Cambio Climático Global y Cenit del Petróleo (Parte II)

Por Dale Allen Pfeiffer

Traducción de Alberto Cuesta Cañada

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En la primera parte de este artículo, vimos el escenario de cambio climático abrupto filtrado desde el Pentágono. Hicimos notar que la recomendación de los autores fue que el Presidente debería elevar el cambio climático abrupto a la categoría de cuestión de seguridad nacional. La Administración Bush ha ignorado totalmente el informe, ayudada por un poderoso cártel dedicado a la negación del calentamiento global, que promueve ciencia basura que producen investigaciones patrocinadas por la industria.

Después centramos nuestra atención en el gran consenso público de las academias científicas mundiales: el cambio climático está teniendo lugar, y representa una amenaza para la vida en este planeta y a la civilización humana en particular. Después hicimos una revisión de algunas de las pruebas de los cambios climáticos inducidos por la industria, tal como fueron divulgados por el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) en su voluminoso informe, Climate Change 2001.[1] Finalmente, vimos algunos de los costes actuales del cambio climático global: en términos monetarios, en términos medioambientales, y en términos de vidas humanas.

Pero el informe del Pentágono era más que un sumario del efecto invernadero, del agotamiento de la capa de ozono y de los incrementos de temperaturas globales medias. Era el reconocimiento sin precedentes de una amenaza mucho más directa a nuestro sitio en el mundo: el cambio climático abrupto. Ése será el tema de este ensayo. Veremos el papel de los océanos en el clima, el sistema de convección oceánico, la historia de los episodios de cambio climático abrupto y el efecto de estos episodios sobre civilizaciones previas.

D.A.P.

Sobre el Cambio Climático

Las grandes masas de agua - particularmente los océanos y mares - tienen un efecto moderador en el clima. Cualquiera que viva en una isla o cerca de la costa, será claramente consciente, de que los veranos en tales sitios tienden a ser más frescos que tierra adentro, y los inviernos tienden a ser más templados. Como residente del estado de Michigan, soy consciente que un "Alberta clipper" [N.T: Un viento procedente de Canadá en dirección Sur], que congelará Dakota del Norte y Minnesota hasta -20º F, se calentará suficientemente al pasar sobre el Lago Michigan de tal modo que este mismo sistema climático solo hará bajar la temperatura de Michigan a 0º F. Esto es porque las masas de agua tienden a tener menos variación estacional en su temperatura que la piedra o el suelo, e interactúan con las corrientes de aire que las sobrevuelan transfiriéndose calor de unas a otras.

Este proceso es mucho más complejo en los océanos que en los Grandes Lagos. Las corrientes oceánicas canalizan agua templada del ecuador y agua fría de las regiones polares, con un considerable efecto en el clima local. Las aguas templadas que fluyen hacia el norte desde el Pacífico sur traen calor al Pacífico noroeste y la Costa sur de Alaska durante el invierno, dirigiéndose directamente a los bosques templados, que dominan la ecología de esta zona.

Los meteorólogos han ignorado tradicionalmente el papel de los océanos en los procesos meteorológicos. Y esto podría tener sentido en cierto aspecto: si se estudia el clima, es natural centrarse en la atmósfera, no en los océanos. Pero estamos comenzando a comprender que los océanos son la pareja de la atmósfera para producir el clima, y el factor dominante para los patrones del clima a largo plazo.

Los océanos juegan un importante papel en almacenamiento de calor y su transporte, y son vitales para el transporte de ese calor desde el ecuador hacia los polos. Son esenciales también para el ciclo hidrológico. Cubriendo el 70% de la superficie de la Tierra, los océanos tienen 1.100 veces la capacidad acumuladora de calor de la atmósfera. Contienen el 97% del agua en el planeta; unas 90.000 veces el agua de la atmósfera. Y reciben el 78% de las precipitaciones globales.[2] Desafortunadamente, los procesos oceánicos no han sido estudiados tanto como los procesos atmosféricos; incluso propiedades ambientales cruciales como transferencias de calor y salinidad en las profundidades han sido descuidadas hasta tiempos recientes. Como veremos, el cambio climático abrupto tiene todo que ver con dinámicas 'termohalinas' en las profundidades oceánicas; este término se compone de dos antiguas raíces griegas que significan 'calor' y 'sal'.

