Bienvenido(a) a Crisis Energética lunes, 18 marzo 2019 @ 14:59 CET

La locura del metano

La locura del metano

Un libreto sobre el gas natural
En el año 2000, los precios del gas natural subieron un disparatado 400%. Fue la mayor subida de precios que el país jamás había visto, superando incluso los picos más altos de las subidas del petróleo en los años 70. La subida de los precios golpeó duramente, perjudicando a los ciudadanos, a los negocios y a la industria y contribuyó a los cortes de energía eléctrica en California; llegaron a tener consecuencias en la bolsa y desataron un frenesí de nuevas perforaciones. Fue, en palabras de un experto, “un descarrilamiento de tren”. Así pues, ¿qué viene a continuación? Los récords ya están muy altos: el 70% de las nuevas viviendas se calientan con gas natural y las centrales eléctricas del país han apostado 100.000 millones de dólares al “nuevo combustible del milenio”. Pero, ¿qué sucederá si están equivocados? ¿Ha sido una simple anomalía transitoria, la crisis de este invierno pasado o es la punta de un iceberg? Este libreto sobre el gas natural examina el pasado, presente y futuro de nuestro combustible más versátil.

Un combustible superior
Es un gas transparente y más ligero que el aire. El gas natural proporciona un cuarto de la energía total del país. Lo que llamamos gas es en su mayor parte metano, una molécula maravillosa, omnipresente e invisible, un sirviente educado que hace muchas tareas y las hace bien. El gas natural puede calentar su casa, secar sus vestidos, cocinar su comida o mover un coche o una central eléctrica. Es un bien esencial para la agricultura, tanto como fuente de energía, como para el procesamiento de alimentos y sirve de base para la fabricación de fertilizantes. Aproximadamente el 45% del gas natural se dedica a la industria (pulpa y papel, cemento y asfalto, para productos químicos, plásticos y para el refinado del petróleo. El gas es además el combustible fósil más limpio, ya que produce solo la mitad de anhídrido carbónico que el carbón, por unidad de energía. Los EE.UU. tienen 320.000 pozos de gas. Usamos una inmensa cantidad de gas diariamente y per capita. Cada año, los 280 millones de estadounidenses consumen tanto gas natural como 3.000 millones de personas en Europa y Asia.

Un vistazo al pasado

  Los EE.UU. consumen el 28% del gas natural del planeta. Pero al contrario que con el petróleo, que importamos de 25 países, el 99% de nuestro gas se produce en Norteamérica

El gas es el más “joven” de los combustibles fósiles. Su uso se ha incrementado mil veces desde 1900. La producción local, que era despreciable antes de 1920, creció de forma rápida después de la Segunda Guerra Mundial; llegó a su pico máximo en 1973, descendió durante la “burbuja de gas” de los años 80 y se ha mantenido más o menos estable desde entonces. En los últimos 80 años, hemos consumido unos 950 billones (1012) de pies cúbicos. Según algunas estimaciones, casi la mitad del gas que se puede producir en el país ya ha sido quemado. Se fue tan fácil como llegó. Tenemos la mitad y la otra mitad se ha desvanecido. La mayor parte del que se ha ido era fácil y barato de producir. La mayor parte del gas que queda, será relativamente más caro y difícil de extraer. El cuerno de la abundancia ha desaparecido.

Los peligros del saber popular
Las raíces de la crisis actual de la energía datan de hace 20 años. El “shock” del petróleo de 1979 liberó un frenesí de explotaciones petrolíferas y a principios de los años 80; se perforaban unos 80.000 pozos anualmente. Como era previsible, no encontramos mucho petróleo, pero sí una buena cantidad de gas. Había nacido la superabundancia de gas. Entre 1983 y 1996, el precio real del gas cayó un 46%. Todo el mundo estaba satisfecho. La industria, el gobierno e incluso los ecologistas proclamaron que el gas sería barato y superabundante hasta un futuro muy lejano. Cualquiera que fuese la opción política, esto eran buenas noticias. ¿Que quiere usted mover millones de coches con gas natural? Sin problemas. ¿Que desea proyectar e instalar 180.000 Mw de potencia, con centrales térmicas de gas, para poner en marcha la Economía de la Información? Tiene sentido. A medida que el gas se abarataba, los usos para consumo frívolo se unieron a los esenciales. ¿Que quiere derretir la nieve en su calzada? Por supuesto. ¿Que desea instalar tuberías radiantes bajo los campos de golf? A por ello. Poco a poco, la estupidez adormeció el saber popular, justo a tiempo para cegar la visión de una tormenta perfecta.

