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Petróleo: valor y precio

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Artículos Ha aparecido en la sección de economía del diario “La Vanguardia” de hoy un extenso artículo de Mariano Marzo referente al precio del petróleo en la actualidad. Incide en lo que significa en realidad pagar barato una energía que nos da tanto, pero que pese a ello se insiste en mirar sólo el precio y no el valor que tiene.

Es, pues, de necios confundir valor y precio, como decía el poeta. Nos propone un ejercicio sencillo para entender esto y comprobar que el petróleo vale mucho más de lo que pagamos por él y que, por tanto, no deberíamos malgastarlo ni ser tan dependientes. No, el petróleo no debería estar caro para los que desesperadamente ansían consumir más, para los que no valoran su potencial ni valoran lo que nos ha proporcionado hasta ahora. El petróleo no está caro si nunca se tiene bastante.

Piensan los necios que volverán los viejos tiempos de crecimiento y riqueza energética, pero pocos se paran a pensar en que si un día no hay petróleo para todos, ni siquiera para los necios, quizá sólo entonces incluso ellos entenderán por fin que el precio de la energía no es tan útil como su valor.
(…) En buena lógica, el petróleo a los precios actuales no puede considerarse caro. Otra cosa muy distinta es que necesitamos desesperadamente que los costes del petróleo se mantengan a unos niveles escandalosamente bajos para que nuestro sistema social y económico no se derrumbe como un castillo de naipes. La sentencia de Antonio Machado "todo necio confunde valor y precio" parece venir como anillo al dedo.

(…) haríamos bien en planificar nuestro futuro asumiendo que el barril no descenderá de los 100 dólares. Ha llegado el momento de que nuestro modelo de crecimiento se someta a una estricta dieta de crudo.
Mariano Marzo comenta un reciente artículo del 17/6/2008, también en la sección de Economía del mismo diario, escrito por Marcel Coderch, secretario de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN), titulado “Coca-Cola para los que protestan“, que se adjunta tras el primer artículo junto con dos “cartas al director” publicadas el 20/6/2008 en este diario, una como “el lector expone” y “la respuesta” (ambas encuadradas, destacando sobre las demás). Como se podrá deducir, un lector no estaba de acuerdo con lo expuesto por Marcel Coderch y éste le contestó en “la respuesta”.
Más valdría que en lugar de protestar nos fuéramos acostumbrando a que un litro de gasolina valga más, mucho más, que un litro de agua azucarada, y que vayamos pensando qué hemos de hacer para reorganizar nuestras sociedades con un mínimo de racionalidad energética y económica, porque esto no ha hecho más que empezar y a partir de ahora el camino es cuesta arriba.
Artículo entero de Mariano Marzo:

Redacción CE: El usuario mallerenga nos avisa de que la entrevista de contraportada de La Vanguardia de hoy viene con este espectacular y relevante titular: "¡Ojalá suframos una crisis energética, pero de verdad!". En este caso, el entrevistado que suministra dicho titular es J. Anthony Allan, premio del Agua de Estocolmo 2008. Por su interés, reproducimos también el texto del diario en esta entrada.

Actualización: La Vanguardia vuelve a la carga con una entrevista a Joaquim Sempere, sociólogo y coordinador junto a Enric Tello del libro "El final de la era del petróleo barato", titulada "El precio del petróleo acabará con las escapadas de fin de semana en avión". EL PETRÓLEO NO ESTÁ CARO

Mariano Marzo - Barcelona – La Vanguardia 24/6/2008

Es realmente caro un barril de crudo a 130 dólares? Para responder sugiero aparcar ideas preconcebidas y hacer cuentas. Un barril contiene unos 159 litros, lo que significa que al precio arriba indicado un litro de crudo saldría por 0,82 dólares, o 0,53 euros según una relación euro-dólar de 1,54. Ahora dense una vuelta por el supermercado más próximo. En el que yo he visitado, el litro de Coca-Cola costaba 0,62 euros, el de agua 0,29 y el de leche 0,9 euros. Así pues, un litro de crudo vale aproximadamente el doble que uno de agua embotellada, pero un 14,5% y un 41% más barato que uno de Coca-Cola y de leche.

Los números cambian si, en vez del precio de un litro de crudo, consideramos la gasolina y el diesel, los derivados del petróleo más familiares para los consumidores. Lógicamente, el precio final de ambos productos se obtiene sumando al precio de la materia prima - que viene a representar entre el 32% y el 40,5% de la factura que pagamos en el surtidor, según consideremos el caso de la gasolina SP 95 o el diesel, respectivamente- otros conceptos. Entre estos están los costes fijos de logística y comercialización, los de amortización y los relacionados con los márgenes de minoristas y mayoristas, que en conjunto totalizan el 14% y el 15,5% del precio final. A todo esto hay que sumar los inevitables impuestos y el IVA, que representan alrededor del 52,6% del precio final en el caso de la gasolina y el 45,6% en el caso del diesel.

