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La tecnología energética no puede compensar el crecimiento económico y demográfico

  • martes, 22 febrero 2011 @ 09:10 CET
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La Identidad de Kaya es una ecuación que se utiliza para ayudar a definir políticas de lucha contra el cambio climático. En su versión coloquial vendría a decir lo siguiente: las emisiones de CO2 dependen de la población, el PIB per cápita, la intensidad energética de la economía y la intensidad de carbono de las fuentes energéticas (una ecuación parecida sustituye emisiones de CO2 por "impacto ecológico", para tener una visión más amplia, más allá de las emisiones de gases de efecto invernadero).

Dado que ni la población ni el PIB per càpita son variables negociables en la actualidad, es evidente que los esfuerzos para combatir las emisiones de gases de efecto invernadero se van a centrar en el resto de variables, en la cantidad de energía necesaria para incrementar el PIB en una unidad (intensidad energética), y en las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por las fuentes energéticas (intensidad en carbono).

Pero, ¿están siendo suficientes los esfuerzos por controlar las emisiones tratando de modificar estas dos variables?

Esta es precisamente la pregunta que se plantea el catedrático de recursos energéticos de la Universidad de Barcelona Mariano Marzo, en un artículo que publica hoy el diario El País, titulado "Cambio climático y crecimiento".

Esta estrategia para reducir las emisiones de CO2 da por sentado que la innovación tecnológica en el sector energético será capaz por sí sola de compensar los efectos derivados del crecimiento demográfico y económico previstos en el futuro. Ahora bien, las proyecciones en el horizonte de 2035 contenidas en un reciente informe del Gobierno de Estados Unidos (International Energy Outlook 2010) no son precisamente optimistas al respecto. Según esta fuente, en los próximos 25 años, el mundo podría reducir su intensidad energética a algo menos de la mitad y disminuir ligeramente la intensidad de carbono respecto a los valores de 2007. Sin embargo, estas mejoras se verían ampliamente contrarrestadas por el crecimiento del PIB per cápita (cercano al 100%) y por el aumento de la demografía (próximo al 30%), de forma que, en conjunto, la multiplicación de los cuatro factores de Kaya arroja el resultado de que en 2035 las emisiones globales de CO2 se habrán incrementado en algo más del 40% respecto a las de 2007. (...)

Nos guste o no, todo apunta a que esta es la verdadera raíz del problema. A la luz de la identidad de Kaya, el análisis de la historia del consumo energético, así como del crecimiento económico y demográfico de la humanidad en los últimos 100 años, nos indica que el cambio climático es, en buena parte, consecuencia de un desarrollo económico y demográfico sin precedentes, posibilitado por el uso masivo de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). Afirmar, como a menudo se hace, que el cambio climático es tan solo el resultado del uso masivo de dichos combustibles es una verdad a medias. Equivale a culpar a la bala, o la pistola que la dispara, de un asesinato, sin analizar quién aprieta el gatillo.