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Siete propuestas (vagas) al gobierno de relevantes miembros de empresas públicas –gubernamentales- y del sector energético

  • Domingo, 10 Octubre 2010 @ 20:32 CEST
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El artículo publicado en el Suplemento de Negocios del diario español El País de 10 de octubre, titulado "Siete propuestas al Gobierno sobre energía eléctrica" y firmado por un notable personaje del sector energético español, como Juan Manuel Kindelán, ex presidente del CSN y vicepresidente ejecutivo de la fundación para estudios sobre la energía, pero suscrito también con las firmas de muchas otras personas responsables del sector energético, merece algunos comentarios que reproducimos a continuación, como es habitual, intercalados y en cursiva.

La Fundación para Estudios sobre la Energía se creó con la participación de las escuelas de ingenieros de la UPM y de diferentes organismos de la Administración del Estado relacionados con la energía (el CIEMAT, el IDAE y la Comisión Nacional de la Energía). Es un foro de encuentro de profesionales que está efectuando evaluaciones y estudios con plena independencia de los intereses mercantiles concurrentes en un sector que tiene planteados, en nuestro país y en el mundo, una serie de desafíos a los que hay que dar respuesta.

Con su actuación la fundación pretende poner a disposición de la sociedad y de la Administración Pública un conjunto de ideas y propuestas que ayuden a fundamentar las decisiones políticas y empresariales. Para ello se ha dotado de un Consejo Asesor, formado por personalidades de la política energética española y especialistas del sector, que ha debatido sobre diversos temas de actualidad para propiciar un debate informado sobre temas energéticos de importancia estratégica.

Entre dichos temas ha analizado el futuro del suministro eléctrico, en España, donde el precio de la electricidad es crecientemente más elevado que en la UE, especialmente para el sector industrial. La competitividad de la economía española requiere por ello un sistema eléctrico más eficiente, en el que se reduzcan los costes del suministro y se establezcan los incentivos apropiados para que el desarrollo del parque eléctrico y de las redes de transporte y distribución se haga con el menor coste posible, teniendo en consideración las restricciones medioambientales y atendiendo a la seguridad de suministro.

El grupo asesor parece estar buscando aquí más la “competitividad”y la “reducción de costes” de la economía española, como primer objetivo de sus inquietudes. Las restricciones medioambientales, que suelen estar en íntima contradicción con el hecho de ser “competitivos” y la seguridad del suministro, parecen objetivos secundarios.

Como resultado de dicho debate, el consejo asesor de la fundación ha remitido al Gobierno, a través del Ministerio de Industria, las siguientes propuestas que se consideran esenciales para avanzar hacia un suministro eléctrico más eficiente, seguro y sostenible con una sólida base regulatoria y tecnológica.

1. Cambiar el modelo de desarrollo del sistema eléctrico, puesto que el resultante de la extrapolación de las tendencias actuales sería insostenible en 2030, desde las siguientes perspectivas:

-Seguridad del suministro, el 53% de la electricidad se produciría con gas.

-Impacto medioambiental, 124 millones de toneladas de CO2 emitido, el doble que en 1990.

-La duplicación de las energías renovables para cumplir con el objetivo de la UE del 20% en 2020 requeriría, si se mantuviera el actual sistema de primas, unos precios muy altos para los consumidores e industrias. Además, se necesitarían nuevas instalaciones en potencia de respaldo con reducida utilización, que difícilmente se desarrollarán en el entorno regulatorio actual.

Aquí empiezan varios puntos de especial interés:

por una parte, ahora caemos en la cuenta de que el suministro de electricidad a partir del gas es muy pesada, como hasta hace una década lo había sido el carbón. Se cambió a este combustible de forma acelerada por las presiones de Kioto y las posibles multas, sumadas a una creencia economicista deque los crecimientos económicos de los últimos años 90 (del 4 y 5% anual) iban a seguir y se buscó el combustible que se creía más idóneo y cercano a nuestro país: el gas. Apenas unos años después, surge el temor. Esto es un indicio de que hay que pensar muy seriamente estrategias de largo alcance antes de embarcarse en ellas.

Por otra parte, no está muy clara su opinión sobre duplicar el uso de energías renovables para cumplir el objetivo del 20/20/20 en 2020. Ahora son el 14% de la electricidad de origen eólico y un 3% de origen solar. Pero parece que al famoso grupo asesor esto de duplicar este tipo de energías le parece demasiado (esa es la impresión), porque hablan de que supondría “precios muy altos” (sin especificar) para consumidores e industrias y por otro, parece que empiezan a reconocer que hay que mantener una planta considerable (tampoco especificada) de potencia instalada (¿convencional?) de respaldo.

