Bienvenido(a) a Crisis Energética lunes, 22 julio 2019 @ 18:40 CEST

La reducción de emisiones de CO2 no justifica un renacimiento nuclear

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Artículos Marcel Coderch, secretario de AEREN, escribe en el diario de información económica Expansión sobre la energía nuclear, a propósito de los titulares de prensa aparecidos tras la publicación del informe de la Agencia Internacional de la Energía, World Energy Outlook 2006.

En su artículo "Energía nuclear: mucho ruido y pocas nueces", Coderch compara los datos del WEO2006 con los titulares de prensa en los que se dice que "La AIE pide más centrales nucleares" (El País), "La AIE propone un futuro nuclear para frenar el cambio climático" (La Vanguardia) o "La AIE defiende que la energía atómica es imprescindible para luchar contra el cambio climático" (Expansión), llegando a la conclusión, nada difícil tras una lectura del informe, de que estos están injustificados.

Si en su escenario de referencia, aquel que corresponde al "business as usual", la AIE pronostica un descenso de la participación de la energía nuclear de aquí al 2030, en el escenario alternativo presentado, el que la mayoría de medios presenta como justificado por el descenso de emisiones de CO2 que representaría, esta energía crece un 41% en el mismo periodo, pasando de los 368 GW en el 2005 a 519 en el 2030. Sin embargo, se oculta que este crecimiento nuclear solamente conseguiría reducir las emisiones de CO2 en un 1,6%. El escenario alternativo, en su conjunto, supone un ahorro de emisiones con respecto al escenario de referencia del 16% y la nuclear contribuye a este ahorro con el 10%, mientras que la eficiencia y el ahorro, contribuyen un 80% al descenso de emisiones. Por tanto, la energía nuclear representaría una contribución muy modesta a la resolución de este problema, y dados sus problemas no resueltos (coste, seguridad, residuos, proliferación y rechazo de la opinión pública), parece sorprendente que constantemente se la promueva como panacea a todos nuestros problemas energéticos.

Por su interés, reproducimos el artículo de Marcel Coderch publicado en la edición de papel de Expansión del 24 de noviembre: A DEBATE

Energía nuclear: mucho ruido y pocas nueces

Marcel Coderch

Secretario de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos

Los pronunciamientos en favor de la reactivación nuclear han cobrado un nuevo impulso con la publicación del informe Perspectivas Energéticas Mundiales 2006 (World Energy Outlook 2006) de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Así como en versiones anteriores preveía que “las tres cuartas partes de la capacidad nuclear instalada en países europeos de laOCDE sería clausurada antes de 2030”, ahora plantea un “escenario alternativo” en el que la generación nuclear mundial mantiene su cuota, aumentando un 41% de aquí a 2030. Este cambio de opinión ha sido destacado en la prensa española, con titulares como: La AIE urge construir nuevas plantas nucleares o La AIE propone un futuro nuclear para frenar el cambio climático. Hasta tal punto esa caracterización del informe está alejada de la realidad que su propio director general, Claude Mandil, se ha visto obligado a matizar: “No creemos que sea realista pensar que la cuota nuclear aumentará de forma significativa, ya que la principal tarea de la industria nuclear en los próximos años será reemplazar la centrales que lleguen al fin de sus vidas, lo cual significa que habrá que construir muchas centrales sin que por ello aumente la producción nuclear”. Mucho más ruido, pues, que nueces.

La AIE ha planteado este escenario dado que, de seguir las tendencias actuales, el futuro energético es “sucio, caro e inseguro” y, además, “está condenado al fracaso porque es insostenible, tanto económica, como social y medioambientalmente”. Frente a estos augurios, la promoción de la opción nuclear se construye sobre tres ejes: la previsible escasez y el consiguiente encarecimiento del petróleo y gas; la necesidad de reducir nuestra dependencia energética, y el cambio climático. Problemas, todos ellos, reales, pero a cuya solución poco o nada puede contribuir la energía nuclear, como confirma un análisis desapasionado del propio informe.

Escenario alternativo
En el escenario alternativo planteado, por ejemplo, del 16% del ahorro total de emisiones de CO2, la energía nuclear sólo podría contribuir con 1,6 puntos porcentuales. Lo cual quiere decir que aun construyendo 150 centrales nucleares adicionales en los próximos 25 años, la reducción de emisiones sería sólo del 1,3% del total. Y ello con una inversión de unos 375.000 millones de euros y con todos los problemas añadidos que acarrea la nuclear. Justificar el renacimiento nuclear para combatir el cambio climático es desconocer –o esconder– la realidad de estas cifras. Hay que reducir las emisiones, pero hay otras formas menos arriesgadas y costosas. Tampoco el aumento de precios del petróleo favorece a la nuclear. En primer lugar, porque no se trata de fuentes energéticas sustitutivas: por ejemplo, los coches no funcionan con energía nuclear, sino con petróleo refinado. Es cierto que el gas también se encarecerá y que la nuclear podría sustituirlo en la generación eléctrica, competitivamente según la AIE. Pero ahí cae en el error de suponer que la demanda eléctrica y los costes de la nuclear no se verán afectados por una subida generalizada de los combustibles fósiles. La historia y la lógica económica nos indican todo lo contrario. Como dice el Atomic Industrial Forum, “la idea de que el accidente de Three Mile Island de 1979 fue la causa de la agonía de la industria nuclear es un mito. La demanda de centrales nucleares alcanzó su máximo en 1972 y cayó a cero poco después de la crisis del petróleo de 1973”.

Moratoria nuclear
El origen de la moratoria nuclear hay que buscarlo, pues, en la crisis de 1973. La explicación nos la da el propio Nuclear Energy Institute: “La mayor parte de las cancelaciones fueron debidas a que el embargo de petróleo de 1973 produjo una subida de los tipos de interés y una disminución del crecimiento económico que redujo a la mitad el crecimiento de la demanda de electricidad”. Es decir, se encarecieron las centrales nucleares y se frenó la demanda de electricidad. ¿Qué nos hace pensar que no vaya a ocurrir lo mismo si el petróleo continúa encareciéndose? ¿Y la seguridad de suministro frente a riesgos geoestratégicos? Dejando a un lado la cuestionable caracterización de la energía nuclear como autóctona, la seguridad que ésta puede ofrecer es ficticia, por cuanto el talón de Aquiles de nuestra economía no es tanto la electricidad como los combustibles para el transporte. ¿O es que Francia, con un 78% de electricidad nuclear, no es igual de dependiente que España del petróleo? Nos guste o no, mientras más del 95% de todo el transporte de personas y mercancías se haga con derivados del petróleo, nuestra seguridad energética será un espejismo. En suma, como dice Claude Mandil, “nuestra trayectoria energética actual puede resultar en unos precios por las nubes, en apagones frecuentes, en interrupciones de suministro o en más catástrofes meteorológicas; o en todas esas cosas al mismo tiempo”. Lástima que los escenarios que nos propone la AIE, ya sean con más o menos nucleares, no parece que puedan evitarlo.