Bienvenido(a) a Crisis Energética jueves, 23 noviembre 2017 @ 13:48 CET

El \"peak oil\" en la prensa asturiana

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Noticias Este viernes ha salido publicado el siguiente artículo sobre el "peak oil" en el periódico asturiano "La Nueva España". Su autor (VictorLuis) me ha pedido que lo subiese a la web para darlo a conocer (el link de L.N.E. desaparece al día siguiente) y comentarlo; como veréis el artículo en si viene a ser un resumen de los temas que se tratan en esta página, lo extraordinario es que se halla publicado en un medio impreso de amplia tirada. El «peak oil», o la paradoja del carbón asturiano

por VÍCTOR LUIS ÁLVAREZ

«Peak oil» es la frase en inglés con la que se denomina el máximo de la producción posible de petróleo; el máximo de producción posible no tiene que coincidir con el máximo de producción real, ya que los países productores pueden reducir su producción para elevar los precios y alargar sus reservas.

Un científico americano, King Hubbert, predijo en 1948 que Estados Unidos alcanzaría su «peak oil» en 1970, no fue tomado en serio, incluso tuvo que soportar opiniones que le ponían en ridículo, el «peak oil» de Estados Unidos se alcanzó realmente en 1971. Hoy en día, la institución dedicada al estudio de prospecciones geológicas en Colorado (EE UU) se llama la Escuela Hubbert.

Existe una asociación científica denominada ASPO (Association for the Study of Peak Oil) que reúne al grupo científico internacional más prestigioso en la materia, que sigue de cerca la evolución de las reservas mundiales de hidrocarburos y comunica sus conclusiones a través de los denominados boletines ASPO.

Pues bien, los informes de la ASPO, las opiniones de Simmons, presidente del mayor banco norteamericano especializado en financiar operaciones petrolíferas, y recientemente un informe de la propia multinacional petrolera SHELL, que reconocía que llegaba a su «peak oil», van convergiendo en estimar el «peak oil» mundial en el entorno de los años 2005-2008 y un agotamiento energético de los yacimientos entre 2005 y 2045; estimándose que el gas natural puede aguantar unos 10 años más, la predicción tiene un margen de 20 años, según estimaciones más o menos optimistas, aunque todas tienen origen en los modelos matemáticos elaborados por Hubbert.

La diferencia de 20 años en las estimaciones está originada por la poca fiabilidad de los datos sobre las reservas descubiertas, que en muchas ocasiones son sobreestimadas por las compañías petroleras para facilitar aportes de financiación externa; los datos sobre el gas natural justifican sobradamente la necesidad de la construcción de la planta regasificadora de El Musel.

Agotamiento energético significa que independientemente del precio del barril de crudo, éste no puede ser extraído cuando la energía que suministre ese barril sea inferior a la que hay que aplicar para extraerlo, es un concepto termodinámico, no es una cuestión económica.

El profesor Mariano Marzo, de la Universidad de Barcelona, publicó recientemente (14 de enero de 2004) un artículo en «El Periódico» de Cataluña titulado «El apagón del siglo XXI», en el que brillantemente exponía todos los problemas energéticos que se nos vienen encima a una velocidad de vértigo.

Ante este panorama, cabe preguntarse ¿por qué seguimos desmantelando las instalaciones de la minería de carbón?, si dentro de pocos años tendremos que recurrir a la única reserva energética que nos queda en España.

Sin duda, existen las energías renovables, pero por sí solas no pueden resolver el problema energético con un nivel de consumo similar al actual. Para arreglarnos sólo con energías renovables, necesitaríamos una reducción drástica del consumo eléctrico, que quedaría limitado aproximadamente entre el 10% y el 14% del consumo actual.

Se puede pensar que el Protocolo de Kioto impide quemar el carbón como hasta ahora, de hecho una controversia existente entre la comunidad científica informada está entre los que pronostican que los hidrocarburos se agotarán antes de que el efecto invernadero sea irreversible y acabe con nuestra civilización y los que dicen que dicho efecto invernadero llegará antes de que se acabe el petróleo.

De todas formas, aceptando la primera premisa, la crisis de la desaparición del petróleo supondrá en consecuencia la práctica desaparición del parque automovilístico y, por ello, una importantísima disminución de emisiones contaminantes que hará posible quemar carbón, aunque sólo sea para generar electricidad.

Y en cuanto a las conocidas frases de que «ya tendrán algo inventado que sacarán cuando les interese» o «ya se descubrirá algo que solucione el problema», que se escuchan habitualmente en tertulias de opiniones no demasiado documentadas, por desgracia carecen de todo fundamento técnico o científico. La comunidad científico-técnica internacional está perfectamente intercomunicada y no conoce ni cree en ninguna solución «milagrosa» del problema.

La única posibilidad sería el reactor nuclear de fusión, el ITER, pero los expertos no creen que esté desarrollado antes de varias decenas de años. Por lo que aun en el caso de que esta solución funcione, habría que buscar un puente energético para llegar hasta allí.

La llamada solución de la tecnología del hidrógeno no es tal solución; el hidrógeno sirve para transformar y transportar energía y puede permitir que los vehículos funcionen con él, pero se sigue necesitando energía primaria para generar el hidrógeno. Me explico: habría que quemar por ejemplo carbón para generar electricidad, y a partir de ésta producir hidrógeno que alimentase las células de combustible en los automóviles dotados con motores eléctricos; el rendimiento global del sistema sería bajo, permitiría funcionar automóviles a partir de carbón o energías renovables, pero no resuelve el problema del agotamiento de las fuentes de la energía.

No olvidemos, además, que el petróleo no es únicamente una fuente de energía, es asimismo una materia prima para las industrias del plástico, fertilizantes, etcétera. En este campo deberá ser sustituido también por el carbón.

Desengañémonos, el llamado «desarrollo sostenible» no existe, es una falacia, lo que sí puede existir es lo que podemos denominar «nivel básico sostenible», pero este concepto, que significa una cierta vuelta a atrás del camino recorrido hasta ahora, no es posible sin una profunda reestructuración de la producción y el consumo energético, y en concreto para mantener ese nivel se necesita, entre otros, el carbón asturiano.

Por todo ello, los asturianos debemos luchar por conservar nuestras reservas estratégicas de carbón, que el cierre de las minas no las convierta en irrecuperables, porque a buen seguro que dentro de pocos años las vamos a necesitar. Y entonces sí que no va a importar el precio de coste de la extracción.

Víctor Luis Álvarez es ingeniero técnico.