Bienvenido(a) a Crisis Energética domingo, 22 septiembre 2019 @ 11:51 CEST

Un deportivo electrizante

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Artículos El petróleo ha causado muchas más muertes que Chernobyl, si contamos la influencia que el control del oro negro ha tenido en las guerras de Oriente Medio. Afortunadamente, algún día dejaremos de ser tan dependientes del petróleo y de gobiernos siniestros como los de Arabia Saudí, Irán o Venezuela. Ese día todavía no se ve en el horizonte, pero tal vez aparezca detrás de la próxima colina.

Aunque la energía nuclear es la mejor apuesta libre de dióxido de carbono para el suministro eléctrico durante los próximos 100 años, no es un sustitutivo directo del petróleo. No podemos poner una pila nuclear en el coche familiar. La clave está en los vectores energéticos para el transporte, esto es, en cómo hacemos llegar las fuentes de energía hasta el motor del coche. Esencialmente las opciones se pueden contar con los dedos de una mano. Se me ocurren cuatro: biocombustibles, combustibles sintéticos, hidrógeno y baterías eléctricas.

Los biocombustibles no nos permitirán vivir sin petróleo. Requieren mucha energía a su vez para producirlos, no hay suficiente suelo para producir todo el combustible necesario y además plantean cuestiones éticas porque encarecería la comida en países pobres, en los que sería más rentable cultivar combustible para venderlo a los ricos que comida.

Algún día para ir de vacaciones llenaremos el depósito con combustibles sintéticos, preparados a partir de carbón o de gas natural, que como el petróleo son fuentes no renovables, que se acabarán agotando y que emiten gases de efecto invernadero. El hidrógeno sería una mejor opción para evitar el riesgo de cambio climático y se podría generar con fuentes relativamente limpias y más duraderas como la energía nuclear, pero es una alternativa mucho más alejada en el futuro que los combustibles sintéticos. Antes de que sea una realidad, todavía hacen falta importantes avances tecnológicos e industriales.

Los coches totalmente eléctricos también deberían racionalmente tener un papel. Energéticamente y medioambientalmente son los mejores, mejores incluso que los de pila de combustible de hidrógeno. Cuesta poco alimentarlos, cuesta poco mantenerlos y contaminan poco. Son ideales, si no fuese porque los coches que podrían ser producidos en masa hoy en día solo son capaces de rodar entre 100 y 200 km entre carga y carga y tardarían varias horas en cargar sus baterías de plomo o de NiMH. Vamos, que son poco prácticos para ir a la playa. Sin embargo hoy ya serían una buena solución para ir a trabajar todos los días. Cada noche el coche dormiría en el garaje enchufado al cargador, lo que le daría suficiente energía para ir a trabajar o de compras al día siguiente en sociedades como la nuestra que dependemos tanto del coche.

Pero tal vez en el futuro pequeños avances preparen una gran revolución. Con baterías de litio a precios asequibles y cambios culturales, el panorama podría ser diferente.

Todo esta introducción viene a cuento de una compañía, Tesla Motors, fundada para fabricar un coche visionario, el Tesla Roadster, y cambiar el modo en que la industria y los conductores ven los coches eléctricos. Dejémos la palabra a los fabricantes:

Necesitábamos dar la vuelta al modo en que la gente percibe los vehículos eléctricos. Para hacer que los coches eléctricos sean una alternativa viable, teníamos que construir uno que fuese seductor y de conducción emocionante.

Nuestro primer coche, el Tesla Roadster, no es un plan, sueño o prototipo; este coche existe y está a la venta ahora. Es un coche para conductores que no transigen. Puede acelerar más rápido que un Porsche 911 y alcanzar una velocidad máxima de casi el doble de lo que permite la ley. Con una autonomía de 400 km por carga, puede usarlo durante el día sin preocuparse de quedarse sin jugo. No tiene más que enchufarlo por la noche del mismo modo que hace con el teléfono móvil, y a dormir bien, sin remordimientos.

La única pega, aparte de la pastizara que costará un deportivo como éste, es que no permite el placer de conducir de Barcelona a Amsterdam de una tirada. Después de 400 km en la carretera, el coche no vuelve a tener las baterías a tope hasta pasadas más de tres horas.

Quijotes o visionarios, hay que reconocer el mérito de intentar cambiar la percepción que el mundo tiene de los coches eléctricos. Tal vez iniciativas como ésta, junto con futuras subidas del precio del petróleo, den el empujón industrial y cultural necesario para que el coche eléctrico pueda cubrir no solo las necesidades de ir a trabajar y de compras, sino también la de salir de vacaciones o de fin de semana. Para ello hacen falta dos requisitos:

  1. Que las baterías de litio necesarias para proporcionar una autonomía de 400 km bajen su coste hasta un nivel accesible para el presupuesto familiar.
  2. Que los conductores cambien su mentalidad para aceptar un vehículo con una autonomía de 400 o 500 km, tras los cuales el coche no estará disponible durante varias horas. Esta nueva cultura permitiría por ejemplo hacer 800 km en un día para ir a la playa o a la montaña, en dos tandas, con una larga parada en medio para comer y relajarse.

Los biocombustibles serán en el mejor de los casos una opción marginal. En cuanto al resto de las opciones, los combustibles sintéticos, el hidrógeno y las baterías eléctricas, quién sabe cuál de los tres será el heredero del rey petróleo cuando éste abdique. El tiempo lo dirá.