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A vueltas con el litio

  • sábado, 10 marzo 2012 @ 11:19 CET
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El diario español El confidencial publica un artículo de Alberto G. Luna, titulado El precio del litio sube un 235% y dispara el estatus de Bolivia, con el antetítulo “posee los yacimientos más importantes del mundo”,que por su interés público reproducimos en nuestras páginas con los consiguientes comentarios en cursiva y entre líneas, pues creemos los merece, por su desorientado enfoque economicista.
El Gobierno de Bolivia anunció recientemente que elaborará un plan a gran escala para explotar sus valiosos yacimientos de litio en el país. Entre otros, cuenta con el Salar de Coipasa, situado en la región andina de Oruro, en la frontera con Chile; el de Pastos Grandes, en Potosí; o el del Salar de Uyuni, el más grande del mundo. El boom tecnológico de los últimos años ha hecho que este mineral sea imprescindible. Millones de teléfono móviles, herramientas eléctricas, tablets o reproductores MP3 lo necesitan para funcionar, pero han sido los vehículos eléctricos e híbridos los que han logrado que adquiera tanta importancia. Tanto, que para algunos analistas se ha convertido en el equivalente al ferrocarril del siglo XIX y al petróleo del siglo XX.
Aquí empieza a desbarrar el articulista. Porque mezcla, seguramente por desconocimiento, descubrimientos científicos, técnicos o tecnológicos, como el invento del ferrocarril, con descubrimientos de combustibles o fuentes de energía como el petróleo, siendo dos cosas absolutamente diferentes. De esta forma empieza a dar una falsa entrada al litio, como un material que se emplea en productos y bienes de alta tecnología pero que puede ser utilizado como “fuente de energía” (ciertamente falsa, porque el litio no es una fuente de energía)
Pero, ¿qué proyección real puede tener en el futuro este recurso energético? Todo depende de si termina sustituyendo al petróleo, algo en lo que los expertos no se ponen de acuerdo.
He aquí la fuente del cacao mental del articulista. El litio, deberemos insistir una vez más, no es una fuente de energía; no es un recurso energético. Apenas es un material que se puede utilizar en la elaboración de baterías (generalmente de litio-ión) que hoy son de las más densas en capacidad de almacenamiento eléctrico por kilo de batería, pero que en absoluto son un “recurso energético”, pues siempre van a necesitar la inyección de energía de una fuente exterior. Las baterías se limitan a recibir energía de una fuente, la acumulan, mejor o peor y luego la entregan, con mayor o menor eficiencia. Eso es todo, pero no es poco lo que el articulista confunde.
La teoría del pico de Hubbert de consumo de un recurso finito establece que la obtención del mismo crece hasta un punto en el que no se puede extraer más. EE.UU. lo vivió con el petróleo en 1970. De ser el primer país productor mundial que cubría sus necesidades e incluso exportaba lo que le sobraba, el país norteamericano pasó a importar alrededor del 20% del crudo consumido en 1963, a un 30% en 1973, superar la barrera psicológica del 50% a finales de los años 90 y acercarse al 60% en la actualidad. Y el porcentaje sigue creciendo. Pero no es el único que depende del crudo. En China se matriculan una media de 1,5 millones de coches al mes.
Se agradece que empiecen a hablar de la “teoría del pico de Hubbert” en los medios, aunque sea con un despiste tan descomunal. Menos da una piedra. Ya sólo hace falta que estos portentos periodísticos terminen de reconocer que la forma de extracción de un recurso finito del subsuelo terrestre, que generalmente sigue una curva en forma de campana, o curva de Gauss o para ser más exactos de un sigmoideo, no es, en absoluto “una teoría”, sino más bien algo contrastado desde hace más de un siglo por la ciencia, en decenas de miles de pozos o minas de extracción, en miles de yacimientos de todo tipo, en decenas de países. Es decir, el concepto de curva de Hubbert no está en cuestión. No es una teoría. Es una constatación científica. Se podrá argumentar si la fecha que algunos geólogos han previsto para la llegada al cenit (o pico) de extracción máxima de un determinado elemento (sea el petróleo, el gas, el carbón, el uranio, el cobre, el mercurio, el titanio o cualquier elemento combustible o no) es más o menos acertada o equivocada. Pero es infantil dudar hoy de que el tipo de extracción de un recurso finito sigue una curva en forma de campana, gasussiana o sigmoideo, con todas las variaciones que se quieran, debidas a la geopolítica, o a cualquier otro factor.
