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Hacia una nueva cultura de la energía


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Víctor

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Hola

Artículos aparecidos en LA VANGUARDIA, sección Sociedad, debido a los "efectos del calor..." Me pregunto si no fuera por estos "efectos", ¿alguien se dedicaría a concienciar a la gente con artículos semejantes? Me temo que cuando el calor cese la gente pasará página porque querrá olvidarse de lo mal que lo ha pasado con el calor. No dejará de pensar en lo bien que se está en casa mientras nieva tras la ventana... Y si puede ser, que la calefacción vaya a tope...


Hacia una nueva cultura de la energía
El aumento galopante del consumo es una prueba de fuego para las eléctricas

Los españoles, que han llenado su casa de electrodomésticos, rara vez se fijan en la factura e ignoran que están poniendo a prueba el sistema energético del país

Sólo un 2,8% de los electrodomésticos vendidos en el 2003 garantizaba la eficiencia energética plena

El potencial de ahorro energético en la nueva edificación llega al 70%, con un coste no superior al 15% adicional


ANTONIO CERRILLO - 04/07/2004

Barcelona. – En algunos edificios acristalados de Barcelona centenares de lámparas están encendidas las 24 horas del día, aunque la luz natural que inunda el interior hace innecesario el derroche. En la calle Sierpes de Sevilla, los equipos de aire acondicionado se han generalizado en los comercios, pero las puertas acristaladas siempre están abiertas, como si el chorro de aire que se escapa fuera un reclamo para atraer a un público ávido de un remanso fresco. Los españoles han llenado su casa de electromésticos, pero rara vez se fijan en la factura de la luz. Ignoran que sus hábitos de consumo están sometiendo a una prueba de fuego a las redes de distribución eléctrica. En España, se vendieron el año pasado 22 millones de electrodomésticos, pero sólo un 2,8% (650.000) llevaba la etiqueta con la máxima categoría de eficiencia energética.

Los problemas de suministro eléctrico registrados estos días en Andalucía han vuelto a poner de manifiesto como el fuerte incremento de la demanda eléctrica desborda el ritmo de inversiones en la red de distribución. Esta falta de sincronización es como una carrera de galgos, en la que la liebre –la demanda eléctrica– puede ser inalcanzable, si nadie la frena. Las críticas sobre la falta de inversiones en las redes de distribución pueden estar justificadas en algunos casos; pero la raíz de la nueva situación se relaciona con un modelo energético que derrocha electricidad. No en vano España es uno de los países con más problemas para cumplir con el protocolo de Kioto (que sólo nos deja aumentar un 15% las emisiones de gases invernadero para el 2008- 2012, respecto a 1990).

Nuestro país aumentó el consumo eléctrico muy por encima de otros países (un 6,3% anual), mientras su desarrollo le ha llevado a abrazar el confort sin reparar en políticas de ahorro energético, como si ser nuevo rico estuviera reñido con la austeridad. Y la intensidad energética española es ineficaz: se gasta más energía para producir la misma unidad de riqueza. No es casualildad que el ansia de confort tenga como principal icono el aparato de aire acondicionado –940.000 unidades se facturaron en año pasado, un 30% más que el anterior–, un electrodoméstico que refleja todas las contradicciones. Sirve de recompensa al incremento de rentas y es el fruto de la bonanza económica, pero su desproporcionado auge y la demanda eléctrica desmedida que lo acompañan amenazan con desandar el camino hasta hacer tambalear el suministro entero. Además, el síndrome de la ola de calor que se extendió en España en el 2003 puede agravar –tal vez para siempre– los estragos.

Los apagones que se han dado en los últimos años coinciden con las puntas de consumo récord (38.000 MW en invierno y los 36.700 MW de verano de esta semana), que parecen el confuso resultado de un campeonato olímpico en el que en realidad no se sabe muy bien quién gana ni quién pierde.

La industria ya ha empezado a hacer los deberes, y ahora deberá estabilizar sus emisiones en el periodo 2005-2007, como marca el Plan Nacional de Asignación de los Derechos de Emisión de CO2 (que exige la directiva comunitaria para los grandes sectores industriales), lo que supone un gran cambio de chip. Pero ahora el objetivo central será inculcar también las pautas de moderación a otros sectores no incluidos en la directiva, como las pequeñas industrias, la construcción o el transporte, donde el consumo es galopante, según reconoce Javier García Breva, director del Instituto para el Ahorro y la Diversificación Energética (Idae). “La energía es un bien agotable y escaso y, por lo tanto, el ahorro debe ser un bien económico”, dice el director del Idae, convencido de la necesidad de reducir la dependencia del petróleo.

