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Cuatro actores que transformaron el mundo del petróleo

  • Miércoles, 21 Diciembre 2005 @ 17:09 CET
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Artículos A través de una semblanza de cuatro "actores" del mundo del petróleo, el banquero tejano Matthew R. Simmons, el ministro del petróleo saudita Al Naimi, el presidente de BP John Browne y un simple contable chino, el señor Yu, el Wall Street Journal nos presenta un retrato del momento actual de los mercados petrolíferos.

Según se desprende del texto, la situación actual es heredera de los profundos cambios en el consumo de petróleo en China, como ilustra el señor Yu, que antes montaba en bicicleta para ir al trabajo y ahora lo hace en un VW Passat, pero también por el exceso de celo de la OPEP por evitar un colapso de los precios. El ejemplo de John Browne y su preocupación por reducir costos y absorber otras compañías de petróleo ilustra la incapacidad de la industria de encontrar nuevas reservas, mientras que Simmons es citado como una de las voces que influencian los siempre activos mercados de futuros del petróleo. Por su interés, reproducimos a continuación el artículo: Cuatro actores que transformaron el mundo del petróleo

Diciembre 21, 2005 4:05 a.m.

Por Por Chip Cummins, Bhushan Bahree, Shai Oster, y John Fialka
The Wall Street Journal

Las crisis energéticas de los 70 y los 80 tienen una explicación sencilla: enormes y repentinos cortes en el suministro. Una vez que éste fue restaurado, los precios del petróleo cayeron.

La situación actual, en la cual el precio del crudo se ha duplicado desde 2003, es distinta.

Una vez más, los problemas de suministro han jugado un papel, incluyendo los causados por los huracanes en el Golfo de México y la invasión de Irak por parte de EE.UU.

Pero la causa real es un cambio profundo en el sistema de energía mundial que se ha tomado forma durante 25 años: la sed mundial de petróleo ha aumentado más rápidamente que la capacidad de la industria para aplacarla. Incluso a finales de los 90 había un exceso de oferta. Ahora prácticamente no queda petróleo de reserva. ¿Cómo se llegó a esta situación? Se combinaron muchos factores, desde la obsesión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) por evitar una crisis de mercado y la voraz demanda de China al nuevo rol de los inversionistas. Tras bambalinas hubo decisiones de individuos alrededor del mundo, incluyendo un ministro saudita, un magnate petrolero y un consumidor chino.

El zar de la OPEP

Ali Naimi se convirtió en ministro del petróleo saudita en 1995 y, como jefe del mayor productor del mundo, era el líder de-facto de la OPEP y tenía una estrategia. El cartel necesitaba comenzar a comportarse como un banco central, unido, tecnócrata y con decisiones basadas en los datos en lugar de la política interna. Como los productores de la OPEP tenían varios campos petroleros sin explotar, no necesitaban desarrollar más. Para impedir el exceso de oferta, la OPEP limitaría el flujo de crudo hacia las reservas de los clientes. A finales de los 90, Naimi comenzó a centrarse en la cantidad de petróleo almacenada en los inventarios comerciales en la región central de EE.UU., un segmento clave del mayor mercado mundial. Si estos inventarios caían por debajo de cierto nivel, opinaba Naimi, los precios tendían a subir y la OPEP necesitaba abrir el grifo. Si subían por encima de cierto máximo, la OPEP tenía que cortar.

Era una estrategia audaz: un representante extranjero intentaba gestionar un indicador clave en el país más poderoso del mundo. Washington no cuestionaba a la OPEP. El petróleo permaneció relativamente barato. Naimi quería impedir que los precios subieran de manera que el crecimiento mundial, y la demanda de crudo, disminuyera.

Pero la estrategia de Naimi impulsada por los números mostró una gran vulnerabilidad: información poco confiable. Cuando quedó de manifiesto que la demanda se disparaba en lugar de ceder, la OPEP había mermado la capacidad adicional de bombeado necesaria para atenuar el sobrecalentamiento de los precios.

En febrero de 2004, la OPEP se reunió en Argel. La economía mundial marchaba bien, de modo que aumentaba el consumo de petróleo. Los precios superaban los US$30 por barril, un nivel preocupante, muy por encima del promedio de unos US$20 en los 90. Sin embargo, los datos de la oferta y la demanda de varias fuentes, incluyendo el Departamento de Energía de EE.UU., sugerían que se estaba desarrollando un exceso de oferta. Sorprendiendo a todo el mundo, el cartel anunció un recorte del 9% en la producción, aunque nunca lo llevó a cabo.

Las cifras estaban equivocadas y nunca se produjo la sobreabundancia. Al contrario, la demanda se disparó. Un barril de crudo texano subió a US$40 en mayo de 2004, US$50 en octubre tras el paso del huracán Iván, US$60 en junio de 2005 y US$70,85 el 30 de agosto, tras el huracán Katrina.

La reunión de 2004 marcó el final de la dinámica que había definido al mercado petrolero durante casi dos décadas: una tendencia al exceso de oferta. La reacción del mercado mostró la nueva dinámica: un suministro que apenas da abasto.

