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Geopolítica del petróleo en la revista Temas

  • lunes, 08 noviembre 2004 @ 13:06 CET
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Artículos La revista Temas, editada por la Fundación Sistema, dedica una buena parte de su número de Noviembre al petróleo y la energía. Podemos encontrar el artículo de Mariano Marzo, titulado "Reservas, ¿cuantas y hasta cuando?", "Alternativas energéticas" de Félix Yndurain, o el artículo de Rolf Tarrach, "El futuro de la energía nuclear", entre otros. Destacamos además el completo y extenso editorial, centrado en la geopolítica del petróleo, muy completo y que por su interés reproducimos a continuación: LA GEOPOLÍTICA DEL PETRÓLEO

En la medida que nuestros sistemas económicos dependen de los consumos energéticos y en la medida que el Petróleo proporciona más del 40% de la energía total consumida y el 90% de la utilizada en transportes, puede entenderse que todo lo que gira en torno al petróleo esté condicionando la dinámica política de nuestro Planeta. Gran parte de lo que está ocurriendo en estos momentos se explica a partir de la pugna por controlar y garantizar los suministros energéticos.

Hay tres circunstancias que debemos tener presentes. En primer lugar, el petróleo es un bien escaso y finito, es decir, se va a acabar en algún momento. En segundo lugar, el petróleo juega un papel central en la economía, prácticamente desde la aplicación a gran escala de los motores de explosión. Y, en tercer lugar, debido a las dos circunstancias anteriores, el petróleo es un bien que cada vez será más codiciado y disputado, según se vayan agotando las existencias, sin que se disponga de otras fuentes energéticas que puedan cumplir su mismo papel con facilidad, y a unos precios razonablemente equiparables.

Petróleo y poder

Desde hace años se vienen produciendo todo tipo de intentos de control del petróleo. Las potencias occidentales han intervenido en los países con recursos petroleros: han propiciado gobiernos afines o manejables, y han desestabilizado los que no lo eran, han obtenido concesiones, han pugnado por dominar las redes de comercialización…, e incluso han intervenido militarmente cuando sus intereses han estado en riesgo.

El petróleo y la energía son poder y en torno a ellos se ejerce sin recato el poder. Es llamativo, como recuerda un colaborador de este número, que la propia palabra que se emplea en inglés para referirse a la energía –“power”- sea la misma que se utiliza para designar el poder político, social o militar.

Se entiende, así, que actualmente uno de los focos principales de conflicto se localice en una de las zonas del Planeta donde se encuentra el 63% de las reservas totales del petróleo: el Golfo Pérsico.

Por lo tanto, para entender en sus raíces el curso de los acontecimientos que pueden producirse en torno al petróleo y para anticipar los escenarios más previsibles de futuro, hay que atender a las principales tendencias que se dibujan en estos momentos.

Aceleración de los consumos

La primera tendencia es la aceleración de los consumos en los países desarrollados, como consecuencia del propio crecimiento de la economía. El consumo lleva creciendo varios años al 2%, casi el doble que en las dos últimas décadas. Por ello, si el consumo era de 75 millones de barriles en el año 2000, se calcula que en 2030 será de 120 millones de barriles. Casi el doble.

La segunda tendencia es la extensión de los hiperconsumos y los derroches energéticos en los países más ricos. Un hogar medio en un país desarrollado no sólo consume actualmente mucha más energía que hace 40 ó 50 años -¡pensemos en la enorme cantidad de equipamientos domésticos y en el número de coches en circulación!-, sino que se consume con derroche y ostentación; se utilizan los coches para todo, se mantienen los electrodomésticos y los equipamientos domésticos encendidos todo el tiempo, se utilizan luces innecesariamente…

La tercera tendencia es la incorporación de grandes países a la condición de consumidores importantes de energía. Un caso paradigmático es el de China, que con sus 1.400 millones de habitantes representa casi una cuarta parte de la humanidad, y que en virtud de su crecimiento económico ha pasado en pocos años de ser un país exportador de petróleo a ser importador neto.