La tormenta perfecta
La metáfora fue acuñada por el banquero Matt Simmons, experto en inversiones energéticas, que escribe el resumen anual de los desarrollos en el mundo del petróleo en la revista “World Oil”. El año pasado, cuando los precios del petróleo se triplicaron y los del gas se cuadruplicaron, asesoró a Bush en su campaña sobre nuestra teoría. “Una crisis de energía se abate sobre el mundo”, escribió Simmons. “La situación es grave. El mundo no ha agotado el petróleo y los EE.UU. no se han quedado sin gas. De lo que carecemos es de la posibilidad de incrementar nuestro suministro energético. Norteamérica no tiene gas natural en exceso. Nos enfrentamos a unas tasas de decrecimiento de la producción extremadamente agudas, lo que hace simplemente más difícil evitar que la producción caiga cada año que pasa. Se han proyectado numerosas centrales térmicas para la producción eléctrica basadas en el gas. Pero el gas para hacerlas funcionar no se sabe de donde va a venir”.

El cuento de Cenicienta
El gas y el petróleo son ambos hidrocarburos y a menudo se encuentran juntos en el mismo yacimiento. Pero al principio de la Era del Petróleo, el gas era considerado el patito feo de la familia del petróleo, un peligro para la seguridad, sin valor de mercado y los perforadores maldecían cuando lo encontraban (en la actualidad, cerca de un tercio del gas que se extrae en todo el planeta, por salir de los yacimientos de petróleo y ser éste el fin primario de la explotación, se quema a pie de pozo. N del T.) . En muchas partes del mundo, el gas sigue sin tener utilidad y prácticamente se regala. Aquí en los EE.UU., el gas se vendía a 30 centavos de dólar por cada mil pies cúbicos, hasta 1974. A ese precio, calentar una casa en Denver durante todo el invierno, costaba unos 30 pavos. Pero esos días son historia.

Facturas sacrílegas
En gran parte de los EE.UU., la vivienda promedio consume su volumen en metano cada mes del invierno. Esta energía solía costar 80 dólares. Este invierno pasado, el coste casi se duplicó. En diciembre del 2000, los precios al por mayor del gas alcanzaron durante un breve lapso los 10 dólares por cada 1000 pies cúbicos. En enero de 2001, los precios estuvieron por los 8 dólares y los propietarios de viviendas en Chicago, Boston y Denver fueron golpeados con facturas del gas de 200 dólares. Pero el trauma causado a la cesta de la compra nacional no acaba ahí.


La industria agrícola cerró algunas de sus plantas de fertilizantes, porque usar el gas a esos precios para producir fertilizantes no tenía sentido. Estos elevados precios ayudaron a torpedear el maldito experimento de la desregulación del sector eléctrico en California, llevando a las dos empresas de producción más grandes al borde de la quiebra. En la primavera del 2001, los precios del gas en la boca del pozo, han bajado respecto de los picos máximos, pero siguen estando dos veces más altos de lo que estuvieron doce meses antes.

Perforando con Charlie
Una de las razones por la que los precios del gas se han ido a las nubes, es que existen solo 1.350 torres de perforación buscando gas en Norteamérica. Manejar una torre exige 10 hombres, que se cambian en turnos de 12 horas, día y noche, con una semana de trabajo y una semana libre. Visitar un sitio de perforación es, para el testigo, una considerable exhibición de arrestos, ingenuidad y conocimientos. Pero cuando solo existen 1.350 perforadoras tratando de satisfacer los apetitos energéticos de 280 millones de estadounidenses...¿puede sorprendernos la rudeza que se aprecia? En los últimos 15 años, mientras el resto de los norteamericanos prosperaban, la industria del petróleo sufría las variaciones más salvajes de precios.  Más de 600.000 personas fueron despedidas y como resultado de esta mala racha se perdió una generación. En la actualidad, prevalecen en este sector hombres de unos 50 años y jóvenes de menos de veinte. Un perforador veterano y sensato, llamado Charlie Brister, que ha sido ya despedido cuatro veces, comenta: “ Vivimos en la civilización mas intensamente energética que el mundo jamás haya conocido y aún así, el americano medio desconoce todo sobre la energía. Pero las cosas aún pueden empeorar bastante más, antes de que el público llegue a estar preparado para escuchar la verdad. Uno se da cuenta de que molesta a todo el mundo, si trata de explicar a un republicano típico que “no hay petróleo en los EE.UU. como para ser autosuficientes”, o le dice a un ecologista típico que “la energía eólica y solar no pueden satisfacer el 100% de nuestras necesidades energéticas””.

