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¿Hay coches éticos?

¿Hay coches éticos?

Por Pedro Prieto.
26 de noviembre de 2003

El 28 de noviembre, publica Vicente Verdú, un periodista notable de El País, un artículo titulado “El coche ético”, que trata sobre el coche híbrido. No me resisto a comentar algunas de sus opiniones.

El coche híbrido, es esencialmente un coche con dos motores y una batería, haciendo bueno el principio de la Entropía Irreversible; esto es, que cuanto más queremos resolver problemas, pareciera que nos metemos más en ellos. Uno de los motores es convencional y quema gasolina o gasóleo. El otro, es un motor eléctrico, que se soporta con una batería más grande de lo habitual y cuyo mayor esfuerzo hará que esa batería se consuma más rápidamente que las convencionales. Ambos llevan sus ejes al mismo sistema de tracción (más complicaciones) y se supone que la ventaja que ofrece, frente al convencional, es que, por primera vez desde que el señor Ford inventó el primer motor para estas aplicaciones, hace ya casi un siglo, no se había resuelto el problema del ralentí; esto es, que el coche parado siguiese teniendo el motor en marcha, a unas 900 revoluciones por minuto, consumiendo energía. Algo que no le ha preocupado a nadie, mientras hemos nadado en la creencia de que el petróleo era infinito y viendo que, además, era barato.

Pero el desmesurado crecimiento de las ciudades, por un lado y los primeros visos de que el petróleo se acaba, por el otro, aunque este segundo signo se siga ocultando por un pudor que solo justifica el pavor a que sea cierto, han hecho estrujarse los cascos a los técnicos (no hace falta ser un científico para inventar este trasto).

Aunque los coches actuales se siguen vendiendo con anuncios en los que siempre hay una mujer hermosa sobre el capó o una niña plácidamente dormida en el asiento trasero, o un hombre alcanzando el orgasmo en la conducción y además siempre aparecen en carreteras milagrosas, en las que no existe ningún otro coche o camión que compita por le escaso espacio de asfalto asignado a cada vehículo (en España hay unos 60 vehículos por kilómetro lineal de carretera asfaltada y nunca salen en los anuncios, que por cierto contribuyen de forma sustancial a mantener a diarios como El País), la realidad es que la mayoría de los coches se pasan el 90% del tiempo en que sus dueños los utilizan, en tremendos atascos urbanos, todos al ralentí, todos consumiendo.

Para este fin y por las dos razones expuestas anteriormente, es por lo que se ha diseñado este vehículo “híbrido”, que efectivamente, vendrá a disminuir el consumo en ciudad, porque la ventaja que ofrece es que cuando está parado, su motor de gasolina o diesel está parado y los arranques en los atascos de ciudad los hace con el motor eléctrico. Además, aprovecha las frenadas para recargar la batería, revirtiendo el motor y haciéndolo trabajar como una dinamo.

Así pues, sí tiene una ventaja, pero lo que no dicen ni los periodistas “senior” ni los fabricantes, es que se hace para evitar consumir de forma estúpida en los atascos y que no representa innovación tecnológica alguna, porque tanto el motor eléctrico, como el de combustión interna, se conocen desde hace por lo menos un siglo.

Lo que no tiene perdón es que las poderosísimas industrias del automóvil no se hayan planteado el problema del consumo al ralentí en los infinitos atascos hasta ahora mismo, porque ya hace más de 30 años que las sociedades urbanas los vienen sufriendo. Así que nada de presumir. Tampoco tienen nada de lo que enorgullecerse anunciando su salida, porque significa que pretenden seguir por el mismo camino de seguir produciendo coches ad infinitum y que sólo pretenden resolver un problema puntual y cosmético, que es el de que empiezan a consumir mucho más parados que andando. De hecho, inventaron hace dos o tres décadas, coches con “ordenador de a bordo” pero han ido pudorosamente retirando la función que indicaba la velocidad media de todo un depósito de combustible, porque a muchos que compraban coches muy lujosos, les frustraba mucho verificar que circulaban a un promedio de 20 Km./h

Así pues, la industria, sacando al mercado estos coches está huyendo hacia delante y continúa con su modelo de producción de vehículos privados a toda costa y a toda la capacidad posible, independientemente de que las ciudades estén ya sobresaturadas.

Y ahora, a los comentarios del Sr. Verdú, con los míos en negrilla.

“Desgraciadamente, el diario El PAÍS no dedica demasiada atención a los asuntos del motor pero, de pronto, en la sección de Sociedad apareció la semana pasada una página entera y la número uno, destinada a la generación de los coches híbridos, aquéllos que juntan la energía eléctrica con la gasolina”.

No es cierto que no dedique demasiada atención al motor. De hecho, sus páginas de anuncios indican todo lo contrario y su suplemento de motor es con carácter semanal. Aparte de dedicar muchísimas hojas de la sección de deportes a actividades que no tienen nada que ver con el deporte, tal y como lo entendemos algunos. Me refiero a las carreras de motos y de coches de todas las fórmulas posibles, pilotados por hombres-anuncio. ¡Oh, si, ustedes se ocupan mucho y muy mucho de los asuntos del motor y muy poco de criticarlos, seguramente porque son fuente importante de su sustento!

“Un coche híbrido consume poca gasolina, puede recorrer los mismos kilómetros por la mitad de precio. Es, consecuentemente, un objeto virtuoso que evita el despilfarro pero, además, contamina menos, respeta el Medio Ambiente y tiene en consideración, por encima de cualquier mirada profana, al teologal Agujero de Ozono”.