Pero una serie de observaciones marinas en los años 90, revelaron que el océano se ha calentado en las profundidades desde que se hicieron observaciones similares en los años 50. Se desprende que esta diferencia de calor corresponde a aproximadamente la mitad del efecto invernadero que ha sido proyectado por modelos, pero se había perdido en las medidas reales de la atmósfera. Los modelos meteorológicos no habían tenido en cuenta la capacidad de los océanos de almacenar grandes cantidades de calor en periodos de tiempo pequeños.[3] Esta capacidad se ha tenido en cuenta en modelos más recientes, con el resultado de que ahora son mucho más precisos en su reproducción de calentamientos a largo plazo y en los patrones de enfriamiento.

Los océanos podrían ser perfectamente llamados la memoria a largo plazo del sistema climático de la Tierra. La atmósfera es tan voluble como dinámica. Le falta la permanencia para producir patrones de décadas. Los océanos, sin embargo, acogen una variedad de ciclos a largo plazo que pueden afectar y de hecho afectan el clima.

Todo el mundo ha oído sobre El Niño y La Niña. Provocados por el movimiento de agua templada en el Pacífico tropical -particularmente en la costa ecuatorial de Sudamérica- estas alteraciones, con frecuencias de tres a cinco años, están completamente supervisadas por un sistema de boyas, de tal modo que ahora pueden ser predichas con un año de antelación. Y eso aunque estos dos fenómenos sólo representan una pequeña fracción en la influencia que los ciclos oceánicos periódicos ejercen sobre la temperatura y las lluvias en Norteamérica. La variabilidad del clima invernal está altamente relacionada con los ciclos oceánicos a largo plazo, como la Oscilación Decádica del Pacífico (ODP) y la Oscilación del Atlántico Norte (OAN) [N.T: Pacific Decadal Oscillation (PDO) y North Atlantic Oscilation (NAO)]. La OAN, en particular, tiene una influencia mucho más grande sobre el clima del Este de los Estados Unidos que El Niño. A pesar de que estos ciclos a largo plazo se vigilan poco.

Asimismo, son los océanos quienes regulan el ciclo hidrológico. Un desvío de solamente un 1% de las lluvias que caen en el Atlántico doblarían la descarga del Río Mississippi.[4] En el otro lado del espectro, un incremento de las lluvias sobre los océanos, particularmente sobre áreas clave como el Mar de Labrador y el Atlántico Norte, podrían interrumpir la circulación 'termohalina' de los océanos, con un efecto drástico inmediato sobre el clima de Norteamérica y Europa.

El clima es un sistema de intercambio de energía dinámico y sensible, sujeto a un equilibrio autoregulado. Las interacciones de agua y aire han sido siempre difíciles de predecir, porque están gobernadas por la rama de la física llamada dinámica de fluidos, que en el formalismo matemático reciente se llama teoría del caos. Es una descripción del modo en el que sistemas caóticos tienden a magnificar los efectos de cambios inicialmente pequeños. Dependiendo en la estabilidad del sistema, la proliferación de cambios puede sobrecargar el sistema. En este caso, el resultado es o un desequilibro permanente o un nuevo equilibrio marcadamente diferente del antiguo. Cualquier intento de manipulación a gran escala del clima sin un modelo fiable sería como descender por una carretera de montaña conduciendo con los cristales pintados de negro utilizando un mapa de carreteras cuya fiabilidad decrece progresivamente cuanto más te alejas del punto de partida.

El problema con el modelado de patrones climáticos, es que sencillamente contienen demasiadas variables. Muchas de estas variables, como la OAN y la ODP, no son muy bien comprendidas y están poco supervisadas. Incluso si la potencia de proceso continúa aumentando en un orden de magnitud cada 6 años, se tardaría unos 160 años para que los modelos tuvieran suficiente capacidad para simular el proceso de mezclado oceánico más pequeño.

