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Combustible a cambio de nada

Artículo original: "Fuel for Nought".

Combustible a cambio de nada

La adopción de los biocombustibles sería un desastre humanitario y medioambiental

George Monbiot

Martes, 23 de Noviembre de 2004

Traducido por Pedro Prieto

Si los seres humanos hubiésemos nacido sin pecado, aún viviríamos en un mundo imperfecto. La idea de Adam Smith de que, en la búsqueda de su propio interés, el hombre “promueve frecuentemente esta... sociedad mas efectivamente que cuando trata realmente de promoverla” y la idea de Karl Marx de una sociedad en la que “el libre desarrollo de cada uno sea la condición del libre desarrollo de todos” están ambas lastradas por una limitación evidente. El mundo es finito. Esto significa que cuando un grupo de gente persigue sus propios intereses, daña el interés de los demás.

Es difícil que exista para esto un mejor ejemplo que el del entusiasmo actual por los biocombustibles. Se producen a partir de plantas oleaginosas o de desechos forestales y se pueden utilizar en coches, autobuses y camiones. Al quemarlos, el carbón que las plantas extrajeron mientras crecían, es el único que vuelve a la atmósfera. Así que ahora se promueve cambiar de los combustibles fósiles a biodiesel y a bioalcohol como la solución al cambio climático. El próximo mes, el gobierno británico tendrá que fijar un límite a la cantidad de combustible para el transporte que procederá de los cultivos. La Unión Europea desea que a finales del próximo año, un 2% del uso del petróleo que ahora utilizamos provenga del biodiesel, subiendo a un 6% para el 2010 y a un 20% para el 2020. Para procurar conseguir estos objetivos, el gobierno ha reducido los impuestos sobre los biodiesels 20 peniques por litro, mientras la Unión Europea paga a los agricultores unos 45€ por hectárea para que los cultiven.

Parece que todo el mundo está feliz con ello. Los granjeros y la industria química pueden desarrollar nuevos mercados, los gobiernos pueden alcanzar sus objetivos de reducir las emisiones de dióxido de carbono y los ecologistas pueden celebrar el hecho de que el combustible de las plantas disminuye la contaminación, así como el efecto invernadero. Al contrario que con las pilas o células de combustible de hidrógeno, los biocombustibles se pueden producir inmediatamente. De hecho así es como Rudolf Diesel esperaba que funcionase su invento. Cuando hizo funcionar su máquina en la Exposición Mundial de 1900, fue con aceite de cacahuete. “La utilización de aceites vegetales como combustible para los motores, puede parecer insignificante hoy”, predijo. “Pero estos aceites pueden llegar a ser tan importantes como el petróleo en el futuro” Algunos entusiastas ya predicen que si los precios de los combustibles fósiles siguen subiendo, podría tener razón pronto.

Yo espero que no. Los que han estado promoviendo estos combustibles, puede que sean bienintencionados, pero se equivocan. Se equivocan porque el mundo es finito. Si los biocombustibles llegan a despegar, causarán un desastre humanitario mundial.

Tal y como se utilizan hoy, a pequeña escala, no son dañinos. Unos cuantos millares de verdes en el Reino Unido ya mueven sus vehículos con aceite de freír patatas. Pero el aceite para cocinar usado apenas podría suministrar 100.000 toneladas de diesel anuales en este país, equivalentes a 1/380 del combustible utilizado para el transporte por carretera.

También es posible convertir los desechos de los cultivos, tales como el rastrojo del trigo, en alcohol, para su uso en automóviles; The Observer publicó un artículo sobre ello el domingo. Me gustaría ver las cifras, pero me resulta difícil de creer que podemos extraer más energía de la que necesitamos para transportar y procesar la paja. Pero los planes de la Unión Europea, como los de todos los entusiastas de la biolocomoción, dependen de cosechas específicas para combustibles. En cuanto se examinan las implicaciones, se ve que el remedio es peor que la enfermedad.

El transporte por carretera en le Reino Unido consume 37,6 millones de toneladas de productos derivados del petróleo cada año. La cosecha más productiva que se puede dar en este país es la de colza. El rendimiento promedio es de 3 a 3,5 toneladas por hectárea. Una tonelada de semilla produce 415 Kg. de diesel. Así que cada hectárea de tierra arable podría proporcionar 1,45 tonaleadas de combustible para el transporte.

Para mover nuestros coches y autobuses con biodiesel, se requerirían, en otras palabras, 25, 9 millones de hectáreas. Existen en el Reino Unido 5,7 millones de hectáreas. Incluso el objetivo más modesto del 20% propuesto por la Unión Europea para el 2020 se llevaría casi todas las tierras de cultivo.

Si esto sucediese en toda Europa, las consecuencias sobre el suministro global de alimentos serían catastróficas: lo suficiente para inclinar la balanza de ser excedentarios a ser deficitarios netos. Si, como algunos ecologistas demandan, esto se tuviese que hacer a escala mundial, entonces, la mayor parte de la superficie arable del planeta debería dedicarse a producir alimentos para coches, no para personas.

