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El arma del petróleo

  • domingo, 25 noviembre 2007 @ 08:56 CET
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Artículos Artículo aparecido el pasado 22/11/07 en la sección de Economía del diario “La Vanguardia”, cuyo autor es Mariano Marzo (Catedrático de Recursos Energéticos de la Universitat de Barcelona).
Las infraestructuras petrolíferas necesitan la inversión de 3,64 billones antes del 2030.

Si tales inversiones se retrasan - manteniéndose, por ejemplo, al nivel promedio de la última década- la extracción y exportación de petróleo experimentarían una caída significativa, con su consiguiente impacto negativo sobre los precios y el crecimiento económico global.

La conjura de Venezuela e Irán para utilizar el petróleo como arma política no solo constituye un factor de desestabilización de los mercados a corto plazo. De concretarse, con la situación de fondo expuesta, también supondría una seria amenaza para el futuro del suministro global de petróleo.

Artículo completo:
EL ARMA DEL PETRÓLEO

Mariano Marzo

Asegurar un suministro de petróleo adecuado y fiable a los mercados es uno de los compromisos recogidos en la declaración final de la Tercera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la OPEP celebrada en Riad. Una cumbre que - con un barril cercano a los 100 dólares- había suscitado expectativas de un acuerdo que permitiera rebajar la tensión sobre los precios, pero que a la postre ha servido de caja de resonancia a los intentos del eje Caracas-Teherán por politizar el cartel y socavar la hegemonía del dólar. Un asalto en toda regla, frenado en seco por Arabia Saudita, "rey de reyes" en el mundo del petróleo, fiel aliado de Washington y el primer interesado en no convertir el oro negro en un instrumento de conflicto.

El compromiso arriba citado no es una cuestión baladí para el futuro energético global. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que la demanda mundial de petróleo seguirá creciendo a razón de un 1,3% anual, pasando de los 84,7 millones de barriles diarios (mbd) del 2006, a 98,5 mbd en el 2015, para alcanzar los 116,3 mbd en el 2030. Sin duda, cubrir tal incremento de la demanda requiere un aumento del protagonismo de la OPEP. No solo porque los miembros del cartel atesoran el grueso de las reservas probadas del planeta, sino también porqué sus costes de producción y desarrollo son, por regla general, más bajos que en otras regiones. Las expectativas de la AIE son que hacia el 2030 la OPEP cargue sobre sus espaldas la responsabilidad de aportar cerca del 52% del suministro mundial de petróleo, frente al 42% actual.

Cumplir estos objetivos dependerá en gran medida de las políticas de inversiones y de producción que adopten los países del cartel. Las expectativas de aumento de la producción podrían verse defraudadas por la i n e s t a b i l i d a d geopolítica, porque los gobiernos opten por expandir la capacidad extractiva a un ritmo más lento del requerido o porque no pudieran obtener y movilizar a tiempo tecnología y capital necesarios.

La AIE estima que para cubrir con garantías el crecimiento de la demanda global proyectada para el 2030 deben afrontarse inversiones en infraestructuras cercanas a los 5,36 billones de dólares (3,64 billones de euros), de los cuales tan solo una cuarta parte correspondería a países que pueden catalogarse como de bajo riego político y financiero. Si tales inversiones se retrasan - manteniéndose, por ejemplo, al nivel promedio de la última década- la extracción y exportación de petróleo experimentarían una caída significativa, con su consiguiente impacto negativo sobre los precios y el crecimiento económico global.

La conjura de Venezuela e Irán para utilizar el petróleo como arma política no solo constituye un factor de desestabilización de los mercados a corto plazo. De concretarse, con la situación de fondo expuesta, también supondría una seria amenaza para el futuro del suministro global de petróleo.