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Dilema o laberinto nuclear. ¿Energía del futuro o sin futuro?

  • domingo, 29 marzo 2009 @ 23:11 CEST
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Artículos

El diario español El País publica en su suplemento dominical El País Semanal, de 29 de marzo de 2009, un reportaje de Jesús Rodríguez de ubicuo título, que si en la edición de papel, generalmente la más leída, se titula “El dilema nuclear ¿Y si la atómica fuera la energía del futuro?", que marca muy bien los intentos editoriales de este grupo de usar los fórceps para dar carta de naturaleza a este llamado “renacimiento”, en su edición digital, que aquí traemos, se titula y subtitula más moderadamente, "El laberinto nuclear".

La facultad y la libertad que nos brinda disponer de una página web y el interés público, nos van a permitir reproducir y comentar éste y otro artículo del diario español Público, también sobre el mismo tema, titulado esta vez "La fiebre del uranio ha comenzado".

Como suele ser habitual, los comentarios del editor entre líneas y en cursiva.

REPORTAJE
El laberinto nuclear

JESÚS RODRÍGUEZ 29/03/2009

Durante décadas ha tenido fama de sucia, cara y peligrosa. Hoy renace apoyada por los 'verdes nucleares' que exhiben su respeto por la atmósfera y los grupos de presión que luchan por un negocio de un billón de euros. ¿Es la energía del futuro?

Atención a este nuevo bautismo de “Verdes nucleares”. Se nos van a meter hasta en la cocina con los de las emisiones cero de CO2.

Es más complicado entrar en una central nuclear que en La Moncloa. Y no es un recurso literario. Es mucho más difícil. Especialmente tras el 11-S. Una nuclear recuerda a una cárcel de alta seguridad. Alambradas coronadas de cuchillas; vallas de alta tensión; guardias con 38 al cinto; perros inquietos; controles de armas; arcos que detectan explosivos. Las cámaras giran descaradas a tu paso. Los procedimientos se complican cuando se pretende penetrar en el edificio del reactor. La catedral de hormigón donde late un corazón cargado de uranio cuya reacción produce calor que origina vapor que mueve una turbina que genera electricidad. Aquí la seguridad es extrema. Hay que cruzar un par de jaulas de acero que se abren con las huellas dactilares. Equiparse de mono, guantes, botas y gafas. Y un dosímetro personal que medirá las radiaciones que soportemos en el interior. Luego, largos pasillos en tonos crema tapizados de cables y tuberías. Todo diseñado para soportar un seísmo. No hay un alma. No huele a nada. De fondo, el machacón murmullo de la ventilación.

Nuestro destino es una compuerta mezcla de caja fuerte de banco y esclusa de submarino. La cruzamos con prevención; se cierra tras nosotros con un susurro. Quedamos atrapados en un corredor sellado por otra compuerta blindada. La siguiente esclusa se abre con parsimonia. Avanzamos. Estamos sobre el reactor. Bajo nuestros pies ocurre algo que supera la ciencia-ficción. La reacción de fisión nuclear en cadena. Algo eterno y poderoso. Cada pastilla de óxido de uranio del tamaño de una aspirina proporciona la misma energía que 700 kilos de carbón. Y lo primero que te viene a la cabeza es Hiroshima y Chernóbil. Sus miles de muertos. Y el macabro imaginario asociado a la energía atómica. En ese instante, un ingeniero nos recuerda que sólo esta central, Cofrentes, en la provincia de Valencia, proporciona el 3,5% de la energía eléctrica que se consume en España. Evita la emisión de nueve millones de toneladas de CO2 (responsable principal del cambio climático) a la atmósfera. Y que es imposible que haya un accidente. Que los operadores de la central se entrenan durante años en simuladores. La central se autorregula. Los sistemas de emergencia están cuadruplicados. Los residuos, concentrados bajo estricto control. Además, el Consejo de Seguridad Nuclear tiene destacados en cada central dos inspectores residentes que fiscalizan el proceso. Y entonces uno comienza a dudar. ¿Sucia, cara y peligrosa, o segura, limpia y barata? ¿El pasado o el futuro de la humanidad? ¿Ángel o demonio? Es la duda nuclear. Más bien, el eterno laberinto nuclear.

Ya estamos con los subliminales mecanismos de propaganda y de marketing interesado y parcial. En primer lugar, si una pastilla de uranio, cuyo volumen y peso no se especifica, produce la misma energía que 700 kilos de carbón, habrá que saber, antes de poner este favorable dato sobre la mesa, si la relación ganga-mena es la misma en la minería del carbón de, por ejemplo, las minas de Sudáfrica o de Australia que la relación ganga-mena de las minas de uranio de, por ejemplo, la propia Sudáfrica, también productora y exportadora de este mineral. Y entonces quizá salgan cosas curiosas, como que el carbgón, que contribuye al aporte de energía primaria unas 5 veces más que el uranio, mueven anualmente unos 6.400 millones de toneladas de mineral y el uranio unos 100 millones de toneladas. A igualdad de energía serían unos 500 millones de toneladas de mineral de uranio. Y esto ya son unas doce veces menos mineral para la misma cantidad de energía, pero no una pastillita contra 700 kilos. Esa es una visión interesada, parcial y sesgada para hacer ver que este negocio es “carbón neutro” y no es así. Su minería es unas 12 veces menos voluminosa a igualdad de disponibilidad energética, pero dista muchísimo de ser neutra en emisiones de carbón. Esa minería, recordemos, se hace en una inmensa mayoría, con maquinaria movida por combustibles fósiles.

La reflexión dura poco. No hay tiempo. Estamos en la cima del reactor. En lo alto del edificio de contención. Hormigón y acero trenzado para que los gases radiactivos no escapen en caso de accidente. La última barrera. Chernóbil carecía de ella. "Chernóbil era peligrosa y lo sabíamos; no tenían inspectores independientes, sino comisarios políticos; no importaba la seguridad, sino el precio del kilovatio. Las centrales soviéticas eran una bomba. Pero aquel accidente es imposible en España", explica el ingeniero, optimista.

