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La última ostra

  • miércoles, 16 febrero 2011 @ 09:19 CET
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Noticias El periódico en castellano del Silicon Valley, La Oferta nos ofrece una noticia sobre el agotamiento de las ostras silvestres.
Ya lo decía el proverbio indio: “Sólo cuando el último árbol haya sido cortado, sólo cuando el último río haya sido secado, sólo cuando el último animal haya sido cazado, sólo cuando el último monte haya sido destrozado, nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer”. Pues bien, parece que dicho día está aún un poco más cerca: un estudio publicado en febrero de este año por la revista BioScience, titulado “Oyster Reefs at Risk and Recommendations for Conservation, Restoration, and Management” ofrece algunos datos escalofriantes sobre lo que la sobreexplotación está haciendo a los ecosistemas marinos y, en este caso particular, a las ostras.

Puede parecernos que las ostras no revisten especial importancia, o que son una delicadeza que muy pocos tomamos, pero esta es una apreciación que deriva de su reciente escasez. Sin ir más lejos, y tal y como comenta el artículo mencionado, en 1864 se consumieron, sólo en Londres, 700 millones de estos bivalvos. Depósitos de conchas acumulados en el sur de Francia contienen más de un trillón (un billón español) de ellas por depósito, y en los 1870s, las ostras se extendían por millas en la Chesapeake Bay. Hoy en día, éstas han desaparecido. Los datos que ofrece el estudio al respecto son aterradores. Se estima que hemos eliminado más del 90% de las ostras. Del resto, la gran mayoría de las ostras que no son cultivadas proceden de cinco ecoregiones en Norte América, y todas estas regiones, con la excepción del golfo de México, están en muy malas condiciones. En particular, la costa oeste de los Estados Unidos mantiene unas condiciones para las ostras que están catalogadas como “pobres” en el norte y “funcionalmente extintas” para las costas más al sur. Entre estas últimas estarían las costas de Santa Cruz. Las condiciones en Europa son aún peores. Toda la costa atlántica española se considera “funcionalmente extinta”, y el mar mediterráneo en su conjunto está catalogado como “pobre”.

El propio estudio hace sugerencias para la mejora de esta situación, pasando claramente por la protección y conservación de las costas. Queda por ver si dichas sugerencias serán seguidas. La historia reciente hace pensar que no será así, y que una vez más, invocando la economía, el progreso y del desarrollo, se ignorarán los estudios científicos y se camuflarán los hechos que muestran, no ya el deterioro, sino el lamentable estado de la gran mayoría de los ecosistemas. Es difícil de comprender qué economía o qué desarrollo es éste que degenera los ecosistemas que nos proporcionan recursos (comida, perlas y material de construcción en este caso) de forma gratuita. Más difícil saber como puede ser progreso aniquilar los sistemas naturales, fruto de billones de años de evolución, y fuente inagotable de conocimiento y belleza. El sistema de explotación actual es imposible de mantener y está mostrando claras muestras de agotamiento y fisuras, con innumerables crisis que amenazan con su zozobra. ¿Cuándo veremos que llevamos ya muchos años trabajando activamente en este desastre y cambiaremos? Pero mientras tanto, quizás estemos matando la última ostra por un poco de dinero, y el dinero, nos recuerda el proverbio indio, al contrario que las ostras, no se come.
Noticia también disponible en el blog del autor.

Un recurso más que hemos esquilmado: Las ostras.