La rueda del agotamiento
En junio de 1999, se publicó un inquietante artículo en el “Oil & Gas Journal”. Describía cómo Tejas, que produce un tercio del gas nacional, tiene que perforar 6.400 nuevos pozos cada año para evitar que la producción se desplome. Esto significa 17 nuevos pozos diarios. Apenas en 1998, el Estado sólo necesitaba perforar 4.000 pozos para mantener la producción estable. ¿Cuáles son las razones del cambio? Pues que, a medida que los perforadores tienen que buscar yacimientos cada vez más pequeños, los nuevos pozos sufren tasas de agotamiento más agudas o rápidas. En la práctica, un nuevo pozo típico tiene, el primer año, un sorprendente declive productivo del 56%, que es otra forma de decir que empieza a morir al poco de nacer. A nadie le gusta hablar de agotamiento; es como la tía loca oculta en el ático, el emperador sin vestidos o el lobo en la puerta. Pero la verdad es que los perforadores en Tejas están encadenados a una rueda que deben hacer girar cada vez más deprisa para mantener la producción.

  Solo China y Canadá perforan más pozos que Tejas. Pero las acusadas curvas de agotamiento, limitan la capacidad tejana de aumentar la producción de gas.

¿Viene Canada al rescate?
Los EE.UU. son el mayor importador de gas natural del mundo. Pero al contrario que con el petróleo, que compramos a 25 diferentes países, el 99% de nuestro gas se produce en Norteamérica. Los suministros locales cubren el 85% de nuestras necesidades y el otro 15% viene de Canadá. La mayor parte del gas canadiense se produce en Alberta, aunque se han encontrado nuevos yacimientos significativos cerca de Nueva Escocia. Los canadienses han sido tradicionalmente refractarios a enviar el metano hacia el sur, aunque en la actualidad, la mitad del gas producido allí se exporta a los EE.UU. Pero el pasado invierno, cuando los recibos del gas en Canadá se duplicaron, comenzaron las discusiones sobre esta política. Canadá es, después de todo, un país gélido y algunos canadienses comienzan a sugerir que se recorte la cantidad de gas que envían a los “malditos yanquis”, para que las futuras generaciones dispongan de los suministros adecuados. Los yacimientos del oeste de Canadá envejecen tan rápidamente como los de Tejas y los canadienses también están luchando contra sus propios demonios del agotamiento, haciendo girar su propia rueda. Tienen que perforar 20 nuevos pozos diarios, o cerca de 7.500 cada año, para evitar que la producción de Alberta decaiga.

Gas sobre hielo
Según los campos tradicionales se van agotando, los productores estadounidenses y canadienses comienzan a desempolvar planes para entubar el gas del Ártico. Hay grandes cantidades de gas en la falda norte de Alaska y en el delta del rio Mackenzie. Pero llevar los gasoductos a cada yacimiento requerirá una hazaña de ingeniería civil, haciendo serpentear 2.000 millas de gasoducto de acero a través de la tundra, la taiga y los líquenes, lo que es realizable, pero no será ni rápido ni barato. Las estimaciones actuales dicen que el gas ártico está a 6 años y a 8.000 millones de dólares de distancia. Y no es una solución milagrosa, porque una tubería de 5 pies podría proporcionar solo alrededor de un 5% de nuestro consumo actual. ¿Otras opciones de suministro? El poco profundo golfo de Méjico se encuentra en un acusado declive, aunque las aguas más profundas del Golfo están produciendo cantidades crecientes. El metano que se encuentra en los yacimientos de carbón de Wyoming y Colorado, está actualmente proporcionando el 7% de las necesidades nacionales. Nueva Inglaterra ha comenzado a recibir gas de Nueva Escocia. La industria desea perforar áreas ahora prohibidas, incluyendo la plataforma marina de California, la parte oriental del golfo de Méjico y parte de las Rocosas. También es posible importar gas natural licuado, congelado a menos 260 grados Farenheit, en buques tanque especiales. Los EE.UU. obtienen en la actualidad el 1% del gas que consumen de esta forma, un porcentaje que debería incrementarse al 3% para el 2010.

