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Libia y sus recursos, ni siquiera razones ocultas

  • jueves, 07 abril 2011 @ 21:01 CEST
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Artículos

El Departamento de Energía de los Estados Unidos (Energy Information Administration o EIA, por sus siglas en inglés , en adelante), acaba de hacer público este mismo mes de abril un informe titulado “World Shale Gas Resources: An Initial Assessment of 14 Regions Outside the United States” (Recursos de gas proveniente de esquistos: una valoración inicial de 14 regiones fuera de los EE. UU. Fichero PDF, 50MB)

Traducimos y comentamos aquí algunos de los aspectos más destacables de este informe y de su nota de prensa de 5 de abril para nuestros lectores.

Antecedentes
La utilización de la perforación horizontal, junto con la fractura hidráulica, ha ido aumentando considerablemente la capacidad de los productores de producir gas natural de forma rentable de formaciones geológicas de baja permeabilidad, particularmente de esquistos o pizarras.

La aplicación de las técnicas de fractura para estimular la producción de gas y petróleo comenzó a crecer con rapidez en los años 50 (del siglo pasado), aunque la experimentación data del siglo XIX. Al comienzo de mediados de los años 70, un conjunto de operadores privados, con el Departamento de Energía de los EE. UU. (DoE, por sus siglas en inglés) y el Instituto para la investigación del gas (GRI, por sus siglas en inglés) se embarcaron en el desarrollo de tecnologías para la producción comercial de gas natural de esquistos relativamente superficiales del periodo Devónico (Huron) al este de los EE. UU.

Esta agrupación contribuyó a albergar tecnologías que llegaron a ser cruciales para producir gas natural de las rocas de esquistos o pizarras, incluyendo perforaciones horizontales, la fractura en etapas sucesivas y fracturas simples por agua. La aplicación práctica de la perforación horizontal para la producción petrolífera comenzó a principios de los 80, al tiempo que llegaban los motores de perforación de pozos verticales y la invención de otros equipos de apoyo, materiales y tecnologías, especialmente los equipos de telemetría de pozos verticales, que trajeron aplicaciones que hicieron viable la comercialización.

El informe sigue indicando:

El desarrollo del gas de los yacimientos de esquistos ha cambiado las reglas del juego en el mercado del gas de los EE. UU. La proliferación de actividades en los nuevos yacimientos de esquistos ha aumentado la producción de gas en los EE. UU. de 0,39 billones de pies cúbicos en el año 2000 a 4,87 billones de pies cúbicos en 2010, o un 23% de la producción de gas seco de los EE. UU..

Las reservas de gas de esquistos han aumentado hasta unos 60,6 billones de pies cúbicos a finales de 2009, que representaban alrededor del 21% de todas las reservas de gas natural de los EE. UU., que ahora se encuentran al mayor nivel desde 1971.

La creciente importancia de los recursos de gas de esquistos de los EE. UU. también se reflejan las proyecciones energéticas del informe de la AIE de 2011 (AEO 2011), que estiman los recursos técnicamente recuperables del gas de esquistos en los EE. UU. de 862 billones de pies cúbicos. Dada una base total de los recursos de gas natural de 2.543 billones de pies cúbicosdel caso de referencia del AEO 2011, los recursos del gas de esquistos constituyen el 34% de la base de recursos de gas natural nacional y el 50% de los 48 Estados contiguos en tierra. La conclusión es que el gas de esquistos es el mayor contribuyente del crecimiento proyectado en la producción y para 2035 la producción de gas de esquistos representa el 46% de la producción de gas natural en los EE. UU.

En esta línea de euforia sobre el gas de esquistos, la EIA encargó a un consultor externo, Advanced Resources International, Inc. (ARI), que hiciera una serie de valoraciones de los recursos de gas de esquistos que podrían desarrollarse (fuera de los EE. UU.) El documento describe brevemente los principales resultados, el alcance del informe y la metodología y desarrolla los supuestos clave que subyacen en los resultados.

Al final, se publica una tabla que reproducimos a continuación:

En este cuadro se observa cómo se mira con ojos golositos a los nuevos recursos teóricos de gas de esquistos, que según la EIA duplicarían las reservas probadas de gas natural (nótese la sutil diferencia con “reservas probadas”), según el Oil and Gas Journal de 2010. De repente, aparecen otros 6.622 billones (trillion es billones en contabilidad en idioma inglés) de pies cúbicos como “recursos”.