Así que el modelado para la predicción del clima está condicionado por dos problemas intratables: las limitaciones de nuestro equipo informático y la falta de certeza inherente de los datos que introducimos. En una disciplina diferente, pequeños errores iniciales podrían ser contrarrestados o corregidos. Pero en un dominio como el tiempo -donde el comportamiento de fluidos violentos está influenciado por una miriada de variables que interactúan- el error numérico más pequeño puede convertirse en enorme, conforme se propaga a través del modelo. Si yo quiero saber la temperatura superficial, presión, precipitación y velocidad del viento de mi condado, con una semana de antelación, haría mejor en corregir rigurosamente los números que introduzco en la computadora al principio.

Esta sensibilidad afecta al modelado a largo plazo del cambio climático tanto como la predicción del clima a corto plazo, aunque en modos diversos. La principal diferencia es la enorme disparidad entre la atmósfera y los océanos como acumuladores de energía térmica. Desde el Woods Hole Oceanographic Institute el Dr. Raymond Schmitt describe el modelado del clima:

Una abundancia de pruebas indica que la clave para la predicción a largo plazo está en los trabajos en el océano, que contiene el 99.9% de la capacidad calorífica de los fluidos de la Tierra. Éste es el corazón de la bestia climática, la atmósfera es su cola ondulante y veloz, con solo el 0.1% de la capacidad calorífica.[6]

La Circulación 'Termohalina' - El Transportador de Calor Oceánico.

Tal vez el papel más importante para los océanos en la ayuda a regular el clima sea la absorción de calor en las regiones ecuatoriales y el transporte de ese calor a regiones nórdicas. Este proceso ayuda a distribuir el calor más igualitariamente alrededor del globo, moderando el calor de las regiones ecuatoriales así como el frío de las latitudes más altas, particularmente en el Atlántico Norte. Estas corrientes calientan las regiones del Atlántico Norte en una media de 5º Celsius, templando significativamente la estación invernal en Norteamérica y Europa.[7]

Tomado del Woods Hole Oceanographic Institute (01/27/2003):

Cambio Climático Abrupto; ¿deberíamos estar preocupados?

Se podría decir que esta corriente global se origina en los mares que rodean el Atlántico Norte -El Labrador-, Irminger y los Mares de Groenlandia, donde los océanos liberan grandes cantidades de calor en la atmósfera fría. La evaporación, que ha ido ocurriendo a lo largo del Atlántico Norte, aumenta aquí hasta el punto que estas aguas nórdicas constituyen las aguas más salinas de los océanos. La concentración de sales ofrece una solución más densa, tal como hace la pérdida de calor. Y este agua más densa se hunde en los abismos oceánicos, donde comienza una lenta migración hacia el Sur por el Atlántico y hacia el Este hacia los océanos Índico y Pacífico. Aquí gira otra vez, habiendo perdido mucho de su salinidad. Desplazada por aguas más frías moviéndose bajo ella y calentada por flujos más cálidos desde arriba, la anteriormente agua profunda asciende hacia la superficie y coge calor adicional en el viaje de regreso hacia el Atlántico.

Desafortunadamente, el transportador oceánico tiene un Talón de Aquiles. Y este Talón de Aquiles yace en la región del Atlántico Norte, donde se origina el componente profundo del transportador oceánico, cogiendo aguas templadas para reemplazarlo. Si las frías, salinas y densas aguas del Atlántico Norte no consiguen hundirse de alguna manera, entonces la circulación global podría debilitarse y detenerse. Las corrientes podrían debilitarse o ser redirigidas, con cambios potencialmente catastróficos en la biosfera.