Estas perspectives, parecen, a primera vista, ridículas. Si no se pudiese cubrir la demanda de alimentos, ¿no se aseguraría el mercado de que las cosechas se utilizasen para alimentar personas, en vez de vehículos? No existen seguridades al respecto. El mercado responde al dinero, no a las necesidades. La gente que posee coches tiene más dinero que la gente que se está muriendo de hambre. En una competición entre su demanda de combustible y la demanda de alimentos de los pobres, los conductores ganarían siempre. Algo parecido ya está sucediendo. Aunque existen 800 millones de personas permanentemente subalimentadas, el aumento global de la producción vegetal se utiliza para alimentación animal: la cabaña ganadera mundial se ha quintuplicado desde 1950. La razón es que los que toman carne y productos lácteos tienen más poder adquisitivo que los que compran solamente cosechas de subsistencia.

El combustible verde no sólo es un desastre humanitario; es además un desastre ecológico. Aquellos que se preocupan del volumen y de la intensidad de la agricultura actual, deberían considerar cómo serían los cultivos si estuviesen dirigidos por la industria del petróleo. Es más, si intentáramos desarrollar un mercado del biodiesel procedente de la semilla de colza, saltaría inmediatamente al mercado del aceite de palma y de soja. El aceite de palma puede producir cuatro veces más de biodiesel por hectárea que la colza y crece en lugares en los que la mano de obra es barata. Los cultivos son ya una de las mayores causas de destrucción de las selvas tropicales. La soja tiene un menor rendimiento que la colza, pero el aceite es un subproducto de la producción de alimentación animal. Si se abre un nuevo mercado para ello, se estimularía una industria que ya ha destruido la mayoría del “cerrado” brasileño (uno de los lugares del mundo con mayor biodiversidad) y gran parte de las selvas húmedas.

Resulta chocante ver lo estrecha que puede resultar la visión de algunos ecologistas. En una reunión el mes pasado en París, un grupo de científicos y verdes que estudiaban el cambio climático abrupto, decidieron que las dos grandes ideas de Tony Blair: hacer frente al calentamiento global y ayudar a África, solo podrían llevarse a cabo convirtiendo a África en una zona de producción de biocombustibles. Esta estrategia, según sus promotores, “proporciona una vía de desarrollo sostenible para muchos países africanos que pueden producir biocombustibles baratos”. Se que la definición de desarrollo sostenible ha ido cambiando, pero no era consciente de que conllevaba ahora la hambruna masiva y la destrucción de las selvas tropicales. El año pasado el comité parlamentario británico sobre medio ambiente, alimentos y asuntos rurales, que supuestamente debería estar especializado en aunar sus ideas, examinó todas las posibles consecuencias de la producción de biocombusitbles –desde los ingresos rurales al número de golondrinas- excepto la repercusión sobre la producción de alimentos.

Necesitamos una solución al calentamiento global causado por los coches, pero no es este. Si la producción de biocombustibles es lo suficientemente grande como para afectar al cambio climático, será lo suficientemente grande como para afectar al hambre mundial.

Monbiot

Tomado de Energy Resources

ER. Fuel for Nought

Traducido por Pedro Prieto

Solo para confirmar la tesis de Monbiot… la producción a gran escala de combustible a partir de la biomasa afectaría a áreas muy grandes, por lo que la tierra no sería de gran calidad. Esto significa que una producción de etanol o el metanol a partir de las aportaciones de bosques.

El siguiente resumen indica lo cortos que nos quedaríamos en hacer frente a la demanda actual.

Ted Trainer

Sydney.

La biomasa no nos puede salvar

La mayoría de la gente supone que las Fuentes de energía renovables pueden sustituir a los combustibles fósiles, permitiendo a la sociedad seguir en procura de elevados niveles de consumo, viajes, comercio, “niveles de vida” y crecimiento económico. Lovins y los creyentes en la tecnología aseguran que todo lo que hay que hacer es dar unas vueltas de manivela más al avance tecnológico para sí poder seguir con un derroche y un crecimiento ininterrumpidos, mientras reducimos los costes ecológicos y de recursos a proporciones manejables. No se necesitan cambios radicales, sino sencillamente abandonar esta sociedad capitalista y consumista.

Solo hace falta echar un vistazo a las cifras básicas relacionadas con la producción de combustibles líquidos, para darse cuenta de lo equivocada que está esta idea. (Los detalles están disponibles en RENEWABLE ENERGY)

La mayor opción es producir metanol de la biomasa forestal. El rendimiento en metanol es equivalente a unos 150 litros de petróleo por cada tonelada de materia prima, después de restar los costes energéticos de producción.