Poco después de la reunión de Argel, Naimi lideró una delegación de representantes sauditas a China. Esperaban encontrar a China acaparando crudo, ya que parecía que importaba más de lo que necesitaba. En lugar de eso, encontraron uno de los mayores cambios de la historia en el uso de la energía.

El glotón de la gasolina

Criado en Pekín, Jason Yu pedaleaba su bicicleta a la escuela cada mañana. El año pasado, este contable de 38 años guardó la bici, pidió un préstamo de US$33.000 y compró un Volkswagen Passat.

El auto nuevo de Yu, con sus asientos de cuero color crema y reproductor de CD, ayuda a explicar uno de los principales motores detrás de la escasez de crudo: el voraz apetito de China por la energía.

Los profesionales como Yu, quien gana más de US$20.000 al año, han irrumpido en el mercado de autos y ayudado a convertir a China en la segunda consumidora de petróleo del mundo después de Estados Unidos.

En la actualidad hay más de 27 millones de vehículos en las carreteras chinas, un alza con relación a los 10 millones de 1995. El gobierno prevé que el parque automotor se duplicará hacia 2010.

China ha representado cerca del 40% del crecimiento de la demanda de petróleo del mundo durante los últimos cuatro años, según el Departamento de Energía de EE.UU. Parte de esa alza el año pasado surgió de la emergencia de usar petróleo para generar electricidad, pero la moda del auto continuará presionando a los mercados petroleros, al igual que la demanda de la industria china.

El barón del petróleo

En septiembre de 1966, John Browne, un amante de la ópera y los habanos, reunió a la junta de British Petroleum en un hotel de Berlín. En su segundo año como presidente ejecutivo de BP, les hizo una drástica petición: que lo autorizaran para buscar un socio para fusionar la compañía. Durante dos días esgrimió sus argumentos. BP, la ex empresa estatal británica, necesitaba incrementar sus activos de forma significativa vía un acuerdo y, después, elevar las ganancias mediante la reducción de costos. Lord Browne — la reina de Inglaterra le otorgó el título — obtuvo lo que quería. Dos años después, BP se fusionó con Amoco Corp. en un acuerdo de US$52.000 millones. Meses después, la empresa aprobó la compra de Atlantic Richfield Co. La compra de Amoco fue seguida de una racha casi frenética de consolidaciones: Exxon se fusionó con Mobil, Chevron con Texaco y la francesa Total absorbió a sus rivales europeas.

Para deleite de los accionistas, las fusiones y adquisiciones llevaron a su apogeo un período de 15 años de drásticas reducciones de costos en las petroleras occidentales. Pero esta misma política consolidadora condujo a agudos recortes de los fondos destinados a las exploraciones en busca de nuevas fuentes de petróleo. La industria no estaba preparada para desarrollar la producción de crudo fresco una vez que la demanda se disparó en esta década.

Antes, la industria petrolera reemplazaba regularmente el petróleo bombeado con el descubrimiento de nuevas reservas. En los dos últimos años no lo ha hecho, según un estudio de Wood Mackenzie. Esta consultora de Edimburgo, Escocia, estima que para reemplazar completamente la producción, los gastos en exploración deberían más que duplicarse, hasta alcanzar los US$30.000 millones anuales. En un negocio de ásperos ribetes, Lord Browne sobresale como un conocedor de buenos vinos, fotógrafo y coleccionista de arte. Pero ha sido implacable en su afán de recortar costos. En una entrevista, Lord Browne sostuvo que las petroleras pueden obtener más por cada dólar destinado a la exploración. Agregó que las grandes petroleras ya no están dispuestas a encontrar petróleo a cualquier costo. "A fin de cuentas, las empresas tienen que responder a las señales que mandan los precios", afirma. "No somos un servicio público".

El profeta

Matthew Simmons, un veterano banquero de la industria petrolera, visitó los vastos yacimientos petrolíferos de Arabia Saudita en 2003. Casi un cuarto de las reservas de crudo del planeta se encuentra en este reino y el mundo cuenta con ellas para satisfacer la siempre creciente demanda. Pero Simmons quedó perturbado. En el vuelo de regreso compartió un inquietante pensamiento con sus compañeros de viaje: ¿Qué pasaría si esos campos no fueran tan prometedores como los sauditas creen?

De vuelta en Houston, Simmons, se sumergió en las publicaciones científicas y escribió un libro con sus conclusiones: los campos sauditas parecían exhaustos y podrían entrar pronto en un declive irreversible. Simmons emprendió un ciclo de conferencias con un título provocativo: "El petróleo de Arabia Saudita: ¿Realidad o espejismo?".

Su influencia arroja luz sobre un nuevo factor en esta escasez de petróleo: los grandes inversionistas y los especuladores. The New York Mercantile Exchange introdujo los contratos futuros de petróleo en 1983. A partir de entonces, inversionistas ajenos a la industria han podido comprar y vender petróleo sin que se distribuya ni un barril. Aun los inversionistas conservadores, como los fondos de pensiones, han apuntado a la inversión en energía como una alternativa a los bonos y acciones. Jeffrey Currie, jefe de investigación de bienes básicos de Goldman Sachs en Londres, dice que los participantes externos a la industria representan ahora a un 15% de quienes invierten en ella. La demanda adicional proveniente de los nuevos inversionistas puede aumentar aún más los precios.