Ya estamos. No se trata de comparar el rendimiento energético con el precio. Se trata de hacer bien los deberes y calcular el coste total energético, respecto de los coches convencionales y si se trata del precio, de toda la cadena del coste, no solo del parámetro de los Euros/Km. Tienen ustedes obligación (moral, claro) de calcular lo que costará después mantener dos motores y una batería gigantesca. Tiene que meter el precio del vehículo; tiene que poner los gastos de reparación, incluso en caso de accidente (reparar dos motores y esos engranajes cruzados será obviamente, más costoso) En cuanto a que el coche privado es un “objeto virtuoso” es una afirmación muy gratuita. Algunos diríamos que es, en esencia, un “cacharro vicioso”. Y hacer bromas con un agujero de ozono que ocupa tres veces la superficie de Estados Unidos, me parece de muy mal gusto.

“Pronto, todos los artículos que ocupen un buen lugar en el mercado poseerán esta etiqueta moral que conlleva, de su parte, el híbrido. Existen ya los consumos éticos, los fondos éticos, los comercios justos, los productos de reciclaje enaltecidos por la reconversión de la mierda. El capitalismo ha dejado ya de ignorar las posibilidades productivas de la buena conciencia y sus filones éticos. A diferencia de las viejas factorías que conculcaban la pureza del aire y desdeñaban la función pulmonar, la nueva economía es limpia, transparente y viene orientada a difundir ideas (¿ideales?) más que mercancías pringosas y, acaso, hediondas”.

En eso tiene razón el Sr. Verdú. El capitalismo salvaje es capaz de deglutir lo que sea y lo mismo financia a ONG’s, que crea Fundaciones, que secuestra las ideas de los que le combaten y las pone a su servicio, como en este caso, con el coche híbrido y los secuestrados conceptos de ecología y respeto por el medio ambiente.

“Ahora con los coches híbridos en todas las marcas se reinaugura una oportunidad general de congraciarse con el planeta”.

Dirá usted de hacer como que se congracian con el planeta.

“Este híbrido de Honda o de Toyota no corre, por el momento, demasiado ni destaca por su diseño. En ese coche todo tiende a parecer serio y honesto puesto que su razón se apoya en un pilote moral. Con el Honda Civic IMA o el Toyota Prius nace el automóvil que respeta la Naturaleza y, en consecuencia, el futuro de la Humanidad. "Me siento bien con este coche, me siento limpia de conciencia. Estoy mejorando un poco el universo", declaraba una de las recientes usuarias del Prius, según el reportaje de José Manuel Calvo”.

A ver, Sr. Verdú. Explíquenos eso. ¿Cómo nos venden esa locomotora? Efectivamente, intentando hacer que nos veamos con la “conciencia limpia”, cuando nos metemos en esas jaulas de acero y plástico a expulsar gases por el tubo o caño de escape. El problema es que nos lo creamos y usted parece estar contribuyendo muy mucho a ello. El universo, Sr. Verdú, no se mejora, como dice usted que decía una de las usuarias del Prius, comprando una jaula de dos mil kilos, para transportar a un ser humano (generalmente uno solo) de 70 kilos de peso en promedio a realizar su trabajo rutinario a 50 Km. de su hogar, distancia que sólo ha sido posible por la existencia de ese monstruoso aparato. Y el universo no se mejora, ni desde luego se hace sostenible, ni tampoco se respeta su ecología, porque tire a la basura los dos mil kilos del coche anterior y se compre otros dos mil kilos de chatarra para presumir de que en vez de quemar 10 litros de combustibles fósiles irremplazables y no renovables cada día, pase a consumir cuatro. No señor, no.

“El coche que hasta ahora nos embrutecía cada vez más puede, al fin, salvarnos; la conducción que fuera rutina o distracción es, por elevación, un rezo. ¿Sólo para las mentalidades de influencia religiosa protestante? ¿Exclusivamente para la mentalidad infantil? Para casi todo el mundo evangelizado por la ética ecológica calvinista y puerilizado por la extensa cultura de la diversión”

¿Nos está contando una novela graciosa, o realmente se cree a) que el nuevo coche híbrido va a dejar de embrutecernos y b) que vamos a pasar de jurar en los atascos a alabar a Dios, por disponer de un híbrido?

“El automóvil resulta ser, efectivamente, una máquina conceptualmente anticuada y explotada en exceso por el capitalismo de consumo: un artículo excesivamente apegado a los signos del progreso, la riqueza material y la ostentación. Necesitaba, sin duda, un aire de refresco ético para sobrevivir; un soplo oportuno de composición verde y espiritualista en consonancia con el auge de la vida y la mercancía creativas en el reino del capitalismo de ficción”

Así que el automóvil era anticuado y el Sr. Verdú supone que el híbrido viene a ser un refresco ético; un soplo oportuno de composición verde y espiritualista. ¡Qué bonito y qué bien redactado. Eso se lo dirá usted a todas, suponemos. Sr. Verdú, quédese tranquilo, porque ha cumplido usted objetivos para con su empresa y sus clientes principales, los fabricantes eternos de coches, aunque el mundo reviente lleno de ellos, le estarán enormemente agradecidos por esta publicidad encubierta a la descubierta.

Última Edición: viernes, 28 noviembre 2003 @ 21:22 CET| Hits: 11.304 Ver la versión para imprimir