Bienvenido(a) a Crisis Energética lunes, 01 mayo 2017 @ 04:31 CEST

Para cuando el petróleo deje de nominarse en dólares

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Artículos La frase "el final del petróleo barato" se está demostrando cuando menos desafortunada para intentar introducir en los medios el cenit de producción de petróleo. Si bien la extracción mundial parece indicar una menor disponibilidad de todos los líquidos, el precio actual podría venir condicionado más por una abundancia monetaria que por la escasez del recurso. No obstante, es del todo imposible determinar hasta qué punto influye en el precio más un factor que el otro, pues la actual coyuntura económica está impidiendo que el dólar sea un baremo fiable como indicador de desabastecimiento y tal vez sólo quepa hacerse una vaga idea comparando su coste con el de otras materias primas.

Los tres principales bancos centrales mundiales (Fed, BCE y BoJ) están comprando grandes cantidades de bonos con el objetivo de mantener bajos los tipos de interés y capear la actual crisis de solvencia bancaria, pero con la intención de que el nuevo dinero puesto en circulación retorne al mercado de bonos y no inflacione la economía.

Pero no está sucediendo así, porque se está evaporado la confianza de que esa 'exuberante' gestión monetaria conduzca a buen puerto la economía internacional. Por eso los inversores toman el dinero y lo invierten en materias primas, que a su vez aumentan de precio, inflacionan la economía a medio plazo y obligan irremediablemente en un futuro a subidas generalizadas de tipos de interés.

De continuar esta espiral económica con bajos tipos de interés mantenidos artificialmente, el dólar, el euro y el yen van a perder gran parte de su actual poder adquisitivo. Jim Rogers piensa que es ese el final del dólar y en consecuencia ya está realizando sus inversiones en materias primas nominadas en yuanes, porque a su juicio se va a revalorizar bastante. Pero parece ser que detrás de él van unos cuantos gestores internacionales en estampida, incluyendo también a fondos de inversión nacionales como los de algunos miembros OPEP y por supuesto China.

La única otra opción que cabe es dejar que los tipos de interés se fortalezcan y terminen quebrando las inversiones que se han realizado de forma equivocada gracias a la abundancia de dinero barato, es decir gran parte del mercado inmobiliario internacional, agravando la crisis de solvencia y en definitiva poniendo en jaque al sistema bancario en su conjunto.

Pero mientras continúe la 'opción Bernanke', que es la de los grandes bancos de inversión americanos y no la que debería acometer la economía americana si deseara salir con algunas garantías de éxito de la gran recesión en ciernes, las materias primas continuarán su recorrido alcista imparable con independencia de su disponibilidad como recurso material fungible, renovable o no renovable. Esto mismo se puede apreciar con meridiana claridad en las siguientes commodities, que curiosamente comienzan a revalorizarse coincidiendo con el mes de agosto, que es cuando estallaron lo que la prensa apesebrada eufemísticamente denominó 'inyecciones de liquidez', y que no son otra cosa que el rescate de los bancos por el prestamista de última instancia, que es el banco central:

Petróleo: De 70 a 90 dólares




Platinio: De 1250 dólares a 1470.




Paladio: De 330 dólares a 375.




Y sobre todo los metales monetarios:

Plata: De 11,5 dólares a 14,30.




Oro: De 660 dólares a 790.




Es decir, tenemos las siguientes revalorizaciones:
Petróleo: 28,57%
Paladio: 13,64%, Platino: 17,6%, Oro: 19,7% y Plata: 24,34%.

Podemos concluir de forma un poco inexacta que casi un 20% de la revalorización del petróleo se debe a la inflación monetaria. Es decir, de los 20 dólares que ha aumentado su precio desde agosto, tan sólo sólo entre 6 y 8 dólares serían los propios del encarecimiento de la materia prima. Algo habitual para la época en que nos encontramos: último trimestre del año. Y en consecuencia un incremento nada escandaloso si añadimos el hipotético desabastecimiento adicional que ya debe estar dándose en los mercados internacionales como consecuencia del declive de producción y anterior meseta.

Así que el petróleo nominado en dólares no es significativo de gran cosa, y a mi juicio todavía no se ha trasladado el 'peak oil' al precio más que en una pequeña fracción. Por eso pienso que lo peor está por venir. Tal vez durante los próximos 2 años, y que probablemente coincidirá además con una crisis generalizada de confianza en el dólar que todavía confundirá más las cosas.

Conclusión final: los eternos ajustes de precios

Por otro lado, habitualmente los medios de comunicación pretender tranquilizar a la audiencia explicando que los actuales máximos no llegan al máximo histórico de finales de los 70, ajustando los precios con la inflación. He creído conveniente recordar al lector preocupado por estos temas que ese 'máximo' cambia siempre con el tiempo y se aleja cada vez más según se alcanzan cotas más altas en los precios actuales. Como un espejismo inalcanzable. Adjunto tres gráficas que sirven de testimonio:

Precios ajustados según el valor del dólar de 2004:




Lo mismo según el dólar de enero de 2007.




Y de nuevo lo mismo según el dólar del primer cuatrimestre de 2007 pero ahora desde el criterio de la prestigiosa consultores Deliotte




Pero, ¿por qué es necesario reconstruir la gráfica de los precios cada año? ¿Por qué se deben contabilizar los precios con los dólares actualizados cada año que pasa?

Ciñéndome al ajuste a 100 dólares de la segunda gráfica, quiere decir simplemente que el poder adquisitivo de los 38 dólares del máximo de finales de los 70 equivale a unos 100 actuales. Eso supone una devaluación equivalente del 62%.

Que cada cual saque sus conclusiones, pero parece evidente que cualquier día de estos el petróleo va a dejar de estar nominado en dólares, no ya por Irán, sino porque será una moneda sin valor y en consecuencia no apta ya para garantizar el poder adquisitivo en las transacciones internacionales. Tal vez antes de que eso suceda, el cártel financiero americano afile los cuchillos contra un nuevo enemigo petrolífero para garantizarse un suministro menguante, pero sobre todo para forzar el comercio internacional en su moneda devaluada. Urge, en consecuencia, una revisión profunda del sistema monetario internacional.

Marcos Martínez para CE.

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