificada, factor que ya está provocando retrasos en el desarrollo de proyectos. En 2012 América del Norte y Europa se prevé que sufrirán un déficit en la demanda de personal de más de un 15%, mientras que países como China e India se dedican a exportar personal cualificado, principalmente geólogos e ingenieros.

Volviendo al campo de la física, el Dr. Marzo nos recuerda otras características de la futura producción de petróleo que pueden limitar la capacidad de convertir los recursos en reservas. La Tasa de Retorno Energético o TRE (conocida también como EROEI por sus siglas en inglés) en descenso de la extracción de petróleo muestra como cada vez es más costoso energéticamente extraer el petróleo del subsuelo. Y esto es especialmente notorio cuando hablamos de petróleos no convencionales (que en su mayoría no se encuentran naturalmente en estado líquido) o de petróleos que hay que extraerlos tras perforar 9,4 km de rocas bajo una lámina de agua de 1,2 km, como ha sucedido recientemente en el Golfo de México. De hecho, la TRE del petróleo entre 1999 y 2006 ha disminuido a casi a la mitad: en 1999, por cada barril de petróleo (o su equivalente) gastado en la extracción del crudo, obteníamos 35 barriles (una TRE de 35:1). En 2006, por cada barril invertido en la extracción obteníamos 18 barriles. Es decir, de media, la cantidad de energía necesaria para extraer un barril de petróleo se ha duplicado en ese periodo de tiempo. Por tanto, esta consideración nos obliga a preguntarnos no tanto "¿cuánto petróleo queda?", sino más bien "¿cuánto petróleo extraíble con un rendimiento energético significativo queda?". Y eso sin entrar en consideraciones de otra índole, como las emisiones de gases de efecto invernadero y los impactos medioambientales (especialmente sobre el agua) asociadas a la extracción y tratamiento de los petróleos no convencionales.

El texto del Dr. Marzo finaliza con un repaso de los informes publicados desde diferentes organismos que estudian la futura producción de petróleo, incluyendo la AIE, la EIA, ASPO, UKERC, la Universidad de Uppsala, la petrolera TOTAL y otras. De un análisis comparativo de estos pronósticos se concluye que, a pesar de las numerosas incertidumbres, "es probable que el cenit de la producción de petróleo convencional tenga lugar antes de 2030, y que existe un riesgo significativo de que dicho momento se concrete en la próxima década" (el texto es de 2009 y por tanto se entiende que habla de esta misma década).

Finalmente, solo nos queda recomendar encarecidamente la lectura completa y la máxima difusión de este valioso documento que resume y valora de manera detallada y creemos que autorizada las principales claves del futuro del petróleo. Este incluye un resumen de conclusiones de 20 puntos que apuntala con gran fortaleza argumentativa las conclusiones del Dr. Marzo, que acaban con esta reflexión final:

Un número especial de la revista Science, editado con motivo de su 125 aniversario, bajo el sugerente título «¿Qué es lo que no sabemos?», incluía en la lista de las veinticinco cuestiones de mayor impacto para el futuro inmediato de la humanidad, la pregunta: ¿qué puede reemplazar al petróleo barato y cuándo? (Kerr y Service, 2005). Sin duda, las conclusiones que acabamos de exponer justifi can tal decisión.

Ciento cincuenta años después del nacimiento de la industria del petróleo, ha llegado el momento de aplicarse urgentemente a la tarea de reemplazar un combustible del que depende cerca del 95 % del transporte global y que, además, constituye la base de nuestro desarrollo socioeconómico. Una tarea que requiere el despliegue de un ambicioso plan de choque que combine medidas políticas con una decidida apuesta por la investigación y el desarrollo.

Existen demasiados indicios que apoyan las tesis que nos advierten sobre el fi n del petróleo fácil y barato y de que nos estamos adentrando en la segunda mitad de la era del petróleo, o como diría un estratígrafo bromista, en el «Petroloceno tardío».