Bienvenido(a) a Crisis Energética sábado, 20 abril 2019 @ 13:08 CEST

Serge Latouche en México

Comunicados Cátedra Alain Tourain
Universidad Iberoaméricana Puebla México

Durante este mes de febrero y a lo largo del mes de marzo nos acompañarán:

Jean Robert (arquitecto y ambientalista), Sergio Tamayo (filósofo) y, cerrando el ciclo, Serge Latuche, profesor emérito de la universidad Paris-Sud (Orsay) y uno de los más importantes críticos de la “sociedad del crecimiento” e impulsor de la “política de decrecimiento”.

Artículo del Dr. MIguel Valencia, que se presenta este lunes 8 de febrero a las 11 am y 3 pm.
Esta conferencia se enmarca en las jornadas de reflexión sobre la crisis de la contemporaneidad y los retos de la supervivencia humana, que realizaremos durante este semestre.

Descrecer en México 2009

Pocos países en mi opinión tienen hoy en día frente a sí tan clara disyuntiva, como México, entre la recesión y el descrecimiento; entre seguir con el persistente aumento en la miseria, la violencia, la migración, el autoritarismo, el desquiciamiento cultural y ambiental en el que ha vivido nuestro país o transitar rápidamente hacia una sociedad post desarrollista, en descrecimiento y crecientemente más justa, pacífica, creativa y respetuosa con la naturaleza. La economía mexicana no tiene remedio desde hace cuando menos 20 años. Sus veranillos económicos han sido rápidamente seguidos por mayores desgracias financieras y económicas y han favorecido sólo a inversionistas extranjeros y a los monopolios que padecemos. Aplicar políticas de descrecimiento equitativo, para reducir radicalmente el consumo de electricidad o el agua; o el uso de supercarreteras, entre muchos otras reducciones, darían un gran respiro a México y no vería mucha dificultad en llegar en cierto tiempo a esta nueva sociedad, sin embargo, la cercanía de México con EUA; los acomodos geopolíticos derivados del fin del petróleo, agua, metales, maderas y otros dones de la naturaleza, baratos; la inversión española, inglesa y japonesa; el deterioro cultural impuesto por la escolarización, los medios y el consumismo, entre otros aspectos hacen bastante más complicada esta posibilidad.

La crisis económica brutal que sufre México, la más importante cuando menos en el ultimo medio siglo sino tal vez de su historia, es no sólo un gran momento para que los poderosos recompongan a su favor la tiranía económica que hemos vivido en las ultimas décadas, por medio de tratados y acuerdos internacionales y otras acciones internas, pero también es un gran momento para impulsar el descrecimiento, como la gran alternativa para los mexicanos y, desde luego, para el mundo, si consideramos la debilidad persistente de la economía mexicana, la caída en la extracción de petróleo, el gran desaliento, confusión y malestar que priva en nuestro país y la notoria incapacidad frente a esta crisis del sistema político mexicano. Los próximos años pueden traernos situaciones políticas y económicas extremas, estallidos sociales que pueden crear bifurcaciones muy importantes para México.

En estos días, virtualmente todos los empresarios, políticos y académicos mexicanos convocan, foros, seminarios y grupos de estudio dedicados a encontrar las mejores formas de volver al crecimiento económico, al desarrollo y modernizar con mayor rigor al país; casi todos quieren más libre comercio, más inversión extranjera y del Estado, más rescates de empresas, más ventas de autos, mayor inversión en carreteras, presas, puertos, torres, complejos, trenes suburbanos, líneas de Metro, más inversión en desarrollos científicos y tecnológicos, en la agroindustria, en el turismo. Crecer, crecer, crecer, como única salida a esta crisis es el mantra que repiten todos los días. La historia de los últimos 25 años revela que estas políticas han conducido a México al desastre político, económico, social y ambiental. Hace mucho tiempo México perdió la capacidad de adoptar decisiones que le beneficien: las universidades, gracias a demasiada excelencia académica; las empresas, gracias a su magnífica productividad de clase mundial y los gobiernos, gracias a los estudios de sus funcionarios en Harvard, Yale y Oxford, perdieron creatividad, orientación y sentido de la realidad. El dogma neoliberal penetró en todas las instituciones públicas y privadas y en todos los partidos, y ahora resulta muy difícil liberarlas de esta enfermedad que parece terminal. México está ahora en la mayor postración económica, política y social de la época moderna, luego de muchos años de grandes esfuerzos de empresas, gobiernos y universidades, con la mira puesta en lograr una alta tasa de crecimiento económico.

