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La lucha contra nosotros mismos o la movilización para ir a menos


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enric

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Hola,

Pego el artículo de George Monbiot, publicado originalmente en ¡enlace erróneo! y traducido al castellano en ese misma página.

Tras analizar la situació dada por la era del petroleo y el cambio climático, en la parte final del artículo se hace una interesante reflexión sobre las características específicas del movimiento social que debemos ir generando, se trata de movilizarnos para decrecer, por la austeridad, para ir a menos, no a más...

La lucha contra nosotros mismos
Por George Monbiot
Quiero tomarme un momento para recordaros de dónde venimos.

Durante los primeros tres millones de años de historia de la Humanidad, vivimos conforme a las circunstancias. Nuestras vidas se regían por las casualidades de la ecología. Vivíamos, como todos los animales, con temor al hambre, a los predadores, al clima y a las enfermedades.

Después, durante unos miles de años, cuando hubimos comprendido los rudimentos de la agricultura y el almacenamiento de las cosechas, disfrutamos de una mayor seguridad alimentaria, y pronto destruimos a muchos de nuestros depredadores no-humanos. Pero nuestras vidas las regían espadas, hachas y lanzas. La lucha principal se hacía por la tierra. La necesitábamos no sólo para sembrar nuestras cosechas sino también para proveernos de fuentes de energía (pasto para nuestros caballos y bueyes, madera para nuestro fuego).

Entonces descubrimos los combustibles fósiles y todo cambió. Ya no estábamos constreñidos por la necesidad de vivir a merced de la energía ambiental; podíamos mantenernos mediante la luz del sol almacenada desde hacía 350 millones de años. Las nuevas fuentes de energía permitían a la economía crecer, lo suficiente como para absorber a algunas personas expulsadas por las antiguas disputas por la tierra. Los combustibles fósiles permitían expandirse tanto a la industria como a las ciudades, lo que permitía a los trabajadores organizarse y forzar a los déspotas a disminuir su abuso de poder. Los combustibles fósiles nos ayudaron a librar guerras de un horror nunca conocido, pero también redujeron la necesidad de las guerras. Por primera vez en la historia de la Humanidad, incluso por primera vez en la historia de la vida, había un excedente de energía disponible. Podíamos sobrevivir sin tener que luchar contra nadie por la energía que necesitábamos. La productividad agraria aumentó de 10 a 20 veces. La productividad económica se multiplicó por 100. La mayoría podíamos vivir como nunca nadie había vivido antes.

Y todo lo que veis a vuestro alrededor es el resultado de aquello. Hemos podido juntarnos aquí de todos los rincones del país gracias a los combustibles fósiles. Los gobernantes no nos cobran comisión ni restringen nuestro consumo (o en cualquier caso todavía no) gracias a los combustibles fósiles. Nuestras libertades, nuestro bienestar, nuestra prosperidad se los debemos a los combustibles fósiles.

La nuestra es la generación más afortunada de todas las que ha habido y habrá. Vivimos el breve intervalo histórico entre la violencia ecológica y la catástrofe ecológica.

No tengo que recordaros cuáles son las dos fuerzas que convergen en nuestras vidas. Nos enfrentamos a una escasez inminente de una fuente de energía difícil de reemplazar: los combustibles fósiles líquidos. Y nos enfrentamos con las consecuencias medioambientales del consumo de combustibles fósiles que ha hecho posible que lleguemos a donde estamos.

La estructura, la complejidad, la diversidad de nuestras vidas, todo lo que conocemos, todo lo que dimos por sentado, todo lo que parecía sólido e innegociable, de pronto parece contingente. Todo esto es como una enorme pila tambaleante que se balancea sobre una pelota a punto de comenzar a rodar montaña abajo.

Escucho a la gente hablar de la reducción que les gustaría ver en las emisiones de carbono. A mí no me interesa lo que a la gente le gustaría ver. Me interesa lo que dice la ciencia. Y la ciencia habla claro. No necesitamos un 20% de reducción para 2020, ni un 60% para 2050, sino un 90% para 2030. Sólo de esa forma conseguiríamos mantener la concentración de carbono en la atmósfera por debajo de 430 unidades por millón, lo que significa que sólo así evitaríamos algunas de las temidas consecuencias. Si dejamos que supere ese índice no hay nada que hacer. La biosfera es la fuente primaria de carbono. Se nos escapa de las manos.

La idea de que podemos conseguirlo reemplazando los combustibles fósiles por energías renovables es una fantasía. Es verdad que tenemos fuentes de energía sin explotar en el viento, las olas, las mareas y la luz del sol, pero ni están lo suficientemente concentradas ni son lo suficientemente consistentes como para que podamos utilizarlas y seguir como antes.