Esto es el colmo del cinismo. Volvemos al siguiente mito: los rusos es que eran muy malos y descuidados y nosotros somos perfectos, como nuestro Padre celestial es perfecto. Esta lógica es infumable.

En primer lugar, si sabían desde siempre que la central de Chernóbil era peligrosa, porque carecía de barrera o muro de contención en caso de fusión del reactor, ¿por qué están tan callados en el OIEA y en toda la industria nuclear y los lobbies pronucleares, con el hecho de que siga habiendo 11 reactores del tipo del de Chernobil (RMBK o reactor de agua a ebullición y moderado con grafito), solo en Rusia, otros tres en el mismo complejo de Chernóbil en Ucrania yotros dos en Lituania, como mínimo? ¿Esa es su preocupación?¿Ese es el control exhaustivo de su tan cacareado Organismo Internacional de la Energía Atómica?

En segundo lugar, ¿cómo pueden utilizar el argumento despreciable de que en la antigua URSS decidían los comisarios políticos y que en todo el resto del mundo deciden y supervisan “inspectores independientes”? ¿Cómo se puede fumar esta gran mentira? ¿Cómo se atreven a decir que allí sólo les preocupaba el precio del kilovatio, cuando en la antigua URSS y países afines, precisamente lo que menos importaban eran los precios y los costes para hacer funcionar las cosas? ¿No fueron esos irresponsables de la extinta URSS los que entraron a costa de sus vidas y sin pensarlo a reducir el incendio de Chernóbil, con salarios de miseria, y sabiendo que iban a morir con seguridad, como para que ahora los mismos colegas de lobby pronuclear occidental les tachen alegremente de irresponsables y de buscar solo el dinero? Está claro que a ustedes no les importa la honra de esas personas anónimas, sino exclusivamente defender que su chiringuito es inmune a los fallos. De eso es de lo que más miedo me da.

¿Con qué criterios de absolutismo científico y verdad revelada pueden asegurar que los accidentes son imposibles en los más de treinta países con centrales nucleares, que además poseen toda una parafernalia de dispositivos nucleares, tales como los PWR (reactor de agua a presión) BWR (de agua a ebullición), GCR (refrigerado con gas) FBR (de neutrones rápidos) AGR (avanzado refrigerado con gas), PHWR (de agua pesada a presión) HWGCR (moderado con agua pesada y refrigerado con gas), HTGR (de alta temperatura refrigerado por gas y moderado con grafito), CANDU (de agua pesada a presión), HWBWR (de agua pesada a ebullición) o los famosos RMBK de Chernóbil que todavía funcionan por el mundo? ¿No les parece mucho perjuro poner la mano sobre tantas biblias nucleares de tan diferentes versiones para jurar o prometer que lo de Chernóbil o cualquier otra derivación accidental es imposible en los 440 reactores que funcionan por el mundo?

- ¿Cree que las españolas son seguras?

- No lo creo, lo sé. Si no, no estaría en una.

De nuevo el absolutismo científico.

Bajo la cúpula del edificio se llega a una silenciosa piscina forrada de acero. Su agua es transparente como el cristal. El fondo despide un resplandor azulado. Hay que mantenerse a un par de metros del borde. Da escalofríos asomarse. A 13 metros de profundidad se dibujan las perfectas celdillas metálicas donde se aloja el combustible usado; los residuos nucleares. El agua sirve de refrigeración y blindaje contra sus radiaciones. Aquí están almacenados 25 años de desechos de alta actividad y larga vida. Peligrosos durante miles de años. Nadie sabe qué hacer con estas 600 toneladas de uranio. Ni con las 3.000 que reposan en otras siete centrales nucleares españolas. El tiempo corre. Y no termina de arrancar el Almacén Temporal Centralizado (ATC), el futuro gran cementerio nuclear español, cuya construcción autorizó el Parlamento. Mientras, en la central de Trillo (Guadalajara), los residuos han desbordado la piscina. Y ocupan unos contenedores cilíndricos forrados de acero, plomo y hormigón. Los expertos cifran en 6.700 toneladas los residuos de alta actividad que se producirán en España hasta 2030. Es el lado inquietante del negocio nuclear. Su peor legado.

En Francia, la gran potencia atómica europea, las empresas estatales reciclan ese combustible como parte de su lucrativo negocio nuclear y para autoabastecerse. Una cuestión estratégica en un país en donde el 80% de la electricidad es de origen nuclear. Y que posee un importante arsenal atómico. En Estados Unidos (cuyos modelos y tecnología predominan en las centrales españolas) rechazan esa práctica. El presidente Jimmy Carter (1977-1981) acuñó la doctrina de que el combustible procedente de la industria nuclear civil podría ser reciclado para fabricar bombas atómicas. Era mejor evitar esa tentación. Hoy podría ser el caso de Irán. Para evitar ese trasvase de combustible del uso civil al militar, todos los reactores del mundo están sellados con unos complejos precintos de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Y, según presenciamos en Cofrentes y Vandellòs II, vigilados por unas cámaras de color azul de esa institución de las Naciones Unidas. Se trata de que nadie manipule el combustible nuclear usado. Y que siga durmiendo en piscinas como ésta de Cofrentes. Hasta que alguien descubra qué hacer con él.

