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Conversaciones oficiales secretas muestran alarma por el cenit del petróleo

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Artículos El diario británico The Guardian publica el 22 de agosto de 2010 un articulo firmado por los periodistas Terry Macalister y Lionel Badal, titulado "Peak oil alarm revealed by secret official talks" (Conversaciones oficiales secretas muestran alarma por el cenit del petróleo) que dado su interés público traducimos y reproducimos aquí para información de nuestros lectores. A ellos dejamos los comentarios que entiendan proceden sobre este artículo.

Detrás de los rechazos gubernamentales de los temores alarmistas, existe una preocupación creciente sobre el crítico futuro de los suministros energéticos.

Como consecuencia de la revelación de que los ministros del gobierno han estado intercambiando puntos de vista con la industria y la comunidad científica sobre el “cenit del petróleo”, se han disparado las especulaciones acerca de que éstos están mucho más preocupados de lo que admiten sobre un posible crisis de oferta.

El Departamento de Energía y Cambio Climático (Department of Energy and Climate Change o DECC, por sus siglas en inglés) también rechaza hacer entrega, incluso apelando al Acta de Libertad de Información (Freedom of Information Act o FoI, por sus siglas en inglés)  de documentos de políticas sobre el “cenit del petróleo” (el punto en el cual la producción de petróleo alcanza un máximo y decae con posterioridad), a pesar de que hace públicos otros, en los que admite que “probablemente no sea bueno el secretismo sobre este asunto”.

Los expertos dicen haber recibido una carta de David Mackay, el asesor científico jefe del DECC, en el que solicita información y consejos sobre el cenit del petróleo, en medio de una creciente campaña de empresarios industriales, tales como Sir Richard Branson, para que el gobierno ponga en marcha planes de contingencia para manejar una crisis futura.

Una portavoz del departamento hizo hincapiés en que la solicitud de Mackay era “rutinaria” y dijo que no hay cambio de política que no sea la de mantener este asunto bajo revisión. El argumento del cenit del petróleo fue, en efecto, rechazado como alarmista por el anterior ministro de Energía, Malcom Wicks, en un informe al gobierno del pasado verano y empresas petrolíferas como BP, que tienen mucha influencia en Whitehall, siguen una línea similar.

Pero los documentos obtenidos por el Observer bajo el Acta FoI, muestran que tuvo lugar un “seminario sobre el cenit del petróleo”, que reunió a directivos del DECC, del Banco de Inglaterra y del Ministerio de Defensa, entre otros, para discutir este asunto.

Una nota ministerial de esta cumbre advertía que “las líneas públicas gubernamentales sobre el cenit del petróleo “no son muy adecuadas”. Tienen que considerar el cambio climático y poner más énfasis en la reducción de la demanda y también en el hecho de que el cenit del petróleo puede aumentar la volatilidad del mercado”.

Esos comentarios fueron escritos hace unos 12 meses, pero en una carta de respuesta a la petición (de documentos) bajo el Acta FoI, escrita por funcionarios del DECC y fechada el 31 de julio de 2010, se dice que sólo se puede hacer pública algunas informaciones sobre lo que está actualmente bajo discusión, ya que son informaciones “en marcha” y de una naturaleza de “alto nivel”

La carta añade: “Reconocemos las razones de interés público a favor de revelar esta información. Especialmente reconocemos que una mayor transparencia hace al gobierno más abierto y responsable y podría ayudar a proporcionar elementos acerca del cenit del petróleo”.

“Sin embargo, cualquier interés público en la revelación de dicha información, tiene que ser contrapesada con la necesidad de asegurar que los ministros y los asesores puedan discutir con franqueza sobre estas políticas, de forma que sean posibles intercambios de puntos de vista y opiniones sobre aspectos importantes y sensibles”

No obstante, la nota sobre el seminario que se distribuyó el año pasado, comenta que el secretismo sobre este tema “quizá no sea bueno”, aunque también sugiere a los funcionarios que se alineen con ”la Agencia Internacional de la Energía, que es una fuente autorizada en este asunto” y hace hincapiés en cómo la AIE cree que hay suficientes reservas para satisfacer la demanda hasta 2030, siempre que se mantengan las inversiones en conseguir nuevas reservas.

Pero esta organización con sede en París, ha venido siendo objeto de críticas crecientes de un grupo de críticos que creen que el optimismo de la AIE está fuera de lugar. El año pasado, el Guardian, reveló que la AIE también estaba desgarrada por las diferencias de criterio (internas), y que altos directivos del organismo dijeron de forma privada a algunos periódicos que creían que los datos oficiales sobre la oferta futura mundial de petróleo eran excesivamente optimistas.

La AIE predijo en el World Energy Outlook de 2009, publicado el pasado noviembre que la demanda de petróleo crecería de 85 millones de barriles diarios en 2015 hasta alcanzar los 105 millones de barriles diarios en 2030. La organización supone que el reto de hacer frente a la demanda puede ser satisfecho a partes iguales por una mezcla de una mayor producción de los países OPEP y una producción considerablemente mayor de fuentes no convencionales (de petróleo).

Pero una fuente interna de la AIE manifestó: “Muchos dentro de la organización creemos que mantener la oferta de petróleo incluso en 90 ó 95 millones de barriles diarios sería imposible, pero existe el temor a que el pánico pueda salpicar a los mercados financieros si las cifras se colocaran por debajo de este nivel. Y los (norte)americanos temen el fin de la supremacía basada en el petróleo porque amenazaría su poder de acceso a los recursos petrolíferos”.

La AIE ha negado las alegaciones de disidencias internas y mantiene sus cifras. Pero Kjell Aleklett, un profesor de física de la Universidad de Uppsala en Suecia y autor de un informe sobre El cenit de la era del petróleo, señala que la producción mundial (de crudo) estará más bien en los 75 millones de barriles diarios hacia 2030, que los los irreales 105 millones de barriles diarios previstos por la AIE