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Simmons y Arabia Saudita: la duda desde la experiencia

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Artículos Presentamos la traducción de un artículo aparecido en el diario escocés Sunday Herald, "Out to shock the world over Saudi reserves", en el que se entrevista a Matt Simmons. Además de leer sobre las sospechas ya conocidas sobre las reservas sauditas, la entrevista revela algunos detalles de la historia de Simmons y sus negocios, así como algún breve apunte sobre su paso por la comisión de expertos que ayudó a Bush a redactar su plan de energía en el año 2000. Despertar al mundo sobre las reservas sauditas
El consejero sobre energía de George Bush afirma que la economía global ha juzgado erroneamente los suministros de petróleo. Por Valery Darroch
Sunday Herald 01/05/05

Los altos precios del petróleo debieron estar en la agenda de temas a tratar mientras la semana pasada el presidente George Bush paseaba en su rancho Prairie Chapel de Texas con el soberano del reino saudita Principe Abdullah, pues estaban representados los intereses del mayor consumidor y los del mayor exportador mundial.

Al mismo tiempo, Matt Simmons, uno de los consejeros de temas energéticos de Bush, estaba haciendo una conferencia en Edimburgo, explicando con detalle los duros hechos de la producción saudita, que si se demuestran verdaderos tendrán severas repercusiones sobre la economía mundial.

Lo que Simmons piensa es que los sauditas han estado exagerando sus reservas durante años, que sus campos más grandes están en declive y que deberán emplearse a fondo para cumplir su promesa de aumentar la producción de 10 a 12 mb/d para el 2009 y después hasta 15 mb/d con el fin de satisfacer la demanda mundial.

Estuvo en Arabia Saudita el año 2003 formando parte de una delegación del departamento de energía norteamericano. Cuando terminó la visita salió con el convencimiento de que el cuadro rosa que los sauditas habían pintado sobre sus reservas estratégicas tenía grietas profundas aunque todavía no podía probarlo.

“En el avión de vuelta de Riyadh me dije: ‘aquí hay algo que no huele bien’. He podido salir adelante en los negocios gracias a que he prescindido de falsas ilusiones y pienso que no sería de extrañar que el país con las mayores reservas energéticas del mundo fuera una ilusión”, dijo Simmons.

Simmons es el presidente de Simmons & Co, un banco independiente de inversiones energéticas que fundó en 1974. Está a punto de publicar el libro “Twilight In The Desert: The Coming Saudi Oil Shock And The World Economy”, donde explica las conclusiones obtenidas tras laboriosas investigaciones sobre las reservas sauditas.

Su base de trabajo han sido 200 informes de ingeniería petrolífera sobre los mayores capos de Arabia Saudita, un país que se jacta de tener el 25% de las reservas mundiales.

“Ha sido el proyecto más exhaustivo de mi vida… como coser una colcha a base de retales”. Así es como ha podido dar con la prueba definitiva de que no existen indicios que permitan encontrar nuevos descubrimientos fuera del llamado ‘triángulo de oro’ y que además en su interior los mayores campos están en declive.

Los datos mundiales sobre las reservas de petróleo es un tema delicado, pues las principales naciones productoras de petróleo del mundo, miembros todos ellos de la OPEP, son poco propensos a mostrar los números, pues una revisión a la baja en sus reservas tendría consecuencias directas en la estabilidad económica y política de sus respectivos países. Simmons advierte que durante las dos últimas décadas los miembros de la OPEP han frustrado todos los intentos de conseguir unos datos fiables porque a mayores reservas reportaban mejor cuota de producción obtenían. Este es el motivo por el que durante la década de los ochenta las reservas de Oriente Próximo se incrementaron un 43% en tres años, y esto a pesar de no producirse nuevos descubrimientos.

Tanto los países productores de petróleo como las compañías tienen sobrados motivos para exagerar sus reservas. La misma Shell admitió el año pasado que había exagerado sus reservas en un 20%, así que sus acciones se hundieron. “Estoy convencido de que todavía veremos unos cuantos obuses más”, dijo Simmons.

Simmons está haciendo un llamamiento al mundo para que se adapte a un nuevo estándar de reporte de reservas, al que se refiere como los ‘13 puntos de luz’. La idea ha encontrado el apoyo de la Agencia Internacional de la Energía, el Fondo Monetario Internacional y el G8, que es el grupo de las naciones más ricas del mundo.

Pero no es fácil que muestren la verdad aquellos que tienen intereses dentro de la industria. Por eso dice Simmons que “mis dos peores críticos en Arabia piensan que soy un lunático… pero creo que venderé allí un montón de libros”.

Estos críticos – dos de los más altos ejecutivos de Aramco – visitaron recientemente Washington para desacreditar sus teorías, argumentando que tanto las nuevas tecnologías como los futuros descubrimientos mantendrían estable la producción de campos maduros como Ghawar, el más grande del mundo.

