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¿El fin del capitalismo tal como lo conocemos?

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Artículos Luís Hanna nos trae la traducción de un artículo de Phillip Blond publicado el pasado 23 de marzo en el diario The Independent, con el título "The end of capitalism as we know it?".

En éste, el autor reflexiona sobre la crisis del "modelo económico dominante de los últimos 30 años", el neoliberalismo:

La desintegración de los mercados inspirados en el modelo anglosajón se ha producido en gran medida debido a la confluencia de dos tendencias del "libre mercado": la especulación y el capitalismo monopolista. Contrariamente a la opinión recibida, el libre mercado – al menos que esté sujeto a la regulación civil, la distribución de los bienes y la persistente intervención - siempre tiende al monopolio.

Del mismo modo, no hay nada intrínsecamente eficiente acerca de los mercados libres –no promueven por ellos mismos buenas inversiones o una gestión racional. Por el contrario, cuando los mercados son totalmente concebidos en términos de precio y beneficio, y cuando la riqueza de los activos y el apalancamiento que esto proporciona se torna tan concentrado como lo fue en el siglo XIX (que es un escenario que nos acercamos), entonces los mercados no fomentan otra cosa que el juego enmascarado como buena inversión.

¿El fin del capitalismo tal como lo conocemos?

Por Phillip Blond
Domingo, 23 de marzo de 2008

El mundo occidental se encuentra en una crisis económica similar en magnitud a la crisis del petróleo de 1973. Lo que estamos viendo es nada menos que el desmoronamiento del neoliberalismo – el modelo económico e ideológico dominante en los últimos 30 años.

Del mismo modo, no hay nada intrínsecamente eficiente acerca de los mercados libres –no promueven por ellos mismos buenas inversiones o una gestión racional. Por el contrario, cuando los mercados son totalmente concebidos en términos de precio y beneficio, y cuando la riqueza de los activos y el apalancamiento que esto proporciona se torna tan concentrado como lo fue en el siglo XIX (que es un escenario que nos acercamos), entonces los mercados no fomentan otra cosa que el juego enmascarado como buena inversión.

Por ejemplo, antes de 1973 la proporción entre la inversión y el capital especulativo era 9:1; desde 1973, estas proporciones se han invertido. Tan enormes se tornaron los números, el apalancamiento e instrumentos derivados que ahora su valor supera con creces el valor económico total del planeta. Por ejemplo, en 2003 el valor de todos los derivados de comercio fue de $ 85 trillones, mientras que el tamaño de la economía mundial fue sólo de $ 49 trillones.

Estos ratios han aumentado con las últimas estimaciones siendo que el valor de todos los instrumentos de papel comercializados supera el valor subyacente de los activos con base en los que son emitidos por 3:1. El hecho de que estos activos pueden ellos mismos estar devaluando hasta en un 50 por ciento (los valores de la vivienda en EE.UU. han disminuido en un 25 por ciento en dos años) significa que la relación del valor mundial de papel a su base de apalancamiento puede de hecho doblarse.

Esta misma cifra de promedio mundial oculta niveles aún más extremos de apalancamiento. El Grupo Carlyle quebró por $16.6bn (£ 8.4bn) de deuda la semana pasada. La firma de capital privado estuvo especulando asiduamente sobre su base de hipotecas valoradas como AAA - según algunas estimaciones, al final de su vida, la relación préstamo-valor de Carlyle y su cobertura estaban en 36:1. Hay, por supuesto, muchas otras empresas de capital privado en una situación similar.

Este incalculable nivel de especulación es instigada por la enorme concentración de la riqueza que se ha producido desde 1973. ¿Por qué? Porque si los mercados tienden al monopolio entonces grupos cada vez más pequeños de personas controlan cantidades cada vez mayores de bienes. Las últimas cifras demuestran esto admirablemente: el 10 por ciento más rico de la población del Reino Unido aumentó su cuota nacional de riqueza comercializable (excluyendo la vivienda) de 57 por ciento en 1976 a 71 por ciento en 2003. Durante el mismo período, el capital especulativo que podría ser desplegado o invertido por la parte inferior del 50 por ciento de la población británica se redujo del 12 por ciento a tan sólo el 1 por ciento. De hecho, el 1 por ciento más rico de la población, sobre las actuales cifras del gobierno, ahora controlan más de un tercio de toda la riqueza comercializable - y esto omitiendo las enormes sumas guardadas en paraísos fiscales extranjeros.

La New Economics Foundation ha puesto de manifiesto que el crecimiento mundial no ha ayudado a los pobres. En la década de 1980, por cada 100 dólares de crecimiento mundial, el 20 por ciento más pobre recibió 2,20 dólares, en 2001 recibieron sólo 60 centavos. Es evidente que el crecimiento económico neoliberal beneficia desproporcionadamente a los más ricos y empobrece todavía más a los pobres.

Los incrementos reales de los salarios en los primeros 13 países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) han estado por debajo de la tasa de inflación desde alrededor de 1970 - una situación compuesta en Gran Bretaña, ya que la medida de la inflación masivamente subestima el verdadero costo de vida.

Así, los asalariados - en lugar de propietarios de activos - se han enfrentado a 35 años de presión a la baja en su nivel de vida. De hecho, la edad de oro para el asalariado, como proporción del PIB, fue entre 1945 y 1973 - y no esta cacareada edad de la liberalización. (El autor utiliza un juego de palabras entre asalariados y propietarios… “Thus wage earners – rather than asset owners" N. del T.)

El problema es que nadie en el poder reconoce la crisis como lo que es – una crisis de insolvencia de activos provocada por apalancamiento masivo de deuda. Los neo-liberales siguen reaccionando como si la emergencia fuese por un problema de liquidez. Se equivocan. Los gobiernos deben sacar de apuros no a los bancos o los especuladores, sino los clientes que ahora tienen todos los motivos para temer por el futuro.