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La verdad

  • lunes, 15 enero 2007 @ 11:46 CET
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Artículos La prensa escribe ya sin reservas lo que hace meses casi nadie se atrevía a publicar ni divulgar.

Este fin de semana he leído un titular, que por su rotundidad, sorprende: "El verdadero plan de Bush en Irak: el petróleo".

Como bandas rivales de mafiosos, los occidentales hemos reventado la familia iraquí y ahora nos disponemos a saquear sus almacenes. Todo legalmente, claro. En su momento, Bush, Blair y Aznar, denunciaron la posesión de “armas de destrucción masiva”, para justificar la invasión y asesinato de cientos de miles de inocentes. Resultando al final una mala excusa. A causa de la cual, hubo también en nuestro país sangre y lágrimas.

Recientemente, todos hemos asistido a la ejecución del malo. Ese que mandó matar a un centenar y pico de habitantes de un pueblo, donde quisieron matarle. (No sabemos que deberían hacerle entonces a quien ha ordenado la invasión de Irak, asesinando a casi un millón de personas inocentes, de momento, solo para robarles su petróleo).

Lo de gasear a unos “rebeldes”, hace veinticinco años, le ha costado el gaznate a Saddam. Quizás el motivo de tener “armas de destrucción masiva” no es suficiente para colgar a un mandatario del cuello y quitarlo de en medio. Además de que no las han encontrado, si es que las hubo algún día, por esa misma regla, deberían pasar por el cadalso los mandatarios de Francia, UK, Rusia, Israel, India, China, Pakistán y algunos otros. Por supuesto que el vigía de occidente está excluido de la lista, pues es él quien escribe las reglas y maneja el cotarro, amén de poseer el mayor arsenal de toda clase de “armas de destrucción masiva”. Vaya camelo.

La cuestión es simple. Al final se reduce a llenar el depósito, o no. Dicho de otra manera: ¿Quiere Ud combustible para poder seguir consumiendo más y más? O ¿Prefiere que nuestra familia entre en crisis y acabemos todos pobres y peleados?

Si quiere combustible, tendrá que estar de acuerdo en que matemos a los malos que nos parezcan y a todos los inocentes “necesarios”. Si acaso, vuelva Ud la cabeza a otro lado para no ver el genocidio y apártese un poco, no vaya a salpicarle la sangre.

Cada vez que lleno de combustible el depósito del automóvil, se me hace un nudo en el estómago. Me pregunto: ¿Cuánta gente tendrá que sufrir muerte, desgracia y miseria, para que yo pueda disponer de este líquido infame?