Bienvenido(a) a Crisis Energética lunes, 09 diciembre 2019 @ 16:36 CET

Bolivia y los retos energéticos

Artículos Latinoamérica, con un crecimiento sostenido en los últimos cuatro años cercano al 5% de su Producto Interno Bruto parece estar transitando por un período de impulso económico continuo. Este cambio viene acompañado de un giro geopolítico en el cual el factor energético se torna clave, la manifestación mas evidente de esta tendencia es el auge que adquiere en los países productores el discurso del “nacionalismo energético”, expresado desde dos visiones diferentes. Por un lado Venezuela que lo entiende desde una postura “antiimperialista” intentando con ello contribuir a romper la hegemonía unipolar y fragmentar el proceso de globalización. Por otro lado está Brasil que concibe ese “nacionalismo” desde una posición menos fanática siguiendo un camino más abierto, más pragmático y en consonancia con una globalización inteligentemente concebida.

En la línea venezolana encontramos a Bolivia, país donde se han exacerbado sentimientos atávicos de pertenencia a un determinado territorio, en lo externo con una dura crítica a las empresas y al capital transnacional foráneo, en lo interno con un regionalismo extremo por parte de los departamentos que tienen las mayores reservas de gas y petróleo y que luchan por una mayor autonomía sobre las rentas que estos recursos generan.

En Bolivia se sacraliza la “nación” y la “región” y se exaltan los "valores calientes" de que hablaba Norberto Bobbio. Valores calientes, son aquellos que tienen que ver con la idea de patria, nacionalidad o región, con el apego a la tierra, a una tradición cultural y lingüística, a un grupo étnico o a una confesión religiosa. Por el contrario, los valores fríos estarían relacionados con la defensa de la civilidad, las leyes y las instituciones políticas y jurídicas. Los valores llamados calientes por Bobbio lo son porque se comparten y defienden desde la pasión, la emotividad y, en su versión extrema, desde la visceralidad; en cambio, los valores fríos encarnados en el Estado y las Leyes reclaman una adhesión movida por el convencimiento racional y la reflexión.

En el caso boliviano, el factor energético ha mostrado su ambivalencia extrema ya que es generador de un futuro prometedor, pero también aparece como portador de nuevos temores: de integración y de conflicto, de seguridad e inseguridad, de gobernabilidad e ingobernabilidad. La desigual dotación de energéticos empieza a reproducir, la llamada «maldición de los recursos naturales» caracterizada por los perversos efectos de esta riqueza en países institucionalmente frágiles.

La incertidumbre ocasionada por las políticas impulsadas por el gobierno de Evo ha empezado a generar un impacto negativo en los niveles de inversión. Es ya incuestionable que la actual producción de hidrocarburos se encuentra estancada y que es insuficiente para cubrir, en el caso del gas natural, los compromisos de exportación asumidos recientemente y, en el caso de los líquidos, los crecientes requerimientos del mercado interno.

Bolivia ha tenido que borrar con el codo los contratos firmados con la Argentina, los cuales prometían un aumento paulatino de los volúmenes de gas enviados a ese país. Esta escasez de abastecimiento ha ocasionado pugnas entre Brasil y Argentina. Petrobrás, aseguró que la compañía no entregará ni una “sola molécula de gas boliviano”, para aliviar la falta del combustible en Argentina. Debido a esto, se reunieron en Buenos Aires para tratar el tema los presidentes de Bolivia, Evo Morales, de Argentina, Cristina Fernández, y el brasileño Lula da Silva, sin que alcanzaran una salida satisfactoria.

La falta de inversión en Bolivia contribuye a un mayor desabastecimiento energético en la región, donde los potenciales socios no perciben las garantías necesarias de abastecimiento futuro, lo que los motiva a buscar otras opciones por más complicadas que estas sean.

Argentina que destaca como el país con el mayor riesgo de sufrir cuellos de botella energéticos, se ha visto en la obligación de importar gas licuado por vía marítima, la petrolera Repsol YPF transportará hasta Argentina un buque con un cargamento de Gas Natural Licuado (GNL) para inyectar a la red local "unos 8 millones de metros cúbicos diarios". Este volumen más que duplica al que envía hoy Bolivia (menos de 3 millones), pero lo mismo ocurrirá con el precio: entre 12 y 14 dólares por MBTU, que también será subsidiado. No obstante, está lejos de los 27 millones de metros cúbicos que Bolivia admitió no poder exportar a la Argentina en los próximos tres años.

Por su parte en Brasil, Petrobras firmó un acuerdo con la anglo-holandesa Shell para la compra de un 'suministro firme' de GNL, el acuerdo atiende parte de la capacidad de importación de la petrolera, que ya ha firmado acuerdos similares para cubrir las necesidades de gas importado destinado a plantas térmicas. El GNL es transportado en grandes buques ultramarinos y el combustible debe ser descomprimido en los terminales de embarque para inyectarlo al sistema nacional de gasoductos.

Chile que aún tiene confianza en poder comprar gas boliviano, de momento ha realizado un acuerdo energético con Ecuador y ha lanzado campañas masivas para promover el ahorro energético entre la ciudadanía.

Y Bolivia pese a ser líder del continente en reservas certificadas comerciales de gas, está importando Gas Licuado de Petróleo para abastecer el mercado interno. Algo contradictorio en un país que hasta el 2002 tenía la expectativa de convertirse en el “núcleo energético de toda la región”, hoy, la situación es diferente el país pide a sus vecinos que compren menos y ha perdido el creciente mercado sobre la costa del Pacífico -en la zona fronteriza entre México y Estados Unidos- al que primordialmente apunta hoy el proyecto Perú LNG.