Nuestro país está pagando de hecho una política energética centrada en conseguir energía barata, pues los mensajes que han enviado las compañías eléctricas al público sólo invitaban al consumo, “y cuanto más, mejor”, dice García Breva. Frente a este diagnóstico, la denominada nueva cultura del agua parte cada vez más de la convicción de que los recursos son limitados y de que hay que cerrar el grifo para hacer una gestión más racional.

También en diversas capitales se penaliza el consumo excesivo con un recibo dividido por bloques. En cambio, la tarifa eléctrica es plana, no tiene el menor efecto disuasorio sobre el consumo y sólo prestigia el falso ahorro que conduce a más derroche y nuevas carencias.

España, además, ha perdido en los últimos tiempos la oportunidad de haber incorporado en la edificación criterios de eficiencia energética, cuando se han levantado entre cuatro y cinco millones de viviendas, y ha dejado que Alemania le sobrepasara en el desarrollo de la energía solar. Lo estudios del Idae destacan que el potencial de ahorro energético en la edificación llega al 70%, con un coste no superior al 15% adicional.

En cambio, otro ejemplo de la anomalía es que la gran mayoría de los hogares tiene sistemas de calefacción y provisión de agua caliente con elementos independientes individuales –estufas, radiadores y bombas de calor sin conexión entre ellos– cuando resulta que el sistema colectivo o centralizado es más eficiente.

El trabajo que hay por delante es enorme. Algunas de las primera medidas previstas por el Gobierno son la transposición –el año próximo– de la directiva sobre eficiencia energética, que modificará el reglamento técnico de edificación, además de impulsar las campañas de información, según explica el Idae.

La energía que consume cada hogar supone una emisión equivalente de cinco toneladas de CO2, el principal gas de efecto invernadero. “Y el CO2 es como el colesterol para los humanos; tú no te enteras de que lo tienes hasta que te da un susto”, dice de forma gráfica Javier García Breva.




Los electrodomésticos eficientes permiten ahorrar 600 euros de energía en su vida útil

El sobrecoste inicial en la compra de un frigorífico de bajo consumo se recupera en un plazo de entre 3 y 5 años, y el de un lavavajillas, de 4 a 6

“No deberíamos obsesionarnos con poner el aire acondicionado tan pronto como llegan los primeros calores


ANTONIO CERRILLO - 04/07/2004

Barcelona. – La correcta elección de un electrodoméstico permite de media reducir el consumo de energía más del 60% y obtener ahorros en la factura de más de 600 euros a lo largo de la vida útil del aparato, calculada en unos quince años. Sin embargo, los usuarios desconocen la existencia de la etiqueta energética que proporciona esta información tan valiosa.

Cristina Pareto, asesora en materia de ahorro energético de Endesa, recomienda a los usuarios que se fijen en la etiqueta energética que acompaña a los electromésticos –obligatoria en los aparatos lavadoras, neveras y demás, así como en lámparas, hornos de cocina y bombas de calor–, porque así pueden valorar los ahorros significativos que pueden obtenerse.

Las etiquetas distinguen por categorías los artículos con letras que van de la A a la G, de manera que los que llevan la A son los más eficientes. “Estos electrodomésticos pueden ser más caros, pero la compra se amortiza con un ahorro de energía”, dice. El consumo puede ser casi tres veces mayor en los electrodomésticos de la clase G que en los de la clase A.

El sobrecoste de un aparato de gama blanca de clase A, con respecto al precio medio, es de 187 euros. Sin embargo, debido a su menor consumo eléctrico, esta mayor inversión inicial se puede amortizar antes del final de la vida útil del aparato: por ejemplo, entre 3 y 5 años para los frigoríficos; entre 4 y 6 años para los lavavajillas y entre 6 y 8 años para las lavadoras.

En el hogar, la calefacción y la obtención de agua caliente representan los principales bloques de consumo medio, mientras que la secadora, el lavavajillas y la lavadora son, por este orden, los electromésticos que gastan más energía si se tiene en cuenta un mismo ciclo de consumo.

Pareto destaca el sobrecoste que puede suponer la nevera si no se hace un buen mantenimiento. Por eso recomienda asegurarse de que las gomas de las puertas están en buenas condiciones y hacer un buen cierre para evitar pérdidas de frío. Otros consejos sobre el frigorífico son limpiar al menos dos veces al año la parte trasera del aparato, no introducir alimentos calientes en el frigorífico o descongelar la capa de hielo antes de que alcance los tres milímetros. De la misma manera, el potencial de ahorro de calefacción en los hogares españoles se sitúa entre el 10% y el 40%.

