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Energía al límite

  • martes, 03 agosto 2010 @ 13:51 CEST
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Artículos

Andy Robinson habitualmente escribe artículos vinculados con la crisis energética y el medioambiente en el diario “La Vanguardia”. Esta vez nos informa a doble página en la sección de “Tendencias” sobre qué está ocurriendo durante la última fase de la era del petróleo. En la primera parte de esta serie el título del artículo es “Energía al límite” (02/08/2010).

La posibilidad de que el inicio del agotamiento del crudo -- según la llamada tesis peak oil o cenit petrolera -- ayude a forzar una desaceleración del consumo de hidrocarburos ya parece más remota.

Los pueblos de Luisiana (EE. UU.) y Alberta (Canadá) apenas empiezan a darse cuenta de los peligros de la nueva era llamada de energía límite, en la que la extracción de los únicos hidrocarburos que quedan por explotar ocasionará espeluznantes costes medioambientales.

Quizá el mejor sitio para reflexionar sobre los riesgos de esta era sea la carretera 63 desde Edmonton, capital de Alberta, hasta las minas petroleras de Fort McMurray. Se conoce como la Highway to Hell -- carretera al infierno --, no sólo por el paisaje apocalíptico, sino por el tráfico de camiones de veinte toneladas, tráilers con excavadoras gigantes y coches de trabajadores del crudo borrachos o colocados.
Además, se incluye en la misma sección una entrevista a Michael Klare bajo el sugestivo título “Ya sólo queda la porquería”...
Se creía que el agotamiento de recursos nos forzaría a buscar alternativas.

...y unos pequeños apuntes sobre el tema en la misma sección:

Canadá se convierte en un petroestado, apoyado por Estados Unidos, cuyo objetivo es garantizar su suministro a largo plazo. "La decisión de ir a por cinco millones de barriles diarios en Alberta se tomó en Texas", dice el activista Myles Kitagawa. A la vez, sufre la maldición de la riqueza petrolera: "La economía se hace monocultivo y las empresas manufactureras caen como moscas", dice Andrew Nikforuk.

EL NEGOCIO CONTINÚA
La nueva frontera del crudo

Tras una década de frustraciones geopolíticas en países con acceso fácil a petróleo de gran calidad, desde Iraq hasta Venezuela, las petroleras occidentales ya abren la nueva frontera de energía límite. En el fondo más profundo del mar, en las franjas de bosques boreales que bordean el círculo ártico, en el mar alrededor del polo Norte, en las Amazonas. El reparto de las arenas petroleras en Alberta, por ejemplo, incluye a casi todas las existentes, lideradas por Shell, Total, Exxon y las canadienses Synacrude y Suncor, aunque ahora llegan las chinas. En el Ártico,Shell, Total y la noruega Statoil maniobran contra el gigante de gas ruso Gazprom. Y tras las elecciones brasileñas en octubre, habrá fuertes presiones sobre el nuevo gobierno para abrir el acceso a sus campos petrolíferos en el Atlántico a empresas extranjeras. En estos momentos es casi un monopolio de la brasileña Petrobras.
Artículo entero “Energía al límite”: La última fase de la era del petróleo (1)

ENERGÍA AL LÍMITE

Los hidrocarburos de difícil extracción tendrán un alto coste medioambiental

ANDY ROBINSON - Edmonton (Canadá) Enviado especial - 02/08/2010

DAÑOS AMBIENTALES La última fase de la era del petróleo afectará gravemente a los ecosistemas
EN PELIGRO Las comunidades indígenas se hallan en la nueva frontera de la 'energía límite'

Los pueblos de Luisiana (EE. UU.) y Alberta (Canadá) apenas empiezan a darse cuenta de los peligros de la nueva era llamada de energía límite,en la que la extracción de los únicos hidrocarburos que quedan por explotar ocasionará espeluznantes costes medioambientales. Pero los millones de aves que migran todos los inviernos desde los humedales del noroeste de Canadá hasta el delta del Misisipi lo conocen de sobra. En junio del 2007, murieron 1.600 patos asfixiados en la capa de bitumen que flota sobre los embalses de residuos en las arenas petroleras de Alberta, recursos de energía sucia que pueden convertir a Canadá en el segundo productor de crudo del mundo en los próximos veinte años.

Se ven con frecuencia aves flotando como bolas de melaza en los residuos pese a los cañones espantapájaros que suenan como petardos a lo ancho de un paisaje dantesco de tierra excavada y lagunas negras. Pero este otoño, al regresar al sur, los patos pueden encontrar otra capa viscosa en los humedales del Misisipi, tras el derrame de más de tres millones de barriles de crudo en el golfo de México. "A muchas aves - desde el pato americano o la oca canadiense hasta especies como la grulla blanca-el petróleo las pilla ya por los dos extremos de su ruta de migración", dice Ruth Kleinbub, activista medioambiental de Fort McMurray, capital del boom petrolero.