Por su parte, Obama, Merkel, Brown, Sarkosy, Harper, el G-8, el G-20, Japón, China, India, Brasil, todos ellos realizan reuniones, encuentros, con el mismo fin: encontrar el camino para volver a crecer en forma ¡horror!“sustentable”. Comprometen fantásticas sumas de dinero al rescate de bancos, empresas y hasta de deudores menores, impulsan programas para la reactivación del consumo; facilitan la compra de autos y casas; promueven por doquier la venta de armas y tecnología de seguridad; endurecen las penalidades a la migración de países empobrecidos; rescatan a Keynes, como gran guru de las crisis mayores de la economía; buscan asegurar militarmente su futuro abasto de petróleo, entre otras maneras de impulsar su crecimiento económico. El libre comercio y la globalización ahora cambian de sentido, pero permanece la firme voluntad de buscar el crecimiento económico, sin que importen los costos sociales y ambientales de estos relanzamientos de las grandes economías mundiales. Los restos o si se quiere los pletóricos depósitos del petróleo, metales o la gran biodiversidad o los dones de la naturaleza de México y de los países vulnerables son muy codiciados por estos países poderosos que por medio de estratagemas de seguridad y cooperación, quieren asegurar su futura explotación hasta su próximo agotamiento.

En este ambiente económico, político y cultural tenemos que buscar el descrecimiento en México, en cada hogar, ejido, barrio, colonia, pueblo y ciudad, a contra corriente de poderosos mitos sociales cultivados por universidades, gobiernos y grandes empresas, con la convicción de que el crecimiento económico, el aumento del Producto Interno Bruto, destruye eficazmente el futuro de los mexicanos; que la construcción de supercarreteras, presas, vías rápidas, torres, unidades habitacionales ARA, GEO, líneas del Metro, acaba con la ecología y la convivencia de los mexicanos; que la extracción de petróleo empobrece a México; que Monsanto y los agro negocios matan la biodiversidad, el volumen y la calidad de nuestra alimentación; que Coca Cola, Nestlé, Wal Mart, Mac Donalds, desquician nuestra salud y economía; que el consumo de agua embotellada, los trasvases como el de Cutzamala, las grandes bombas y tuberías, los drenajes y el excusado inglés con agua potable, ponen en grave riesgo el futuro del agua limpia, potable. Las aportaciones tecnológicas de la modernidad resultan cada día mas negativas y peligrosas para la subsistencia, en México y en China. La sociedad industrial, como la sociedad de los servicios o de los sistemas técnicos, fundadas en la economía y en la tecnociencia, van al fracaso y nos llevan a la catástrofe.

Ante el aumento de la violencia en México y en el mundo, son necesarios cambios muy radicales en nuestra actitud frente a la economía y el cambio científico y tecnológico; necesitamos fortalecer nuestra resistencia personal y colectiva frente a la propaganda y la publicidad; frente a una política económica que busca cargar a los más débiles los costos de la crisis económica y del regreso del crecimiento económico; frente a los estallidos sociales que podrían ser más frecuentes por el pico del petróleo y el cambio climático; es perentorio establecer cambios en nuestra vida cotidiana, para reducir el trabajo alienante y el consumo de productos industriales, para limitar nuestra dependencia de la tecnología moderna; y también, es urgente denunciar las falsas soluciones a nuestros problemas; estudiar la genealogía o la historicidad de los conceptos que manejamos; establecer límites simbólicos personales , sociales y ambientales, eliminados por el pensamiento económico que tortura al mundo desde hace 300 años; descubrir los saberes de subsistencia avasallados por más de 500 años de sometimiento a la civilización occidental y sobre todo: descolonizar nuestro imaginario de la religión de la economía y de la tecnociencia, para re encantar nuestro mundo personal y colectivo. Es preciso salir de la domesticación, del servilismo voluntario, de la vida gris, despersonalizada, de la droga del consumo y los ciclos de endeudamiento, de la des diferenciación, de la fabricación de los mismo, de la muerte. Hay mucho que hacer:

Rechazar la ideología del progreso
La ideología del progreso destruye las identidades al favorecer el colonialismo o el modelo único o una cierta “normalidad” que supone es superior y que deja al resto del mundo como copias o formas retardatarias. La ideología del progreso ha formado la civilización occidental que es una cultura de la supremacía, hoy en crisis; todas las civilizaciones han sido más o menos bárbaras, pero el fin de esta civilización occidental es necesario para salvar a la humanidad. La idea de la “progresividad histórica”, parte de esta ideología, es una aberración que debemos eliminar del debate político. La ideología del progreso conduce al imperativo mimético, a la uniformidad y a la destrucción de la diversidad cultural. Esta ideología se ha enraizado posteriormente en el culto a las ciencias y las técnicas , a causa de su papel en la economía. Según este culto, todo puede ser resuelto por la tecnociencia y no es necesario ya hacer esfuerzos personales o colectivos para cambiar el mundo. El complejo tecno-científico toma cada día más importancia por su alianza con el poder económico y político y se emancipa del control social: tiene una autonomía perversa que conduce al desastre. La ideología del progreso conduce a una sociedad técnica que asfixia al ser humano, lo vuelve un engranaje de lo que Ellul llama: la megamáquina y lo hace vivir con enormes riesgos, como la explosión nuclear o peor aun: la “nube” nanotecnológica. La tecnología destruye la autonomía del ser humano, le hacer perder el sentido de la vida y lo acerca a la catástrofe. La descolonización del imaginario implica, desde luego, la desmitificación de las ideas del progreso o desarrollo, entraña abjurar de la religión de la economía y del culto a la ciencia y la tecnología.

