Bienvenido(a) a Crisis Energética martes, 27 junio 2017 @ 21:02 CEST

En 1976, los EE.UU. ya preveían el pico del petróleo global para la primera década del SXXI

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Informes La Base de datos de Referencias Energéticas (ECD por sus siglas en inglés) es un servicio dependiente de la Oficina de Información Científica y Técnica del Departamento de Energía de los EE.UU.

Entre los más de 2,3 millones de documentos que se pueden consultar online, desde 1948 hasta el presente, muchos de ellos desclasificados recientemente, encontramos un interesante documento que muestra hasta qué punto los organismos oficiales estadounidenses tenían conocimiento de asuntos como el pico del petróleo.

Un informe de 1976, titulado Economic and Environmental Implications of a U.S. Nuclear Moratorium, 1985-2010 (fichero PDF, 4,2MB) y desclasificado el 25 de octubre de 2006, decía lo siguiente:

La década 2000-2010 es el periodo de rápido despliegue de las nuevas tecnologías de suministro y/o de medidas estrictas de conservación. En este periodo, se espera que la producción mundial de petróleo llegue a su cenit y comience a declinar. Si el declive de la producción de petróleo y gas en los EE. UU., no genera la suficiente presión para empujar a los EE. UU. hacia la independencia energética en el periodo 1985-2000, seguramente la generará cuando la producción mundial de petróleo y gas llegue a su cenit y comience a declinar.
El informe trata otros temas como las emisiones de CO2 y su efecto en el cambio climático, hecho que nos recuerda que la humanidad lleva ya más de tres décadas conociendo el problema y haciendo bien poco:
El límite máximo a la quema de combustibles fósiles podría ser el impacto climático del aumento de concentración de CO2 en la atmosfera. Esto, por supuesto, es un problema global; lo que hagan los EE.UU. durante los próximos 30-50 años contribuirá probablemente muy poco a los niveles atmosfericos globales. No obstante, el incremento de la dependencia de los combustibles fósiles por parte de un consumidor tan grande como los Estados Unidos presenta una perspectiva de severos cambios climáticos que no pueden, en principio, ser desechados.
En cuanto a la viabilidad de la "opción nuclear", el informe identifica como su mayor preocupación las "consecuencias sociopolíticas", que además de otros problemas como el suministro de uranio para los reactores de ciclo abierto, deberían preocuparnos también hoy:
Implícito en la mayoría de análisis de políticas nucleares a largo plazo es la asunción de un largo periodo de paz social y estabilidad institucional; no se puede simplemente abandonar una central nuclear de la manera que se abandona una central de carbón. Pero esta proyección a largo plazo no puede estar basada en la experiencia histórica; pocas sociedades o instituciones, si es que hay alguna, han tenido continuidad sin episodios violentos a lo largo del periodo que se presume aquí. Serán necesarios cambios sociales cualitativos profundos si queremos mirar hacia adelante con confianza en la clase de estabilidad que permitirá la necesaria custodia de un sistema nuclear.
Pedro Prieto, vicepresidente de AEREN y editor de esta página, ofrece algunos comentarios sobre estos y otros contenidos del documento:

El documento pertenece al Departmento de Energía (DOE, por sus siglas en inglés) de los EE. UU. Se preparó en septiembre de 1976 y fue obra de un grupo de autores del Institute for Energy Analysis de las Oak Ridge Associated Universities. Se titula “Economic and Environmental Implications of a U.S. Nuclear Moratorium, 1985-2010” y figura como escaneado del original y con fecha de desclasificación del 25 de octubre de 2006.

Del mismo, cuya lectura en inglés dejamos a nuestros lectores, pues es un documento de 86 páginas, se pueden extractar los siguientes datos, que consideramos de especial interés:

  1. En septiembre de 1976, la industria nuclear ya se estaba planteando los efectos de una posible moratoria nuclear, curiosamente casi tres años antes de que hubiese ocurrido el primer accidente nuclear de relevancia en los EE. UU.: el de la central de Three Miles Island, que tuvo lugar el 28 de marzo de 1979. Curiosa y original forma de preparar los parches antes de recibir pedrada alguna.

    Y además, una palpable demostración de que el declive nuclear no fue provocado por la imagen que dio este accidente, sino, más probablemente, por las diferencias entre los precios que originalmente se presupuestaron para este tipo de plantas y los que luego iban resultando.

    La crisis de 1973, primer escalón de encarecimiento súbito y drástico de los fósiles, no solo no favoreció a la industria nuclear, como todavía 30 años después algunos siguen asegurando pasará ahora, sino que provocó, entre otras cosas y precisamente, una espiral de incrementos que afectó de forma muy directa también a la energía nuclear, apuntalada en las actividades movidas por energía fósil. En expresión del profesor Óscar Carpintero, citando a Georgescu Roegen, “parasitando” a la sociedad fósil, sin cuyo huésped posiblemente no pudiesen sobrevivir.

