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"Yo soy nuclear": una campaña de desinformación

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Artículos Actualización 2 julio 2009: si los "rumores oficiales" lanzados esta mañana se confirman, parece que la decisión del ejecutivo español respecto a Garoña será la de prorrogar su funcionamiento solo dos años más, hasta 2013. El presidente del Gobierno ya había anunciado esta mañana que sería "una decisión criticada desde ambos lados", y no se equivoca. Esta decisión obliga a los titulares de la planta a realizar las mejoras que exigía el Consejo de Seguridad Nuclear, pero sabiendo que solo servirán para que funcione dos años por encima de los 40 para los que fue construida. La planta de Garoña seguirá contribuyendo de manera escasa al sistema eléctrico español con más riesgos de los necesarios, y produciendo más residuos que las demás plantas nucleares. Y a pesar de que la decisión se ajusta a un programa político de calculada ambiguedad, el Gobierno no ha clarificado su postura y además no existe siquiera el consenso entre sus propios miembros. La pugna entre pro y anti nucleares en el gobierno español no se resuelve, defensores y detractores de las nucleares no estarán satisfechos y el tan cacareado debate nuclear sigue brillando por su ausencia.

Actualización 1 julio 2009: el diario español El País publica hoy un artículo de Marcel Coderch, titulado "Garoña y el CSN: transparencia y confianza", en el que realiza una crítica de la pobre transparencia informativa de la que ha hecho gala el Consejo de Seguridad Nuclear en el caso de Garoña.

Sigue la polémica nuclear en España. Polémica, que no debate, dado que siguen llegando informaciones apenas contrastadas que repiten los mismos tópicos de siempre. Así, el comentarista económico en Cotizalia, S.McCoy, escribía ayer un penoso artículo lleno de mentiras ya viejas y ampliamente contestadas (con la tan manida dependencia de la energía nuclear francesa a la cabeza).

La campaña "Yo soy nuclear", promovida por "un grupo de personas de diferentes ámbitos profesionales preocupadas por la situación actual del medio ambiente y conscientes de la importancia del ahorro energético" (sic) publicó este fin de semana un manifiesto de 10 puntos en algunos medios de comunicación. Para contar entre este grupo de personas con un catedrático en excedencia de física nuclear, el manifiesto se ha dejado colar un puñado de medias verdades y algunas falsedades.

Pedro Prieto, vicepresidente de AEREN y coeditor de estas páginas, nos presenta un artículo en el que analiza los 10 puntos del manifiesto antinuclear, con especial interés en el panorama europeo energético, que muy a menudo se pone como ejemplo a seguir frente a la estructura de suministro española: "La coña de Garoña" (fichero PDF, 211KB).
Así, cuando hablan de forma tan vaga y generalista de una dependencia superior a “la media europea”, es porque están ocultando vergonzosamente que si la dependencia europea, en media, es menor que la española, es principalmente porque meten en el saco “europeo” a los tres grandes productores de petróleo y gas del Mar del Norte: Reino Unido, Noruega y Dinamarca. Eso hace que la “media europea” sea menor, no otra cosa. Fuera de esos países ribereños del Mar del Norte, el grado de dependencia europeo de la energía externa es brutal en cualquier caso y también del combustible nuclear. Y no es tan importante si es un 70 o un 90%, ya que ambas dependencias serían catastróficas en caso de restricciones a las mismas. La columna R muestra los valores porcentuales de dependencia de la energía primaria, incluso si se considera la energía nuclear como “combustible nacional”. Hay cinco países europeos por encima de España, que tiene en esta consideración una dependencia exterior del 84,3% de su energía primaria. Pero hay diez países importantes cuya dependencia es superior al 50% de la energía que consumen. Y lo que es peor, prácticamente todos, excepto los tres productores del Mar del Norte son 100% dependientes del vital petróleo, el problema más grave y acuciante de todos, que el aluvión de centrales nucleares que nos quieren imponer no va a resolver. Y en la columna S está la realidad de la dependencia energética, cuando se considera para la mayoría de los países europeos el combustible nuclear como energía importada. Cuatro de los cinco países que son más dependientes que España, tienen también centrales nucleares, sin que ello haya servido, al parecer, en las últimas décadas, para aliviar su dependencia de energía ajena.