La verdad es que para ser un grupo asesor tan importante, ofrecen muy pocos datos sobre lo que esperan.

2. Aplicar políticas de gestión de demanda, dirigidas a reducir el consumo en las horas punta y a aumentarlo en las horas valle, utilizando el bombeo de agua y la recarga de vehículos eléctricos.

Aquí de nuevo hay un llamamiento genérico (¿será esa la única obligación de este importante grupo asesor?) a aplicar políticas de “gestión de demanda”(en términos vulgares a eso se le suele llamar meter mano al que consuma a destiempo, para estabilizar o nivelar la curva de la demanda actual) y para ello abren dos melones que no está claro que alcance y qué costes pueden tener: el de hacer bombeo inverso y el de rellenar vehículos eléctricos.

En esta segunda propuesta, la de los tan manidos coches eléctricos y sus baterías como “buffer” o colchón, nadie ofrece datos de ningún tipo. Esto es algo desesperante, porque conviene dimensionar y saber de qué están hablando. Hoy hay en España 31 millones de coches privados. Sean claros ¿Cuántos quieren electrificar y en cuanto tiempo? ¿Cómo ayuda esto a “gestionar una demanda” eléctrica, si ninguno de estos consumos es ahora eléctrico? ¿No será esto más bien que una “gestión de la demanda”, una forma encubierta de transformar parcialmente una sociedad fósil a una sociedad eléctrica, algo que no tiene que ver nada con el título del artículo?

3. Fomentar un parque con suficiente potencia firme, que reduzca la dependencia del gas y disminuya las emisiones de CO2, mediante:

-Aumento de la capacidad de bombeo para disponer de energía hidráulica firme en las horas punta.

-Prolongación de la vida de las actuales centrales nucleares mientras se mantengan los niveles de seguridad adecuados.

-Análisis de los beneficios y costes de incorporar al parque eléctrico en el futuro nuevos grupos nucleares.

-Sustitución de una parte de las actuales centrales de carbón por otras más eficientes y con captura del CO2.

De nuevo propuestas genéricas, sin una dato de volumen o una fecha de propuesta de cumplimiento de los objetivos. Desde luego, no cabe duda de que se trata de grandes directivos, si consideramos el Principio de Peter.

¿Cuánta energía hidráulica pretenden, en un país ya tomado por grandes embalses hidroeléctricos y con sequías más acusadas que las que José vaticinó al faraón con las siete vacas flacas? ¿Cuánto bombeo inverso pretenden y quien debería pagar por ello, si es que lo primero que pretenden es “reducir los costes” para ser más “competitivos”?

¿Cuánto más creen que se puede prolongar la vida de las centrales nucleares? ¿Por qué no listan las centrales nucleares, una por una (vamos, vamos, que no son tantas) y dicen hasta cuando las quieren activas? ¿Y luego, cuando pasen de los 60 años, que será pasado mañana, qué hacer con las potencias que se irán perdiendo? ¿Otras ocho centrales nucleares nuevas sobre las viejas, o quizá en nuevos emplazamientos? Y con las nuevas centrales nucleares que ya proponen abiertamente y con todo el desparpajo ¿Qué es eso de pedir un “análisis de los beneficios y costes de incorporar  al parque eléctrico en el futuro -¿qué futuro?-  nuevos grupos nucleares? ¿Me van a decir ahora que a estas alturas no los tienen hechos los estudios y que tenemos que empezar a hacerlos? Pues vaya grupo de “expertos”, metidos algunos de ellos en el CSN

Y finalmente, otra propuesta más vaga aún: sustituir centrales de carbón por otras más eficientes y con la famosa “captura de CO2” ¿Cuándo, señoras y señores, cuándo? ¿Cuántas y a qué coste? Porque lo que proponen no es generar más electricidad, sino reemplazar la generación actual por otra más limpia. Eso es mucho dinero sin apenas 1 MWh más de energía. ¿Quién sugieren que va a pagar eso? Se supone que son ustedes los que tienen que contestar a eso, no tirar la piedra y esconder la mano, o pero aún tirar la piedra y esconder la catapulta. Esto de la captura de CO2 (captura y secuestro, en terminología terrorista o antiterrorista, que uno ya no sabe) empieza a ser la quimera del oro.