    Un ejemplo reciente de este proceso en el que el encarecimiento general de la sociedad fósil repercute directamente en los costes nucleares se encuentra en la central nuclear finlandesa de nueva generación en construcción, que habiendo empezado por los 3.000 millones de euros, ha subido su presupuesto en apenas dos años hasta más de 5.500 millones de euros. O la cancelación de proyectos en construcción en los EE. UU., como el reciente de Idaho, que protagonizó el magnate Warren Buffet.

    32 años después no parece que hayamos sacado conclusiones y seguimos llevando la burra de las nucleares al trigo de la supuesta competitividad que al parecer conseguirán las parasitarias centrales nucleares con la muerte o decrepitud del huésped del que se nutren.

  2. Pero donde hay una información verdaderamente reveladora, y no sobre la industria nuclear, sino sobre el cenit del petróleo y el gas, es entre las páginas 12 y 13 del documento, donde se dice textualmente:

    • El periodo 1985-2000 es un periodo de transición, durante el cual los suministros nacionales de petróleo y gas llegan a su cenit y luego comienzan a declinar, incluso con los precios desregulados y con la producción adicional de Alaska y las reservas de las plataformas marítimas. Se tiene que realizar una preparación durante este periodo para una rápida transición a otros sistemas de suministro de combustible basados en el petróleo de esquistos, la energía solar, los reactores regeneradores, la fusión, los combustibles sintéticos del carbón o una combinación de esas tecnologías. En este periodo se verá el potencial real de conservación de energía que resulta del sistema estadounidense, como consecuencia de los crecientes precios de la energía.

    • La década 2000-2010 es el periodo de rápido despliegue de las nuevas tecnologías de suministro y/o de medidas estrictas de conservación. En este periodo, se espera que la producción mundial de petróleo llegue a su cenit y comience a declinar. Si el declive de la producción de petróleo y gas en los EE. UU., no genera la suficiente presión para empujar a los EE. UU. hacia la independencia energética en el periodo 1985-2000, seguramente la generará cunado la producción mundial de petróleo y gas llegue a su cenit y comience a declinar.

Los expertos autores del documento, por otra parte muy bien elaborado, no parecían tener muy claro que el cenit en su país llegó por esos años y no tuvo que esperar a la década 1985-2000, más que para recibir la definitiva confirmación (la teoría de Simmons de que el cenit sólo se suele ver a través del espejo retrovisor, cobra aquí toda su relevancia), quizá porque pensasen que sus incipientes lanzamientos hacia Alaska y las prometedoras primeras incursiones en plataformas marinas (tanto en el Mar del Norte, por parte de los europeos, como en el golfo de México por parte estadounidense), podrían revertir la situación que ya en 1976 era de clara “meseta” con ligero declive, cuando menos.

Pero quitando este pequeño y perdonable lapsus, está claro que el Departamento de Energía de los EE. UU. sabe que el cenit está aquí y que es inminente, al menos desde hace tres décadas. Que eso lo vengan ignorando, ocultando, tanto a sus propios ciudadanos como a los del resto del mundo, o incluso aún peor, desmintiendo, a través de diferentes ramificaciones y organismos estadounidenses de encubrimiento formal, como el USGS, o la EIA, los hace doblemente responsables.

Esta actitud da pábulo a todos aquellos que empiezan a pensar que hay fuerzas importantes y verdaderamente ocultas, que maniobran con inmenso poder, con el poder que da la una cierta razón “viciada” de Estado, para sus propios y particulares intereses y que dirigen al mundo hacia los destinos que les parece oportuno a su capricho. Porque ante la presencia de este tipo de documentos, lo menos que alguien se puede plantear es que se están burlando de los ciudadanos y jugando peligrosamente con el futuro de la humanidad.

Es recomendable darse una vuelta por él, porque muestra las perspectivas sobre el futuro energético de la humanidad en los años setenta. Y ya deja muy claro, cómo los científicos, elaborando un informe que en teoría era estrictamente técnico, podían estar tomando (la técnica nunca es neutral, en estos contextos) posiciones políticas y económicas muy concretas. En 1976 ya veían el cenit de la producción de combustibles esenciales muy cercano, pero no por ello dejaban de seguir empujando en sus estudios, en la búsqueda de alternativas para seguir a toda costa la dirección marcada del crecimiento infinito y del aumento ilimitado del consumo, identificando ya la mayor posesión de bienes materiales y confort físico con el bienestar. Sin plantearse, más que como medida drástica y de último recurso, las “medidas estrictas de conservación”, en sus propias palabras.

Juzguen los lectores.