Terminar con el consumismo
El consumismo ha sido denunciado por muchos estudiosos del siglo XX, como la fuente de la degradación moral de nuestra época y de la destrucción ecológica de la Tierra. No obstante, la publicidad y la mercadotecnia trabajan día y noche para colonizar el imaginario, para multiplicar los temores y los deseos de los ciudadanos; la escolarización induce desde temprana edad la adaptación a una vida consumista; el consumo de lo cotidiano: autos, celulares, ropa de marca, restaurantes, diversiones, crean falsas identidades y permanente insatisfacción. La llamada Sociedad del Espectáculo está cada día más presente en los hogares, en los lugares de trabajo y diversión, y en cualquier rincón del país: es omnipresente. Lamentablemente, en su mayor parte pobres y ricos comparten los mismos valores: todos quieren más dinero, más poder y más tecnología que consumir. Hay un desfondamiento mundial de la persona humana derivado del crecimiento económico que conduce a la violencia intrafamiliar, a la violencia en el trabajo, los deportes, la diversión; un desfondamiento que conduce al suicidio, la depresión, la obesidad, la diabetes, al cáncer, al consumo de drogas, a la animalidad sexual, a los feminicidios, y a los deportes extremos. La crisis de la cultura, de la persona humana, conduce a la destrucción de las culturas indígenas y a la muerte de muchas lenguas; entran en crisis los lenguajes: cada día se utilizan menos palabras, ya las palabras no se interponen entre las pulsiones y los actos.

Acabar con la sociedad del trabajo
El trabajo es cada día mas doloroso, desagradable y alienante en México y en la mayor parte del mundo: los patrones quieren recuperar el crecimiento económico reduciendo los salarios radicalmente y aumentando las horas de trabajo; quieren “flexibilidad laboral”. El trabajo se vuelve canibalístico - empleo que come empleo- globalizado- en cualquier lugar del mundo y walmartizado-bajo sueldo y 16 horas de trabajo. La vida del trabajador se convierte en un circulo infernal: cama- microbus- metro- camión- trabajo- camión-metro-microbus- cama . Cada día el trabajador tiene menos tiempo libre para estar con sus familia, cultivar su espíritu o divertirse Se le obliga a hacer un rodeo económico: trabajar para comprar los alimentos, vestimentas o vivienda e impedirle cultivarlos personalmente o fabricarlos colectivamente. No obstante, cada día hay menos oferta de empleo asalariado en México y en el mundo y cada día más personas se ven obligadas a vivir en la economía informal; sin embargo, el aumento del desempleo es acompañado invariablemente por el aumento en la represión y en la delincuencia: la sociedad moderna exige más tiempo dedicado al trabajo desagradable que las sociedades pre-industriales; en el paleolítico se requerían, según los estudios de Marshall Shalins, no mas de dos horas diarias, para cubrir las necesidades básicas del ser humano. El empleo asalariado crea una fractura social que destruye la solidaridad social con los más pobres y fortalece al sistema capitalista.

Relocalización
Las técnicas utilizadas por el capitalismo han sido principalmente técnicas de dislocación, de desplazamiento de la mano de obra por medio de la esclavitud y la migración, de instalación cercana a las fuentes de energía. El culto a la velocidad de la sociedad moderna es el símbolo de este proceso. Necesitamos volver a la comida lenta, a la vida lenta, al menor uso de los transportes y al consumo y a la producción de alimentos en la cercanía; necesitamos recuperar la vida en la comunidad territorial; recuperar la vida artesanal y campesina El gran enemigo a vencer es el Libre Comercio o la Globalización: es muy importante denunciar las mentiras que se dicen en estos temas con relación a las libertades y a las economías.

Denunciar las falsas soluciones
La primera de todas: el famoso Desarrollo Sustentable, la gran impostura de los gobiernos, universidades y de muchos ambientalistas; no hay soluciones a nuestros problemas ambientales en la ciencia y la tecnología que conocemos; no la hay en los sistemas técnicos, en la disminución de la intensidad energética, en los mercados de carbón, en el socialismo con petróleo o energía nuclear; en la desaceleración de la economía; en la productividad; en la idea de la abundancia de petróleo, metales y otras riquezas naturales; en las ventajas de las privatizaciones: El Libre comercio es otra de las falsas soluciones.

Impulsar un movimiento ciudadano por el descrecimiento
Los convoco a adoptar la “simplicidad voluntaria” o vida frugal; a auto limitar nuestras necesidades de transporte, de instrumentos, de equipos, de alimentos y de otros consumos. Los convoco a realizar experimentos colectivos: cooperativas, cultivos urbanos, escuelas alternativas, comedores comunitarios, ayudas mutuas, redes de intercambio, zonas autónomas temporales, contracultura, pueblos o comunidades de transición; tratemos de coexistir en dos modelos de sociedad. No importa que fracasen, hay que seguir ensayando. Los convoco a participar en movimientos políticos contra megaproyectos, contra los transgénicos, por el abstencionismo o por el voto nulo. No esperemos la pedagogía de la catástrofe. Los convoco a impulsar el descrecimiento en México, en la casa, barrio o ciudad.

¡Descrecer alegremente!