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El factor 32

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Artículos Jared Diamond, profesor de geografía en la Universidad de California, y autor de libros como "Colapso" y “Pistolas, gérmenes y acero”, escribió ayer en The New York Times un artículo titulado "What’s Your Consumption Factor?".

En este artículo, Diamond llama la atención sobre el "factor 32":

La tasa media de consumo de recursos como el petróleo o metales, y de producción de desechos como plásticos o gases de efecto invernadero son 32 veces mayores en América del Norte, Europa Occidental, Japón y Australia de lo que son en los países en desarrollo. Este factor 32 tiene grandes consecuencias.

(...)

La población, especialmente la de los países en desarrollo, está creciendo, y algunos tienen una fijación con esto. Señalan que las poblaciones de países como Kenia están creciendo rápidamente, y afirman que es un gran problema. Sí, es un problema para los más de 30 millones de keniatas, pero no es una gran carga para el mundo entero, porque los keniatas consumen muy poco (su tasa relativa per cápita es 1). El problema real para el mundo es que cada uno de nosotros, los 300 millones de americanos, consumimos tanto como 32 keniatas. Con diez veces su población, EE.UU. consume 320 veces más recursos que Kenia.

Diamond da la vuelta al argumento del peligro del aumento de consumo de recursos materiales de China e India presentándolo desde la perspectiva del consumo per cápita. China e India pueden ser gigantes demográficos, pero su consumo de recursos per cápita es aún de enanos. Para ilustrar lo imposible de la actual trayectoria mundial en cuanto a consumo de recursos, Diamond utiliza el reductio ad absurdum:
Las tasas de consumo per cápita en China son unas 11 veces menores que las nuestras, pero supongamos que se elevan hasta nuestro nivel. Hagámos las cosas más fáciles imaginando que no sucede nada que incremente el consumo mundial, esto es, que ningún país aumente su consumo, que todas las poblaciones (incluyendo la China) permanecen igual y que la inmigración cesa. Si tan solo China alcanzase nuestro nivel las tasas de consumo mundiales se doblarían. El consumo de petróleo se incrementaría un 106%, por ejemplo, y el consumo de metal mundial un 94%.

Si India, además de China, nos alcanzase, las tasas de consumo mundial se triplicarían. Si todos los países en desarrollo nos alcanzasen de repente, las tasas mundiales se incrementarían 11 veces. Sería como si la población mundial se disparase hasta los 72.000 millones de personas (manteniendo el consumo actual).

Por su interés, ofrecemos una traducción del artículo de Jared Diamond. Del mismo autor podemos encontrar en esta página otro artículo: "El fin de los pascuenses", donde relaciona el colapso poblacional de la isla de Pascua con el agotamiento de los recursos.
¿Cuál es tu factor de consumo?

Por Jared Diamond
2 de enero de 2008
Los Ángeles

Para los matemáticos, 32 es un número interesante: es 2 elevado a la quinta potencia, 2 por 2 por 2 por 2 por 2. Para los economistas, 32 es aún más especial, porque mide la diferencia en estilos de vida entre el primer mundo y los países en desarrollo. La tasa media de consumo de recursos como el petróleo o metales, y de producción de desechos como plásticos o gases de efecto invernadero son 32 veces mayores en América del Norte, Europa Occidental, Japón y Australia de lo que son en los países en desarrollo. Este factor 32 tiene grandes consecuencias.

Para entenderlas, consideren nuestra preocupación con la población mundial. Hoy hay más de 6.500 millones de personas, y esta cantidad crecerá alrededor de los 9.000 millones dentro de la primera mitad del siglo. Hace bastantes décadas, muchos consideraban el crecimiento de la población como el mayor desafío al que se enfrentaba la humanidad. Hoy nos damos cuenta de que solo importa en relación a lo que consumimos y producimos.

Si la mayoría de los 6.5000 millones de habitantes estuviesen conservados en frío, sin metabolizar o consumir no crearían problemas de recursos. Lo que realmente importa es el consumo total, la suma de todos los consumos, que es producto de la población local multiplicado por la tasa de consumo per cápita local.