La pregunta ahora es, ¿podría suceder a nivel mundial?
 
Pregunta infantil y retórica. Si ya hay más de 50 países productores de petróleo que han llegado al cenit de su producción mundial y han entrado en diversas fases de declive, desde el declive inicial, hasta declives más profundos e incluso declives terminales y lo mismo ha sucedido para tantos yacimientos de gas, de carbón y de otros minerales de todo tipo ¿Por qué el mundo, que también es finito, como lo es cualquiera de las decenas de países que han pasado por este proceso con tantos y tan distintos elementos iba a ser infinito? A ver si lo puede explicar el periodista.
Según el profesor de Economía y Hacienda Pública de la Universidad Autónoma de Madrid y director de la revista Índice, Diego Cano, no. “No creo que el petróleo se acabe. Se reducirá su consumo mediante su eficiencia. Cuando Stanley Jevons habló por primera vez del problema del carbón llevo a cabo un cálculo de su consumo y proyección, y llegó a la conclusión de que la sociedad desaparecería porque no habría suficiente carbón para todos. Años más tarde, el informe Meadows se presentó en el Club de Roma y facilitó unos plazos para el agotamiento de una lista de materias primas. Pero nada de esto ocurrió”. ¿La razón? Según el economista porque cuando un recurso es escaso el sistema de precios incrementa su coste, y cuando sube el precio se utiliza de forma más eficiente. “Ahora los coches gastan menos petróleo que hace años y los camiones son más aerodinámicos. Los recursos se malgastan menos y se buscan sustitutivos”, añade Cano.
Y obviamente, la pregunta retórica del millón es contestada por un economista neoclásico. Y como era de esperar, contesta con medias verdades. Por supuesto que el petróleo bajo el subsuelo no se acabará nunca. A los miembros de ASPO ya nos duele el alma de tener que repetirlo. Quedará mucho petróleo bajo el suelo cuando sus Tasas de Retorno Energético (TREs) alcancen valores tan bajos que cueste más ENERGÍA extraer ese petróleo que la energía que proporciona el petróleo extraído.
La simpleza es asegurar que el consumo se va a reducir mediante el aumento de la eficiencia. Retamos al Sr. Cano a que nos muestre en qué periodo de la historia, desde el comienzo del maquinismo, en el que las máquinas han estado aumentando incesantemente su eficiencia, el mundo (no un pequeño sistema de referencia apañado) ha reducido su consumo. No hay ni un solo momento en estos 150 años de historia.
Lo curioso es que mezcla las churras de la reducción del consumo mediante más eficiencia con la Paradoja de Jevons, cuyo rábano toma por las hojas y del que saca conclusiones totalmente erróneas. Jevons es famoso sobre todo por su paradoja en The Coal Question (El problema del carbón), donde precisamente hace ver su sorpresa por justo lo contrario que sostiene Cano: es decir, porque a pesar del aumento de la eficiencia de las máquinas de carbón, el consumo mundial del recurso finito seguía aumentando. Citarlo por el otro lado, es una tergiversación de los hechos verdaderamente lamentable. Y es la segunda vez que me encuentro con este tipo de citas retorcidas de economistas.
Finalmente, otro economista que vuelve a hablar de oído sobre las predicciones del Club de Roma. Parece que lo único que ha leído es lo que en las escuelas de Economía le han enseñado sobre el Club de Roma y su documento “Los límites del crecimiento”, para repetir que se habían equivocado. Se le recomienda encarecidamente que vuelva a leer, pero no por citas ajenas, sino de primera mano, desde el libro original y sus premisas, hasta la reedición titulada Limits to Growth 30 years update, o incluso el excelente libro de nuestro colega Ugo Bardi titulado Limits to Growth Revisited, para ver si aprende a descalificar con algo más de prudencia.