En cualquier caso, como escribe Marcel Coderch, vicepresidente de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos, citando a un viejo conocido común, el profesor sueco Aleklett, para comprender cabalmente el verdadero significado de los precios que vengo comparando conviene recordar que "un litro de gasolina suministra 10 kilovatios hora de energía, cifra equivalente al esfuerzo que habría que hacer para subir con una cuerda 10 coches de 1.200 kilos a la cúspide de la torre Eiffel". ¿Se imaginan cuántos litros de leche o de jarabe azucarado necesitaríamos tomar para poner en juego la misma cantidad de energía?

No. En buena lógica, el petróleo a los precios actuales no puede considerarse caro. Otra cosa muy distinta es que necesitamos desesperadamente que los costes del petróleo se mantengan a unos niveles escandalosamente bajos para que nuestro sistema social y económico no se derrumbe como un castillo de naipes. La sentencia de Antonio Machado "todo necio confunde valor y precio" parece venir como anillo al dedo.

¿Por qué es vital para nuestra forma de vida el petróleo abundante y barato? Simplemente porque entre el 95% y el 98% del transporte mundial depende de los derivados del petróleo y no se espera que este porcentaje varíe sustancialmente en un futuro próximo. Hoy por hoy, petróleo es sinónimo de transporte y huelga comentar la importancia de esta actividad en nuestra vida cotidiana y un mundo globalizado.

Pero el petróleo es mucho más que transporte. De los 159 litros de un barril, alrededor de la mitad se usa como combustible para el transporte (terrestre 81%, aéreo 12% y marítimo 7%), un 35% en los sectores industrial y residencial y el 15% restante en la petroquímica para la manufactura de fibras, plásticos, detergentes, medicamentos y un largo etcétera de más de tres mil productos de uso cotidiano, entre los que destacan los abonos y fertilizantes, básicos para producir alimentos a gran escala. Sería imposible vestir, curar y alimentar a la población mundial sin los productos derivados del petróleo. Y hay que recordar que desde los años cincuenta ésta se ha multiplicado por dos y para el 2050 se espera un aumento cercano al 40%.

Ciertamente el mundo es adicto al petróleo. Lo malo es que necesita un chute diario de 86 millones de barriles. Un volumen que tal vez les deje fríos pero que, traducido a unidades más habituales, se convierte en una cifra cercana a 160.000 litros por segundo. Un ritmo difícil de visualizar - ¿se imaginan el grifo y el depósito necesario?- y que ha llevado a la petrolera Chevron a comentar que mientras el mundo tardó 150 años en consumir el primer billón de barriles, el próximo billón se agotará en tan sólo treinta.

Frente a esta realidad y la del petróleo a 130 dólares el barril, podemos discutir si son galgos o podencos, atribuyendo el aumento de los precios del crudo a la especulación o bien a cuestiones relacionadas con la oferta y demanda. En cualquier caso, haríamos bien en planificar nuestro futuro asumiendo que el barril no descenderá de los 100 dólares. Ha llegado el momento de que nuestro modelo de crecimiento se someta a una estricta dieta de crudo.

Mariano Marzo (Catedrático de recursos energéticos por la Universitat de Barcelona)

Artículo entero de Marcel Coderch:

COCA-COLA PARA LOS QUE PROTESTAN

Marcel Coderch - Barcelona – La Vanguardia 17/6/2008

Marcel Coderch es Ingeniero de Telecomunicaciones, Doctor por el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) y secretario de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (AEREN).

Parece que se está poniendo de moda, y no sólo en nuestro país, protestar por el precio de la gasolina. Empezaron los pescadores y han seguido los transportistas. Es probable que no sean los últimos y que les sigan los agricultores, los taxistas, etcétera, porque todos acabaremos por comprobar que una gasolina más cara afecta y mucho a nuestras economías. Pero, ¿está realmente cara? Es evidente que en términos relativos ha subido y mucho, pero ¿cuál es su valor real? ¿Cuál tendría que ser su precio?

Para averiguarlo, el profesor Aleklett de la Universidad de Uppsala nos propone un ejercicio bastante simple: comparar lo que cuesta una botella de Coca-Cola con el precio de un litro de gasolina. Él ha hecho el ejercicio en Suecia y el resultado ha sido que un litro de Coca-Cola cuesta casi el triple que un litro de gasolina. Yo hice lo mismo y comprobé que aquí cuesta justo el doble: 1,25 € medio litro de refresco y 1,225 € un litro de gasolina.