Si esto sucediera, la región del Atlántico norte podría enfriarse unos 5º Celsius de media. Esto significaría que los inviernos en el este de Norteamérica podrían ser el doble de fríos que el invierno más frío en todo el siglo pasado, y Europa sería incluso más fría.[8] La estación veraniega de crecimiento agrícola en estas áreas se acortaría, y la cosecha podría fallar también. Se han relacionado cortes previos en la convección con amplias sequías en todo el mundo, y la alteración de los monzones asiáticos.[9]

La mini-glaciación resultante en Norteamérica y Europa del norte -y sequías en todo el mundo-, podrían continuar durante décadas o incluso siglos, hasta que las condiciones cambiasen suficientemente para que la circulación 'termohalina' se reanudara. Más aún, esta mini-glaciación localizada podría suceder aunque la Tierra, en promedio, continúe calentándose.[10] Como resultado, una vez que la circulación 'termohalina' continuase, el Atlántico Norte podría ser lanzado de un extremo al otro; de una glaciación a un invernadero.

Lo único que se necesita para que este escenario ocurra, es un flujo de agua fría en la superficie del Atlántico norte. Esta agua dulce flotante, podría virtualmente sellar y aislar las aguas más densas y salinas, impidiéndoles verter calor y humedad en la atmósfera. Las aguas frías asimismo diluirían la salinidad del Atlántico Norte, reduciendo aún más la densidad de esas aguas. La fuerza motriz del componente frío del transportador oceánico, se podría debilitar rápidamente y se detendría. Y el cese de circulación 'termohalina' influiría rápidamente en los climas del mundo.

Este escenario podría tener lugar en una década o menos ,desde el momento en que el flujo de agua fría en el Atlántico norte alcanzase un umbral crítico. Desafortunadamente, a pesar de que los científicos están seguros de que tal umbral existe, no se ha investigado aún lo suficiente para determinar cual es este umbral. Los oceanógrafos hemos protestado porque no tenemos un sistema capaz de vigilar los lentos y progresivos cambios de circulación oceánica. Aunque tenemos miles de estaciones meteorológicas registrando temperaturas en superficie y en la atmósfera, sólo tenemos tres sitios con algo parecido a un registro permanente de las profundidades del Atlántico norte. Y estos sitios sólo hacen observaciones una vez al mes.[11] Los satélites pueden monitorizar la circulación oceánica globalmente, pero sólo en su superficie. Para mediciones de profundidad, necesitamos una red de boyas y barcos.

En un informe de Nature, en 2002, los oceanógrafos concluyeron que había tenido lugar, de forma continuada, un dramático influjo de agua fría en el Atlántico norte durante los últimos cuarenta años, y que se ha acelerado durante la última década.[12] Éste es el cambio más grande y dramático en los océanos en la era de los instrumentos modernos. Hasta ahora, el influjo se ha dispersado a través de la columna de agua. Pero está diluyendo la salinidad sensiblemente.[13] Y, en algún punto, el continuo influjo puede empezar a acumularse en la superficie del Atlántico norte. Un informe anterior en Nature observó que el flujo de agua fría y densa desde Groenlandia y los Mares noruegos se ha frenado en un 20% desde 1950.[14] Esto indica que el transportador oceánico se puede estar desacelerando. Se debe poner en funcionamiento un sistema de observación, para que podamos medir mejor el impacto de estos cambios en la circulación 'termohalina', y antes de que podamos hallar el punto en el cual el transportador oceánico se puede interrumpir.

Tomado de "The Two Mile Time Machine", Richard B. Alley, Princeton University Press, 2000 (edición reimpresa 2002):

Una Historia de Cambio Climático Abrupto

Hasta hace poco, los científicos creían que los grandes cambios climáticos sólo sucedían gradualmente, a lo largo de largos periodos de tiempo. El estudio de núcleos de hielo excavados en Groenlandia, la Antártida y los glaciares alpinos alrededor del mundo, ha cambiado este modo de pensar. Estos núcleos de hielo contienen una gran información. Aparte de informar sobre la nieve caída anualmente, los núcleos de hielo contienen esporas y pólenes, y ceniza volcánica. También en pequeñas oquedades en el hielo glacial se pueden encontrar restos atrapados de la atmósfera terrestre de hace miles de años. Estas burbujas de gas pueden ser analizadas para dar una medida precisa de la composición química de la atmósfera terrestre a través del paso de los siglos. Es el estudio de los niveles de dióxido de carbono, guardado en las burbujas de aire de estos núcleos de hielo, quien ha establecido la prueba irrefutable del cambio climático inducido por la industria.

