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Tres años de guerra

  • domingo, 26 marzo 2006 @ 18:00 CEST
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Artículos Presentamos el artículo "Irak: tres años de guerra", del Prof. Fernando López D'Alesandro, Docente de Historia en Regional Norte (UDELAR) y en el CERP del Centro en Florida,. Uruguay.

Irak: tres años de guerra

Cuando Paul Wolkowiftz dijo que las Armas de Destrucción Masiva (ADM) habían sido solo una “excusa burocrática” para lanzar la guerra, dejó definitivamente claro que la invasión había sido preparada desde mucho antes y por otras causas. No fue casual que en un programa de la cadena ABC Donald Rumsfeld respondiera frente a la clara pregunta del periodista, que no fueron a Irak “solo por el petróleo”. Si el petróleo estaba incluido entre las causas, ¿para qué fue realmente la guerra de Irak? Tres años no es mucho tiempo, pero pueden ser siglos en el tiempo histórico. Cuando que el 19 de marzo de 2003 el primer misil norteamericano tocó el suelo de Irak el mundo entró en otra etapa, incierta, contradictoria, que podría parir dolorosamente un nuevo orden mejor o, (y ese es el peligro) terriblemente peor. Si la razón fundamental de la guerra fue una “excusa burocrática” ¿qué más no harán los burócratas excusados para lograr sus objetivos globales?

Quizá tamaña demostración de cinismo sólo oculte las limitaciones de aquellos que programaron una guerra que creyeron fácil pero que se transformó en un inmenso error y en una trampa.

No había ADM, los lazos de Sadam con Al Qaeda no existieron nunca y dado el volumen de la resistencia y su apoyo social, parecería que el pueblo iraquí no quiere la “democracia” que Estados Unidos insiste en instalar.

El invasor no previó la resistencia, la infraestructura básica de Irak –luz, agua, teléfonos- no fue reconstruida y la “coalición” se desfibró poco a poco. La incapacidad de Paul Bremer –y la corrupción en su virreinato- logró poner contra la ocupación a todos y, especialmente, a la población chiíta que soñaban atraer a su causa. Los levantamientos de Moqtada al Sadr y la resistencia colectiva a la campaña de Faluya dejaron en claro el vacío con que se sostiene la invasión.

El negocio petrolero fracasó. El promedio de dos atentados semanales contra los oleoductos y otras instalaciones hicieron descender dramáticamente la producción de un millón y medio de barriles a algo más de setecientos mil. Los acuerdos petroleros pactados a finales de 2005 dejaron sembradas las semillas de problemas futuros. Mientras que la ganancia habitual de las petroleras en el mundo oscila del 12 al 16 por ciento, en Irak se exigió, y se obtuvo, del 42 al 162, por el riesgo frente a la inseguridad que los ocupantes provocaron. Los contratos de reparto de producción (PSA, por sus siglas en inglés), suelen tener una vigencia estimada de entre 25 y 40 años y están fuera de cualquier control público. Los iraquíes no podrán impugnar los contratos en sus propios tribunales, porque se requiere que todas las disputas sean ante tribunales internacionales. También el petróleo es un factor de división nacional. En diciembre del 2005 la petrolera noruega DNO comenzó a perforar en la ciudad de Zakho, en el Kurdistán. Las autoridades kurdas permitieron la explotación sin informar al gobierno de Bagdad, en lo que sería una grave violación a la nueva constitución del país.

La guerra ya costó dos planes Marshall (200 mil millones de dólares) y más de 2500 muertos a la coalición (2317 son americanos). Los invasores heridos son ya 20 mil, de los que 17 mil son norteamericanos, según las recortadas cifras oficiales. La población iraquí sufrió entre 30 mil y 100 mil bajas según diversas fuentes, y se perdió la cuenta de los heridos. Las fuerzas de seguridad creadas por los ocupantes pasan largamente los 4000 muertos en dos años. El promedio de cinco atentados diarios –en la intifada palestina era uno por mes, en la guerra de El Líbano era uno por quincena- crearon una situación insostenible.

Si la intención era desbancar al euro como moneda alternativa, la derrota fue total. Aunque el Banco Central de Irak reconvirtió sus reservas al dólar, los demás países árabes no tardaron en diversificar las suyas, golpeando la hegemonía del petrodólar. Irán abrirá una bolsa petrolera en esta semana donde cotizará el barril en euros, con la participación de los países del Consejo de Cooperación del Golfo y con el respaldo de China, haciendo irreversible la transición al “petroeuro”. Mientras tanto la escalada del precio del barril no para. A pesar de las oscilaciones –llegó a estar a 74 dólares al año pasado- desde hace meses no baja de los 60 y cada gota de conflicto inquieta al mercado llevando el precio progresivamente hacia arriba.

La radicalización y el terrorismo no disminuyeron. Los atentados en Turquía, Bali, Arabia Saudita, Marruecos, Níger, Madrid, Londres y Teherán lo demuestran. El ascenso cada vez más preocupante del wahabismo en Arabia Saudita, los triunfos de Hamas en Palestina, de Hezzbollah en el sur de El Líbano, de Amadinhejad en Irán y el resurgimiento del Talibán en Afganistán, son los resultados directos de los errores políticos de Estados Unidos en Medio Oriente. Si buscaban contener el terrorismo y el radicalismo islámico ocupando la región, generaron exactamente lo contrario.

Es la sociedad, finalmente, la que paga las consecuencias. El 50 por ciento de la población está desocupada o en la informalidad. Los hospitales están colapsados y en crisis de personal. Sólo en 2005 el 10 por ciento de los 32.000 médicos han salido del país, según una estadística del Colegio de Médicos iraquí. Casi un 25% de los niños de entre seis meses y cinco años sufre algún tipo de desnutrición, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). La organización médica británica Medcat sostiene que la desnutrición aguda en los niños menores de 5 años está ahora en el 7,7% (antes de la invasión era del 4%, pese al embargo) para concluir que "por lo menos 200 niños están muriendo cada día de desnutrición, carencia de agua limpia y medicinas para tratar fácilmente enfermedades curables". Los cuidados pre y postnatales, antes gratuitos, son ya parte del pasado: el 95 por ciento de las mujeres embarazadas están anémicas y sus bebés nacen con bajo peso, prematuros y enfermos. Por otra parte, la Junta Internacional de Estupefacientes de la ONU sostiene que Irak se esté convirtiendo en un país de tránsito de las drogas procedentes de Afganistán con destino a Europa.

Sumemos a esto la inseguridad. Los secuestros que buscan rescates, las balas y las bombas de cada día transformaron al país en insufrible para sus habitantes. Las mujeres iraquíes perdieron todos sus derechos frente a los hombres, cuando Paul Bremer en su estrategia para atraerse a los chiítas, instaló la ley islámica. El Consejo Gubernativo nombrado por EEUU aprobó la normativa 137 que deroga el Código de Estatuto Personal laico. Esta modificación abrió la puerta a la utilización de la sharia eliminando los derechos de la mujer en el matrimonio, el divorcio, la herencia y la representación legal, y, asimismo, legalizaría la lapidación a muerte por adulterio.

La situación es insostenible y la oposición a la guerra crece tanto en Irak como en Estados Unidos. George W. Bush no puede quedarse más tiempo en Irak, pero tampoco se puede retirar a fuerza de dejar un caos. Atrapados en su propia trampa los invasores sólo pueden esperar e improvisar.