A continuación, el profesor nos invita a hacer unos cálculos elementales. Un litro de gasolina equivale a 10 kWh de energía, una cifra equivalente al esfuerzo que tendríamos que realizar para subir diez coches de 1.200 Kg al último piso de la Torre Eiffel con una polea. Imaginemos que nos pagasen este trabajo con una Coca-Cola: esclavitud!, gritaríamos. Pues esto es menos de lo que pueden comprar aquellos que nos venden el equivalente energético con lo que les pagamos por el petróleo. Si los colonizadores españoles intercambiaban collares de cuentas de vidrio por colgantes de oro y plata con los indígenas, nosotros hemos estado pagando con medio litro de agua azucarada diez litros de petróleo a los productores durante años, cuando el petróleo costaba 20 dólares el barril de 159 litros. No sé qué timo es mayor, puesto que la diferencia de valor real entre un collar de vidrios y uno de oro es cultural.

Un sistema de precios que asigna menos valor a un litro de gasolina que a una Coca-Cola es un absurdo energético y económico. No puede durar. Lo curioso es que seguramente aquellos que protestan por el precio de los combustibles, después de gritar en contra de no sabemos quién, entrarán a una gasolinera y comprarán un refresco sin que se les ocurra protestar por lo que cuesta. Más valdría que en lugar de protestar nos fuéramos acostumbrando a que un litro de gasolina valga más, mucho más, que un litro de agua azucarada, y que vayamos pensando qué hemos de hacer para reorganizar nuestras sociedades con un mínimo de racionalidad energética y económica, porque esto no ha hecho más que empezar y a partir de ahora el camino es cuesta arriba.

Carta de “el lector expone”:

Coca-Cola y gasolina
Fernando Berzosa Ríos - Olesa de Montserrat

Quería expresar mi más sincero rechazo a la columna publicada por Marcel Coderch el 17 de junio "Coca-Cola para los que protestan". Me parece totalmente fuera de lugar, y un intento de frivolizar una situación que afecta a toda la población. ¿Cuál es el motivo para comparar un artículo de primera necesidad con la Coca-Cola? Si me cobran tres euros por un litro de Coca-Cola (que en los súpers vale un euro), no hay problema en absoluto en dejar de comprarla. Desgraciadamente, este no es el caso de la gasolina. En cambio, la dependencia de la gasolina sí puede ser un tema muy interesante. Trivializar con que debería costar más que la Coca-Cola (y por qué no más que el whisky, o que...) es no comprender el alcance del problema. Sólo coincido en que la situación seguirá.

Carta de Marcel Coderch (“la respuesta”):

El precio de un bien escaso
Marcel Coderch - Ingeniero de Telecomunicaciones

Por supuesto que no era mi intención frivolizar sobre un asunto, el de la crisis energética, que todos sabemos que es de gran trascendencia. Sobre esta cuestión he escrito largo y tendido, como podrá comprobar cualquiera que coloque mi nombre en Google. Ahora bien, sí creo que es importante señalar la incongruencia de un sistema económico que otorga el mismo valor a algo no renovable, y hoy por hoy irreemplazable y vital, el petróleo, y a algo tan trivial como un litro de agua azucarada. Lo hice porque creo que hemos de concienciarnos de que tenemos que irnos acostumbrando a que el precio de la energía suba, y mucho, y que hemos de empezar a construir otro sistema económico y social que no sea tan dependiente del petróleo, por la sencilla razón de que ya no vamos a poder disponer de este preciado tesoro como en el pasado.

Entrevista "La Contra" de La Vanguardia, J. Anthony Allan, premio del Agua de Estocolmo 2008:

"¡Ojalá suframos una crisis energética, pero de verdad!"

Tengo 71 años en los que el planeta ha triplicado su población, el petróleo ha sido absurdamente barato y el precio del trigo no ha dejado de bajar: el ecosistema ha pagado este derroche. Producir una hamburguesa cuesta 6.800 litros de agua. Colaboro con la Fundació Agbar.

Que se prepare su gobierno y el mío, porque les vienen cursos muy incómodos...

No me asuste.

... Pero me temo que no lo suficiente...

¿. ..?

¡Ojalá lo pasaran mal de verdad! Porque después de esa crisis final construiríamos un mundo energéticamente mejor.

...

Sólo una crisis energética que paralizara las economías desarrolladas nos obligaría a aceptar pagar el precio de un cambio de paradigma energético de fósiles a renovables.

No sé si le entiendo.

El paso del petróleo a las energías renovables y limpias requeriría ahora mismo grandes sacrificios en nuestras pautas de consumo y movilidad. Sólo aceptaremos pagar ese precio si no tenemos más remedio porque no podemos pagar el otro.

Podemos encontrar más petróleo...

Esa sería la respuesta equivocada que ya hemos dado en otras ocasiones que yo ya viví como ingeniero y científico.

¿Cuándo?