Cristina Pareto opina que “la solución a los apagones no sólo consiste en hacer líneas nuevas”, sino que deberían tenerse en cuenta los factores bioclimáticos desde el momento de la planificación urbanística, de manera que se construyan casas tomando en consideración la trayectoria solar durante el transcurso del año, el ángulo de la sombra, la orientación de los edificios o los materiales que se van a emplear. Cualquier medida de eficiencia en la edificación tendría un impacto favorable, pues cada año se construyen 500.000 viviendas en España, la mayor parte en zonas costeras.

Y en los casos en que no se den esas condiciones y deba instalarse aire acondicionado, hay que tener en cuenta que de día la calefacción no debe sobrepasar los 20 ºC y la refrigeración no ha de bajar de los 24 ºC. Cada grado de más en invierno o de menos en verano supone un sobrecoste del 8% en ese aparato.

“Tenemos que mentalizarnos. Salvo en casos extremos como se está dando este año en el sur de la Península, no deberíamos obsesionarnos con poner el aire acondicionado tan pronto como llegan los primeros calores. Hay que redescubrir los beneficios de la vegetación. Si algo se echa de menos en el Fòrum son árboles. La vegetación no sólo es bonita, sino necesaria”, explica esta especialista.





Un saludo ;)
Víctor
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Antonio

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Lo que pasa es que la compañía te cobra 1,43614€ por mes y por kw contratado, pero en realidad no tienen capacidad para suministrar todos los kilovatios por los que cobra. Luego estamos ante un robo al amparo de la ley que queda al descubierto cuando todos se ponen a consumir al mismo tiempo. Y lo demás, es formar barullo para escurrir el bulto.

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Víctor

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SALUD
Un calor escalofriante

La ola de calor sufrida el año pasado y las altas temperaturas con las que ha comenzado este verano han disparado el miedo al calor. También a su solución: el aire acondicionado

En el trabajo, el aire acondicionado desata batallas fratricidas. “Ante el termostato no hay amigos”, dice la consigna

Teresa siempre se había resistido a instalar el aparato, pero el aire caliente del de su vecino la obligó a claudicar


Manuel Díaz Prieto - 04/07/2004

El calor lo percibimos hoy como algo tercermundista, sucio. Como una maldición execrable que ya no podemos tolerar”. Sin embargo, Teresa Erroteta, vecina de la calle Bruc de Barcelona, siempre se había resistido a la idea de instalar aire acondicionado en su casa. Hasta este verano.

La lucha contra los rigores del clima ha jalonado la evolución humana. El temor ante el flagelo del frío fue ingeniosamente contenido por el desarrollo de sistemas eficaces para combatirlo. También en la batalla contra las altas temperaturas, la sabiduría popular había ido ofreciendo remedios que hasta anteayer parecían eficaces. Pero el calor constituye actualmente un fenómeno que relacionamos de forma creciente con sensaciones de irritabilidad y agobio.

Además, para empeorar nuestra relación con la franja alta del termómetro, el calor ha dejado de constituir un riesgo difuso que provoca molestas transpiraciones para constituir un peligro real para una parte de la población. El calor mata. La ola de altas temperaturas sufrida en el verano del 2003 provocó, según cifras del Ministerio de Sanidad, la muerte de 141 personas, 59 por un golpe directo y 82 por agravamiento de una patología previa. Pero existen estimaciones, como la realizada por la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, que hace unas semanas elevaba la cifra del verano pasado hasta las 6.500 víctimas.

Este año, las altas temperaturas ya se han cobrado un alto peaje: el primero fue un hombre de 48 años que circulaba en bicicleta a 40 grados en Ciudad Real, pero el goteo sigue. Se han producido también más de una decena de hospitalizaciones y miles de consultas. La situación ya ha hecho que Sevilla y Madrid activaran esta semana la situación de alerta roja.

Pero el efecto más visible de esta nueva forma de percibir el calor se ha materializado en la incorporación masiva de aparatos de aire acondicionado en los hogares españoles. Un dato ilustra esta eclosión: entre enero y mayo, según la consultora GFK, se han vendido en España 400.000 aparatos domésticos de aire acondicionado. Un 323% más que durante los mismos meses del año anterior.

El aire acondicionado resulta una tecnología eficaz para luchar contra el calor. Pero comporta algunas servidumbres, como la de haber convertido nuestras vidas veraniegas en una especie de sauna finlandesa. Primero te achicharras caminando por la acera con la temperatura exterior y las salidas de aire caliente, y luego se te hiela el alma en taxis, restaurantes u oficinas. También en casa: Teresa, a quien no le hacía demasiada gracia vivir en una ambiente de aire enfriado, claudicó finalmente cuando sus vecinos del patio de luces instalaron el suyo orientando la salida directamente a la ventana de su dormitorio. “Así que si la abrías, te asfixiabas. Y si la cerrabas, también”, explica.