Gracias a estos núcleos de hielo, ahora tenemos una historia detallada del clima de la Tierra retrocediendo hasta a veinte mil años en el pasado. Leer los núcleos de hielo es de alguna manera similar a leer los anillos del crecimiento en un árbol, pero más complicado, porque las capas anuales de hielo han sido retorcidas y dobladas por la presión y el fluir del hielo. De cualquier modo, con la ayuda de la física aplicada y geología estructural, es posible desdoblar las capas y la información contenida puede ser leída con precisión. Esta empresa ya ha proporcionado unos notables resultados científicos, incluyendo el descubrimiento de que el cambio climático abrupto ya ha ocurrido en eras anteriores. En los últimos quince mil años, ha habido varios periodos de cambio climático abrupto de diversa severidad y duración. Revisemos cuatro de estos episodios de cambio climático abrupto.

La Joven Dryas. [N.T: Traducción de "The Younger Dryas"]

Nombrada así por una pequeña flor subártica que extendió su hábitat profundamente hacia el sur a través de Norteamérica y Eurasia durante este periodo. La Jóven Dryas empezó hace unos 12.700 años cuando las temperaturas medias en el Atlántico Norte se desplomaron unos 5º C. Este abrupto cambio climático tuvo lugar en una década, y se cree que fue causado por un paro del transportador oceánico, debido a un repentino influjo de agua fría procedente del deshielo de Norteamérica. El clima permaneció unos 5º más frío durante los siguientes 1.300 años, antes de que otro cambio abrupto causara que las temperaturas subieran unos 7º en menos de una década.[15]

El estudio de la Joven Dryas en particular ha llevado a los científicos a la conclusión de que hay estados preferenciales de equilibrio en la atmósfera. Si un estado fuera empujado suficientemente lejos de su equilibro entonces la atmósfera atravesaría algún crítico pero desconocido umbral y se desplazaría rápidamente a otro estado de equilibrio. Este modo de pensar ha revolucionado nuestra visión del cambio climático, y supone importantes implicaciones para el cambio climático inducido por la industria.

El Evento de 8.200 años.

Este evento no fue tan severo como la Joven Dryas, y duró solo un siglo. Las temperaturas en la región del Atlántico Norte cayeron una media de 3º C. Este episodio parece estar asociado con unas condiciones generalizadas de sequedad. Hay dos explicaciones posibles para el Evento de 8.200 años. La explicación más ampliamente aceptada es una alteración en la circulación 'termohalina', debida a entradas de agua fría asociadas con la retirada del la capa de hielo Laurentida. Otros estudios han indicado que un influjo de agua fría procedente de grandes lagos de origen glacial podrían haber producido el Evento de 8.200 años, y que podrían ser responsables incluso de un breve episodio de calentamiento durante el evento.[16]

El Periodo de Calentamiento Medieval.

Está considerado como un periodo de abrupto calentamiento que empezó hace aproximadamente 1.000 años, y que terminó abruptamente hace 700 años con el comienzo de la Pequeña Glaciación. Este evento fue muy suave comparado a eventos anteriores, y hay muchas pruebas contradictorias sobre este periodo. Las pruebas parecen apoyar un calentamiento al inicio del siglo XX en Escandinavia, Groenlandia, China, Sierra Nevada, las Rocosas Canadienses y Tasmania. De cualquier modo, pruebas al este de los Estados Unidos, la Europa Mediterránea y Sudamérica, no muestran cambios en el clima. Los datos extraídos de núcleos de hielo de Groenlandia apoyan la teoría de un proceso de calentamiento, pero necesitan ser contrastados con los datos provenientes del hielo de otras áreas del globo. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climatico (PICC) [N.T: Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC)] afirma que las temperaturas desde el siglo XI al XIV fueron solo 0.2º C más cálidas que las temperaturas desde el siglo XV al XIX, y fueron temperaturas bajo la media en el siglo XX.[17] A pesar de que los cambios específicos en las temperaturas regionales siguen siendo difíciles de especificar, los datos indican claramente que durante el pasado milenio el clima de la Tierra ha variado en con una frecuencia de décadas.[18]

La Pequeña Glaciación.

