Bienvenido(a) a Crisis Energética martes, 10 diciembre 2019 @ 14:04 CET

Las ocupadas abejas y los biocombustibles

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Artículos Por el grado de sencillez, su poético mensaje y su acertada analogía y también por lo que entendemos es interés público, traemos a las páginas de Crisis Energética la traducción al castellano de un artículo aparecido en la web hermana The Oil Drum, a quien siempre tenemos que reconocer su labor divulgativa, firmado por Phil Hart y titulado Las ocupadas abejas y los biocombustibles, como una invitación a reflexionar sobre este nuevo tipo de combustible, sobre el que creo se han despertado demasiadas expectativas.

Mi socio y yo hemos estado leyendo el interesante y raro libro “Meditación y el arte de la apicultura”, de Mark Magill. Me llamó poderosamente la atención un determinado párrafo como una irresistible analogía sobre la diferencia entre los biocombustibles y el petróleo.

Capta maravillosamente la increíble cantidad de trabajo que realizan las abejas para cosechar energía de las plantas. ¡Ojala pudiésemos valorar una cucharada de etanol como lo hacemos con una gota de miel!


 
 
El esfuerzo que acumula una gota de miel
Resulta fácil decir “ocupado como una abeja”. Pero ¿están las abejas ocupadas?
 
Considere que cada gota de miel representa unas 80 gotas de néctar. Cuando las abejas depositan el nectar conteniendo agua en las celdillas del panal, las abejas tienen que evaporar casi toda la humedad antes de que el producto resultante se convierta en miel.
Un enjambre poderoso puede almacenar en una colmena cerca de 90 kilos de miel. Lo que queda es solo el 20 por ciento del néctar que las abejas transportan gota a gota, desde el principio. Una sola cucharada de miel supone miles y miles de vuelos de abejas buscadoras.
La miel como analogía de los biocombustibles
Consideremos las similitudes entre la miel y la recolección de maíz y otros cultivos para producir biocombustibles.
 
Decenas de miles de abejas de una colmena buscan y recolectan el néctar a distancias de hasta 8 kilómetros para traerlo a la colmena. En el caso de los biocombustibles, tenemos que sembrar, cuidar y recolectar las cosechas y después, transportarlas decenas o cientos de kilómetros hasta la planta procesadora de biocombustibles más cercana. Todos los biocombustibles, sean de tercera, cuarta o décima generación tienen el mismo inconveniente de tener que recolectar cosechas de baja densidad energética en un áreas muy grande y llevarlas a la planta de procesamiento.
 
Pero el trabajo no acaba aquí. Así como el enjambre de abejas tiene que airear el néctar con sus alas para evaporar casi toda la humedad del néctar, de la misma manera hay que hervir los biocombustibles para destilar el alcohol del agua. Este proceso requiere enormes cantidades de energía y limita severamente el retorno energético de los biocombustibles originales. Sin duda, se están buscando alternativas, pero el etanol celulósico parece todavía un trabajo muy arduo, incluso comparado con el de perforar para obtener petróleo.
 
Perforar para extraer petróleo se parece más a introducir una pajita en una colmena y llevarse la miel en jarras. Significa que alguien más ha realizado el trabajo de cosechar y concentrar la energía por nosotros. De hecho, eso es exactamente lo que han hecho los procesos geológicos que llevaron a la formación de petróleo. Cantidades enormes de algas quedaron depositadas en los fondos marinos y fueron enterrados a gran profundidad por capas de sedimentos que se fueron apilando sobre ellos. A medida que la temperatura ty la presión aumentaban, según iban quedando más profundos, terminaban por ser “cocinados”. En su nuevo estado líquido, las grandes presiones forzaron al petróleo hasta la superficie, por las fisuras de las rocas. Pero en otros lugares, quedó atrapado por las barreras impermeables superiores, que formaron los yacimientos de petróleo subterráneo, que quedaron a la espera de que fuésemos a recogerlos y a gastarlos.
 
Con el debido respeto a los ingenieros y a la industria dle sectorr (yo fui uno de ellos), podemos comparar su trabajo con el de un apicultor. No es algo que cualquiera pueda hacer; tiene sus riesgos y a veces uno puede sufrir alguna picadura. Pero a fin de cuentas, es una gran recompensa, para la cantidad de trabajo que ha exigido. Los biocombustibles, por otra parte, suponen un trabajo mucho más arduo. Si se da bien el día, quizá se consiga un poco más de lo que se ha invertido.
 
Se calcula que medio kilo de miel supone la visita a dos millones de flores.
Por ello, la próxima vez que ponga una cucharada de miel en su tostada, piense en las decenas de miles de visitas que las abejas han tenido que hacer a centenares de miles de flores, sólo para dejarle algo que devorará en un par de bocados.
Y la próxima vez que ponga un litro de gasolina en el depósito de su coche, piense sobre cuánto esfuerzo y energía se requiere para conseguir un litro de biocombustibles que ha crecido, se ha recolectado y se ha procesado de las cosechas.