Desigualdades energéticas

La cuarta tendencia es el aumento de los desequilibrios en los consumos energéticos. Estados Unidos, por ejemplo, concentra el 24,4% del consumo energético mundial, pese a tener sólo el 4,7% de la población del Planeta. Si sumamos la Europa de los 15, Japón y Canadá, tenemos que poco más del 12% de la población concentra la mitad de todos los consumos energéticos. Es decir, la energía está convirtiéndose en uno de los indicadores de desigualdad mundial. Según consigna el Informe de 2004 sobre Desarrollo Humano del PNUD, el consumo energético medio en los países de la OCDE es de 8.503 Kw per capita, en tanto que en los países de desarrollo humano bajo es de 218 Kw per capita. Es decir, treinta y nueve veces menos.

La lógica del mercado

Una quinta tendencia es la evolución de los precios del petróleo que, como todo bien limitado, tiende a hacerse escaso a medida que aumenta la demanda y no puede mantenerse constante la oferta. Si están correctamente formuladas las leyes del mercado –lo cual en el caso del petróleo es muy complejo- a medio plazo son inevitables fuertes aumentos en su precio. A no ser que una potencia o grupo dominante logre hacerse con su control absoluto, reservándolo sólo para una minoría del Planeta. Con lo cual se podría retrasar durante algún tiempo la tendencia al encarecimiento que vendrá impuesta por la lógica de “la escasez creciente y la demanda ascendente”.

Los impactos que el precio de la energía tienen en la marcha de nuestras economías, hacen que ésta sea una de las cuestiones más delicadas en torno al futuro del petróleo. ¿Son sostenibles estas tendencias en el futuro? ¿Qué puede pasar si se mantienen, y todo el mundo continúa actuando como si hubiera petróleo sin límites para siempre?

Datos objetivos

La pregunta crucial es, ¿hasta cuándo va a durar el petróleo?, ¿para cuántos años tenemos? Y la primera anomalía es que no hay una respuesta unívoca que todo el mundo tome como buena. La mayor parte de los cálculos que se han hecho desde 1942 –sesenta y dos, según consigna un experto en este número de Temas-, estiman que ya hemos franqueado el ecuador en la disponibilidad de recursos. Sin embargo, el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha elevado espectacularmente las cifras hasta un tercio más que los otros cálculos, sosteniendo que sólo (?) se ha consumido un tercio del total del petróleo disponible.

Pero el problema del futuro del petróleo no se resuelve con regateos o ajustes en unas cifras, que en realidad pueden ocultar –nunca mejor dicho- intereses parciales y una clara voluntad de sustraer –o retrasar- el debate público sobre esta cuestión.

En cualquier caso, si se mantuviera el ritmo actual de consumo de petróleo (que, si no se hace nada, es evidente que continuará aumentando), según las estimaciones más optimistas tenemos petróleo para 60 años. Incluso algunos ultra-optimistas (u ocultistas, según se mire) sostienen que “podríamos tener petróleo para todo un siglo”, con una forma de argumentación que más parece propia de la magia o de la fe religiosa, que de una mente científica moderna. A su vez, los más pesimistas (o enterados) sostienen que, de seguir las cosas como hasta ahora, sólo queda petróleo para 30 años, o menos. En un punto intermedio se sitúa el Informe de 2004 de la British Petroleum, que estima que queda petróleo para 41 años.

Confiando ¿en qué?

No deja de ser sorprendente que tanto los más optimistas como los más pesimistas estén hablando de sólo unas pocas décadas. En realidad nos encontramos ante un horizonte inmediato en términos económicos y sociológicos, mientras la situación se vive aparentemente con la mayor tranquilidad del mundo, cómo si no estuviéramos ante una de las principales incertidumbres de nuestro futuro inmediato, en caso de no disponer en pocos lustros de adecuadas fuentes energéticas alternativas.