Este suceso trajo un fin abrupto al Periodo de Calentamiento Medieval. Se extendió desde el 1.300 hasta la mitad de 1.800. Al principio se pensó que la Pequeña Glaciación fue un fenómeno global, pero ahora ya no se esta tan seguro de esa asunción. Las evidencias de la Pequeña Glaciación parecen ser más fuertes que las del Periodo de Calentamiento Global. El PICC lo define como un periodo de moderado enfriamiento del hemisferio Norte en menos de 1º C.[19] Fue ciertamente un periodo de duros inviernos en muchas partes del mundo, y ha sido más ampliamente constatado en Europa y Norteamérica. Está documentado que los glaciares de los Alpes Suizos avanzaron durante este periodo, incluso amenazando a poblaciones. Ríos que se sabe que no se hielan en la historia reciente, se helaron durante este periodo; el Támesis, el Delaware, el Ohio. En el invierno de 1.780, el puerto de Nueva York se heló tan espesamente que la gente podía caminar desde Manhattan hasta Staten Island. Y el hielo marino que rodea Groenlandia cerró los puertos de esa nación a la navegación.[20]

Los científicos creen que hay dos causas para este periodo frío. En la mitad de la Pequeña Glaciación, desde 1.645-1.715, hubo una marcada disminución de la actividad de las manchas solares. Este periodo se conoce como el Mínimo Maunder. El vínculo exacto entre la actividad de las manchas solares y el clima no es bien conocida, pero los científicos encuentran muy sugerente que el Mínimo Maunder coincide con los años más fríos de la Pequeña Glaciación. El otro factor causal, fue el incremento de la actividad volcánica durante la Pequeña Glaciación. La ceniza volcánica dispersada por la atmósfera bloqueó la radiación solar entrante. Partículas de ácido sulfúrico derivadas de gases de óxido sulfúrico que los volcanes descargaron sirvieron para reflejar aún más parte de los rayos solares, reduciendo aún más la cantidad de energía solar que alcanzaba la superficie de la Tierra.[21]

Cambio Climático Abrupto y Civilización

Parece que las condiciones climáticas en este planeta sufren naturalmente cambios repentinos varias veces en cada periodo de mil años. Claramente, los cambios antropogénicos, como los que son responsables del calentamiento global es probable que aceleren el próximo cambio importante. ¿Cómo afectará un cambio climático abrupto nuestra civilización? ¿Cómo han afectado a pasadas civilizaciones cambios climáticos abruptos? El Periodo de Calentamiento Medieval y la Pequeña Glaciación tuvieron lugar en tiempos relativamente recientes. Durante el Periodo de Calentamiento Global los vikingos colonizaron Groenlandia y otras áreas del Norte, aventurándose hasta América, donde entraron en contacto con los pueblos de los Inuit. Cuando el clima volvió a cambiar, cayendo en la Pequeña Glaciación, los Vikingos abandonaron sus colonias en Groenlandia, y la población de Islandia cayó a la mitad. Las hambrunas se hicieron frecuentes y aumentaron las muertes por enfermedad. La hambruna de 1.315 se llevó millón y medio de vidas. Los bosques del Norte de Europa fueron diezmados, cuando la gente buscó madera para calentarse. Y el frío severo jugó un papel importante en empujar la expansión europea hacia el Nuevo Mundo y el resto del globo.[22]