Y de entre ellos, los principales países que los contienen, son los siguientes:

País

Recursos de gas de esquistos en billones de pies cúbicos

China

1.275

Estados Unidos

862

Argentina

774

México

681

Sudáfrica

485

Australia

396

Canadá

388

Libia

290

Argelia

231

Brasil

226

Interesante observar que dos grandes consumidores (China y EE. UU.) tienen importantes recursos anunciados.

Después dos países latinoamericanos, Argentina y México, con recursos que si se prueban veraces y realmente explotables (ver las necesidades de agua y energéticas, para analizar la energía neta, calculadas más abajo), que ahora ya son importadores de gas y quizá si esto se hace realidad, podrían exportar cierta cantidad, al igual que Sudáfrica. Australia si podría exportar más cantidad, al igual que Canadá, si no dedican parte del gas, como hacen ahora, a obtener petróleo pesado de arenas asfálticas.

Y finalmente, saltan a la palestra del informe de la EIA, sin rubor alguno, en el mismo momento en que los misiles estadounidenses siguen crujiendo con sus explosiones, para liberar a los ciudadanos que son bombardeados y llevarles la democracia y la libertad, Libia y Argelia. Con unos recursos en gas de esquistos que parecen multiplicar de repente por 5 en el caso de Libia, o casi duplicar, respectivamente, sus reservas probadas de gas natural seco. Parece que el momento de la publicación de estos supuestos recursos es casi obsceno.

El agua y la energía para generar energía
El consumo de agua para estas necesidades puede ser monstruoso. Y entramos en una vorágine acelerada de consumos para consumir y pescadillas que se muerden la propia cola energética.

Las posibles explotaciones de petróleos bituminosos o de esquistos suelen demandar entre 1 y 3 barriles de agua dulce, según la industria del sector, hasta 5 barriles, según los ecologistas, según varias fuentes. Si asignamos un promedio de 3 barriles de agua por barril de petróleo y pensamos en una producción de 1 millón de barriles diarios, tendríamos unos 3 millones de barriles de agua dulce diarios de demanda; unos 477.000 m3 diarios, que suponen una exigencia de caudal de agua dulce de unos 5,5 m3 de agua dulce por segundo.

En algunos casos, se ha verificado que el consumo de agua para esta industria es tremendo. En Estonia, en 2002, nada menos que el 91% del agua del país se utilizó para alimentar la industria de las plantas que queman y procesan el petróleo de esquistos y pizarras.

Esta agua va a veces mezclada con productos químicos para facilitar la fractura de los esquistos y representan un problema de contaminación considerable.

Al mismo tiempo, la exigencia de consumo energético para la producción del  petróleo pesado de los esquistos y pizarras se estima que puede alcanzar hasta un 40% de la energía que finalmente se recupera o queda a disposición de la sociedad.

Otras fuentes consideran que la extracción de 1 millón de barriles diarios de petróleo de esquistos o pizarras, exigiría, en forma eléctrica, la instalación de unas 10 plantas de aproximadamente 1 GW de potencia cada una.

Curiosamente, en Athabasca, en la provincia de Alberta en Canadá la mayor parte de esta energía para producir petróleo pesado se hace a expensas de grandes insumos de gas natural, que alimentan plantas que generan quemando gas o del uso del gas natural mismo. Considerando las equivalencias habituales (1 millón de barriles = 150 millones de m3 o bien 5.350 millones de pies cúbicos de gas natural, cada millón de barriles diarios, exigiría el equivalente de 400.000 barriles diarios de petróleo equivalente en forma de gas natural. Esto es, unos 60 millones de m3 diarios o bien 2.140 millones de pies cúbicos de gas natural.

Desnudar un santo para vestir otro. Ahora se trata de vestir el santo del gas natural, de dónde antes se intentaba extraer el petróleo pesado. Veamos cómo.

Para extraer el gas de esquistos también hace falta inyectar agua con productos químicos a una cierta presión y temperatura, para fracturar los esquistos y liberar el gas. Los productores se han visto obligados por los ecologistas a identificar dichos productos y se admite que algunos de ellos son carcinógenos y que suonen un serio problema de contaminación de aguas subterráneas.

Esto exige, según algunas fuentes, entre 7.000 y 15.000 m3 de agua por cada fractura.  La consultora citada estima vagamente que se necesita perforar cientos de pozos al año en la región determinada (New York, Pennsylvania y Virginia occidental), cree que la producción de gas no excedería del 1% del total de la disponibilidad de agua en la región, aunque confiesan también que de ella, el 60% se extrae de aguas subterráneas y que la cantidad representaría un 3% de la disponibilidad de agua superficial.