Este profesor de la Autónoma no parece entender nada de lo que son los flujos energéticos, que es lo verdaderamente importante. Todo lo fía al dogma sacerdotal de la oferta y la demanda (debe ser algo parecido al “pedid y se os dará” en nueva clave religiosa) y vuelve a insistir hasta la obcecación en que ahora los coches gastan menso, sin echar un vistazo mínimo a los consumos totales mundiales, a ver si eso es verdad o una gran mentira universal aplicada al motorcito de cada cual, para terminar diciendo que se buscan sustitutivos (¿y podría decirnos para qué se buscan sustitutivos al petróleo, si lo primero que ha dicho es que no cree que se acabe y no ha detallado nada más?)
Para Julián Rodríguez Ruíz, profesor de Economía en la Universidad Complutense de Madrid, “los modelos de predicción que hacemos en econometría en el tema energético no dicen taxativamente que vayan a desaparecer los hidrocarburos a corto plazo, probablemente lo hagan en un tiempo, pero hoy por hoy no es viable. No se puede predecir que se agoten las fuentes de hidrocarburos como tampoco se puede predecir la sequía a largo plazo”. “Lo que intuyen los modelos es que va a haber una sustitución de energías alternativas”, concluye el profesor. Opinión que no comparte Richard Pike, veinticinco años en British Petroleum como ejecutivo y actualmente en la Royal Society of Chemistry: “El hecho de que las empresas estén invirtiendo cada vez más en fuentes alternativas de petróleo como el gas natural es una señal de que estamos raspando el fondo del barril”.
Esto de llamar a economistas para opinar de geología es una plaga como la de las siete de Egipto. Al menos este economista reconoce que no cree que desaparezcan “a corto plazo”. Hombre, algo es algo. Aunque de nuevo, tampoco habla del problema del cenit o de la llegada a los límites máximos de los flujos netos aportados a la sociedad. Y de nuevo, volvemos a sacar la letanía de las energías alternativas como somnífero tranquilizador; una nueva suerte de Tranquimazin para las masas. Curiosamente, hay alguien de BP que dice que “está raspando el fondo del barril”. Toda una novedad, aunque ninguno de ellos se distingue por su ofrecer una información precisa, prolija o convincente que apoye sus tesis y ofrezca datos más concretos.
Pedro Antonio Merino García, director de estudios y análisis del entorno Repsol, va más allá y pone una fecha de caducidad al combustible, pero diferencia entre las reservas probadas y no probadas: “Lo que actualmente conocemos como reservas probadas serían suficientes para abastecer al mundo algo más de 35 años a los ritmos de consumo actuales. Pero no debemos olvidar que además del petróleo convencional existen enormes recursos no-convencionales". "Al final pues, la cuestión no es si existen reservas, sino si seremos capaces de extraerlas económicamente y sin gran impacto ambiental”, concluye.
¡Aleluya y albricias! El petróleo quizá tenga fecha de caducidad. Pero a las reservas de petróleo convencional, ahora se oponen las de “petróleo no convencional”. Un punto de sensatez, aunque también con enfoque economicista. Hay reservas, reconoce, pero la clave es saber si se podrán extraer “económicamente” (¿Y si no se pudiesen extraer desde el puno de vista puramente de balance energético y no económico?). Hablar de flujos, hablar de energías netas realmente aportadas a la sociedad, parece que está ahora prohibido, una vez se empieza a caer el velo y el veto que había sobre el pico de Hubbert.
