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La Insostenibilidad del Castillo de Naipes

  • miércoles, 21 abril 2010 @ 00:43 CEST
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Artículos Podemos construir castillos de naipes tan grandes y sofisticados como queramos, solo es cuestión de añadir más cartas en una mayor superficie. Pero cuánto más crece el castillo más vulnerable se vuelve frente a los factores externos, y más graves son sus consecuencias. Por ejemplo, un castillo grande será más sensible a las ráfagas de viento, y en caso de desplomarse su estrépito será mayor que el de un castillo pequeño.

No hay mejor símil con nuestro sistema económico. En estos días estamos viendo como la erupción de un volcán perdido de Islandia provoca gravísimos problemas de consecuencias mundiales, que terminan afectando a todo el sistema. Algo que hace solo 100 años apenas hubiera sido una noticia sin trascendencia, en nuestros días se convierte en un desastre que genera pérdidas multimillonarias en todos los estratos del sistema económico.

Y es que no solo afecta a las ganancias de las compañías aéreas, que de momento son las únicas cifras que se citan en los telediarios, si no que provoca pérdidas incalculables hasta en lo más insospechable:

1. Miles de toneladas de mercancías que no llegan a sus destinos, perjudicando a miles (o quizás millones) de empresas en todos los lugares del mundo.

2. Centenares de miles de viajeros que no pueden acudir a sus puestos de trabajo, generando grandes pérdidas económicas.

3. Pérdidas incalculables en el sector turístico en todo el mundo.

4. Se suspenden centenares de reuniones de negocios por problemas de asistencia. Estas son solo algunas consecuencias gravísimas de este incidente, lo cual nos ayuda a comprender el duro golpe que supone para nuestra economía. A ello hay que añadir la incertidumbre sobre la duración del fenómeno, el cual puede durar semanas, meses o incluso años, lo que significaría un cambio radical sin precedentes en los sistemas de transporte a nivel mundial, con consecuencias inimaginables.

Una vez más vemos que la tecnología nos convierte en más vulnerables frente a los factores externos, y una vez más se demuestra que no existe ningún plan B.

Hace solo unos días se hablaba de una posible tormenta solar para 2011-2012, y se advertían las catastróficas consecuencias que ello podría tener, similares a las de una bomba de pulso electromagnético (las más perjudiciales). Cualquiera que lee dichas consecuencias tiene la sensación de que le están contando una película de ficción, algo que nunca ocurrirá en la realidad, e incluso tachan de apocalípticos a sus detractores. Pero no señores, tal como dijo un tal Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal, simplemente es cuestión de tiempo.

Se trata de episodios que han ocurrido muchas veces en el pasado, y que seguirán ocurriendo, pero nuestro sistema multiplica por 100, 1000, 1000000… sus consecuencias, y nos hace tan vulnerables como una pompa de jabón, sin ni siquiera darnos cuenta de ello. En 1859 se produjo una gran tormenta solar que destruyó el novedoso telégrafo de la época, si ese mismo episodio se repite hoy en día significaría la mayor extinción de la humanidad.

Con este artículo quiero incitar a la reflexión sobre la falta de consideración de factores externos, o mejor dicho naturales, en nuestro sistema económico. Siempre se ha supuesto que el mundo es algo estático e ilimitado, nada más lejos de la realidad. Es lo que suele conocerse como “economía de la tierra plana”, donde los recursos son ilimitados y no existen factores naturales adversos.

Pero el mundo es una evolución imparable de sucesos naturales y sus recursos son limitados, lo cual es totalmente incompatible con el sistema económico implantado, basado en el crecimiento infinito y sin tener en cuenta las adversidades, algo que solo nos conduce a nuestra autodestrucción.

Espero que estas palabras despierten la conciencia y contribuyan a generar un nuevo sistema económico que considere estos factores naturales, es decir, los episodios adversos y las limitaciones de los recursos (y sumideros), dejando la avaricia a un lado. Espero que así sea, pues es nuestra única esperanza, y ojalá esto no sea solo una utopía o se convierta en mera retórica de políticos.

Hoy es el volcán y el cenit de petróleo, pero mañana…