Veamos toda la película: petróleo, gas y carbón y todos los combustibles fósiles no son más que energía del sol almacenada por plantas prehistóricas durante millones de años. Occidente derrochó esa energía en apenas unas décadas con un enorme coste medioambiental para mantener su predominio geopolítico.

¿Por que dice que fue un derroche?

Porque durante 70 años, las grandes petroleras controladas por Occidente lograron mantener el precio a... ¡dos dólares el barril!

Tampoco era natural.

¡Era insostenible! Y nos convirtió en sistemas económicos energéticamente muy ineficientes que con esa energía barata degradaron su medio ambiente.

Necesitábamos desarrollarnos.

Por fin, los países productores lograron organizarse en la OPEP y rebelarse en los 70 provocando la primera crisis energética.

Hoy hay que explicárselo a los jóvenes.

¿Y cómo reaccionamos? Lo inteligente hubiera sido repensar nuestro sistema y reducir la dependencia de la energía fósil para buscar energías alternativas y más limpias.

Pero no somos tan listos.

Lo que hicimos en vez de exhibir sentido común fue exhibir músculo ante el desafío y huir hacia delante. Los poderes occidentales y las grandes petroleras Shell, Exxon, Mobil, BP... respondieron al formidable reto de la OPEP con tecnología y ambición: buscaron nuevos pozos en el mar del Norte y en otros lugares recónditos y de difícil explotación con nuevos métodos y lograron reducir los precios del petróleo.

Y hasta ahora.

Hubo otra crisis en el 79-80 y volvimos a responder con la salida fácil. De nuevo más tecnología y nuevos pozos más recónditos. El petróleo subió algo de precio, pero siguió costando menos de lo que valía y mucho menos del valor que destruíamos al quemarlo.

¿Podemos volver a hacerlo?

Sería otra tontería. Ahora mismo ya hemos gastado la mitad del petróleo del planeta y un tercio del carbón. Y no hay alternativas en energía fósil, pero tampoco ningún gobierno tiene ganas de decir la verdad a sus votantes: que se acabó el derroche.

¿Se cortarán muchas más carreteras?

Las ONG y los grupos éticos deberían explicar que no hay soluciones sin sacrificios: sólo el cambio de energías nos dará una salida cierta y duradera a la crisis, pero, como le decía antes, esa salida requiere privaciones de todos. Al principio usar sólo energías renovables nos obligará a adelgazar...

La bici es muy sana... de vez en cuando.

La energía solar y eólica y renovable acabará siendo alternativa, pero con costes de transición altos. No nos engañemos.

¿No es usted algo apocalíptico?

Soy científico, pero la ciencia es política o, como decimos los ingenieros: "Si sólo miras al fondo del pozo, no ves si hay petróleo"

¿. ..?

Para entender el problema de los recursos naturales: si hay petróleo o agua o comida o no, primero hay que desentrañar las relaciones de poder entre los países y entre las clases sociales. Si no, no entiendes nada.

Por ejemplo.

En los años sesenta pronosticamos que habría una sangrienta guerra por el agua en Oriente Medio. Y nos equivocamos.

¿Por qué?

Porque sólo mirábamos al fondo del pozo. La comida no es más que agua concentrada. Por ejemplo: esta taza de café ha costado 140 litros para poder ser cultivada y la hamburguesa que se come ha costado 6.800 litros de agua para la hierba y la vaca y su camisa varios miles de litros y...

Agua virtual.

¡Exacto! Por eso, aunque no había agua para todos, no hubo guerra del agua en Oriente Medio. Lo que hicieron los países del área fue importar el agua ya invertida.

¿Barcos cisterna como aquí?

¡No! Se limitaron a importar bienes y alimentos que llevaban el agua incorporada, como le he explicado. Así suplieron el agua que no había en los pozos y no hubo guerra.

Usted es un nobel del agua.

Agua, energía, petróleo, comida... Todo está relacionado en la política. No entendería nada si sólo fuera un hidrólogo. Y lo que veo ahora es que el capitalismo salvaje no tiene la solución de esta crisis.

El fin del derroche

No es un idealista al uso. Allan destila frío realismo científico cuando explica cómo producimos y distribuimos comida, petróleo y agua en el planeta. Empieza advirtiendo que somos demasiados: "En mis 70 años de vida, se ha triplicado la población del planeta y, mientras, el precio del trigo no ha dejado de bajar, porque hemos mantenido el petróleo artificialmente barato y porque los gobiernos de Occidente han subsidiado a sus agricultores". Y proclama: "Eso se acabó: somos demasiados para poder mantener este derroche". Y desgrana cifras con lógica implacable. Al final, no sé si tras la crisis habrá un mundo mejor, pero Allan me convence de que no será igual... Ni tan fácil para nosotros.