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Cinco años de Crisis Energética en la web

  • viernes, 03 octubre 2008 @ 08:55 CEST
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Artículos Hace hoy exactamente cinco años que esta página web se dio a conocer. Lo hacíamos con estas palabras:
Inauguramos Crisis Energética, aún en periodo de pruebas, dando la bienvenida más cordial a todos los visitantes. Queremos que Crisis Energética se convierta en un punto de encuentro para todos aquellos interesados en los retos energéticos a los que se enfrenta el planeta en este siglo XXI: ¿cómo compaginar el desarrollo con la creciente demanda energética? ¿qué energías serán las que solucionen esa demanda? ¿con que sustituiremos los combustibles fósiles? ¿es compatible la idea de crecimiento infinito con una sociedad sostenible? Estas y muchas más cosas serán tratadas desde Crisis Energética.
Ese mismo día, el barril de Brent cotizaba en el cierre a 29,14$. Durante todo este tiempo, el precio del barril se ha más que triplicado, y aquellos más escépticos y complacientes con el futuro del petróleo, como la Agencia Internacional de la Energía, han ido cambiando su postura, hasta llegar a extremos impensables hace unos años: "dejemos el petróleo antes de que este nos deje a nosotros", clamaba Fatih Birol, economista jefe de la agencia.

El pico o cenit del petróleo no es la excéntrica teoría de un grupo de geólogos jubilados, ni tampoco es el preludio del fin de la civilización. El futuro no está escrito, pero la construcción de un futuro viable pasa por el reconocimiento de fenómenos como el cenit del petróleo o el cambio climático. En estos cinco años se han puesto de manifiesto al menos tres aspectos de la realidad que deberán ser tenidos en cuenta: la crisis energética, la crisis ecológica y la crisis del modelo económico. Las tres están relacionadas, y ninguna de ellas puede ser superada sino tenemos en cuenta las interrelaciones que se dan entre éstas.

En un mundo que vacila entre la sobredosis de información y la falta de atención, es difícil centrar las prioridades. 2007 fue el año en que el cambio climático recibió la mayor atención de medios de comunicación de masas y organismos políticos. La primera mitad de 2008, gracias a una espectacular escalada del petróleo que llegó hasta los 147$ el barril, fue, en cierta medida, el punto que el cenit del petróleo más cerca ha estado de ser una "noticia global". Estos últimos meses, gracias a la crisis de la banca de inversión estadounidense (una crisis autoafligida por su codicia sin fin), el sistema económico global se ve seriamente amenazado. Esto ha afectado también al precio del petróleo, que ha descendido (que no desplomado) hasta niveles de hace un año, por las expectativas de la caída de la demanda.

Ahora, la atención está puesta en la salud financiera de la economía mundial, y de ésta dependerá también en gran medida lo que va a suceder con el petróleo. El equilibrio precario entre demanda y producción de crudo, tensionado al máximo por un lustro de fuerte crecimiento de la demanda va a verse equilibrado momentáneamente por la contracción de esta. Pero el efecto de la crisis financiera sobre el futuro del petróleo no se detiene aquí. Una recesión económica mundial provocará una caída de la demanda y del precio del petróleo, pero difícilmente vamos a ver precios sostenidos similares a los que acompañaron el nacimiento de esta web. La demanda puede fluctuar, pero los principios físicos del agotamiento del petróleo no se detienen por las crisis económicas. De hecho, cabe esperar que se agraven. En estos últimos cinco años, los altos precios del petróleo han provocado que se dispare la demanda de infraestructuras de extracción de petróleo en todo el mundo: se ha perforado más que nunca para extraer más petróleo, aunque la producción se ha mantenido prácticamente plana. La situación que se puede desarrollar a partir de ahora representa una nueva lucha entre fuerzas diversas. Por un lado, el agotamiento de los yacimientos que la extracción petrolera de unos 86 millones de barriles diarios provoca es de un 5% anual (aproximadamente, las cifras bailan entre el 8% que da Schlumberger y el 4,5% de CERA, la AIE lo estima en un 5%). Esto quiere decir que cada año se necesitan del orden de 4,5 millones de barriles diarios de nueva capacidad, solo para mantener la producción plana. Cuanto más baje la demanda, más fácil será compensar el agotamiento para mantener la extracción. Teniendo en cuenta que la capacidad de extracción ociosa se ha reducido prácticamente a cero excepto en Arabia Saudí, el respiro de la demanda podría ayudar a que el colchón en caso de problemas fuese mayor, y el mercado petrolero gozaría de mayor estabilidad frente a posibles interrupciones en el suministro (huracanes, conflictos geopolíticos, accidentes, etc). Pero al mismo tiempo, como hemos visto en estos últimos años, el sistema petrolero está poniendo toda la carne en el asador para cubrir la demanda, hasta los viejos pozos petroleros tejanos operados en el patio trasero se han puesto a trabajar. Y esto ha sido posible porque los precios así lo han justificado. De la misma manera, el auge de los líquidos no convencionales, como las arenas asfálticas del Canadá o el etanol en EE.UU. podría desvanecerse si el precio del petróleo desciende demasiado. El coste del barril marginal, el barril que completa la oferta, se ha pagado muy caro durante este tiempo, y si este desaparece volveremos a entrar en otro ciclo en el que se destruye la capacidad petrolera: cuando se vuelva a necesitar el precio deberá subir de nuevo para justificar la inversión. De hecho, Nabuo Tanaka, director de la AIE, ha declarado recientemente que la capacidad global de producción de petróleo será insuficiente después de 2013, ¿qué caerá más, la demanda o la capacidad de producción?

Intentar predecir qué sucederá a partir de ahora, teniendo en cuenta la convergencia de crisis, de hecho cabe hablar de una crisis sistémica, de múltiples facetas que se retroalimentan entre sí, es casi una tarea imposible. Sabemos, no obstante, que debemos iniciar un difícil camino de transición energética, para evitar ese futuro que según la AIE se presenta como "sucio, inseguro y caro" en lo tocante a la energía. A modo de comparación, y según la AIE, las inversiones necesarias para asegurar ese futuro energético (aunque no para todos, la pobreza energética para 2.000 millones de habitantes del planeta no desaparecerá ni aún materializándose estas), son de 800.000 millones de dólares anuales hasta 2030, 100.000 millones de dólares más que el plan de rescate financiero para los EE.UU., cada año, hasta el 2030. Y para recorrer ese camino con garantías, además de dinero, hace falta también seguridad en el suministro energético (dado que para mantener y aumentar un fuerte crecimiento exponencial de las renovables necesitaremos todavía mucho carbón, gas natural y petróleo).

El aumento de los costes en las inversiones energéticas en los últimos años es la manifestación económica de otro fenómeno físico: la disminución del rendimiento energético de las fuentes energéticas no convencionales y alternativas. El mundo que conocemos (al menos en los países industrializados) tiene sus cimientos hechos de petróleo, carbón y petróleo. Construir un nuevo sistema al margen del viejo sistema es imposible, el cambio debe ser gradual, pero urgente. ¿Cual de las tres crisis, climática, de recursos energéticos o financiera será la primera en entorpecer la necesaria transición? La respuesta solo puede ser incierta, de nuevo. Quizás sea difícil diseñar esa transición, pero al menos podemos explorar con claridad qué cosas deberíamos dejar de hacer para, al menos, no empeorar las cosas.

El trabajo de esta web, y de la asociación que nació como un simple paraguas legal para hacer más fácil su gestión, pues, no ha hecho más que empezar.