Bienvenido(a) a Crisis Energética jueves, 23 noviembre 2017 @ 13:44 CET

La indignación no ha hecho más que comenzar

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Artículo publicado en sostenible.cat (y que personalmente dedico a Arcadi Oliveras, presidente de Justicia i Pau, activista incansable que últimamente ha sido blanco de amenazas por parte del consejero de interior del gobierno catalán por decir en voz alta lo que muchos sospechamos, que los mando policiales actuan con métodos mafiosos con el objetivo de desprestigiar el movimiento 15M y justificar el uso de la violencia):

El desafío es enorme, posiblemente el mayor en la historia de la humanidad, reconocer los límites al crecimiento en un planeta plagado de desigualdades, en el que apenas 900 millones de personas dejan sin futuro con su consumo cotidiano a los 6.100 millones restantes no es una tarea fácil. Ni siquiera la mayoría de la izquierda, teóricamente más sensible a las protestas, ha interiorizado la nueva realidad y piensa que aún se puede domar desde dentro al sistema, y que la eficiencia y los mercados volverán a ensanchar los horizontes del crecimiento, y con ellos la esperanza de que el pastel aumente de tamaño y de un respiro a los que menos tienen. El día que la izquierda vuelva a hablar de repartir la riqueza de verdad quizás vuelva a ser digna de ese nombre.

Ciertamente el movimiento del 15M es de lo más importante que ha pasado en este país y me atrevería a decir que en el mundo, en los últimos años, con todos sus problemas, contradicciones, carencias, una explosión de conciencia ciudadana, capaz de llevar la protesta a las calles de manera mayoritariamente pacífica, sin líderes ni partidos empujando detrás, solo con los medios que proporciona Internet y mucho, mucho voluntarismo (del que no necesita un ordenador para existir).

Entre las "carencias" (y es una opinión personal fácilmente entendible desde mi posición de editor de esta web y presidente de AEREN) de este movimiento está quizás la de no colocar en una posición predominante entre las causas de la situación actual el deterioro ecológico (y social, por parafrasear el título de un excelente libro de José Luis Naredo). De manera muy resumida y casi precipitada es lo que intento transmitir en este artículo. Que ante los problemas por continuar con el crecimiento causados por los límites físicos (tanto en suministro, petróleo, como en sumideros, CO2), la cleptocracia que rige los destinos económicos del planeta ha optado por pisar a fondo el acelerador, profundizando en las desigualdades, y aguzando la imaginación con un único objetivo: que la parte del pastel que ellos consideran como legítima y a la que no están dispuestos a renunciar, no decrezca, aunque para ello tengan que hundir países enteros y destruir la frágil paz social que permitía ese remedo de progreso avalado por las cifras del PIB.

Por eso he creído necesario escribir este artículo, porque en las raíces de todo está lo más básico, la energía, los recursos, sin ellos, incluso si aceptamos transitar por el camino más austero, no hay nada de todo lo demás. Aún hay muchas más cosas que explicar, que acabar con las injusticias y con las desigualdades no será suficiente, que acabar con los ladrones no traerá inmediatamente de vuelta el "paraiso del consumo". Que la indignación aquí tiene que escuchar a otra indignación muda hasta ahora, la de cientos de millones de personas que viven en la precariedad para que nosotros podamos comprar mierda barata, que no habrá paz de ningún tipo sin justicia verdadera. Que para que este movimiento triunfe hemos de dejar de mirarnos el ombligo y entender lo que está en juego: es necesario internacionalizar el movimiento y poner de manifiesto la situación energética y ecológica, sin la comprensión y el compromiso internacional será imposible "arreglar" esto, corremos el riesgo, una vez más, de que estos problemas desemboquen no en solidaridad internacional y compromiso, sino en nuevos fascismos que con sus dedos acusadores jueguen a asegurar un miserable e insostenible statu quo a costa, de nuevo, de los más débiles.