Una reducción como esa requiere una gran restricción en nuestro uso de energía. Se dispone de algunas tecnologías, pero seguramente no nos lleven muy lejos. Si se quiere reducir las emisiones de carbono en un 10%, el uso de la energía deberá restringirse en un 50%. El único método para conseguirlo es un racionamiento nacional acompañado de una disminución y convergencia mundiales.

Nosotros nos encontramos en una posición extraordinaria. Se trata del primer movimiento político de masas para pedir menos, no más. Somos los primeros en tomar las calles pidiendo austeridad. Los primeros en pedir que nuestro lujo, nuestra comodidad, se reduzcan.

Estos son los mayores retos políticos que ningún movimiento ha afrontado. Pero estamos alcanzándolos. Los estamos alcanzando. Pero no dejéis que nadie os diga que será fácil. Si sólo se tratara de poner verde a George Bush, ya lo habríamos conseguido. Pero no sólo tenemos que luchar contra él, ni contra nuestro propio Gobierno, ni entre nosotros; también tenemos que luchar contra nosotros mismos. La lucha contra el cambio climático es la lucha contra mucho de lo que hemos llegado a ser. Es una lucha contra algunos de nuestros impulsos más básicos.

No podemos pedir a los demás que dejen de volar si nosotros seguimos volando. No podemos pedir al Gobierno que nos fuerce a cambiar si no estamos preparados para el cambio . La batalla más importante de nuestras vidas se librará no sólo ahí afuera, sino también en nuestro interior.

Estado: desconectado

Osec

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Hola enric, lo primero un afectuoso saludo, acabo de leer tu presentación y me siento plenamente identificado con tu situación, o cuando menos, con tu postura.

Como me ha gustado mucho el texto lo he colgado en ¡enlace erróneo!, que como estreno me parecía bien, lee y difunde que dicen por ahí. Solo una cosa, el enlace que has puesto no es correcto, el correcto sería:
http://www.zmag.org/content/showarticle.cfm?SectionID=57&ItemID=9270 , se te han debido colar algún espacio, además el botón URL que sale en este foro me parece que funciona un poco mal.

También, contestando un poco a tu presentación decirte que te recomiendo que te pongas en contacto con la gente de canmasdeu, recientemente tuve la suerte de pasar allí tres días, pues están preparando un próximo pimiento verde que tratará sobre la crisis energética, y lo cierto es que me impresionaron positivamente, hay allí un grupo de personas que están centrando bastante esfuerzos en el tema y en general en la casa hay un gran compromiso con el tema, entendiéndolo sobre todo como esa reacción interna de la que habla el artículo. Todo esto lo puedes ver en el ¡enlace erróneo!, especialmente interesantes los inventos que están al pié del artículo. Con ánimo de hacer publicidad, recomendar a todos los lectores de esta web que se ¡enlace erróneo!, que junto con una visión crítica de la actualidad, ¡enlace erróneo! (destacar que en este último número que enlazo ¡enlace erróneo! uno de nuestros anfitriones, Pedro Prieto).

Bueno, solo despedirme que ya me he salido totalmente del hilo. invitarte eso sí, a que comentes desde una perspectiva subjetiva como te va con el activismo energético, desde aquí en madrid, donde desde hace un par de años nos juntamos cuatro personas para dar charlas y tratar de informar del tema (sin muchas pretensiones) hemos tenido alguna satisfación y bastante frustraciones, parece que a la gente en general (y hablo de los ámbitos de izquierda), no les gusta recibir malas noticias ni que les rompan los esquemas de sus ecuaciones políticas metiendo variables que las descompensan mucho...

Espero que sigas por aquí un tiempo. Saludos.

Estado: desconectado

enric

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Gracias, ya esta corregido, el link de antes

Si con la gente de canmasdeu ya estoy en contacto, nos conocemos bastante desde hace tiempo, jeje. Y con los del monográfico de la revista pimiento verde sobre energia, también.

De hecho como ya dije en otro foro hay una jornada en can masdeu, sobre el cenit del petroleo y como movilizarnos el domingo 12 de febrero; se pasará el video "the end of suburbia" y habrá debate después, y ese puede ser un muy buen espacio para encontrarnos la gente de Barcelona con ganas de hacer cosas.

Seguimos moviendo hilos...

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TEdison

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Un artículo que yo suscribiría en líneas generales, pero siempre hay un pero.

Monbiot dice

Nosotros nos encontramos en una posición extraordinaria. Se trata del primer movimiento político de masas para pedir menos, no más.