De nuevo, la mitología y las maniobras de distracción al servicio del lobby nuclear y sin contestación por parte de un periodismo entregado de antemano. Veamos. El asunto del reciclado que también sacó a colación la “experta” Ana Palacio en anterior desahogo a los cuatro vientos, que ya comentamos en nuestra web. Vuelta a decir que el combustible irradiado es reciclado en Francia por las empresas estatales. ¿Cuánto?¿Y cuánto en el resto del mundo? ¿Podrían dar ustedes porcentajes de lo que se está reciclando, si es tan fácil? De los 59 PWR de Francia, apenas 16 reactores han conseguido autorización (muy compleja por lo complicado de la operación) para realizar recargas parciales del combustible reutilizado, cosa que apenas sucede en el resto del mundo. Aunque Francia casi reprocesa todo su combustible gastado, la producción de residuos aumenta a tal ritmo que EdF necesita conseguir más licencias para que unos 28 más reactores puedan quemar este tipo de combustible. Y con el problema de que los 28 reactores franceses de 900 MW o los 20 reactores de 1.300 MW de potencia que ahora tienen la capacidad de operar entre el 20 y el 100% de su capacidad si se cargan con combustible MOX, no pueden funcionar al máximo de potencia y tienen que operar a 36 MWD/Kg en vez de a los 52 MWD/kg, porque ya en un experimento anterior, hubo una ruptura de una barra con material reutilizado en el reactor experimental de Cabri. O sea, que no se prevé  que las 48 centrales nucleares francesas mencionadas puedan recibir el permiso para actuar con combustible reciclado, porque si se les da, la potencia de sus centrales tendría que reducirse considerablemente y no podrían funcionar al máximo. ¿Por qué no ofrecen estos datos y se pasan el día con vaguedades positivistas y acomodadas a sus intereses comerciales y de marketing?

- ¿Qué pasa si me caigo a la piscina?

- ¿Sabe nadar? ¿Sí? No pasaría nada. Lo malo sería que ingiriera agua. Ahí tendríamos un problema. No se acerque mucho.

Que no cunda el pánico. Para los técnicos que nos acompañan, entrar en el edificio del reactor es lo más natural. Quieren transmitir esa impresión. Al final de la visita hay que pasar por unos controles que detectan la posible contaminación nuclear. Tienen el aspecto de modernas cabinas telefónicas. Te apoyas sobre sus pulidas paredes de frente y a continuación de espaldas. El sarcófago pronuncia una cuenta atrás. Y emite su veredicto: ¡Limpio! Suspiro de alivio. ¿Cuánta radiación hemos recibido durante una hora en el edificio del reactor? Un técnico observa la cifra que refleja nuestro dosímetro y sentencia con orgullo: "Como si hubieran hecho un viaje corto en avión o permanecido dos horas delante de la televisión". Lo dicho; lo más normal.

El mundo nuclear se alimenta de consignas. A favor y en contra. Durante más de dos décadas, el lobby (grupo de presión) antinuclear ha ganado la partida al pronuclear. "Los ecologistas comenzaron la guerra antes que nosotros. Han jugado con el miedo de la sociedad a lo desconocido. Han manipulado los incidentes. Han hecho mejor su trabajo", se queja un ejecutivo de la central Vandellòs, en la costa de Tarragona. El poderoso movimiento ecologista de Cataluña (y también del País Vasco) nació y se fue articulando en la década de los setenta en torno a las movilizaciones antinucleares. En Euskadi coincidieron con los años de plomo de ETA contra la central de Lemóniz. Ganarían la partida. A partir de 1984, la industria quedaría congelada en España. Y en esos años, en Suecia, Italia, Austria, Holanda y Alemania. En abril de 1986 estallaba Chernóbil. Freno y marcha atrás. En algunos países, como Italia, la industria desaparecería. En otros sobreviviría sin hacer ruido, como en España, donde aún proporciona cerca del 20% de la energía eléctrica. En Estados Unidos no habría ni un solo pedido de centrales desde finales de los setenta. En Wall Street, ningún inversor se ha atrevido durante dos décadas a meter un dólar en un sector con tan mala imagen e incierto futuro. Aún lo dudan.

Engañosa dicotomía. Parece como si los opositores a las centrales nucleares hubiesen dispuesto de un poder mediático no sólo igual, sino superior al de la industria, cuando han sido los propios desaguisados nucleares los que han frenado a los ciudadanos, a pesar de las intensísimas campañas durante décadas con las historias de los átomos para la paz y las consignas falaces de que la industria nuclear de uso civil no tenía nada que ver con la de uso militar, hasta que el caso de Irán les ha dejado este argumento con las vergüenzas al aire. Y se sigue silenciando que los inversores invierten, cuando consiguen que el Estado (esto es, todos los ciudadanos) se hagan con las responsabilidades y soporten su espantoso esquema de financiación y ellos se puedan quedar de forma asegurada con los beneficios.

En esta década, el escenario ha cambiado: el lobby nuclear ha hecho sus deberes. Y se comienza a manejar con arrogancia. Su argumento es que la energía atómica no contamina. Garantiza el suministro eléctrico y reduce nuestra dependencia del petróleo, el carbón y el gas y del chantaje de los Estados inestables que producen esos combustibles. Por contra, el uranio es más barato y se concentra en Estados civilizados como Canadá o Australia. La consigna es que la energía nuclear es imprescindible. La opinión pública ha comenzado a cambiar su tradicional rechazo hacia lo nuclear. "Ya hay casi tantos europeos a favor como en contra de la energía nuclear", escribía Luis Doncel en El País en febrero de este año. En esa línea, los propagandistas nucleares dicen que son necesarios 400 nuevos reactores hasta 2030. De ellos, una decena se debería construir en España, donde, según Teresa Domínguez, presidenta del Foro Nuclear (que agrupa los intereses del sector), "el mix perfecto de producción de electricidad debería ser un tercio nuclear, otro tercio con combustibles fósiles y el tercero con renovables. Necesitamos diez nuevas centrales. Y como es imposible tenerlas listas antes de 2030, no se puede clausurar ninguna de las actuales. Empezando por Santa María de Garoña (Burgos), en la que antes del 5 de julio el Gobierno tiene que decidir si renueva su licencia de explotación por un periodo de diez años o la cierra. Lo que sería un atropello".

Ahora viene el consabido argumento de que las encuestas empiezan a estar a favor de la industria nuclear. Seguramente, no se les ocurre pensar que las encuestas o estadísticas están en la pirámide por encima de las mentiras y las grandes mentiras (Benjamin Disraeli) y el mecanismo se lo debe haber enseñado el aquí citado Felipe González, cuando con las encuestas del CIS en una mano y el palo/zanahoria de que para entrar en la UE hacía falta entrar en la OTAN, nos metió de rondón en esta organización, convocando el referéndum solo cuando estuvo seguro de que el palo/zanahoria repetidamente manejado, había conseguido retorcer la muñeca de la voluntad popular, inicialmente muy en contra de entrar en una alianza militar hasta conseguir mayoría para sus propósitos. Aquí es lo mismo y esta sospechosa frecuencia creciente de artículos polarizados en prensa sobre el tema así lo atestigua.