Los mil millones de personas que se estima que viven en los países desarrollados tienen una tasa relativa de consumo per cápita de 32. La mayoría del resto de 5.500 millones de personas constituyen los países en desarrollo, con tasas relativas de consumo per cápita por debajo de 32, la mayoría cercanas a 1.

La población, especialmente la de los países en desarrollo, está creciendo, y algunos tienen una fijación con esto. Señalan que las poblaciones de países como Kenia están creciendo rápidamente, y afirman que es un gran problema. Sí, es un problema para los más de 30 millones de keniatas, pero no es una gran carga para el mundo entero, porque los keniatas consumen muy poco (su tasa relativa per cápita es 1). El problema real para el mundo es que cada uno de nosotros, los 300 millones de americanos, consumimos tanto como 32 keniatas. Con diez veces su población, EE.UU. consume 320 veces más recursos que Kenia.

La gente en el tercer mundo es consciente de esta diferencia en el consumo per cápita, aunque la mayoría de ellos no pueda especificar que es por un factor de 32. Cuando creen que sus posibilidades de alcanzarnos son vanas, a veces se frustran y enfadan, y algunos se convierten en terroristas, o toleran o apoyan a terroristas. Desde el 11 de septiembre de 2001, ha quedado claro que los océanos que una vez protegieron a los Estados Unidos ya no lo hacen. Habrá más ataques terroristas contra nosotros y Europa, y quizás contra Japón y Australia, mientras ese factor diferencial de 32 en tasas de consumo persista.

Los que consumen poco quieren disfrutar de un estilo de vida de alto consumo. Los gobiernos de los países en desarrollo hacen del incremento de los estándares de vida un objetivo prioritario de la política nacional. Y decenas de millones de personas en los países en desarrollo buscan el estilo de vida del primer mundo por su cuenta, emigrando, especialmente a los Estados Unidos y Europa Occidental, Japón y Australia. Cada transferencia de una persona hacia un país de alto consumo eleva las tasas de consumo mundiales, aunque la mayoría de inmigrantes no tengan un éxito inmediato en multiplicar su consumo por 32.

Entre los países en desarrollo que buscan incrementar las tasas de consumo per cápita de manera local, destaca China. Posee la economía de crecimiento más rápido del mundo, y hay 1.300 millones de chinos, cuatro veces la población de Estados Unidos. Al mundo ya se le están acabando los recursos, y esto sucederá aún más rápido si China consigue alcanzar tasas de consumo al nivel de las americanas. En los mercados mundiales, China ya está compitiendo con nosotros por el petróleo y los metales.

Las tasas de consumo per cápita en China son unas 11 veces menores que las nuestras, pero supongamos que se elevan hasta nuestro nivel. Hagamos las cosas más fáciles imaginando que no sucede nada que incremente el consumo mundial, esto es, que ningún país aumente su consumo, que todas las poblaciones (incluyendo la China) permanecen igual y que la inmigración cesa. Si tan solo China alcanzase nuestro nivel las tasas de consumo mundiales se doblarían. El consumo de petróleo se incrementaría un 106%, por ejemplo, y el consumo de metal mundial un 94%.

Si India, además de China, nos alcanzase, las tasas de consumo mundial se triplicarían. Si todos los países en desarrollo nos alcanzasen de repente, las tasas mundiales se incrementarían 11 veces. Sería como si la población mundial se disparase hasta los 72.000 millones de personas (manteniendo el consumo actual).

Algunos optimistas afirman que podemos mantener un mundo con nueve mil millones de personas. Pero no he encontrado a nadie los suficientemente loco como para afirmar que podríamos mantener a 72.000 millones. Y sin embargo prometemos muy a menudo a los países en desarrollo que si adoptasen políticas correctas, por ejemplo, instituyendo gobiernos honestos y economías de libre mercado, ellos también, podrían ser capaces de disfrutar del estilo de vida del primer mundo. Esta promesa es imposible, es una cruel estafa: ya estamos teniendo dificultades para mantener incluso ahora un estilo de vida de primer mundo para solo mil millones de personas.