La demanda de agua, según el mismo informante (Bureau of Economic Geology) señala como buen rendimiento frente al etanol, que el gas de esquistos “sólo” consume 1,25 galones ( 4,73 litros ) de agua por cada millón de BTU’s de energía producida, frente al horror de los 2.500 a 29.000 galones (entre 9,450 y 109.600 litros ) de agua por cada millón de BTU’s generados con etanol (ver página 11 de la citada presentación “Shale Gas: Energy and Environmental Issues”).

Poniendo estas cifras en cantidades que el ciudadano pueda asimilar con mayor facilidad, si vemos la tabla anterior de producciones y suponemos una producción de gas como la actual de Libia, de 560.000 millones de pies cúbicos de gas al año y concedemos una capacidad calorífica de 1 billón de BTU’s por cada 990 millones de pies cúbicos de gas natural y suponemos que esa producción se hiciese, por ejemplo, en Libia con gas de esquistos de sus recursos ahora mostrados por la EIA, resultarían necesarios  unos 2,7 millones de m3 de agua dulce al año o apenas 2,7 Hm3 de agua dulce al año. Un caudal de un 85 litros por segundo. Afortunadamente, no les ha dado por sacar energía del etanol. Pero dado que Libia posee unos recursos totales de agua dulce de unos 0,6 Km3 de agua al año –que son unos 600 Hm3 en total- (ver CIA Handbook sobre Libia), con los que beben sus  6,5 millones de ciudadanos y sus animales domésticos y que ya cultivan en regadío unos 5.000 Km2, no parece que el 0,5% de toda su agua dulce disponible sea poca cosa para producir gas de esquistos para que se lo lleven los demás en los dos tercios de su producción total, como sucede ahora.

En fin, matar moscas a cañonazos y a medida que los recursos energéticos de mayor calidad se van agotando la exigencia de mayores cañones para matar moscas cada vez más pequeñas se va haciendo cada vez más patente y patética.

Quizá entre ahora en todo su esplendor la explotación del gran acuífero de agua dulce del Sahara, Sistema Acuífero de Piedra Arenisca de Nubia, que según uno de nuestros lectores que trae la noticia de otras fuentes acerca de Gran Proyecto Fluvial Hecho por el Hombre que se traía entre manos el hoy proscrito Gadafi (GMMRP, por sus siglas en inglés) y sobre el que los científicos calculan que la cantidad de agua que podrían bombear es el equivalente al agua que fluye por el Nilo en 200 años.

Algunos de los desastres ambientales y en las aguas subterráneas que afectan a la población se publicaron en la revista Vanity Fair y son estremecedores, para haberse realizado en la primera potencia del mundo, que se supone concernida por los impactos ambientales. Las dos formas principales de extraer el gas (con una suerte de minería a cielo abierto y otra de perforación algo más profunda e inyectando agua con productos químicos muy venenosos y corrosivos para producir la llamada fractura hidráulica” y liberar el gas, hacen que la mayor parte del transporte, tanto de los productos químicos y el agua se tenga que transportar en grandes camiones de bajo rendimiento, como la salida del gas, que se hace también en muchos casos en camiones, debido a que la densidad de extracción por unidad de superficie es tan baja que no compensa ni hacer acueductos de entrada ni gasoductos de salida, por la rotación frecuente de los terrenos de explotación. Esto reduce considerablemente los rendimientos y aumenta considerablemente el coste energético de la extracción, y deja poca energía neta, un signo típico del declive energético que se avecina.

La cosa sería de locos: bombeo de agua desde cientos o miles de kilómetros con energía, quizá para producir energía de los esquistos de gas, para producir gas con el que a su vez quizá producir petróleo pesado de esquistos o pizarras, para el transporte de agua o de gas con camiones, o para que máquinas impulsadas por derivados del petróleo construyan los gasoductos por los que se pueda enviar el gas con el que generar electricidad para bombear agua, etc., etc.

Los científicos calculan que la cantidad de agua es el equivalente al agua que fluye por el Nilo en 200 años. Pero está claro que cuando los monos de la película de Kubrik sobre la obra de Arthur C. Clarke, “2001 una odisea en el espacio”, entran en una pelea a muerte por el último charco de agua disponible, no caen en la sutileza de pensar que quizá el pequeño charco termine tan embarrado después de la mortal trifulca, que no sirva ni para los exhaustos vencedores.