Se cree ahora que la joven Dryas llevó a las comunidades Natuficas del Suroeste de Asia a abandonar su estilo de vida de caza y recolección y a desarrollar técnicas de agricultura intensiva. El enfriamiento de la joven Dryas causó que las cosechas de recursos salvajes cayeran por debajo del nivel necesario para la subsistencia. Los Natuficos abandonaron su cultura nómada, y establecieron asentamientos permanentes en áreas donde pudieran cultivar cereales que anteriormente eran silvestres. El desarrollo de la agricultura conlleva el asentamiento localizado permanente que llamamos civilización (literalmente, la cultura de la ciudad). Estas tempranas comunidades agrícolas crecieron en población y complejidad socioeconómica hasta que fueron golpeados por otro cambio climático abrupto alrededor del 6.400 A.C. Éste fue el último gran evento climático del que se tiene relación, al derretirse de las capas de hielo continental. [23]

En Oriente Medio, se dice que una sequía de 200 años es la culpable del abandono de tempranos asentamientos agrícolas en el Levante y Mesopotamia. El retorno de un clima más húmedo en Mesopotamia llevó a la ocupación y desarrollo de las llanuras del Tigris y el Eufrates. El colapso de la sociedad tardía urbana Uruk, en el sur de Mesopotamia, puede estar relacionada con una grave sequía que duró menos de 200 años. Tal sequía aparece en el historial Paleoclimático. [24]

El Imperio Akkadico de Mesopotamia, el Antiguo Reino de Egipto, la civilización Harappa 3B del valle del Indo y las tempranas civilizaciones de la Edad del Bronce en Palestina, Grecia y Creta fueron abruptamente destruidas alrededor del 2.200 A.C. debido a sequías catastróficas y el enfriamiento. Las evidencias Paleoclimáticas muestran que las precipitaciones de lluvia se redujeron un 30%, conduciendo al fallo de la producción agrícola desde el Egeo hasta el Indo. [25]

El cambio climático abrupto también correlaciona los colapsos sociales en las Américas. Sequías prolongadas y graves inundaciones coinciden con el colapso de la civilización Moche en la costa norte de Perú. Similarmente, el colapso 400 años después de la civilización Tiwanaku de los Andes Centrales se relaciona con un periodo de prolongadas sequías. El colapso de los Mayas Clásicos en el siglo IX coincide con la sequía mas prolongada y severa del milenio. Y en Norteamérica, tres décadas de graves sequías y temperaturas más frías provocaron la caída de los Anasazi en el siglo XIII. [26]

La civilización moderna, con su ingenio tecnológico, puede ser más capaz de soportar un cambio climático que estas antiguas civilizaciones. De cualquier modo, si un cambio climático abrupto sucede en un momento que la civilización moderna ya está sufriendo los efectos del agotamiento energético, particularmente el agotamiento de su base energética, basada en los hidrocarburos, el efecto de un impacto doble así sobre nuestra civilización podría ser de hecho muy grave. En el pasado, cuando el cambio climático abrupto volvía un área inhabitable, la gente podía migrar a otra área. En el mundo actual, esto ya no es posible.

El debilitamiento de la corriente del Atlántico norte.

Mientras este artículo se estaba escribiendo, la NASA publicó un boletín informando que los datos provenientes de satélites revelaban que el sistema de circulación del Atlántico se había debilitado considerablemente en los 90 comparado con lo que fue en los 70 y los 80. Considerando la importancia que este área tiene respecto al transportador oceánico, y consecuentemente con el clima, esta evidencia de debilitamiento es extremadamente importante. Esta corriente, conocida como el giro subpolar, esta atada a la OAN así como al transportador oceánico. [27]

Las sendas asociadas con la transformación de las aguas subtropicales cálidas en aguas subpolares y polares más frías en el norte del Atlántico norte. A lo largo de la senda del giro subpolar la transición del rojo al amarillo indica el enfriamiento hacia el Mar de Labrador, que fluye de vuelta hacia el giro subtropical en el oeste como una corriente de profundidad intermedia (amarillo). En los Mares de Noruega y Groenlandia las transiciones del rojo al azul/púrpura indican la transformación a una variedad de aguas más frías que se derraman hacia el sur a través del estrecho sistema de cortados que conecta el norte de Europa, Islandia, Groenlandia, y Norteamérica. Estos desbordamientos se unen en una corriente profunda fluyendo de vuelta a los subtrópicos (púrpura), pero por debajo del Mar de Labrador. La senda verde también indica aguas frías, pero tan influenciadas por salidas continentales como para permanecer ligeras y cerca de la superficie marina en la plataforma continental.