Y luego viene la gran falacia. “Los propagandistas nucleares”, que no se identifican nunca, pero tienen, como se ve, un acceso tremendo a los grandes medios, opinan que son necesarias 400 centrales nucleares nuevas. Otro pronuclear decía hace poco en Palma de Mallorca que había unas 40 en construcción y hasta 200 en proyectos (la mayoría en planos incipientes en oficinas cerradas). Y aquí es donde viene la pregunta del millón: Si hasta los pronucleares aseguran que se conforman con entre 200 y 400 centrales nuevas y las 440 centrales nucleares de la actualidad aportan apenas el 6% de la energía primaria mundial y además casi la mitad de las existentes tendrán que cerrar en las próximas dos o tres décadas ¿cómo demonios puede titular este suplemento tan alegremente y en portada, si no es con aviesas intenciones, una pregunta como la de ¿Y si la atómica fuera la energía del futuro? En primera página? ¿Cómo pueden ser tan superficiales y tan falaces?

En los últimos años ha surgido una nueva y orgullosa generación de ecologistas nucleares en torno a un negocio de un billón de euros. Cada semana llega al mercado un nuevo libro abogando por lo atómico. La publicidad de la industria muestra verdes praderas, arroyos cristalinos y linces en libertad. China y la India han encargado 40 reactores. Rusia tiene ocho en construcción. En Estados Unidos se han firmado una docena de proyectos durante la Administración de Bush. Los países árabes quieren centrales. Y los latinoamericanos. Suecia se las replantea. El Reino Unido apuesta por ellas, pero, advierte, sin el dinero del Estado. Berlusconi habla de fulminar la decisión que tomó Italia en referéndum en noviembre de 1987 de acabar con la industria atómica. Y afirma que construirá cuatro centrales con los franceses. Incluso Felipe González, el presidente que en 1984 firmó la moratoria nuclear, en su actual posición de responsable del Grupo de Reflexión sobre el futuro de la Unión Europea, ha afirmado: "Es un error dramático que no se quiera debatir la energía nuclear; a favor o en contra, pero lo esencial es tener un debate. La UE no puede estar aislada ni excluirse del debate de la energía nuclear, sobre todo cuando cada vez habrá más países que recurran a este tipo de fuente energética. Se me interpretará que la defiendo, aunque creo que es más razonable que otros usos, pero ése no es el problema; el problema no es el uso, sino que se discuta". Los tiempos han cambiado. La decisión está sobre la mesa. En el Ministerio de Industria nadie parece saber nada sobre la prolongación de la vida de la vetusta central de Santa María de Garoña. Ni sabe ni contesta.

Increíble e inconcebible el grado de manipulación de los medios. Vayamos por partes. Uno, China e India tienen en construcción menos reactores de los afirmados; eso de “encargar” es algo muy elástico. Estados Unidos no tiene pensado hacer ni uno, si no se resuelven los problemas financieros y de responsabilidad civil a espadas ajenas a las de los inversores. Los países árabes quieren centrales, si, y sobre todo, los que se las pueden pagar, que son los principales países productores/exportadores de petróleo. Pero los apologistas de la contabilidad a favor, se olvidan en este caso del caso persa o iraní y del grave problema de la proliferación y no se preguntan aquí (luego lo hacen rasgándose las vestiduras en otros foros, para que no se vinculen ambos asuntos; ahora se trata de listar adeptos) por qué países con exceso de petróleo, piden centrales nucleares. Berlusconi viola un mandato popular que fue el referéndum (la votación más popular que existe en democracia) para no poner centrales perdido por un gobierno que quería ponerlas e hizo lo posible por ganarlo y ahora las mete por decreto. Muy democráticos estos demócratas de toda la vida. De Felipe González ya da cuenta más adelante Marcel Coderch.

La playa de la Almadraba, en Hospitalet de l'Infant, está desierta. Se cierne sobre ella la cúpula de la central de Vandellòs. Una lancha de la Guardia Civil vigila que ninguna embarcación cruce la zona de exclusión marítima en torno a sus instalaciones. Aquí nos ha citado Eloi Nolla. Un veterano activista de Ecologistas en Acción. Ha participado en todas las batallas antinucleares de los últimos 35 años. "Y han sido muchas. El franquismo nos puso aquí cuatro reactores, los dos de Ascó y los de Vandellòs, pero conseguimos parar otros tantos. No teníamos mucha información, pero Alemania fue nuestro ejemplo. Allí los verdes se opusieron desde el principio y no eran terroristas de extrema izquierda, sino burgueses de clase media que querían calidad de vida. En Alemania hay un calendario para el fin de las nucleares. Y es lo que queremos en España: un calendario. Si el Gobierno lo fija, podríamos hablar de todo. Hasta de construir el Almacén Temporal Centralizado. Todo para que no se hipoteque el futuro del planeta"

- ¿Están convencidos de que las centrales son malas?

- Lo vimos en Chernóbil. Matan. Hubo más de 4.000 personas que murieron. En Tarragona no podemos hablar del impacto sobre la salud, porque no hay estudios epidemiológicos. Pero una nuclear no crea tranquilidad; es un retroceso para la economía y se carga el turismo. Y no hay que dejar de lado la contaminación térmica y radiactiva del agua que refrigera el reactor y vuelve al mar. En Ascó y Vandellòs siempre hay algún incidente grave; cuando no es un incendio, es un escape de partículas contaminadas como el año pasado. Y no podemos olvidarnos del accidente de Vandellòs I, en octubre de 1989, que pudo ser nuestro Chernóbil. A punto estuvo de haber un escape de agua y gases contaminados hacia el exterior. No tenía edificio de contención. Se activaron los protocolos de emergencia 50 kilómetros alrededor de la central. Hubo una rebelión popular y en mayo de 1990 el Gobierno la cerró definitivamente. Fue una victoria. Era la primera central que se desmantelaba en España. Tenía 17 años. Y una licencia hasta 2003. Y la cerraron.