Silvia Tomás, en la otra punta de Barcelona, también acaba de claudicar. Aunque ella primero se deshi-drató intentado convencer –en vano– a su vecino y recurriendo luego a una administración que resultó inoperante. “Así que nos hemos encerrado herméticamente, como si no hubiese otra posibilidad para poder respirar que aislarte totalmente de los demás”.

Aunque las escaramuzas con los vecinos no son nada comparadas con las guerras fratricidas que se organizan en los lugares de trabajo en que más de dos tienen que compartir el mismo termostato. Lo explica María O., miembro del comité de seguridad y riesgos laborales de una gran empresa radicada en Barcelona: “El aire no crea bienestar ni malestar, lo que genera es mal rollo. Y la única solución que se me ocurre es que cada uno pueda disponer de su propio mando. Pero eso es imposible. Como la gente tiene distintos niveles de tolerancia al calor, la lucha por el aire acaba afectando a las relaciones personales. Frente al termostato no hay amigos”.

Su compañero de mesa ha llegado a disfrazarse de tuareg para protegerse de los rigores ambientales y como una forma de protesta, que hasta el momento se ha demostrado escasamente eficaz. Por eso describe la situación que sufre con una frase lapidaria: “El calor molesta, el frío enferma”:

No tarda mucho en aparecer un colega de ambos, que trabaja dos mesas más allá: “Yo creo que los que deberían ceder son los frioleros, porque siempre se pueden abrigar. Pero yo, si tengo calor, ¿qué hago? ¿Desnudarme?”.

Albert Gimeno, presidente del gremio de calefacción, ventilación y aire acondicionado de Barcelona, reconoce este problema, pero apuesta por el uso inteligente de unos aparatos cuya mala utilización dispara el consumo eléctrico y genera toda la gama de problemas en las vías respiratorias. “Lo que hay que evitar por encima de todo –sugiere este experto– son los saltos térmicos. Técnicamente, aconsejamos que la diferencia de temperatura entre el exterior y el interior no debe exceder de los seis o siete grados. Pero resulta habitual coger un taxi o entrar en un local público y toparse con un salto de 12 o 15 grados. Y el cuerpo acaba acusándolo”.

Aunque, según Gimeno, nos hemos acostumbrado ya a la calidad de vida que suponen los ambientes frescos en verano y el aire acondicionado ha dejado de ser un artículo de lujo del que ya no sabemos, ni queremos, prescindir. “En la actualidad, resulta excepcional construir una vivienda sin incorporarlo ya en la obra. De alguna forma, está sucediendo lo mismo que pasó con la calefacción hace 30 años”.

Impacto medioambiental
Por otro lado, queda la discusión sobre los efectos de la refrigeración sobre el medio. Alfons López, vicepresidente de Depana, pone énfasis en el impacto medioambiental que lleva aparejada esta eclosión de aire acondicionado. López forma parte de una plataforma que protesta contra la construcción de una central térmica en la Zona Franca. “Tendrá efectos negativos con el entorno. Pero es como un pez que se muerde la cola: el incremento del uso de aire acondicionado lleva parejo que se dispare el consumo eléctrico y que se necesiten nuevas centrales para satisfacerlo. ¿Alternativas? Muy sencillas, y que hoy pueden aplicarse a la construcción de las viviendas para que éstas disfruten de una refrigeración natural. Sin embargo, vemos normal que los locales comerciales tengan aire y mantengan las puertas abiertas. Después vienen los cortes de suministro y Endesa con sus generadores en las aceras para atender las puntas de consumo”.

Existe, además, la idea de que las emisiones de las instalaciones de aire acondicionado son las que acaban disparando la temperatura urbana, haciéndola insoportable. Javier Pérez Cueva, geógrafo de la Universitat de València, no está del todo de acuerdo con esta idea: “Desde los años 70 hasta la actualidad ha ido aumentando la temperatura, es cierto. Pero ésta apenas se sitúa un grado por encima de la temperatura que tenían que soportar nuestros abuelos. Y una persona normal es incapaz de percibir esta diferencia. Lo que sucede es que los medios de comunicación han logrado cambiar esta percepción y, sobre todo, que donde se ha producido un verdadero cambio climático es en las ciudades. Se pueden llegar a medir hasta ocho grados de diferencia entre el centro de la urbe y sus alrededores”.