Pero lo cierto es que los niños que están hoy en las escuelas, y que están siendo educados en una mentalidad de consumismo sin límites, van a conocer a lo largo de su vida el fin del ciclo del petróleo. Incluso, si los datos más rigurosos fueran los que presentan los más optimistas, ya tendríamos que estar haciendo previsiones para una transición energética, que no es concebible que pueda hacerse en condiciones de cierta estabilidad y seguridad en menos de dos o tres décadas.

¿Qué hacer?

El problema del petróleo –y de la energía en general- es el gran debate político ausente. Un debate que no acaba de plantearse a la luz pública, aunque aquellos que están mínimamente enterados saben que estamos ante una de las cuestiones cruciales del futuro. ¿Significa esto que no se está haciendo nada en torno al petróleo y su futuro? Ciertamente se están haciendo cosas y moviendo piezas, tanto a nivel técnico, como político. Mucho de lo que ha pasado en el mundo en los últimos años es una prueba de ello: las intervenciones militares y los movimientos estratégicos en torno a Afganistán, Iraq, Sudán, Liberia, el Golfo de Guinea y otras zonas de África y Medio Oriente están relacionadas con el futuro energético.

El clan Bush forma parte de un entramado de intereses económico-petroleros que intentan llevar a cabo una política dura de control militar del petróleo. El objetivo es lograr el mayor dominio posible durante los próximos cuarenta o cincuenta años. No sólo mediante el control del comercio del crudo y los productos refinados, o mediante acuerdos con las elites dirigentes locales, sino con tropas militares in situ. De momento, en Afganistán e Iraq y otros lugares que vendrán. Las disculpas y coartadas que se utilizan son heterogéneas: armas de destrucción masiva que no existen -¿y qué importa?-, terrorismo islamista -¿dónde está Bin Laden?-, choque de civilizaciones, intervenciones humanitarias, etc.

El objetivo es claro, los medios se ajustan a los objetivos (prioridad en el control de los campos de petróleo), las coartadas vienen subordinadas, mientras que la legitimidad se pretende mantener con la mayor opacidad posible en el debate. “No hay problema –se dice-, que nadie se preocupe. Ya veremos dentro de 60 años”. Sin embargo, al tiempo, se actúa con determinación inequívoca, pero sin tomar ninguna medida sustantiva en el terreno de los recortes de consumo o las previsiones energéticas alternativas.

¿Qué hacer ante esta compleja situación? Lo primero objetivarla. Es decir, entender que no estamos ante una cuestión de subjetividades, de estimar si hay que ser más o menos pesimistas u optimistas, para no alarmar ni crear preocupaciones innecesarias. El problema no es ese. Hay que ser objetivos y claros y hay que plantear el debate con nitidez, para que los ciudadanos puedan tomar parte –con madurez y con informaciones rigurosas- en las decisiones que les conciernen.

Este debate hay que abordarlo sin dilaciones, siendo conscientes de que si hoy en día se están produciendo tantos conflictos –opacos y expresos- en torno al petróleo, cuando los optimistas sostienen que queda petróleo para sesenta años o más, ¿qué ocurrirá cuando todo el mundo tenga certeza de que sólo queda petróleo para 20 ó 25 años? ¿Cómo actuarán entonces los poderosos del Planeta? ¿Cómo se resistirán otros? ¿Hacia qué riesgos de conflictos podremos deslizarnos?

Puede que estemos ante uno de los más peligrosos cuellos de botella con los que va a enfrentarse nuestra civilización, ya que, en estos momentos, no existen certezas científicas que garanticen que vayamos a disponer “a tiempo” de fuentes energéticas alternativas equiparables en precio y accesibilidad. De ahí, la necesidad de propiciar debates transparentes y apostar por acuerdos razonables, antes de que el clima socio-político se deteriore en demasía. Lo cual es especialmente importante para Europa que, hoy por hoy, es una región energéticamente dependiente y especialmente interesada en que exista un clima de paz y de buenas relaciones en una zona como el Mediterráneo y sus aledaños, donde tienden a situarse importantes focos de tensión y de conflicto de intereses.