Mapa y subtítulo tomado de la nota de prensa de la NASA Satélites grabando el debilitamiento de la Corriente del Atlántico Norte

Los investigadores creen que la causa de esta disminución es una reducción en el diferencial de temperatura entre el Mar de Labrador y las aguas del Atlántico. Las aguas del Mar de Labrador en el centro del giro parecen haberse calentado durante los 90, reduciendo el contraste con las aguas de latitudes más cálidas al sur. [28] Este diferencial de temperatura es una importante parte de la fuerza conductora para la circulación oceánica.

Los investigadores apuntan que esto es una señal de grandes variabilidades climáticas en latitudes más altas. Sirpa Hakkinen, principal autor del informe e investigador en el Goddard Space Flight Center de la NASA, ha dicho, si el proceso continua, podría indicar una reorganización del sistema climático oceánico, quizás con cambios en el sistema climático completo, pero necesitamos al menos otros 5 o 10 años para poder decir que algo como esto está ocurriendo. [29]

Continuara...

La última entrega de esta serie tratará de la posibilidad de evitar el calentamiento global, y las implicaciones del Cenit del Petróleo y el Abismo del Gas Natural de Norteamérica.

Notas

1) Climate Change 2001, The Intergovernmental Panel on Climate Change. Cambridge University Press, 2001.

2) The Ocean's Role in Climate, Schmitt, W. Raymond. Woods Hole Oceanographic Institute. Testimony to the Senate Committee on Commerce, Science, and Transportation, 7/18/2000.

3) Ibid.

4) Ibid.

5) Chaos: making a new science, Gleick, James. Viking Press, 1987.

6) Op. Cit. See note 2.

7) Abrupt Climate Change; should we be worried? Woods Hole Oceanographic Institution. Prepared for a panel on abrupt climate change at the World Economic Forum. 1/27/2003 .

8) Ibid.

9) Ibid.

10) Ibid.

11) Op. Cit. Ver nota 2.

12) Rapid freshening of the deep North Atlantic Ocean over the past four decades, Dickson, Bob, et al. Nature, vol. 416; April 25th, 2002.

13) Ibid.

14) Decreasing overflow from the Nordic Seas into the Atlantic Ocean through the Faroe Bank Channel since 1950, Hansen, B, et al. Nature, vol. 411; June 21st, 2001.

15) The Two-Mile Time Machine, Richard B. Alley. Princeton University Press, 2000 (reprint edition 2002).

16) Structure of the 8200-year cold event revealed by a speleothem trace element record, Baldini, J.U.L., McDermott, F., Fairchild, I.J. Science 296: 2203-2206; 2002.

17) Climate Change 2001. The Intergovernmental Panel on Climate Change. Cambridge University Press, 2001. http://www.grida.no/climate/ipcc_tar/

18) Was there a Medieval Warm Period? Hughes, M.K., & Diaz, H.F. Climatic Change, Vol. 26, p. 109-142, March 1994.

19) Op. Cit. Ver nota 17.

20) The Little Ice Age: How Climate made History 1300-1850, Fagan, Brian. Basic Books, 2000.

21) Volcanic dust, sunspots, and temperature trends, Schneider, S. H., and C. Mass. Science, 190:741-746; 1975.

22) Op. Cit. Ver nota 20.

23) What Drives Societal Collapse? Weiss, Harvey & Bradley, Raymond S. Science, 291: 609-610; 2001.

24) Ibid.

25) Ibid.

26) Ibid.

27) Satellites Record Weakening North Atlantic Current. NASA, Goddard Space Flight Center press release. April 15th, 2004.

28) Decline of Subpolar North Atlantic Circulation during the 1990s, Hakkinan, S. & Rhines, P. Science 2004 0: 10949171-0.

29) Op. Cit. Ver Nota 27.