A un par de kilómetros de esta playa, una extraña construcción en mitad de un secarral esconde el enorme hexágono de hormigón de 57 metros de altura que albergó el reactor de Vandellòs I. La central fue desmantelada entre 1998 y 2003. Su combustible, descargado y enviado a Francia en los llamados trenes de la muerte. Todas las instalaciones demolidas y 1.763 toneladas de materiales contaminados remitidas al cementerio de residuos de baja y media actividad de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos en El Cabril (Córdoba). Pero no ha acabado todo aún. El cajón del reactor deberá permanecer herméticamente sellado en un proceso de latencia que durará 25 años. Y desde una ventana emplomada perforada en un muro de 70 centímetros de espesor es posible contemplar las 1.100 toneladas de grafito contaminado almacenadas junto al esqueleto del reactor. Conservarán su radiación 5.000 años. Nadie sabe qué hacer con ellas.

Pues si todos los problemas están resueltos, ¿por qué no nos dicen cómo resolverán el problema de los 5.000 años de peligrosidad de estos elementos? ¿Por que no lo resuelven antes como principio de precaución y luego nos lo echan en cara a los antinucleares y no al revés; esto es, que tenemos que creer que lo resolverán y seguir engordando el problema?

Es la herencia de Vandellòs I. Comenzó a operar en 1972 y fue el orgullo del desarrollismo. En el que estaban embarcados los prohombres del régimen. A comienzos de los setenta, la energía nuclear era un ejemplo de progreso. Batas blancas y prestigio internacional. Propaganda para el régimen. España crecía. Necesitaba energía eléctrica. Y el Estado promovía y avalaba la construcción de las centrales. Las que siguen en pie fueron concebidas en los estertores del régimen de Franco. Todo como la seda. Hasta la crisis del petróleo de 1973.

Cuando se realiza un reportaje sobre la energía nuclear la cuestión es encontrar a alguien de centro; que no pertenezca a un bando ni a otro. Lo más aproximado puede ser Marcel Coderch, un ingeniero formado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts que hoy ocupa la vicepresidencia de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. "Vivimos una continua ceremonia de la confusión. Y aquí lo importante es saber por qué se dejaron de construir las nucleares y si han cambiado esas condiciones. Y lo que nadie cuenta es que los motivos por los que se abandonaron fueron económicos. Hasta 1973, la tasa de crecimiento de consumo eléctrico en Occidente estaba en torno al 7% anual y ése era el reto que había que acometer. Se necesitaban nucleares. Y llega la crisis del petróleo, la recesión, y se pasa de ese crecimiento del 7% a cifras negativas. Las centrales existentes ya superaban esa capacidad. No había que construir más. Además, con una inflación desatada, los tipos de interés se colocaron en el 17%. Una nuclear necesita mucha inversión, puede costar 5.000 millones de euros, y si los tipos son altos y no está detrás el Estado, el kilovatio deja de ser competitivo. Se cancelaron muchos programas. En Estados Unidos no se han encargado en décadas".

- ¿Y en España?

- Fue peor. Aquí los tipos de interés altos se agravaron con un tipo de cambio con el dólar que nos desfavorecía. El Estado avalaba los créditos y se iban a construir el doble de centrales. Pero ya no hacían falta. Cuando el PSOE llega al poder en 1982 se encuentra ese panorama. Las eléctricas, al borde de la bancarrota. Y ocho centrales iniciadas. Ahí se larva la moratoria nuclear. Que tiene un cariz económico que el PSOE viste de político, porque había que indemnizar a las eléctricas con 700.000 millones de pesetas por las seis nucleares cuya construcción se iba a parar. Y lo tenían que pagar los ciudadanos en el recibo de la luz. Era mejor para el Gobierno pasar por ecologista que por defensor de las eléctricas. Se vistió una decisión económica con un tinte ecológico.

- ¿Y ahora?

- La incertidumbre es total. Hay un interrogante mundial. Y mucha declaración de intenciones, muchos apretones de manos, pero ningún contrato en firme en Occidente. Se están construyendo en China y la India y Rusia, pero ya sabemos cómo funcionan allí las cosas. Aquí no hay que precipitarse en un sentido ni el otro. El renacimiento nuclear puede ser la alternativa, pero no hay que precipitarse. Será largo y lento. Puede que en 2016 haya cuatro o cinco proyectos en EE UU, y si se cumplen en plazo y presupuesto, quizá se reactive. En España hay que tener un plan B. Un escenario fijado en torno a 2020 para ver si se pueden sustituir las nucleares por renovables. Y si van a ser rentables. Y si tiene que estar el Estado detrás. Pero no precipitarse en cerrar ni precipitarse en encargar otras 10.

Buena explicación de Marcel Coderch sobre el verdadero origen del parón nuclear en España. Para sacar algunas conclusiones con lo que pueden ser las caídas de la demanda eléctrica por la crisis financiera actual.

Durante las largas vacas flacas del negocio nuclear, sólo dos países, Japón y Francia, apostaron por seguir adelante. Fue una apuesta estratégica. De consumo interno. Hoy, Japón tiene 55 reactores en servicio y dos en construcción, y nuestros vecinos, 59 y uno más en construcción. Francia cubre mediante empresas públicas, especialmente Areva, un consorcio con 76.000 empleados en 110 países, todo el abanico del negocio nuclear: desde la fabricación del combustible hasta el diseño, edificación y mantenimiento de los reactores y las centrales, y el reproceso del combustible usado. Ana Palacio, vicepresidenta de Areva, describe (con su particular sentido del humor) su empresa: "Somos igual que Nespresso: hacemos el café; lo metemos en la capsulita; fabricamos la cafetera; recargamos las cápsulas gastadas y reciclamos los posos de café". Palacio, que fue ministra de Exteriores con Aznar y vicepresidenta del Banco Mundial con Wolfowitz, recaló en la pública francesa hace un año. Su cometido son las relaciones internacionales. Abrir puertas. Convencer a los poderosos de que la opción del futuro es la nuclear. Algo que ya hizo su hermana, Loyola de Palacio, en su puesto de comisaria europea de la Energía (1999-2004), abogando por la energía atómica.