No estoy de acuerdo. Movimientos que piden menos, no más, ha habido unos cuantos en la historia. Los predicadores puritanos del renacimiento, como Savonarola, pedían menos, no más; respondían a la eclosión cultural del renacimiento, que amenazaba con dejar detrás su poder, culpabilizando a la gente que disfrutaba con los productos de esa eclosión -culturales, materiales y políticos-, y llamando a la quema de "vanidades", donde la gente a la que los predicadores convencían arrojaban a la hoguera sus propiedades y se arrepentían por haber tenido la osadía de haber querido ser felices sin el permiso de los predicadores. La situación no se escapo al joven Maquiavelo, que describió con acierto la actuación del líder de tanto masoquismo: “colorea sus mentiras según los tiempos”.

Los puritanos protestantes y calvinistas eran gente austera que se privaba de muchas cosas y llamaba a que otros se privaran… aunque luego esa privación contribuyó, al menos en parte, a poner en marcha la maquinaria capitalista a
la que debemos haber llegado hasta donde estamos, por paradojas de la racionalidad y de lo que cierto Carlos llamaba dialéctica de la historia.

Esas campañas de austeridad respondían a situaciones de locura colectiva y los actuales llamados a la austeridad responden a un peligro objetivo. Ciertamente hay una diferencia. Pero creo que a veces usamos un discurso un
poco simple, y yo mismo lo he hecho en estas páginas. Parece que hay dos opciones “más energía = más riqueza = más calidad de vida” y “menos energía = menos riqueza = menos calidad de vida”. El discurso oficial de los bancos y
banqueros dice que habrá más energía y por ello todo lo demás, y el discurso “ortodoxo” dice que habrá menos energía y por ello todo lo de menos. Pero igual el error es circunscribirnos a esas dos alternativas. Lo
catastrofista no es decir que habrá menos energía, sino decir que eso, por sí mismo, es una especie de catástrofe.

En realidad, podrían ensayarse enfoques de la calidad de vida que no suponen una presión sobre los recursos energéticos como la de la sociedad actual, y que no tienen nada que ver con adoptar actitudes de sacrificio y mutilación de capacidades y deseos. Leyendo llamamientos como el de Monbiot, parece que se espera de todo el mundo que acudamos a la plaza, y que mientras alguien dice “A ver, hay que cortar desde algún lado, esto no puede seguir así”, todos levantemos la mano y gritemos “por aquí, por aquí”, rivalizando por mostrar quien es más virtuoso y va a permitir que se le corten más centímetros de brazo. Por fortuna, el espíritu está pronto a hacer estas declaraciones, pero la carne es debil.

A veces he traído a colación, en otros hilos, a autores como Amartya Sen, que creo trabajan esos enfoques alternativos. Cierto terrible forista ha dado a entender en alguna ocasión que me extralimito al interpretar a Sen y acercarlo al ascua de la sardina de mis rechazos políticos. Lo cierto es que no tengo ni la capacidad ni la dedicación ni el acceso a fuentes como para ser juez de lo que propone Sen. Si los cito a él y a otros autores que no tienen porque ser afines, como Martínez Alier y sus reflexiones sobre “ecologismo de los pobres” y “lenguajes de valoración”, es porque sugieren que tan importante resulta estar atento a la crisis energética como definir un concepto de calidad de vida alternativo al que nos ha llevado a la actual adicción energética (y a proponer un marco institucional afin). Sugieren que potenciar una alternativa a lo que hay no tiene que ver sólo con adoptar medidas negativas –al modo de la canción de Serrat del “niño, eso no
se toca”- sino con potenciar nuestra dignidad como personas. Si lograr esto se parece más o menos a lo que dicen Sen, Alier o TEdison, o si es cuestión de estos libros de caballerias, es cosa que transciende lo que se puede comentar en un foro de internet.

Eso exige traer a colación más temas que las meras estadísticas energéticas. Que no podemos ignorar la dimensión energética de la acción humana es cierto; que limitarse a eso es poco ilustrativo también es cierto. Aquí se ha criticado mucho a un forista por decir que lo importante es “reducir el peso de la biomasa humana sobre el planeta” y recomendando la poda sin contemplaciones: el forista en cuestión es sin embargo coherente con tan limitado enfoque. Y aunque siempre habra momentos y audiencias en que es importante destacar especialmente esas cosas, sabemos ya hoy que muchas instituciones empiezan a hacer suyo el discurso de “hay que cortar por algún lado”, formulando proyectos contrapuestos y dificilmente conciliables; lo que plantea otro interrogante -“¿Por dónde es justo cortar?”-, que o se trata explícitamente y con compromiso o se responde injustamente, de parte de la institución que tenga el cuchillo mas grande,en medio de las confusión de identidad en que solemos nadar el personal.

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