Bienvenido(a) a Crisis Energética sábado, 07 diciembre 2019 @ 06:55 CET

Los ni-ni como adaptación

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Un artículo de opinión en el diario digital Bahía de Cádiz relaciona a la llamada "generación ni-ni" con el decrecimiento. Muy en concreto:

Es por supuesto fácil, trivial casi me atrevería yo a decir, atribuir pésimas cualidades a las generaciones jóvenes (...) es menos habitual aún intentar aplicar algunos rudimentarios conceptos de materialismo cultural para intentar analizar si la actitud más o menos pasiva que demuestra no estudiar ni trabajar, puede ser de hecho una adaptación cultura positiva a una situación actual, a un entorno particular.

¿Cuáles pueden ser las expectativas de futuro de dicha generación?

Para la generación ni-ni, el futuro, independientemente de su preparación, se ve aún peor. Pillados por sorpresa en una crisis económica de la que no son responsables, abocados a resolver los problemas medioambientales que les estamos dejando, y lanzados a un mundo donde empezarán a escasear los recursos más necesarios para lo que llamamos “desarrollo”, sus perspectivas son más bien tenebrosas.
 Independientemente de lo mucho que estudien o trabajen, esta generación se enfrenta a: la caída en la producción de petróleo y la consiguiente sospecha de una nueva era económica de decrecimiento (buscado o no es otra cuestión), la posibilidad de cambio climático, las inestabilidades económicas de un sistema financiero que sólo funciona con crecimiento perpetuo y la probable incapacidad de alimentar a una población creciente, bien por problemas de agua, falta de fertilidad, desertización u otros.
Todo esto lleva, según el autor, a que dicha generación adopte como estrategia más positiva la falta de acción:
Así pues, desde un punto de vista de materialismo cultural, para esta nueva generación la inversión de su tiempo y, quizás, escasos recursos, en el mundo de la educación o el laboral para obtener un probable beneficio futuro, puede no resultar rentable. Los costes son aquí, y ahora, y los beneficios muy improbables en un futuro que no pinta bien. En este caso, la decisión lógica, la decisión sabia, es no invertir. Igual que los productores de petróleo no quieren invertir su dinero ahora en tecnologías de extracción de petróleo porque no es rentable, aún viendo la que se viene encima (peak oil y derivados), los jóvenes no quieren invertir su capital, que en este caso es tiempo y esfuerzo, en hipotéticas educaciones o empleos que pueden no mejorar su calidad de vida a largo plazo y que, desde luego, no lo mejoran a corto plazo, dado que tienen sus necesidades actuales cubiertas por sus padres.
Terminando con un toque ¿optimista?
La generación ni-ni, por tanto, es al menos igual de inteligente que lo fueron todas las anteriores. Invierte en lo adecuado que produzca ganancias a corto plazo.