Y aquí sí que entran el juego los aparatos de aire: “Este aumento de la temperatura se debe a la generación de calor entrópico, el que produce el aire acondicionado o el tráfico rodado. Pero el motivo de este cambio obedece a que hemos construido las ciudades como un medio seco: los edificios y las calles están diseñados para escupir el agua. Y es este drenaje tan eficaz lo que hace que que toda la energía del sol, que antes salía en forma de vapor de agua, ahora no puede hacerlo, y aumente la temperatura.”

Como muchos, este especialista cree que la cultura actual no lleva hacia una mayor tolerancia del calor. No sólo por la alarma que generan los periódicos con el tema, sino por factores como la comida. “Los actuales hábitos gastronómicos provocan que un número creciente de personas sean obesas y, por lo tanto, menos tolerantes al calor. De hecho, el principal input del calor humano no procede del exterior, sino de la ingesta de alimentos. Así que una buena forma de luchar contra el calor es comer menos y de forma adecuada”.

El recurso del color
Pero si la grasa no ayuda, los colores puede que sí, pues constituyen potentes fuerzas que nos afectan de formas muy distintas, tanto a nivel consciente como inconsciente. Se ha demostrado que la percepción de la temperatura en una habitación puede variar entre 5 y 7 grados dependiendo del color en que esté pintada.

Otra medida eficaz es, ya que se tiene, utilizar bien el aire acondicionado. Si, como ahora, el 40% del frío que se genera en los hogares se escapa al exterior, será difícil controlar un aumento indiscriminado de la demanda de electricidad. Porque la eficiencia energética todavía no parece formar parte de nuestra cultura ni de la que nos gobiernan.

Todo ello dificulta la batalla por lograr el ansiado bienestar climático, un concepto que hace referencia a la existencia de combinaciones de parámetros ambientales (fundamentalmente temperatura, humedad, radiación y viento) que no generen estrés en el cuerpo. Los límites de este confort climático son muy estrechos: se reducen a un abanico entre los 20ºC y los 25ºC y un rango de humedad relativa entre el 30% y el 70%, aproximadamente. Es el “polígono de confort”.

“Hay personas que viven mejor en temperaturas bajas, aunque la mayoría prefiere las temperaturas de primaverales”, confirma Santiago Estaún, catedrático de Psicología de la Percepción en la Universitat Autònoma de Barcelona. “Que ha cambiado el clima nos lo dicen los geógrafos, pero nuestra tolerancia al calor depende del lugar o del nivel de desarrollo social. Nos hemos acostumbrado a determinados niveles de bienestar y resulta cierto que somos más sensibles al calor. Pero también que nos quejamos más”.


Vïctor ;)
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Víctor

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"Las calores” en la tierra del abanico y el gazpacho

José Bejarano - 04/07/2004

Si de algo puede presumir el andaluz, especialmente los habitan en las zonas del interior, es de estar acostumbrado al calor. La tradición se ha encargado de dotarlo de recursos naturales suficientes para sobrellevar la dureza del verano. Desde el gazpacho hasta la siesta, pasando por la arquitectura popular, el vestido, el abanico o las sombras de los naranjos. Las casas se han hecho siempre volcadas hacia el interior de los patios, cubiertos con parra o toldo, fuente rumorosa y abundantes plantas, como las aspidistras, pródigas en frescor. Durante las horas centrales del día, las ventanas han sido siempre cerradas para que la penumbra mantuviera el frescor.

La cultura aconsejaba a los andaluces permanecer recluidos en las casas, dormir la siesta después del frugal almuerzo y, al caer la noche, abrir las puertas de par en par y echarse a la calle hasta bien entrada la madrugada. Las relaciones sociales se han dado siempre en los espacios abiertos. Calefacción no existe en casi ninguna parte de Andalucía, pero cultura popular frente a las altas temperaturas hay a espuertas. ¿O ya no? Puede que los cambios sociales estén afectando a esa cultura del calor.

Si la dieta mediterránea no hace más que perder puestos ante el avance de los nuevos estilos de vida, ¿por qué no iban a hacerlo otras facetas de la cultura popular? Sólo así se explica que proliferen tanto los golpes de calor en Andalucía. Que los habitantes de Francia, por poner un ejemplo, no estén preparados para las altas temperaturas que sufrieron el verano pasado, vale, pero... ¿los andaluces también? Porque ancianos y enfermos que sufren descompensaciones a consecuencia del calor siempre ha habido. Como les ocurre en invierno con el frío. Lo que resulta sorprendente es que proliferen los golpes de calor por largas exposiciones al sol durante las horas centrales del día.

