Bienvenido(a) a Crisis Energética lunes, 14 octubre 2019 @ 17:20 CEST

Un modelo insostenible de desarrollo

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Artículos Presentamos un extenso ensayo, titulado "La energía como elemento esencial de desarrollo: Consecuencias de un modelo energético insostenible" (fichero PDF, 2,2MB). Su autor es Agustín Alonso, ingeniero industrial que durante más de 10 años ha desarrollado su actividad profesional dentro del sector energético, primero como investigador y más recientemente en tareas de regulación.

Nadie mejor que el propio Agustín Alonso para presentar su trabajo, cuya lectura recomendamos desde Crisis Energética:
La energía es fuente de desarrollo de la humanidad, ¿acaso alguien lo duda? Perfecto, entonces: consumamos tanta energía como seamos capaces de digerir, ¿no? PERO… (¿¡Pero es que siempre tiene que haber algún pero!?), la cosa cuenta con un par de pegas.

1ª pega) El consumo de energía, sea de la fuente que sea, tiene un impacto negativo sobre el medio ambiente. Ésta es la famosa.

2ª pega) Los recursos energéticos son limitados, hay los que hay, y antes (según algunos) o después (según el resto, aunque no sé con qué grado de conciencia) al ritmo actual de consumo, se agotarán. No obstante, como bien es sabido por los habituales de Crisis Energética, el problema se presentará unos cuantos años antes de que se agoten.

A estos dos “problemillas” debemos añadir otro, que solemos olvidar por tender a enfocarlo todo desde el ombligo del Norte, desde nuestra perspectiva de país “desarrollado”:

3ª pega) El reparto desigual de los recursos. Esto se visualiza rápido con un ejemplo: un habitante de Luxemburgo consume 60 veces más energía que un habitante de Bangladesh (y aún hay casos más extremos). Paradójicamente, gran parte de los recursos energéticos proceden precisamente de países del Sur, de esos que suelen ser calificados como “medio o poco desarrollados”.

O sea, que consumir energía ¡tiene un precio!
Ahora bien, tengamos claro que los recursos energéticos se extraen porque todos y cada uno de nosotros los consumimos, los exigimos y, además, al menor coste posible.

Pero en realidad, ¿somos conscientes de la repercusión de nuestros actos, del “modelo de desarrollo” en el que todos participamos? Porque es más que posible que estemos viviendo por encima de nuestras posibilidades, gastando unos recursos energéticos más o menos próximos a agotarse, y de paso, además, nos estemos cargando el planeta. Así que tal vez resulte algo “hipócrita”, cuando menos inconsciente, limitarnos a echar balones fuera; ignorar nuestra responsabilidad y culpar del deterioro del planeta y del agotamiento de los recursos a las compañías (petroleras, eléctricas…), cuando éstas los extraen porque nosotros los consumimos.

Y tal vez resulte también inconsciente o hipócrita pregonar, desde el Norte, la intención de extender el “modelo de desarrollo” a los países del Sur, cuando éste está basado en un consumo intensivo de recursos energéticos, propios y ajenos. Tanto es así que si tal intención se materializase en este mismo instante, ello supondría el final casi inmediato del “modelo civilizatorio” (el del Norte), al incrementar en varios órdenes de magnitud la velocidad de agotamiento de los recursos. Porque, seamos francos, al ritmo de consumo de los países autodenominados “desarrollados”, no habría recursos para todos: éstos no durarían ni un telediario… En definitiva, la extensión del “modelo de desarrollo” actual es energéticamente imposible.

Este estudio trata de exponer, de una forma sencilla y a la vez contundente, los problemas apuntados, cualitativa y cuantitativamente, partiendo de la base de que su solución pasa por la conciencia de su existencia. Si logra convencernos, ello nos sitúa como protagonistas de esta historia, por lo que gran parte de la solución pasa por nuestra acción. Pero, ¿por dónde empezamos? ¿Basta con cambiar las bombillas de toda la vida por unas más eficientes? ¿O es más efectivo utilizar el transporte público, en lugar de mi coche privado? O… ¿hay otras medidas aún más efectivas que puede que desconozcamos?

El estudio profundiza en el concepto de “coste energético”, esto es, el gasto de energía necesario para producir las cosas que consumimos. Por ejemplo, una hoja de papel ha necesitado cierta cantidad de energía para su fabricación y transporte hasta llegar a nosotros, energía que se habría ahorrado de haber evitado el uso de esa hoja. En definitiva, que consumimos energía no solo encendiendo la calefacción, la luz o echando gasolina al coche, sino también por el mero hecho de consumir, ¡y mucho más!

En mi opinión, la verdadera solución pasa por un cambio de paradigma de desarrollo, basado en un modelo mucho menos materialista/consumista, mucho menos agresivo con el medio ambiente y mucho más equitativo, que inevitablemente nos lleve a reducir nuestra dependencia de los recursos energéticos y a un reparto más justo de éstos. Pero siendo realistas, un cambio tan radical como éste, aunque fuera deseado por todos y el mundo entero pusiera su empeño en ello, no ocurre de la noche a la mañana. Así que, mientras tanto, al menos contaremos con la información que ofrece este estudio, que nos permitirá actuar y tomar decisiones desde el conocimiento de la repercusión de nuestros actos.

Porque…

Lo que le suceda a este mundo, es la suma de las acciones de todos y cada uno de los seres que habitemos en él y… cada pequeño detalle cuenta. Siéntete libre de opinar, criticar, difundir o utilizar los resultados de este estudio como mejor te parezca.