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Algo más que simple especulación

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Artículos En el diario "La Vanguardia" de hoy, Mariano Marzo ha escrito un artículo a toda página en el suplemento "Dinero" que incide en las dudas que conlleva la actual subida del petróleo: ¿consecuencia de la especulación o hay algo más? Magnífico alegato que deja en entredicho la eterna apuesta por el pensamiento optimista del "tranquilos, ya vendrán otra vez los buenos viejos tiempos del petróleo barato" que tan perjudicial resulta para este crítico periodo de transición que nos toca vivir.
La AIE achaca la escalada del precio a un claro desequilibrio estructural entre oferta y demanda.

El petróleo sigue siendo un ingrediente clave en la receta del crecimiento económico.

El pasado noviembre, en su 'World Energy Outlook, 2007', la AIE advertía que la nueva capacidad de suministro global proyectada para el período 2006-2015 tan sólo permitiría absorber el crecimiento de la demanda hasta el 2012. La AIE prepara un exhaustivo estudio en el que se analizan los 400 principales yacimientos petrólíferos del mundo. Los resultados no serán públicos hasta noviembre, pero lo fundamental está ya claro: los futuros suministros de petróleo podrían ser aún más limitados.

ALGO MÁS QUE SIMPLE ESPECULACIÓN

La AIE achaca la escalada del precio a un claro desequilibrio estructural entre oferta y demanda.

Mariano Marzo - 1 de junio 2008.

Hace poco más de una semana el precio del crudo de Texas llegó a marcar sus máximos históricos por encima de los 135 dólares, multiplicando su precio por algo más de seis desde el año 2002. La reacción de buena parte de los analistas económicos y de los medios frente a esta escalada de los precios ha sido perfectamente captada en sendas tiras, verdaderas editoriales gráficas, de Kal en The Economist.

En la primera viñeta de una de estas tiras puede observarse un espectáculo circense en el que un musculoso sujeto, identificado como la economía mundial, levanta fácilmente, con una mano, un barril de crudo, mientras el maestro de ceremonias proclama entre los aplausos del público "señoras y señores: ¡y ahora el petróleo a 35 dólares!". Las viñetas sucesivas recogen los progresivos apuros y asfixia del levantador de barriles a medida que el número de estos y el peso total a soportar aumentan paulatinamente, sin que ello inquiete al presentador que, entre la algarabía de los espectadores, se limita a ir anunciando los nuevos retos a superar: "¡y ahora a 70 dólares!", "¡y ahora a 90!", "¡y ahora a 100!". Realmente, en los últimos años, en vez de detenernos a analizar las raíces y consecuencias del aumento de los precios del petróleo, la tónica ha sido la de pregonar de forma insistente -e insensata-la fortaleza de la economía mundial y su capacidad para superar cualquier desafío.

Pero, tarde o temprano, la realidad se impone y esta nos dice que, hoy por hoy, el petróleo sigue siendo un ingrediente clave en la receta del crecimiento económico global y que su encarecimiento puede conducirnos a una recesión generalizada. De hecho, basta conocer el destino final del contenido de un barril para comprender la gravedad potencial de la situación.

Resulta que de los 159 litros de crudo contenidos en un barril, alrededor de la mitad se utiliza como combustible en el transporte (terrestre, 81%; aéreo, 12%; y marítimo, 7%), un 35% como fuente de energía en los sectores industrial y residencial, y el 15% restante en la petroquímica para la manufactura de fibras, plásticos, detergentes, medicamentos y un largo etcétera de más de tres mil productos de uso cotidiano, entre los que destacan los abonos y fertilizantes, básicos para la producción a gran escala de alimentos.

La segunda tira de Kal a la que me refería más arriba sintetiza, magistralmente, la reacción suscitada en amplios círculos económicos y políticos ante la creciente evidencia de que muy posiblemente hemos subestimado los riesgos asociados al encarecimiento del petróleo. En ella se muestra a un enfermo en plena crisis de ansiedad que repite frases como "el petróleo barato regresará", "estoy seguro", "en cualquier momento sucederá" y "aquí estaré esperando", mientras un grupo de doctores que le observa comenta que se trata de un clásico caso de adicción y que el paciente, en pleno síndrome de abstinencia, ha perdido contacto con la realidad. Esta podría ser la caricatura de aquellos que se aferran a la idea de que estamos, simplemente, ante una burbuja especulativa destinada a estallar, tras lo cual cabe esperar una brusca caída de precios y que todo vuelva a ser como antes.

Esta parece ser la postura de Georges Soros, aunque en sus declaraciones a The Daily Telegraph el financiero precisa que para pinchar la burbuja se necesitaría, nada más y nada menos, que una recesión en los EE. UU. y el Reino Unido. La OPEP también sostiene la tesis de que el mercado está bien abastecido y que la escalada de precios obedece a la especulación. Sin embargo, esta claro que si esto fuera así bastaría un simple gesto por su parte, anunciando un incremento sustancial de la producción, para desinflar la hipotética burbuja.

Pero esta demostración de fuerza y de control del mercado no llega y los consumidores empiezan a plantearse si el argumento esgrimido por el cartel no oculta la realidad de una manifiesta incapacidad de la mayor parte de sus miembros para bombear mas crudo. Es decir, ¿se trata de que la OPEP no quiere inyectar más petróleo al mercado, o es que tal vez no puede y prefiere ocultarse tras una cortina de humo, culpando a los especuladores?

Para la Agencia Internacional de la Energía (AIE) la actual situación de crisis de los precios del crudo es el reflejo de la preocupante perspectiva suscitada por una demanda en ascenso y una oferta limitada. La AIE no niega la importancia relativa de este fenómeno, pero, al igual que el Departamento de Energía de EE. UU., cree que la especulación no es la causa de la escalada de los precios, sino un efecto colateral a una situación de desequilibrio estructural entre oferta y demanda que podría agravarse en un futuro inmediato.

Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos de la UB.