No es cultura popular de Andalucía enfundarse unas zapatillas de deporte y echarse a correr a las cinco de la tarde en junio, julio o agosto. Ni albañiles que sigan en el andamio después de las dos de la tarde. De hecho, la mayoría de los trabajadores del campo y la construcción cambian su horario en verano para empezar al amanecer y concluir a la hora del almuerzo. Se trata de echar las mismas horas, pero aprovechando la fresca de la mañana. Y en invierno, lo contrario. ¿Acaso no dice la cultura popular que a las cinco de la tarde, en Sevilla, Córdoba o Jaén, no se puede hacer otra cosa que echar la siesta? ¿A quién que no sea un ‘guiri’ o un loco se le ocurre ir a recorre el parque de María Luisa a esas horas. No es ni sano ni humano. Y, sin embargo, es un hecho que muchos, incluso andaluces, hacen caso omiso a la sabiduría popular, o al sentido común, que frecuentemente vienen a decir lo mismo, y ponen sus vidas en peligro de la manera más absurda. ¿O es que los nuevos estilos de vida, en especial en las grandes ciudades, o la excesiva confianza en el aire acondicionado llevan implícito exponerse a esos riesgos?

Puede que, una vez más, se menosprecie la voz de la naturaleza y sobrevalore el poder de las máquinas, que cuando fallan, como ahora por falta de electricidad, sumen al ciudadano en el desconcierto. De momento, las temperaturas de este verano no ha subido más arriba de lo habitual para las fechas, pero todo el mundo parece estar ante una ola de calor como la del 2003. De hecho, la expresión “ola de calor” ha empezado a sustituir al término “verano” en los titulares de prensa y, sobre todo, en los informativos de televisión. Es la consabida tendencia a convertir en espectáculo todo lo que se sale un poco de lo normal.

Llegó el verano, cierto que de forma algo abrupta, y disparó el consumo de energía eléctrica, que las compañías no fueron capaces de prever. El uso de aire acondicionado ha dejado de ser un producto de minorías y las eléctricas sin enterarse. O sí se enteran, pero no les compensa invertir para responder a picos de consumo que sólo se producen en fechas muy concretas. Además, el verano ha cogido desprevenido a todo el mundo. En Andalucía, este año no ha habido primavera. El frío y las lluvias del invierno cesaron a mediados de junio y, sin solución de continuidad, entraron ‘las calores’. Este año no ha habido la típica gradación progresiva que, según dice también la sabiduría popular, empieza con “el calor”, pasa después a “la calor” y finalmente llega a “las calores”. Es demasiado pasar directamente del invierno a ‘las calores’, sin dar tiempo a que los cuerpos se aclimaten. De ahí que los ciudadanos se hayan lanzado como posesos a poner el aire acondicionado. Sin pasar por el abanico, el gazpacho, la siesta y el cobijo de la sombra.


Víctor ;)
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Víctor

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Extracto del artículo sobre Andalucía:


La tradición se ha encargado de dotarlo de recursos naturales suficientes para sobrellevar la dureza del verano. Desde el gazpacho hasta la siesta, pasando por la arquitectura popular, el vestido, el abanico o las sombras de los naranjos. Las casas se han hecho siempre volcadas hacia el interior de los patios, cubiertos con parra o toldo, fuente rumorosa y abundantes plantas, como las aspidistras, pródigas en frescor. Durante las horas centrales del día, las ventanas han sido siempre cerradas para que la penumbra mantuviera el frescor.


Me gustaría iniciar en este foro un interesante "reportaje" sobre las medidas a llevar a cabo para evitar: el calor, el frío, la sequedad, la humedad, etc. Aprovechar lo que la naturaleza nos ofrece sin que nos demos cuenta. Usar los trucos que nuestros antepasados ya utilizaron con bastante acierto: desde los griegos y romanos, pasando por los árabes, hasta llegar a poco antes de los tiempos modernos. ¿Qué hacían nuestros antepasados más próximos para afrontar los rigores climáticos? ¿Había la misma climatología antes que ahora?

Propongo hablar también de arquitectura bioclimática, la que aprovecha la luz y la sombra de manera pasiva o activa. Estas son las tendencias de las casas del futuro. Pero esto ya lo aplicaban los romanos y los árabes según lo expongo al principio...: patios interiores frescos, fuentes...

Me gustaría llegar a "entender" el porqué una casa, por ejemplo, romana se construía y se disponía de una manera y no de otra. Creo que sería interesante, porque estaríamos viendo cómo vivían los ciudadanos romanos hace siglos (a excepción de la medicina y los derechos humanos lo hacían de forma similar a ahora). Lo bueno es que veríamos cómo sin usar ni petróleo, ni carbón, ni gas...sobrevivían, e incluso se alimentaban mejor que nosotros...