4. Maximizar la participación posible de las energías renovables asegurando su integración en el sistema eléctrico y la reducción de su coste, lo cual exigirá un nuevo modelo de promoción, con los siguientes objetivos:

-Una mayor integración en el sistema, a través de la gestión de la demanda, el aumento de las interconexiones internacionales y la disponibilidad de potencia firme de respaldo.

-La reducción de los costes de generación de estas energías hasta aproximarlos a los costes totales de las convencionales, incluidas las externalidades asociadas a las emisiones de CO2.

-El apoyo al desarrollo tecnológico de plantas y programas de demostración para adaptar la incorporación de cada tecnología a su propia curva de reducción de costes antes de subvencionar su implantación masiva.

-La sustitución del sistema actual de autorizaciones, basado en el orden de llegada, por concursos-subasta para las diferentes tecnologías, en que las ofertas se seleccionen en función de su precio e innovación tecnológica.

Ahora ya no queda claro si quieren más renovables o menos renovables. Seguramente quieren una pescadilla gorda que pese poco, como mi vecina en la pescadería. Es decir, quieren muchas renovables, pero que supongan “reducción de coste”. Podían haber dicho algo sobre cómo piensan exactamente resolver ese dilema, porque llevamos una década royendo este hueso sin haberlo podido ni arañar y habiéndonos dejado los caninos en el intento. Datos, señores, datos, que para eso son expertos.

¿Y qué pasa si “reducen los costes” de generación de las renovables (obviamente como hasta ahora han hecho a base de reducir las primas considerablemente) y se les paran, casi en seco, los fabricantes, productores y promotores de estos sistemas renovables, como ha sucedido en 2009 y sigue sucediendo en 2010?

Si se necesitan más conexiones internacionales, porque ello es necesario para estabilizar” la red, hay que decir cuánto van a costar y hacer recaer sobre las energías que lo desestabilizan este extracoste. Parece natural, aunque a algunos les pueda resultar doloroso ¿no?

¿Qué quiere decir que van a considerar las “externalidades asociadas a las emisiones de CO2 de, por supuesto, las plantas que queman energía fósil? Porque este es el sueño de Greenpeace. Digan, digan a cuanto van a poner la “externalidad” de las emisiones de CO2 (como si el CO2 fuese la única porquería que emiten estas centrales), para ver si casan las cifras y se produce, en efecto, la tan deseada “reducción de costes” o si más bien se produce una debacle de costes eléctricos. A estas alturas, que se hagan estos planteamientos genéricos ya no tiene sentido. Datos, datos y más datos, lo mismo que uno de Izquierda Unida pedía “programa, programa y programa”.

Lo de hacer las autorizaciones de las plantas de energía renovables en forma de subasta, es lo más racional que se ha comentado, en los sistemas de primas o tarifarios, aunque es algo que el sector ya conoce de sobra y en algunos países se ha experimentado. Lo de la “innovación tecnológica” a la hora de primar cosas, suena a muy etéreo; es la i minúscula del engendro I+D+i, a medida que se ha ido degradando la I de Investigación  verdadera, , se tuvo que ingeniar la D de Desarrollo, que ya no es tan científico, para seguir viendo de conseguir subvenciones y finalmente, cuando ni desarrollos podían llenar los presupuestos, se amplió a la i minúscula de Innovación, cajón de sastre que sirve para adjudicar fondos a cualquier cosa a la que pueda colgarse el marchamo de innovadora, como una minipimer con asas.

5. Apostar decididamente por una política energética tecnológicamente ambiciosa y con proyección industrial, que apoye con recursos públicos los proyectos de I+D+i planteados por empresas y entidades del sector energético e industrial, principalmente en las áreas siguientes:

-Reducción de costes y mejora de gestionabilidad de la generación de electricidad con energías renovables, especialmente de la solar.

-Identificación y desarrollo de estructuras geológicas para el confinamiento del CO2, puesto que en ninguno de los escenarios alternativos analizados se reducen suficientemente las emisiones de CO2 para llegar a cumplir en 2030 con la directiva de la UE para 2020.

-Almacenamiento de energía: hidráulica, baterías, etcétera.

-Desarrollo de redes eléctricas inteligentes de transporte y distribución.