Las hermanas Palacio, con Ana recogiendo el testigo de su difunta hermana Loyola, son verdaderas abanderadas del negocio nuclear. Y sobre todo, Ana es muy conocida por sus declaraciones hechas con buen tino y finura, como cuando declaró apenas tres días después de la invasión de Irak que ”la guerra había hecho subir a las Bolsas y bajar el precio del petróleo”, siendo ministra de Exteriores de un gobierno activamente involucrado en aquella guerra de agresión. Ahora nos compara el negocio nuclear con el café que promociona el famoso actor George Clooney. Solo le ha faltado decir que los posos, a los que compara con los residuos radiactivos que se reciclan, además desatrancan las cañerías. Gloriosa vicepresidente de Areva.

Ella sigue su estela. Aunque le suponga renegar de los negacionistas de la derecha neocon que cuestionan el cambio climático. Sabe que el mejor argumento a favor del negocio nuclear es que no agrava el calentamiento global. Y hay que cuidarlo.

Otra vueltecita de tuerca a que el negocio nuclear es de “cero emisiones”, algo totalmente falaz.

"Lo importante es que haya un debate en los tres ámbitos que preocupan a la gente: la seguridad, la proliferación de armas nucleares y los residuos", explica Palacio. "Y nosotros tenemos respuestas satisfactorias para cada una. Decimos que la energía nuclear es segura y no contamina; es una forma de energía autóctona; en la que precio del uranio tiene una incidencia muy pequeña en el precio de la energía; con seguridad de suministro; constante y predecible de precio. Y, además, reciclamos el combustible. Y cabe en una cancha de fútbol. La energía es el hilo conductor de la globalización; y si se pretende que la globalización sea un éxito, tiene que haber electricidad para todos y, además, ser viable para el planeta. La energía nuclear no es la solución al cambio climático, pero no hay solución contra el cambio climático que no cuente con la energía nuclear".

Pues si, lo importante es que haya debate y no imposición gradual, metódica y bien calculada de posiciones favorables a volver al negocio nuclear con reportajes polarizados como el que nos ocupa, que titula, capaces de inyectar en el mismo tres veces que “no contamina” que es absolutamente seguro y que se recicla (como si fuese en su totalidad). Y que todos los residuos caben en una cancha de fútbol, que son como pastillitas inocuas y que van bien selladas como la ración de Nexpresso. Algunos esperamos debates más serios y mejor documentados que todo esto. Y si producir un 6% de la energía primaria va a hacer nuestro planeta y nuestra forma de vida viables. Hay que fastidiarse.

Areva, que pretende hacerse en las dos próximas décadas con un tercio del mercado de centrales nucleares en todo el mundo (en torno a 60 reactores hasta 2020), está basando su estrategia comercial en el nuevo reactor EPR, que construye para la finlandesa Olkiluoto. Esta central, la primera que se inicia en Occidente en décadas, iba a ser su escaparate y banco de pruebas. Un símbolo del renacimiento nuclear. Sin embargo, los problemas se están acumulando en Olkiluoto. El precio de la central se ha disparado al doble de lo presupuestado. Y ya se prevé un retraso de tres años. Un desastre para su imagen. Según un ingeniero nuclear, "con la incertidumbre que se vive en nuestro sector, las empresas tienen que dar precios cerrados para ser competitivas. Ofrecen un precio atractivo al cliente aunque pierdan dinero. Areva pidió a los finlandeses 3.000 millones de euros por el EPR. Finlandia hizo cálculos y le pareció bien. Era un precio artificial. Y Areva (es decir, el Estado francés) tiene que provisionar 2.000 millones más porque se ha pasado del presupuesto inicial. Y los finlandeses ya están pidiendo indemnizaciones. Con ese panorama, ¿quién se va a comprar una nuclear? Si Olkiluoto no sale bien, es difícil que otros países se metan en ese lío".

Volvamos al asunto, que merece la pena resaltar. Todo el reportaje supura que la energía nuclear será la energía del futuro y resulta que cuando dan algún dato escaso, todo el programa aparece que será de unas 180 centrales en las dos próximas décadas, si siguen con la matraca (un tercio de ellas espera llevarse la empresa pública francesa como negocio; esto es lo que es para ellos: un negocio a largo plazo, aunque ahora sea una ruina). Habrá que volver a repetir una y otra vez, como hacen los pronucleares en todos los artículos: Regla de tres. Si 440 centrales nucleares aportan el 6% de la energía primaria mundial y va a haber que cerrar precisamente unas 180 centrales existentes en dos o tres décadas, por fin de ciclo de vida ¿por qué ese soniquete de que son los salvadores del futuro energético del mundo? ¿Por qué ese silencio ominoso de esta industria de que el petróleo y el gas están a punto de llegar a su cenit de producción mundial?

Ajenos a la alta política internacional, en la factoría de Areva en Chalon Saint Marcel, entre viñedos de Borgoña, construyen el reactor que irá a Finlandia, otro idéntico para la central nuclear de Flamanville, en Francia, y un tercero destinado a China. No hay tiempo que perder. La visita a esta enorme fábrica proporciona una buena ocasión para ver de cerca el corazón secreto de una central. Tarda cuatro años en fabricarse. La vasija del reactor es una caldera de 13 metros de alto, cinco de diámetro y 552 toneladas de peso fabricada en acero de 25 centímetros de grosor tan pulido como un espejo. Albergará durante 40 años el milagro de la fisión nuclear. 40 años. Es la vida que auguran los técnicos de Chalon Saint Marcel a su reactor.