"Hay cosas más importantes que 1.600 patos", dijo lapidariamente Ron Liepert, el ministro de Energía de Alberta a finales de junio. Y tiene razón, aunque quizá por motivos que él no reconocería. No sólo corre peligro la fauna de ecosistemas de regiones remotas que han sobrevivido el primer siglo y medio de la era petrolera, sino también los bosques boreales y los ríos de Canadá y la selva amazónica, las aguas limpias del Árticoo del Atlántico brasileño. También, vidas humanas.

Las comunidades indígenas, desplazadas violentamente para allanar el camino a los primeros buscadores de oro negro, ahora se encuentran en la nueva frontera de la energía límite:los inuit y gwitchen de Alaska, los cree de Alberta o los pueblos que se han enfrentado al ejército peruano en los últimos meses en protesta por las explotaciones petrolíferas. "Estamos aprendiendo de las comunidades de América Latina", dijo Leo Jacobs, un coordinador de la tribu cree, de Alberta.

Pero tampoco se salvarán otras comunidades más próximas a la nuestra. Es significativo, quizá, que las autoridades investiguen el posible impacto sobre la calidad de las aguas en Nueva York de la extracción de shale gas - gas pizarra, la gran apuesta estadounidense para reducir su dependencia externa del gas-en la sierra de los Catskills.

Y, en última instancia, la energía límite amenaza al planeta entero. "En Alberta estamos generando más gases invernaderos que toda la población de Bélgica", dice Andrew Nikoforuk, residente en Calgary y autor del libro Tar sands, dirty oil and the future of a continent,en relación con las arenas bituminosas. "Si otros países hacen la misma apuesta por fuentes energéticas tan sucias y viles como nuestro bitumen, vamos a hundirnos en la mierda", añade.

Y eso es lo que está pasando. Ante una demanda mundial de petróleo y gas que seguirá creciendo a un ritmo anual del 1,5%, según la Agencia Internacional de Energía (AIE), y que se duplicará en China antes del 2030, todo indica que el precio del barril de crudo volverá a los niveles estratosféricos del 2008 (126 dólares el barril). Esto incentivará la extracción en áreas difíciles sin importar el coste medioambiental. Según la AIE, la producción en reservas no convencionales, como las arenas bituminosas, se multiplicará por cuatro hasta el 2030 y "compensará la caída del petróleo convencional".

Es decir, que la posibilidad de que el inicio del agotamiento del crudo - según la llamada tesis peak oil o cenit petrolera-ayude a forzar una desaceleración del consumo de hidrocarburos ya parece más remota. "Peak oil es demasiado optimista - dice Michael Klare, autor de Planeta sediento, recursos menguantes (Urnao, 2008).

EL COMIENZO El derrame de Deepwater Horizon es la primera catástrofe de esta era.

ANTES DEL AÑO 2030 La producción de petróleo no convencional se multiplicará por cuatro. Si sacan todo esto, van a prolongar la era del petróleo durante décadas".

La catástrofe ecológica provocada por la explosión en la plataforma Deepwater Horizon de BP puede ser el primer desastre de la era de energía límite.Hace medio siglo que las petroleras extraen crudo del mar cerca de la costa de Luisiana. Pero durante la mayor parte de este periodo, operaban en aguas de profundidad de 30 o 40 metros y, aunque el delta ya sufría un fuerte deterioro medioambiental, los derrames se arreglaban en cuestión de horas. En cambio, Deepwater Horizon perforaba en el fondo del mar casi dos kilómetros por debajo de la superficie y tardó tres meses en taponar el pozo roto. Ahora se preguntan qué ocurriría si pasara lo mismo en una plataforma en el mar de Beaufort en Alaska. Tras la decisión de la Administración Obama de levantar la prohibición sobre perforaciones offshore,un tribunal federal ha vuelto a prohibirlas. Es un dilema que se repetirá en Brasil, cuyos nuevos campos petrolíferos yacen a 4.000 metros de la superficie del Atlántico, debajo de 2.000 metros de agua y otros 2.000 de sal submarina.

Quizá el mejor sitio para reflexionar sobre los riesgos de esta era sea la carretera 63 desde Edmonton, capital de Alberta, hasta las minas petroleras de Fort McMurray. Se conoce como la Highway to Hell - carretera al infierno-,no sólo por el paisaje apocalíptico, sino por el trafico de camiones de veinte toneladas, tráilers con excavadoras gigantes y coches de trabajadores del crudo borrachos o colocados.