Sobrecarga de potencia
La tradicional superabundancia de gas natural y de capacidad eléctrica, así como la capacidad de reserva de petróleo, se desvanecieron simultáneamente en la primavera del año 2000. La prosperidad e Internet son parcialmente responsables. Alimentados por una energía barata, la economía de los EE.UU. creció un 60% desde 1986 y un pasmoso 5% solo en el año 2000. El consumo de gas creció un 36% en el mismo periodo. Pero fue la demanda de electricidad (que creció un 5,4% en 1998, una tasa verdaderamente sorprendente para una economía tan gigantesca), la que tuvo un mayor impacto en los precios. Para cubrir nuestras crecientes necesidades eléctricas, se proyectaron y pidieron 180.000 Mw más de potencia instalada, para ser instaladas hasta el año 2005. Era algo lógico: el gas es el combustible más barato y el fósil más limpio para ser convertido en electricidad. Pero si pedir una central eléctrica con turbina de gas tiene toda la lógica, pedir mil turbias es una receta para el desastre. Nadie en la industria de las plantas eléctricas se hizo la pregunta clave: ¿podemos producir suficiente gas para hacer funcionar todas esas plantas? Muchos expertos creen que la respuesta es no.

Gasoductos y cuevas
Durante el verano, el gas se bombea dentro de cavernas subterráneas para ser usado el próximo invierno. Este programa se esta viendo afectado por los equipos de aire acondicionado del Cinturón Solar de los EE.UU. (Estados del Sur), cuya demanda de electricidad generada por la combustión de gas está creciendo desmesuradamente. El gas se solía usar para calentarnos; ahora le pedimos también que nos mantenga frescos. Dado que el sistema de almacenaje no fue nunca dimensionado para esta carga, hemos agotado el colchón de reserva de que disponíamos. En marzo del 2001, el gas almacenado de esta forma alcanzó su nivel más bajo en la historia. Los gasoductos son otro de los aspectos críticos de este rompecabezas del gas. Sin  un gasoducto, el gas natural es inservible, una limitación que fue constatada por primera vez por los chinos. Éstos ya perforaban en búsqueda de gas en el año 1000 de nuestra era, pero sus materiales se militaban al bambú. Los gasoductos norteamericanos podrían alcanzar la luna. La mayoría datan de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando los suministros de la costa del Golfo estaban vinculados a los mercados del Medio Oeste y Nueva Inglaterra. Como los gasoductos están sometidos a los efectos de la corrosión, se utilizan unas herramientas del tamaño de un barril de cerveza, llamados “cerdos”, para diagnosticar puntos débiles en los gasoductos, aunque no siempre llegan a tiempo. En agosto del 2000, explotó un gasoducto en nuevo Méjico, matando a 10 personas y afectando a los suministros de California. Muchos gasoductos antiguos tienen que ser reconstruidos, reemplazados o ampliados para llevar más gas a las zonas urbanas, donde se ubicará una nueva generación de plantas eléctricas de turbinas de gas. En diciembre del año 2000, el gas que se envió a Los Angeles se vendió a 69 dólares, el equivalente de haber vendido el barril de petróleo a 400 dólares.

Una resaca cruel
Visto en perspectiva, los años 90 fueron el  Big Bonfire, una borrachera energética sin precedentes. Según se hundían los precios del petróleo y del gas natural, comenzaron a crecer sin cesar nuevas casas y coches. Los americanos consumían el peso de su cuerpo en gas natural y petróleo cada cinco días. Acabados los buenos tiempos, ahora estamos padeciendo una resaca cruel. El camino a transitar está ahora sembrado de baches y de peligros económicos conexos. Durante décadas, el gas natural ha sido nuestro combustible más versátil y un sirviente obediente. La versatilidad es una virtud, pero también ha posibilitado que todo el mundo haga sus planes sin verificar el nivel del “depósito de gas”. Según la Administración para la Información de la Energía, en el año 2005 podríamos necesitar un 20% más de gas que el que actualmente usamos; para el año 2015, sería el 50% más. Pero en los últimos 15 años, la producción de los EE.UU. se ha mantenido constante y Canadá reclama también su crecimiento. ¿De donde, pues, va a venir el nuevo gas?