Vuelta a repetir el mantra (antes letanía) de la gestión de la demanda (menudas collejas se esperan al que consuma fuera del redil marcado, en forma de las eufemísticamente llamadas “señales de precios” que los empresarios van a poder pronto aprender a adaptar a sus negocios y que seguramente caerán sobre los cogotes de pensionistas, ancianitos y demás, que sólo percibirán las “señales de precios” cuando vean sus cuentas bancarias mermadas.

Y de nuevo, la contradictoria volunta de más renovables y al mismo tiempo de “reducción de costes” ¿en qué niveles? ¿Tanto cuesta precisar, a ver si salen las cuentas?

Vuelta a los confinamientos geológicos del CO2. Al menos admiten que en los escenarios de “Business as usual” no se producen reducciones de CO2 (esto era de cajón: ¿es que no se leen las previsiones de la AIE desde hace diez años, para ver cómo suben los consumos de energía fósil para hacer electricidad? ¿Han tenido que esperar hasta ahora para ver si encuentran cuevas a las que llevar por un tubo (gordo o muy gordo) los humos de las centrales térmicas (mucho más coste e inversión económica, para la misma generación de GWh)?

Y el otro “Arca de la Alianza ora pro nobis”: el almacenamiento de energía ¿Cuánta, por Dios, cuánta? ¿A qué coste? ¿Cuánta en centrales de bombeo inverso y cuánta en baterías de coches, de esos que según el ministro íbamos a tener un millón para 2015 y seguimos teniendo por las calles los que se cuentan con los dedos de una oreja?

Y finalmente, la gran letanía: las redes inteligentes en transporte y distribución. Como si las comunicaciones por Ip pudiesen por sí mismas, sin inversión considerable en red física, conseguir el milagro de que se genere de abajo a arriba, de mayor capilaridad y menor capacidad a mayor capacidad y menor capilaridad, en energía renovable. Perdonen ustedes el casticismo, pero creo que es exigible pedirles que menos rollo y más manteca al bollo.

6. Llevar a cabo un análisis e identificación global de los problemas actuales de diseño y funcionamiento del mercado eléctrico y del marco regulatorio, para formular propuestas coherentes que atendiendo a criterios de eficiencia, equidad y seguridad jurídica den solución al conjunto de los problemas. En concreto parece necesario:

-Una política de precios que refleje los costes incluyendo externalidades para aumentar la eficiencia y desplazar al presupuesto público el apoyo a las tarifas subvencionadas que se consideren necesarias por razones sociales.

-Introducción de competencia efectiva para las nuevas centrales, mediante subastas y, en su caso, otros mecanismos que promuevan fórmulas de remuneración eficientes.

-Una retribución a la extensión de vida útil a las centrales hidroeléctricas y nucleares existentes, que permita que se beneficien de la misma las empresas, los consumidores y los contribuyentes.

-Establecimiento de una retribución para las energías renovables, de acuerdo con el nuevo planteamiento del fomento y procesos de selección antes mencionados.

-Nuevas fórmulas para retribuir las instalaciones de transporte y distribución que, sin encarecer la energía en términos reales, favorezcan el desarrollo de redes capaces de integrar las energías renovables y gestionar de forma más eficiente la demanda.

Perdonen de nuevo el casticismo, pero cada vez que hablan de relevar o “desplazar” (en realidad, suprimir o reducir a mínimos) al presupuesto público de la política de precios (subvencionados o primados, principalmente de las renovables), y hablan de colocar en los precios las “externalidades”, me recuerdan al dicho popular de “lo que no se va en lágrimas, se va en suspiros”, porque aquí parece que es el gobierno el que paga las cosas de los Presupuestos y no es cierto. El gobierno se limita a extraer de los ciudadanos mediante impuestos los recursos y luego aplica esos fondos donde considera necesario. Luego en la política de precios reales de la energía eléctrica, si quitan ayudas a las renovables y meten “externalidades” al carbón, al gas o al fuel-gas que producen electricidad o que producen movimiento, al final, el extracoste de la externalidad cae sobre el ciudadano. Se trata, entonces, de un juego macroeconómico, en el que, como viene siendo habitual, el ciudadano queda fuera del debate y al que se limita a su función de pagano, de una forma o de otra. Por tanto, hay que empezar a ofrecer datos que permitan al ciudadano comparar con claridad de ideas, no con propuestas vagas.