Alternativas

El camino en el que hay que avanzar apunta hacia varias líneas de trabajo: En primer lugar, es preciso un esfuerzo de rigor y precisión en la determinación de las reservas de petróleo. Hay que establecer criterios internacionales concertados que permitan saber con objetividad cuánto petróleo queda. En segundo lugar, es necesario avanzar en la diversificación energética. Algunas experiencias en este campo constituyen ejemplos esperanzadores.

En tercer lugar, hay que potenciar las investigaciones en recursos energéticos y en fuentes alternativas, aunque parece poco plausible que en menos de 30 ó 40 años –según consideran los expertos- puedan lograrse los “descubrimientos” definitivos en los que algunos aparentan confiar, con fe cuasi-religiosa.

En cuarto lugar, hay que propiciar una cultura de ahorro energético, empezando por las orientaciones educativas que se transmiten en las escuelas, en una dirección de mayor austeridad, autocontrol, mentalidad de ahorro, equilibrios, etc. En definitiva, hay que educar con más realismo y sentido de la responsabilidad a las nuevas generaciones.

En quinto lugar, hay que entender que el problema de los recursos energéticos no es una cuestión que pueda solucionarse satisfactoriamente a medio plazo solamente mediante la lógica del mercado. En materia energética existen objetivos generales que responden a la lógica de la racionalidad y del bien común. Y, por lo tanto, se requieren planes a medio plazo, inversiones de fondo y, en términos más generales, incentivos económicos y fiscales que premien la racionalidad y ayuden a encaminarnos en las buenas direcciones.

Petróleo y Bien Común

Y, junto a todo esto, hay que considerar el papel que el petróleo y otros recursos energéticos están cumpliendo para los intereses globales del Planeta y el Bien Común General. Por eso, el debate sobre el buen uso del petróleo debe tener una indudable dimensión internacional. En la medida que estamos hablando de un recurso limitado que condiciona el futuro de la economía mundial y las propias perspectivas de paz y de bienestar de todos, es evidente que Naciones Unidas no puede ser ajena a la manera en la que se organicen los usos y disponibilidades futuras del petróleo. De la misma manera que algunas naciones han socializado el petróleo, no es un disparate considerar la internacionalización futura de los recursos energéticos en una forma que garantice su utilización racional por todos, evitando controles abusivos, apropiaciones destructivas, condicionamientos irresponsables y riesgos de guerras e intervenciones guiadas por intereses parciales y/o restrictivos. Es decir, el futuro del petróleo y de la energía es también una cuestión de Bien Común.

Muchas cuestiones, por tanto, en torno a las que debemos reflexionar y debatir con rigor y prontitud.

SUMARIOS

  • El petróleo es un bien finito que sólo va a durar 4 ó 5 décadas y que será cada vez más codiciado, según se vayan agotando las existencias.
  • Gran parte de los conflictos que se están produciendo en el mundo en estos momentos se explican a partir de las disputas por el control del petróleo y otros recursos energéticos.
  • Las asimetrías en el consumo energético están convirtiéndose en uno de los indicadores más significativos de desigualad mundial.
  • Si no se hace nada para evitarlo vamos a asistir a un aumento progresivo de los precios del petróleo, como consecuencia de una escasez creciente y una demanda ascendente.
  • Hay que apostar por la diversificación energética, las investigaciones en recursos energéticos alternativos, los ahorros y las planificaciones a medio plazo.
  • Es necesario un gran debate sobre el petróleo y el futuro energético que tenga en cuenta los intereses generales del Planeta y el Bien Común General.