Nosotros los americanos pensamos en el aumento del consumo de China como un problema. Pero los chinos tan solo están intentando llegar a las tasas de consumo que ya tenemos. Decirles que no lo intenten sería fútil.

La única estrategia que China y otros países en desarrollo aceptarían es intentar que las tasas de consumo y los estándares de vida fuesen más iguales en todo el mundo. Pero el mundo no posee recursos suficientes para permitir elevar las tasas de consumo de China, no digamos las del resto del mundo, hasta nuestros niveles. ¿Significa esto que estamos dirigiéndonos hacia el desastre?

No, podríamos llegar a un resultado estable en el que todos los países convergerían en tasas de consumo considerablemente por debajo de los niveles más altos actuales. Los americanos podrían quejarse: de ninguna manera vamos a sacrificar nuestros estándares de vida por el beneficio de los habitantes del resto del mundo. No obstante, tanto si llegamos hasta ahí voluntariamente o no, tendremos pronto tasas de consumo más bajas, porque nuestras tasas actuales son insostenibles.

De todas formas, no sería necesario un sacrificio real, pues los estándares de vida no están ligados de manera estricta a las tasas de consumo. La mayoría del consumo en América es delpilfarrador y contribuye poco o nada la calidad de vida. Por ejemplo, el consumo per cápita de petróleo en Europa Occidental es más o menos la mitad que el nuestro, y aún así los estándares de vida de Europa Occidental son más altos, según todos los criterios razonables, incluyendo esperanza de vida, salud, mortalidad infantil, acceso a la sanidad, seguridad financiera tras el retiro, vacaciones, calidad de las escuelas públicas y apoyo a las artes. Pregúntese usted mismo si el uso despilfarrador de gasolina contribuye positivamente a cualquiera de esas medidas.

Otros aspectos de nuestro consumo también son malgastadores. La mayoría de los bancos pesqueros mundiales están operados de manera no sostenible, y muchos ya han colapsado o descendido en capturas, incluso aunque sabemos cómo gestionarlos de manera que se preserve el medio ambiente y el suministro de pescado. Si operásemos toda la pesca de manera sostenible, podríamos extraer pescado de los océanos en máximos históricos y continuar indefinidamente.

Lo mismo ocurre con los bosques: sabemos cómo cortar madera de manera sostenible, y si lo hiciésemos a escala mundial, podríamos extraer suficientemente madera para satisfacer las necesidades de madera y papel del mundo. Y aun así la mayoría de los bosques están gestionados de manera no sostenible, con rendimientos decrecientes.

De la misma manera que es cierto que en la mayor parte de nuestras vidas vamos a consumir menos de lo que lo hacemos ahora, también es cierto que las tasas de consumo per cápita en muchos países en desarrollo serán un día más o menos igual que las nuestras. Estas son tendencias deseables, no perspectivas horribles. De hecho, ya sabemos cómo alentar estas tendencias; principalmente ha faltado voluntad política.

Afortunadamente, en el último año se han dado signos alentadores. Australia ha tenido recientemente elecciones en las que una gran mayoría de votantes ha dado la vuelta a la política de esconder la cabeza bajo la tierra que el gobierno había seguido durante una década; el nuevo gobierno inmediatamente apoyó el Protocolo de Kioto para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.

También durante el pasado año la preocupación por el cambio climático se ha incrementado mucho en los Estados Unidos. Incluso en China se están dando vigorosas discusiones sobre política medioambiental, y las protestas públicas han parado recientemente la construcción de una gran planta química cerca del centro de Xiamen. Por tanto soy cautelosamente optimista. El mundo tiene serios problemas de consumo, pero podemos solucionarlos si escogemos hacerlo.

Jared Diamond, profesor de geografía de la Universidad de California en Los Ángeles, es el autor de “Colapso” y “Pistolas, gérmenes y acero”.