La misma edad que está a punto de cumplir la central española de Santa María de Garoña, que comenzó a operar en octubre de 1970. Garoña es un símbolo. Nos dará pistas del sesgo que el Gobierno socialista quiere imprimir a su política nuclear (y energética) de los próximos años. Una decisión puramente política. El 5 de julio, el Gobierno o cierra Garoña o renueva su licencia por 10 años más. Una iniciativa, prolongar la vida de las centrales, que se está practicando masivamente en Estados Unidos. Es más barato y menos arriesgado que construir nuevas centrales. Medio centenar han visto prolongada su vida desde los 40 hasta los 60 años. En esa línea, todas las centrales españolas están acometiendo inversiones para mejorar su seguridad interna y externa, reducir la producción de residuos y evitar la corrosión en los reactores. El objetivo es prolongar al máximo la vida de unas instalaciones que ya están amortizadas y dan mucho dinero. Para Marcel Coderch, si cierran Garoña, no pasa nada; será como fijar un calendario, y cuando las siguientes centrales españolas lleguen a los 40 años, ya sabremos que irán cerrando. Y si alargan su vida hasta los 60 años, tampoco pasa nada; pero tienen que saber que juegan con fuego. Y que un accidente en una central a la que hayan prolongado su licencia se cargaría la industria nuclear mundial durante décadas. Sería peor que Chernóbil.

Un búnker subterráneo en la sede del Consejo de Seguridad Nuclear en Madrid acoge la Sala de Emergencias (Salem). Desde aquí se controla lo que ocurre en cada instalación atómica de nuestro país. Cualquier incidencia o parada. Tiene conexiones con las centrales, fábricas de combustible y cementerios; los servicios meteorológicos, Protección Civil, las subdelegaciones del Gobierno y la célula de crisis de la Presidencia del Gobierno. En caso de desastre nuclear, este recinto quedaría activado, recibiría toda la información y centralizaría una respuesta inmediata. Hay dos funcionarios 24 horas al día, 365 días al año. Esta sala es el mejor reflejo del laberinto nuclear. El dilema continúa.

Seguramente el CSN y la “célula de crisis” de la Presidencia de Gobierno, podrán explicarnos como sería la respuesta inmediata que darían a los supuestos de una central nuclear sometida a un ataque terrorista con destrucción del núcleo o dispersión de los residuos de alta actividad de las piscinas. O a un bombardeo (ya ha habido una central nuclear bombardeada y destruida, aunque no tuviese la carga inicial dentro y hay cada vez más frecuentes amenazas de bombardeo de instalaciones nucleares por todo el mundo, sobre todo de israelíes hacia sus vecinos o de los estadounidenses hacia Irán). Por poner sólo dos ejemplos de lo que puede suceder con estos sistemas tan infalibles.

Fin del artículo publicado en El País y de los comentarios de Pedro Prieto.

Por su parte, el diario español Público presentó otro artículo el pasado 28 de marzo, firmado por Andrés Pérez,  con fondo y forma bastante diferente al de El País, titulado "La fiebre del uranio ha comenzado", que tampoco nos resistimos a comentar.

La fiebre del uranio ha comenzado

Los nuevos reactores nucleares buscan su futuro combustible. Sarkozy viaja a Níger para garantizar a Areva una mina en pleno desierto.

En el desierto del norte del Níger falta agua y sobra uranio. Uranio, que el gigante nuclear francés quiere explotar para facilitar una nueva edad de oro atómica. Pero, para extraer ese mineral en pleno desierto, hace falta agua, mucha agua, implicada en la fabricación del yellow cake, el uranio mineral concentrado. ¿Cómo darle agua en pleno desierto, cuando Occidente nunca movió un dedo para proporcionársela a la población local? Ese problema industrial, estratégico y de opinión pública es el que intentó ayer resolver en la capital nigerina el presidente francés, Nicolas Sarkozy.

El jefe de Estado galo visitó Niamey acompañado por la presidenta de la firma Areva, Anne Lauvergeon, para intentar dar, en reuniones con el presidente nigerino Mamadou Tandja, el impulso definitivo, al proyecto de la mina de uranio de Imouraren, en el norte de Niger.

Un día antes, Areva y el Gobierno de la República Democrática del Congo habían firmado, con ocasión de la visita del propio Sarkozy a Kinshasa, un acuerdo que otorga al grupo francés Areva el derecho a efectuar prospecciones en busca de uranio en todo el inmenso territorio del país, en guerra civil larvada. Según los expertos, Congo tiene “un potencial uranífero significativo”.

Lo decíamos en el artículo que escribimos sobre el Plan Solar Mediterráneo de Sarkozy y ahora aquí se puede repetir con mucha más claridad: cuando un dirigente de un país desarrollado visita a un país en desarrollo (que pugna por el desarrollo), lo más juicioso, a la vista de los objetivos a perseguir por el poderoso, sería que los que quieren desarrollarse se tentasen la cartera y se pusiesen contra la pared.

Y es que esta nueva era de resurrección nuclear, con países como Italia o Suecia que ya han anunciado la construcción de nuevas centrales, necesita combustible. Y Francia, la mayor potencia nuclear del mundo, quiere ser quien controle ese oro negro atómico. Las reservas conocidas de uranio aumentaron un 15% entre 2005 y 2007 gracias al incremento de la actividad minera. Australia tiene gran parte de las reservas de uranio fácilmente extraíble (23%). Níger tiene el 5%.

Como siempre, hay que repetir el mantra o la letanía para los que somos de pueblo, una y otra vez: hay renacimiento nuclear ¿se enteran?

Areva, número uno

El yacimiento nigerino, de hecho, contiene una de las principales reservas conocidas del mundo. Por él, Areva está dispuesta a invertir 1.200 millones de euros. A partir de 2012, según planea la empresa, el lugar se convertirá en la segunda mina de uranio a cielo abierto del mundo, colocará a Niger como segundo exportador mundial, y garantizará a la firma francesa, actualmente en apuros, su consolidación definitiva como número uno del ciclo del combustible nuclear.