El juego del billón (1012) de dólares
Sin que haya habido el más mínimo debate y muy poca consideración a las implicaciones que el asunto tiene a largo plazo, la nación se ha embarcado en una carrera por el gas. El gráfico muestra cómo los futuros precios del gas se regirán por una gigantesca demanda de electricidad generada por la combustión de gas. Para saciar el apetito glotón del sector eléctrico, que prevé triplicarse el año 2015, necesitamos construir un gasoducto desde Alaska, duplicar el número de torres de perforación y abrir grandes áreas de tierras federales ahora protegidas a la perforación. Pero esto puede ser incluso insuficiente. En realidad, la carrera por el gas podría muy bien convertirse en el último sueño, un peligroso engaño, una arriesgada quimera, una “visión en busca de una realidad” distorsionada. Si llegase a suceder que no se encuentra gas para hacer funcionar a los cientos de nuevas plantas de generación de electricidad por gas, qué haremos entonces? Se puede escoger de entre esta lista: construir nuevas plantas de generación eléctrica por combustión de carbón o centrales nucleares; comenzar seriamente con las fuentes de energía renovable, particularmente la eólica, ahora más barata que el gas o invertir verdaderamente el dinero en mejorar el rendimiento. El carbón es nuestro combustible fósil más abundante, pero lleva consigo el estigma del cambio climático. No se han proyectado centrales nucleares en 22 años; las fuentes de energía renovable van aumentando su eficiencia, pero son inestables. La mejora del rendimiento es un ganador seguro, pero no es gratis. Todas las soluciones exigen tiempo y dinero. Mientras tanto, podemos estar alcanzando un nuevo techo energético, más allá del cual el consumo no podrá crecer.

Embida o pasa
El presidente Bush se ha puesto duro en este asunto. De hecho, ha heredado el reto más complicado y severo a que jamás se ha enfrentado el país. Una familia media norteamericana gastará este año más de 3.000 dólares en electricidad, petróleo y gas natural. La economía se está yendo al sur. Wall Street está batallando. Los cortes de electricidad amenazan con convertirse en habituales y no solamente en la Costa Oeste. Dos tercios del petróleo y casi la mitad del gas natural propio ya se han quemado. El mundo está al límite de la capacidad de producción petrolífera. El instinto presidencial es el de buscar más energía, allá donde pueda encontrarla. Y quiere jugar la carta del Refugio Nacional Ártico para la Vida Salvaje y explotar esos territorios, lo que mantendría el tono energético del país durante cinco años más. Pero si los hechos han conspirado contra Bush, también le darán una oportunidad histórica. El antiguo petrolero que es Bush, tiene una tremenda oportunidad, quizá incluso una obligación, de hacer lo que ningún presidente ha hecho hasta ahora: sincerarse con el pueblo americano sobre nuestros retos energéticos y, no menos importante, sobre nuestras oportunidades en la mejora de rendimientos. Al igual que Richard Nixon, aquél ferviente anticomunista, fue el único político que se atrevió a hacer las paces con la China comunista, los antecedentes de Bush le permiten decir la verdad sobre la energía. Este discurso junto a la chimenea está pendiente desde hace tiempo. “Como un antiguo petrolero, me gustaría creer que podemos perforar la salida del túnel que nos permita salir de la crisis actual”, podría decir el presidente. “Pero nuestros yacimientos de petróleo y gas están agotándose y nadie puede dar marcha atrás al reloj. Cualquier intento de  resolver los problemas de la nación mediante el incremento de los suministros energéticos, sin reducir la demanda energética, está condenado al fracaso. Si, tenemos que perforar más pozos y canalizar los nuevos suministros, pero debemos ser también mucho más cuidadosos en el uso que hacemos de la energía. En realidad, nuestra prosperidad depende de ello. Esta noche, os propongo un plan de ocho puntos, para convertir a los EE.UU. en el país más eficiente de la Tierra en el uso de la energía...” ¿Inverosímil? Quizá. Pero ni siquiera una gran nación puede negar la realidad durante mucho tiempo. Si Bush no acepta esta apuesta, su sucesor tendrá que hacerlo.

¿Desea más información?
Este libreto está diseñado para proporcionar una rápida introducción a nuestro discurso sobre el gas natural, Si necesita información adicional, hemos agrupado nuestras principales fuentes, artículos y páginas Web en el Resumen sore los Recursos de Gas Natural. Véalo (en inglés) en http://www.altenergy.org/allies/core/core.html o pida una copia en papel en core@aspeninfo.com

Los autores
Este tratado sobre el Gas Natural ha sido publicado por la Oficina de la Comunidad para el Uso Eficaz de los Recursos (Community Office for Resource Efficiency – CORE-). Ha sido escrito por  Randy Udall, director de CORE, con la apreciable ayuda de Steve Andrews, un analista energético de Denver.

Para ponerse en contacto con los autores: rudall@aol.com, sbandrews@worldnet.att.net. O escriba a CORE, Box 9707, Aspen, CO 81612.

Traducción de Pedro A. Prieto. Madrid. Mayo de 2001.

 

 

Última Edición: miércoles, 19 febrero 2014 @ 17:41 CET| Hits: 9.833 Ver la versión para imprimir