Para producciones muy grandes de biomasa, es poco probable que se pueda obtener un rendimiento de 7 toneladas de materia seca por hectárea y año, pero aquí se supondrá esta cantidad. Algunas plantaciones alcanzan un promedio de unas 14 T/Ha/año y las cosechas de rotación rápida, tales como los sauces, en condiciones favorables, pueden estar en ese nivel. Sin embargo el crecimiento de los bosques mundiales es de apenas unas 3 T/Ha/Año. La producción a gran escala tendría que utilizar cientos de millones de hectáreas, la mayoría de las cuales estarían muy por debajo de los rendimientos típicos de los sauces y similares.

Si suponemos el equivalente de 150 litros de petróleo por tonelada y 7 toneladas por hectárea, se puede producir metanol en un equivalente de 1.050 litros de petróleo por Ha y año, ó 37,4 GJ/Ha

El consumo per capita australiano de petróleo y gas es de 128 GJ/año, lo que exigiría 3,7 Ha, por lo que el total del consumo australiano exigiría 74 millones de hectáreas, que tendrían que estar permanentemente cultivadas con rendimientos de 7 T/Ha/año. El total de las tierras de cultivo australianas es de apenas unos 22 millones de hectáreas y los bosques razonablemente aprovechables, de 40 millones de hectáreas. ¿Es posible que podamos encontrar otras 74 millones de hectáreas de tierra capaz de rendir 7 T/Ha/año?

Australia tiene muchas más tierra arable que cualquier otro país rico. Los cultivos totales, pastos y bosques alcanzan las 4,9 Ha por persona. Para los EE.UU. la cifra es de 2,8 Ha; para Europa 1,6; Asi es 0,5 y para el mundo en general es de 1,4 Ha por persona. La población mundial crezca probablemente a más de 8.000 millones. La tierra productiva por persona estará entonces alrededor de las 0,8 Ha por persona, para cubrir todas las necesidades, incluyendo alimentación, agua, alojamiento, absorción de la contaminación y energía.

Si utilizásemos todas las 1,4 Ha por persona de tierras de cultivos, pastos y bosques, sólo para la producción de energía de la biomasa, obtendríamos 48,5 GJ por persona, lo que es solamente el 38( del consumo actual australiano de petróleo y gas (y sólo el 20% de nuestro consumo total de energía)

Tomemos los supuestos más optimistas con los que me he encontrado. Johansson supuso (en Renewable Energy 1993) que podríamos encontrar 890 millones de Ha en el mundo para la producción de biomasa. (Como dijo él, la mayor parte sería tierra erosionada, por lo que 7 T/Ha/año serían muy poco probables). Hacia el 2070 tendríamos unas 0,15 Ha por persona y de esto se obtendrían 5,2 GJ/año; esto es, un 4% de la cantidad de energía en forma de petróleo y gas que ahora consume cada año cada australiano.

Pongámoslo de otra forma; si 8.000 millones de personas consumiesen el petróleo y el gas de los australianos, por la vía del etanol, se tendrían que poner en cultivo continuo, de un rendimiento de 7 T/Ha/año unos 30.000 millones de hectáreas. ¡Pero el planeta tiene sólo 13.000 millones de hectáreas de tierra!

Por cierto, el uso de la energía en Australia está creciendo a un 2,5% anual, por lo que sería el doble del actual en unos 30 años.

Así que cualquiera que sean los supuestos que se tomen, en relación con los avances tecnológicos, la conservación de la energía, las reducciones de “grado cuatro” y los coches Lovinsianos, no hay la más mínima posibilidad de mostrar cómo los combustibles líquidos de la biomasa podrán abastecer a toda la gente de forma ni lejanamente remota al ritmo actual de riqueza, de uso de los transportes, etc.

Si creen que todo se resuelve cambiando la hidrógeno ver el documento detallado.

Los verdes convencionales rechazan escuchar este tipo de análisis, prefiriendo reforzar el mensaje en el que la gente quiere creer en esta sociedad de consumo; esto es, que con un poco más de esfuerzo en el reciclado y algunos avances técnicos más y un mayor uso de las palabras mágicas “desarrollo sostenible”, el medio ambiente y Los demás problemas se pueden resolver sin tener que pensar en reducir nuestro exceso de consumo, o eliminando la economía del crecimiento.

Es por esto, por lo que no creo que una socidad capitalista y consumista se pueda salvar a sí misma. Ni siquiera sus clases “intelectuales” o sus líderes verdes dan el menor signo de que esta sociedad tenga el ingenio o la voluntad para ni siquiera pensar en la situación en que nos encontramos. Como dejan claro las cifras anteriores, la situación no se puede resolver sin una gigantesca reducción del volumen de producción y consumo que existe. Esto significa un cambio radical y de gran alcance en la dirección de ir a cosas más sencillas, frugales, a la autosuficiencia, a los objetivos no materiales y a las comunidades con autogobiernos y a unas economías de crecimiento cero. Para más detalles, ver The Simpler Way)

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Ted Trainer

School of Social Work,

University of New South Wales,

Kensington. 2052. Australia.

02.93851871

Fax: 02 96628991

Website: Trainer docs

Última Edición: sábado, 27 noviembre 2004 @ 13:56 CET| Hits: 22.296 Ver la versión para imprimir