El negocio no está nada mal. En un sitio se dice que un reactor nuclear son entre 4 y 5.000 millones de euros y resulta que el 5% de las reservas mundiales de uranio apenas cuesta 1.200, que pone el que se lo lleva y por supuesto, se lo lleva después, dejando los estériles en Níger. ¿No es un negocio redondo (para los franceses, claro)?

Según lo planeado por Areva, sí. Pero no forzosamente es la realidad futura, porque los tuaregs del norte del Níger, confederados con los de todos los otros países de la región, no son gente que se deje hacer fácilmente. Enterados de la auténtica fiebre del uranio que recorre el planeta y de la subida de los precios mundiales, los tuareg empezaron a exigir no sólo su tajada, sino el respeto de sus tierras, reconocido por la declaración de la ONU sobre los pueblos autóctonos.

El Movimiento de los Nigerinos por la Justicia (MNJ) retomó hace dos años una rebelión armada y le puso las cosas muy difíciles al gigante francés, a las firmas competidoras chinas y al Gobierno de Niamey. Un incidente puso los pelos de punta a Areva: el secuestro en junio pasado de cuatro ejecutivos franceses, que luego fueron liberados.

Pobres tuaregs, la que les ha caído encima. No hay peor castigo divino que dotar a una región de recursos imprescindibles para los poderosos.

En octubre, Thierry d’Arbonneau, director de seguridad de Areva y ex almirante de la fuerza nuclear militar del Ejército francés, perdió los nervios y dijo en público en París lo que un militar sabe que sólo debe decirse en el secreto de una negociación con amenazas: “Hay que dar al Ejército nigerino los medios de aplastar la rebelión de los tuareg, esos hombres azules” que “no son más que una ilusión”, “arrebatan el corazón de las mujeres” y “quieren impedirnos que excavemos la tierra”.  

El almirante francés y director de seguridad de Areva, no tiene desperdicio. Al parecer, exactamente igual que los residuos que gestiona su empresa. Negocia con amenazas y llama a los tuaregs ligones azules que nos les dejan a los pobres franceses excavar la tierra (de los tuaregs, por supuesto). Pero qué malos son estas gentes, va a haber que declararlos terroristas también. Que se sepa, este tipo todavía no ha sido ingresado en un psiquiátrico, ni por supuesto, destituido del cargo. Cosas del país cuna de la liberté, egalité y fraternité y los derechos universales (hasta que les toca alguien las narices).  

En esas palabras, pronunciadas durante un coloquio de la patronal francesa, la asociación tuareg Alhak en Akal y la alemana Menschenrechte vieron un presunto delito de “incitación al odio racial”, sancionado con penas de cárcel en Francia. D’Arbonneau, número cuatro virtual de Areva tras Lauvergeon y la española Ana Palacio, fue objeto de una primera vista en el tribunal correccional de París por “incitación al odio racial” anteayer. Los parlamentarios franceses del grupo Verde, del PCF y del Partido de Izquierda (PG), por su parte, han solicitado una comisión de investigación.

Los verdes franceses y el partido de izquierda también se han pasado pidiendo una “Comisión de Investigación” por las declaraciones del almirante francés. Lo de hacer comisiones de investigación es todo un invento.

La seguridad de la explotación es la obsesión de las autoridades francesas. “Se trata de un país que ya tiene problemas de desertificación, y Areva va a tener que captar yacimientos de agua fósil. El átomo francés condenará toda la región a la devastación para siempre, con las consiguientes tensiones”, explicó en una rueda de prensa la europarlamentaria ecologista Hélène Flautre.

El agua es el talón de Aquiles del proyecto. Lavar en al menos dos operaciones diferentes los bloques de mineral de uranio extraído es condición indispensable para poder acondicionar el mineral materia prima. Oficialmente, Areva afirma que no va a ocurrir nada. “En los 40 años de explotación de la mina, las necesidades industriales exigirán unos 500 millones de metros cúbicos de agua, en su mayoría agua fósil”, situada a unos 170 metros de profundidad, explicó a Público la dirección de la firma. “Eso representa sólo entre 6% y 7% del agua que hay allí”, añadió la misma fuente.

Otros directivos manejan en público cifras ligeramente diferentes, pero la consecuencia es la misma. Areva, durante 40 años de beneficios en Níger, nunca ha construido una red de agua potable para todos los habitantes de este país, uno de los más pobres del mundo. Por el contrario, ahora, para el uranio, sí se dispone a bombear agua de una capa fósil en una zona desértica.  

Y no le da vergüenza a Areva reconocer que se va a llevar por delante las reservas de agua de un país que las tiene bajo su suelo y no las puede alcanzar y que en vez de utilizarlas para la población, las utilizará para el lavado del mineral. No le da vergüenza, anoten. No le da ni vergüenza, ni cargo de conciencia a la Sra. Ana Palacio. Ni a todos los de su empresa.

Un segundo problema amenaza el Eldorado uránico de Areva: la región es geopolíticamente inestable, y sacar el mineral de un punto cercano a la frontera libia no es una broma. Lo fácil sería llevar el preciado uranio hacia Francia pasando por Argelia, pero entonces ¿cómo seguir repitiendo el lema preferido de Nicolas Sarkozy, a saber, que la energía nuclear garantiza la independencia energética?

La solución barajada por Areva y más segura actualmente es basarse en las rutas ya empleadas para otras minas menores de la región del norte de Níger. Eso significa llevar el mineral para un auténtico Africa Radiactive Tour por carretera y tren hacia los puertos del sur.

Pues nada, la cosa es sencilla. Si la única preocupación que hay en el área, a decir del articulista, es que es “geopolíticamente inestable” se la estabiliza a bombazos, como a Irak o a Afganistán y aquí paz y después gloria, faltaría más. Y luego se organiza el Rally París-Niamey, pero a la inversa y con el mineral de uranio ya lavadito y limpito de toda excrecencia. El plan, como dicen en las escuelas de negocios del capitalismo es “ambicioso, pero realizable”. Es para ponerse a hacer pipí y no echar gota.