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The show must go on

  • Lunes, 21 Diciembre 2009 @ 12:11 CET
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Artículos Parece que empiezan a haber cambios en la cadena trófica de los países: "Subasta al martillo del petróleo iraquí" (artículo original en inglés).
El ex Vicepresidente estadounidense Dick Cheney, el ex Ministro de Defensa Donald Rumsfeld y todo un surtido de neocons estadounidenses van a disponer de mucho tiempo para poder dedicarse a cuidar su apoplejía. Una de las razones clave para desencadenar la guerra contra Iraq en 2003 fue la de hacerse con el control de sus preciosos campos petrolíferos, configurando así un gran acuerdo para el nuevo gran juego en Eurasia –el frente energético- y restringiendo el acceso de Europa y Asia a los asombrosos 115.000 millones de barriles de probadas reservas de petróleo de Iraq.

Washington, después de gastar al menos 3.000 billones de dólares y matar a más de un millón de iraquíes, ha conseguido lo siguiente: que en Bagdad, los pasados días 11 y 12 de diciembre, su sueño de oleoductos quedara definitivamente enterrado en la segunda ronda de licitaciones para explotar una serie de inmensos y enormemente rentables campos petrolíferos.

Las ofertas, supervisadas por el Ministerio del Petróleo, se presentaron en un programa-concurso de televisión en directo. En vez del “American Idol”, los iraquíes vieron el “Ídolo del Petróleo”. En un ambiente vocinglero parecido a un bazar de alfombras, el ministro jugó a “esto son lentejas, si quieres las tomas o si no, carretera y manta”, obligando a 44 corporaciones extranjeras de las grandes del petróleo a reducir al máximo la tasa que cobran por cada barril que extraen en Iraq y sometiéndolas a contratos de veinte años. A esas multinacionales no se les dio una porción de la producción petrolera iraquí; se les va a pagar una tasa de dos dólares por barril cuando aumenten la producción por encima de un nivel mutuamente acordado.