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Crónica de una muerte anunciada

  • viernes, 11 diciembre 2009 @ 18:31 CET
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Artículos Hace dos años el panel intergubernamental para cambio climático preveía una subida media irreversible de 1 grado centígrado[1]. Hace un año, el centro Hadley para investigación meteorológica hablaba de 2 grados[2]. Hace un mes, el compendio científico del programa medioambiental de las naciones unidas[3] está hablando de unos 3 grados y medio para finales de siglo. Hace una semana, una persona en el programa de impacto climático de la Universidad de Oxford[4] afirma que esperar sólo 2 grados de promedio en subida es iluso, y que cuatro grados de media (que pueden ser 2 en un sitio y 12 en otro), y para mediados de siglo es realista (alarmante, pero no alarmista, dicen).

Este breve párrafo anterior resume lo que la ciencia tiene que decir de nuestro futuro. Y si bien es cierto que errare humanum est, también es cierto que la ciencia acierta en muchas cosas. Cuando el río suena, agua lleva, y cuando los científicos están entre alarmados y exasperados, será por algo.

A la raíz de estas predicciones la existencia de un futuro próspero está en entredicho y pertenece al mundo de la utopía para la mayoría de las personas, o de la esperanza, que es lo último que se pierde. Únase esto a las proyecciones de crecimiento mundial entre 8 y 9 billones y medio de personas para el 2050 y tenemos un panorama... apocalíptico. Plano, caliente y atiborrado, que diría Thomas Friedman, el columnista del New York Times.

Todas estas predicciones pertenecerían al cajón del milenarismo (no confundir con el mileurismo) si no fuera por las noticias palpables que llegan. La prensa española alerta sobre la combustión interna de las tablas de Daimiel[5], aquejada por una sequía atroz, el desecamiento de las aguas freáticas por cientos de pozos, y la extensión brutal de la agricultura. "El incendio supone un punto sin retorno en el deterioro del parque", dicen. El mismo compendio de las naciones unidas[3] afirma que el cambio climático desertificará grandes zonas del suroeste de Europa, incluyendo la península Ibérica. El cambio climático se une así al ataque atroz que nuestra cultura hace al mundo natural, que se ve sólo como un recurso más que explotar. Las revistas normales hablan ya de la sexta extinción[6] cómo quien habla de la receta del arroz con leche.

Mientras el mundo muere lentamente, los líderes y los ciudadanos de a pie siguen y seguimos paralizados en la madeja de la complicación mayúscula de la sociedad actual. Como mauís de la Isla de Pascua[7] seguimos adelante con nuestro ataque sin darnos cuenta que estamos aniquilando la base ecológica misma sobre la que nos sustentamos. Los problemas cotidianos , los trajes del uno, los relojes del otro o la presencia o no de alma en una mórula compuesta de 100 células con ADN humano ocupan nuestros días. El ser humano es el único animal racional... que se esfuerza en no parecer ninguna de las dos cosas...

La pregunta de cuando se irá todo al carajo no es ya un "si..." sino un "cuando...". Creo, (y esto es ya una opinión más que un hecho) que la evolución ha dotado al ser humano de un mecanismo de toma de decisiones con visión a largo plazo sólo cuando la consecuencias a corto plazo son beneficiosas. Es decir, la mente humana es capaz de planear a largo plazo sólo cuando eso supone también una mejora a corto plazo, pero empeorar algo a corto plazo esperando una mejora a largo plazo no es uno de nuestros fuertes. Vamos, que dejar de hacer una paella hoy para evitar que los que vengan se encuentren un desierto recubierto de esqueletos en un hipotético futuro, no es lo nuestro.

Así pues, es éste un problema sin solución que no requiere más que sentarnos en la ribera de un río, mientras quede alguno con agua, y ver el agua que fluye, eterna e imperecedera ante nuestros ojos, mientras el mundo tal y como lo conocemos desaparece y se extingue en tres, dos o incluso quizás sólo una generación. Sirva para muestra lo que respondió Lovelock (el padre de la teoría de Gaia) a una persona en la presentación de su libro, cuando le preguntaron ¿que hay que hacer?. Su respuesta: disfrute mientras pueda.

En cualquier caso no debería pillar a nadie por sorpresa cuando la siguiente crisis, hambruna, revolución, peste o catástrofe natural nos de por debajo de la línea de flotación. Los reportajes de los científicos lo dicen claro. Para nuestro mundo y nuestra cultura y sociedad se ha escrito la crónica de una muerte anunciada.

[1] http://www.ipcc.ch/
[2] http://www.metoffice.gov.uk/climatechange/policymakers/action/emissions_270908.pdf
[3] http://www.unep.org/compendium2009/
[4] http://www.ipsnews.net/news.asp?idnews=48791
[5] http://www.elpais.com/articulo/sociedad/insolito/incendio/subterraneo/azota/Tablas/Daimiel/elpepisoc/20091012elpepisoc_2/Tes
[6] http://www.consumer.es/web/es/medio_ambiente/naturaleza/2006/11/06/156976.php
[7] http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=236574