Pero Simmons replica que la semilla de los actuales problemas se plantó en la década de los 70, cuando las compañías petrolíferas apremiaron a los sauditas para que emplearan inyecciones de agua con el fin de aumentar las extracciones. Simmons arguye que esto ha reducido drásticamente los niveles de recuperación. “Los grandes del petróleo se metieron en el bolso a los sauditas… la gente ya conocía en 1972 que producir a esos niveles podría destrozar las reservas”.

¿Teme que los sauditas quieran silenciarle?

“Algunos en Arabia piensan que soy un héroe porque el precio del petróleo subirá… pero no soy Salman Rushdie”, responde sonriendo.

¿Y qué es lo que ahora piensa Bush de Vd.?

“Me dice que continúe hablando en voz alta y con franqueza sobre nuestra situación energética”.

En la carrera victoriosa de Bush hacia la presidencia en el año 2000 contó con Simmons para que le ayudara a escribir su plan energético. Simmons ya había advertido previamente a la administración Clinton para que previnieran cortes en el suministro del petróleo. Advirtió también a Melanie Kenderdine (antigua directora de la política petrolera de EEUU y anterior secretaria del departamento energético de Hill Richardson) para que se concentrara en descubrir cuánto petróleo tenía la OPEP antes de que las cosas fueran a más.

“Entonces Melanie se acercó y me dijo ‘Oh Matt. Ahí fuera no hay petróleo… Pero si hablas con las grandes compañías te dirán que no hay crisis que valga”, dice Simmons.

Se armó de coraje para ir en contra de la corriente dominante, realizando movimientos estratégicos que estaban fuera de la prudencia que había guiado su carrera y finalmente demostró que estaba en lo cierto al anticiparse a los acontecimientos.

Hijo de un pudiente banquero comercial, era un investigador asociado en la Escuela de Negocios de Harvard cuando hizo su primer acuerdo relacionado con el petróleo en 1969, aumentando en 340.000 dólares los ingresos de una compañía que estaba en pérdidas y luchaba por no ser absorbida.

“Es el tipo que se dio prisa en promover la mezcla de gases para poder llevar personas a una profundidad de 600 metros. Si no se hubiera desarrollado esto nunca podríamos haber conseguido el petróleo del Mar del Norte”.

Cinco años después los inversores de la compañía multiplicaron 60 veces su dinero, gracias a lo cual la carrera de Simmons tuvo un rápido comienzo. Montó una oficina en Boston haciendo contratos en varios sectores. “Pero me enamoré apasionadamente de las compañías que vendían servicios a la industria petrolera”.

Cuando estalló el Yom Kippur en 1973 los precios del petróleo se dispararon y Simmons vio su futuro: “Me anticipé a una explosión en los servicios petrolíferos que no se había visto desde los días del ferrocarril”.

Se desplazó a Houston asegurándose la financiación con Edward Bates & Sons, un banco controlado por Ivory & Sime y fundado por Jimmy Gammel, padre de Cairn Energy, uno de los más antiguos enlaces con Escocia en los primeros días de la expansión del petróleo.

“La industria estaba llena de viejos y rudos muchachos y nosotros éramos los jóvenes MBA de Harvard. Había que estar despierto, pero al final resultó entretenido”.

Bates se declaró insolvente durante la segunda crisis bancaria y Simmons tuvo que comprar sus acciones en el Bank of England. Fueron siete años muy duros, interrumpidos por otro shock petrolífero en 1981. “Pienso que habrá una crisis como no te puedes imaginar y que lo mejor que podríamos hacer es comenzar ya mismo con las reestructuraciones”.

Simmons ha dirigido innumerables compañías hacia dolorosas reestructuraciones financieras cuando los otros bancos no deseaban involucrarse en estos asuntos. “Aquéllos años fueron al mismo tiempo los peores y los mejores”.

Sus principios son los mismos que en 1974, especializarse en productos energéticos y servicios, ofreciendo el consejo de más calidad. Está orgulloso de ser pequeño y disfruta con su trabajo.

“Cuando emergimos a finales de los ochenta pienso que la industria estaba dinamitada y nosotros implemente sobrevivimos. Pero ahora somos una firma importante”.

En 1993 Simmons se desplazó hacia los negocios de seguros y actualmente obtiene por este concepto el 40% de sus beneficios. Su expansión continuó en 1998 cuando Simmons empleó a Colin Welsh para dirigir una nueva oficina en Aberdeen.

Simmons es una mente inquieta con inagotable energía. Actualmente cada vez está más tiempo en su casa de Maine donde se enfrasca en sus indagaciones energéticas al mismo tiempo que se entrega a su pasión por la pintura. Si algo se puede adelantar de su último libro es que en el futuro va a producir unos cuantos shocks en las tiendas.