¿Creeís que la cultura mediterránea se está perdiendo en favor de la americana? (en cuanto a la comida, costumbres, las prisas, los coches, las viviendas...). SI es así veremos que el consumo energético (fósil y alimenticio) está variando de manera crucial: ¿necesitamos más energía para acercarnos más a la vida de un americano mientras encima comemos peor y estamos más estresados?

Un saludo ;)
Víctor

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Víctor

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Un pequeño "truco" para evitar que nuestra habitación o salón sea una "sauna" en estos días de verano.

Si tenéis un ventilador (si es grande, mejor) haced lo siguiente:

Seguramente tendréis una zona de la casa en la que el sol no ha dado la mayor parte del día, ha estado a la sombra, o simplemente, da al norte, noroeste o noreste. Bien, pues abrid las ventanas de esa zona (sujetadlas por si hay corrientes) y las puertas de las habitaciones donde se encuentran (sujetadlas también) de manera que la corriente fresca pueda circular libremente.

En la habitación que queráis enfriar poned el ventilador enfocado, no hacia el interior (!) de la casa (habitación) sino HACIA AFUERA, hacia la ventana o balcón que deberéis tener abierto (que no se cierre). Aunque parezca raro, hacedlo como os digo.

Con esto se consigue que el aire frío (más denso y pesado) desplace o empuje al aire caliente de la habitación, desde la zona fresca de la casa hasta la cálida. El ventilador hace como de "extractor" de aire caliente ayudando al aire frío que viene de la parte fría a expulsar al aire cálido de la habitación que queríais enfriar (o al menos hacerla más "habitable"...).

Estos consejos los dió por TV3 la mujer del tiempo. Dijo que si lo probábamos era cierto que la temperatura bajaba y se notaba más fresco.

Un buen remedio para aminorar el consumo energético. Un ventilador no es lo mismo que todo un aparato de aire acondicionado, ¿no? Además, si puedes "crear" energía, no hay nada como la energía eólica bien dirigida mezclada con ciertos principios básicos de la física...;)

Un saludo y a ver qué más "trucos" e ideas tenéis.
Víctor
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praxis

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Buenas tardes soy nuevo aquí pero me gustaria decir una cosa,

coches de hidrógeno ? pero alguien ha leido la prensa cientifica ultimamente ? el mundo tal y como lo hemos conocido se acaba y vienen tiempos bastantes duros. Habeis oido el estado de competitividad de algunas opciones del hidrógeno ? ya me explicará OPEL si desea vender coches a 25.000 euros allá ellos pero no creo que dicha intención fructifique la verdad ya queno será del agrado de los asqueados bolsillos de los contribuyentes que bastantes asfixiados estaran ya como para encima tener que aguantar los envites de esos coches..

os aconsejo que leais el artículo completo de la revista " investigación y aciencia ya que este es bastante explicito en cuanto a lo que sucederá dentro de unos años, el hidrógeno no llegará a tiempo y eso si que es una realidad que todos seguros que estamos palpando....

según opel su modelo de hidrógeno cuesta 80.000 euros (inalcanzable ... ) vamos que estos tenga que acabar así tiene delito pero delito del bueno madre mia.

buenas tardes

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Víctor

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Hola praxis!, bienvenido a esta web. Espero que te encuentres cómodo, veas cosas interesantes y nos aportes datos como los que expones.

Me gustaría saber si dispones de algún link directo a la noticia de la revista que dices, así la podríamos ver todos desde aquí.

Por otra parte, si quieres obtener los foros y opiniones sobre el hidrógeno (o sobre lo que sea) que se han ido dando en esta web, mejor que en el "buscador" (arriba del todo a la derecha) pongas los que buscas y allí lo encontrarás. Como verás en adelante, cada foro de opinión trata de temas y propuestas distintos. También verás artículos de diarios, etc. Busca por ejemplo, el artículo "Por qué el hidrógeno no es la solución" (o algo así)

A ver si continúas con el tema del hidrógeno que tan interesante se presenta (aunque, como verás, coincidimos contigo en que no es una alternativa consistente).