El precio del litio, cada vez más alto
De una forma u otra, lo cierto es que la demanda futura de litio ha disparado los precios en los últimos años. Uno de los sectores culpables de este incremento, además de las tecnológicas, es el de las empresas automovilísticas. El litio es apreciado por producir energía sin dañar el medio ambiente ni contribuir al calentamiento global, precisamente el argumento estrella de empresas como Toyota, Honda o LG, que están apostando fuerte por este recurso. Sin ir más lejos, la nipona Toyota se asoció con la minera australiana OroCobre para emprender un proyecto en las Salinas de Olaroz, Chile. 
Pero bueno ¿cómo es posible que dejen escribir a este articulistas este tipo de artículos? ¿Qué es eso de que el litio es apreciado por producir energía sin dañar el medio ambiente ni contribuir al calentamiento global? ¿Es que nos hemos vuelto locos todos o quizá sea que permitimos que nos conviertan en estúpidos irreflexivos? ¿Cómo habrá que repetir que el litio no es una fuente de energía? ¿Tendremos que obligar a este articulista a escribir mil veces en la pizarra que el litio no es una fuente de energía? Estos métodos eran bastante buenos en las escuelas tradicionales. A ver si le aplican un castigo ejemplar sus editores.
En la actualidad, hay entre 13 y 14 millones de toneladas del llamado nuevo oro negro, principalmente en Bolivia, Chile y China, según los datos del Servicio Geológico de EE UU (USGS). Para 2020 las previsiones son de entre 20 y 30 millones de automóviles eléctricos con baterías de litio,lo que requeriría aproximadamente unas 400.000 toneladas de este metal. No es de extrañar por tanto que entre los años 2000 y 2010 el precio promedio creciera un 235%, lo que significa un aumento anual de más de un 14%. Para los próximos diez años se prevé un crecimiento anual de un 5%. 
El litio de Bolivia ha despertado también el interés de empresas extranjeras, como las firmas francesas Bolloré y Eramet, las niponas JOGMEC, Mitsubishi y Sumitomo, la surcoreana LG e incluso el Gobierno de Rusia. Si las proyecciones no fallan, se estima que la próxima década el litio tendrá un alza considerable en el mercado.
Y finalmente, los lugares comunes. Veamos unos simples cálculos: si para hacer 20 ó 30 millones de vehículos hacen falta 400.000 toneladas de litio, para convertir los 900 millones de vehículos que hoy ruedan por el mundo de motor de explosión a motores eléctricos movidos con batería del litio, harían falta unas 45 veces más de litio; esto es, unos 18 millones de toneladas. Más de lo que dice el articulista que existen de reservas de litio mundiales, según el USGS estadounidense. Magnífico. Y eso considerando que esas baterías hay que tirarlas a los 1.500 ciclos de carga y descarga (entre 5 y 7 años de vida útil. ¿Y luego qué?). Y eso sin considerar, que el litio, también se extrae siguiendo una curva como la del pico de Hubbert (lo siento, pero es así y no es una teoría; es un hecho científico constatable), con lo que lo importante no es el total de las reservas probadas, ya claramente insuficientes, sino el flujo máximo al que el litio se podría producir. Y eso, sin considerar que habría que construir infraestructuras monstruosamente grandes en 10 ó 20 años. Y que gran parte del transporte mundial jamás podrá hacerse con baterías de litio (los ejércitos, la aviación mundial, la maquinaria agrícola mundial, la flota marina mundial, la maquinaria pesada de obras públicas y minera, etc. etc.). Y sin considerar los muchos otros usos del litio en baterías para dispositivos electrónicos o usos medicinales o usos para la teórica energía de fusión. En fin, todo un ejemplo de entelequia lamentable y sin sostén.
Finalmente ¿de qué mente ilustre sacan que el aumento del 14% anual de los últimos diez años del precio del litio, con la porquería en volumen que ha representado para la producción de baterías, va a pasar a ser de un incremento del 5% anual en los siguientes diez años, si es que el volumen y la demanda tiene que aumentar varios órdenes de magnitud? ¿Quién ha sido el genio que ha proyectado esto? Que salga y se nos muestre en todo su esplendor. Vaya elementos que pululan en el mundo de las predicciones.