Y de nuevo, si piensan en retribuir extensiones de vida útil de centrales, o bien las energías renovables (sobre esto no se si contigo o sin ti, a estas alturas) o bien “fórmulas de retribuir instalaciones de transporte y distribución” deberían explicar algo más de qué se trata, porque cada vez que se habla de retribuir, finalmente los primeros en la cola de las solicitudes suelen ser siempre los mismos y nunca son los pobres de pedir.

7. Liderazgo del Ministerio de Industria para definir la política energética y el de Ciencia e Innovación para todo lo que se refiere a la investigación tecnológica en energía. Ambos deberán transmitir a la sociedad que, para garantizar la seguridad de suministro y los compromisos medioambientales al menor coste posible, es necesario modificar el modelo de regulación y desarrollo del sector eléctrico, lo que implica entre otras actuaciones:

-Reforzar el papel de los objetivos energéticos en las decisiones de política tecnológica y en las relaciones internacionales.

-Impulsar que la CNE actúe como motor de mejora del sistema regulatorio y analice conjuntamente con las empresas las modificaciones regulatorias que se consideren necesarias, con la finalidad de identificar y mitigar los problemas asociados a las mismas y evitar riesgos regulatorios.

-Movilizar al conjunto de las Administraciones Públicas para concienciar a la sociedad de que la calidad de vida que genera la electrificación requiere aceptar el despliegue de infraestructuras eléctricas.

-Acordar con las distintas Administraciones la agilización de la tramitación de infraestructuras de interés prioritario, incluyendo fórmulas que aseguren la mitigación de los impactos ambientales.

Que se sepa, nadie ha cuestionado hasta ahora que el Ministerio de Industria lidera la política energética o que la CNE pueda actuar como “motor de mejora” del sistema regulatorio. De hecho, el citado Ministerio de Industria ha resultado campeón mundial de Reales Decretos sobre política energética por mes en los últimos seis años. Lo de la “seguridad del suministro”, me temo que más que a Industria o al Ministerio de Ciencia e Innovación, casi le atañería más al Ministerio de Defensa.

Y si hay que concienciar a la opinión pública, lo mejor es ofrecerles datos creíbles de los costes que costará ser “limpio” o “verde” o “nuclear” o los costes de capturar y secuestrar tantísimas toneladas de CO2 en cuevas lejanas y montañas remotas. Ya va siendo hora, en esto estoy de acuerdo, en que los ciudadanos sepan lo que vale un peine y lo que cuesta ser ambientalmente limpio y lo que cuesta desplegar una red eléctrica como Dios manda.

Firman

JUAN MANUEL KINDELÁN ES EX PRESIDENTE DEL CSN Y VICEPRESIDENTE EJECUTIVO DE LA FUNDACIÓN PARA ESTUDIOS SOBRE LA ENERGÍA. EL ARTÍCULO LO SUSCRIBEN TAMBIÉN LA MAYOR PARTE DEL CONSEJO ASESOR DE LA CITADA FUNDACIÓN: ALBERTO LÓPEZ, EX DIRECTOR GENERAL DE ENRESA; CAYETANO LÓPEZ, DIRECTOR GENERAL DEL CIEMAT; JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ-VAL, EX DIRECTOR DE LA ETSII DE LA UPM; EMILIO MENÉNDEZ, EX DIRECTOR DE I+D Y RENOVABLES DE ENDESA; CARMEN MESTRE, EX DIRECTORA GENERAL DE LA ENERGÍA; VICTOR PÉREZ PITA, EX SECRETARIO GENERAL DE LA ENERGÍA; ALBERTO RAMOS, PROFESOR DE LA ETS DE INGENIEROS DE MINAS DE MADRID; MIGUEL ÁNGEL REMÓN, EX DIRECTOR DE REPSOL EXPLORACIÓN; PALOMA SENDÍN, EX DIRECTORA GENERAL DE MINAS; CARLOS SOLCHAGA, EX MINISTRO DE ECONOMÍA E INDUSTRIA; JAVIER VEGA DE SEOANE, EX DIRECTOR GENERAL DEL INI; ALBERTO CARBAJO, EX DIRECTOR GENERAL DE MINAS; JOSÉ LUÍS DÍAZ FERNÁNDEZ, EX DIRECTOR GENERAL DE REPSOL PETRÓLEO; FELICIANO FUSTER, EX PRESIDENTE DE ENDESA, Y MARTÍN GALLEGO MÁLAGA, EX SECRETARIO GENERAL DE LA ENERGÍA.