Un saludo y hasta pronto ;)
Víctor
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RicardoR

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Me he leido el artículo de INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, que comentaba PRAXIS titulado "En torno a una economía del Hidrógeno" y me he quedado alucinado ante las pocas expectativas de futuro que le atribuyen al hidrógeno. Esto contrasta enormemente con las esperanzas que cifra en el la industria de automoción. Como ya comenté en otro foro yo trabajo en la Industria de automoción, y está basando su futuro en dos pilares a.- la deslocalización para bajar precios y b.- el hidrógeno. Según el artículo para encontrar sustitutivos del petróleo en el sector del transporte, se pueden examinar varias alternativas, gas natural, electricidad o metanol obtenido del carbón. Conclusión voy a cambiar de sector de trabajo antes de quedarme en el paro.

Por otro lado he leido una noticia sobre China (la fábrica de Occidente) en que aparte de decir que están creciendo a un 10 %, también tienen graves problemas energéticos. La noticia es la siguiente La economía de China

Un saludo, Ricardo

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praxis

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El artículo de investigación y ciencia es muy claro al respecto con el tema de la economia del hidrógeno, es viable, en el sentido más científico de la palabra pero presenta ciertos y muy graves inconvenientes comerciales. ejemplo se necesitan 15 camiones para transportar una determinada cantidad de hidrógeno. mientras que con el gas natural sólo se necesitaria uno.

Este es el más llamativo y el que a su vez evidencia de una forma casi insultante el estado real y el futuro del hidrógeno en una economia capitalista regida por canones neo-liberales. Se pueden tardar diez años en hacer competitivos los coches eso como mínimo, lo mismo paso con la energia sólar y aún hoy es muy cara, desde el departamento de energia de estados unidos lo dejan bien claro, la energia por hidrógeno es muy cara y en consecuencia las facturas de los hogares van a crecer muchisimo y eso si que es una realidad. Y mientras lo que más me jode es que en el caso de españa (la gente no para de pedir créditos como cosacos) y desoyen las advertencias de las entendidades reguladoras. Entre el fanatismo y no sé que más historias hacia donde vamos no es un lugar muy bonito.

De los coches que funcionan con gas natural ya nos podemos olvidar. Para cuando el hidrógeno pudiera ser una realidad en el caso de que alguna vez pueda serlo para coches (seria demasiado tarde para muchas economias frágiles de algunos países industrializados, no digamos ya los que estan en proceso de desarrollo ) Y mientras china batiendo records.

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praxis

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lo de china y sus deficits de carbón y cia nos tendrian que alertar, por cierto, eso 20.000.000 de kilovatios son el doble de la previsión de deficit de hace unos meses. estariamos hablando de unos 20.000 megawatts. por cierto,no os habeis fijado en una pequeña trampa del artículo para diseminar la importancia del deficit energético de china ? Si os fijais nosotros solemos hablar en watts o megawatts, siempre que oimos algo acerca de inversiones siempre hablan en watts o megawatts, en este articulo para disfrazarlo estan hablando de kilowatts. Lo que traducido en palabras prácticas implica que el deficit de china es de 20.000.000.000 watts / 20.000.000 kilowatts/ 20.000 megawatts / 20 Gigawatts y hace unos meses era de diez gigawatts.

nada más desde el frente.

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fjmacben

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Buena parte de los estragos que causa últimamente el calor en Andalucía es debido a los cambios socio-laborales que se han porducido en los últimos tiempos. en España cada vez se trabaja más y más horas por el mismo ó menos dinero, la siesta es un tópico, un lujo asiático que solo los jubilados y los niños se pueden permitir. Además España sufre un horario ofial con dos horas de desfase respecto del Sol, tenemos el horario de centro europa y eso se nota mucho en verano.En estos días el sol no desaparece hasta las 10 de la noche y a las 12 de la noche se tienen temperaturas de más de 37ºC. Hasta bien entradas hasta las 3 de la madrugada no empieza a refrescar, pero tenemos que levantarnos a las 7 de la mañana para ir a trabajar. El resultado es que no se puede descansar a menos que tengas aire acondicionado.
Si tuvieramos un horario natural anochecería a las 8 de la tarde y a la hora de irse a la cama ya habría refrescado, nuestros bioritmos se adaptarían mejor a la luz y al calor.
Pero claro lo mederno y los europeo es tener la hora de Berlín

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praxis

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si pero no nos engañemos a la hora de afirmar que no hay un deficit energético, ya que, tendriamos que ser capaces de satisfacer dicha de manda y eso no sucede de esta forma.

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OMEGA

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Perdona fjmacben pero la hora de berlin o europa central la tenemos desde hace muchos años, y solo despues de la crisis del 73 se empezo a adelantar en primavera una hora mas. no estoy seguro de cuando se paso al horario de europa central pero o fue durante la dictadura o ya antes.
como veras no fue alguien moderno quien lo hizo.
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