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¿El Ártico al rescate?

  • domingo, 19 agosto 2007 @ 22:07 CEST
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Artículos En el diario "La Vanguardia" de ayer domingo, publicaron un nuevo artículo de Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos por la Universitat de Barcelona y socio de honor de AEREN, titulado "¿El Ártico al rescate?". El artículo era anunciado a modo de preámbulo ya en la primera plana del suplemento "Dinero" ("La otra guerra fría. La guerra por el control del Ártico no ha hecho más que empezar. Pero, ¿esconderán los hielos tantos recursos como los expertos imaginan?"). Su extensión era a toda página, justo al principio de todo y abarcaba toda la sección de "En Portada". Sin duda un lugar preferente. Se dejan bastante claros los puntos referentes al cenit o imposibilidad de que sean obtenidos más recursos energéticos (parece que hay más gas que petróleo) de los que el planeta, en este caso el Ártico, nos puede ofrecer. Ante este problema real, cabe preguntarse qué pensarán ahora los economistas, asiduos lectores del suplemento, obligados a no ignorar un artículo tan visible mientras por unos minutos dejan de lado los altibajos de la economía irreal.

(...) Además, resulta que el petróleo fácil ya ha sido bombeado. El informe del NPC - elaborado por más de 350 expertos encabezados por Lee Raymond, ex presidente de Exxon-Mobil- ha sintetizado las proyecciones de producción elaboradas por una docena de petroleras y compañías consultoras en el campo de la energía alcanzando un resultado sorprendente. Todas las previsiones, menos una, quedan por debajo del listón que supondría un aumento de la demanda del 50%, y el promedio de las doce revela una carestía de 10 millones de barriles diarios en relación a la proyección de la demanda mundial elaborada para el 2030 por el U. S. Energy Information Administration. Como sintetiza un titular de Science a propósito del informe del NPC, incluso los más optimistas en la industria del petróleo esperan que la demanda supere a la oferta de crudo en un futuro alarmantemente próximo.

(...) las cuencas sedimentarias de Norteamérica y Groenlandia tan sólo contienen alrededor de un cuarta parte de los volúmenes de petróleo previamente calculados y, además, que muy probablemente la mayor parte de las reservas de hidrocarburos árticos son de gas natural.

(...) la exploración y explotación de hidrocarburos en el Ártico debe encarar importantes desafíos como los altos costes, impacto medioambiental y seguridad del personal bajo las durísimas condiciones de trabajo impuestas por un clima frío y el hielo. Si a todo lo expuesto le sumamos el rifirrafe geopolítico sobre la división de las aguas territoriales, todo parece indicar que la explotación de las riquezas del Ártico no constituyen una tabla de salvación a la que podamos aferrarnos para posponer el inicio de la cada vez más urgente transición al petróleo.

Redacción CE: por su interés, a continuación reproducimos el artículo de Mariano Marzo en su totalidad.
¿El Ártico al rescate?

La región puede guardar entre un 10% y un 25% de los hidrocarburos por descubrir en el planeta

Mariano Marzo - El subsuelo del planeta todavía alberga, como mínimo, un billón de barriles de crudo convencional para calmar la sed de petróleo de sus habitantes, aunque algunos cálculos doblan e incluso triplican dicha cantidad. Las previsiones no se ponen de acuerdo sobre cuándo la oferta será superada por la demanda. Para algunos sucederá a principios de la próxima década. Para otros, a mediados de siglo.

En julio, un informe del gobierno federal de los Estados Unidos advertía que, aunque el mundo no se está quedando sin petróleo, los EE. UU. debían acometer en el próximo lustro un ambicioso programa para desarrollar otros combustibles líquidos porque el petróleo por si solo no podrá cubrir las necesidades del transporte. Y un segundo informe del National Petroleum Council (NPC) prevé que el suministro comenzará a experimentar dificultades en una fecha tan próxima como el 2010.

El problema de fondo - todo el mundo está de acuerdo en eso- es el rápido incremento de la demanda. El NPC estima que para el 2030 éste será del 50% ó 60%, porcentaje similar al aumento experimentado por la extracción de petróleo en los últimos 25 años. Pero esta vez ajustar oferta y demanda va a resultar más difícil, porque el volumen que el mundo requerirá es un 35% mayor que el producido en el lustro precedente, lo que equivale a más petróleo que el consumido durante toda la historia de la humanidad hasta el año 2005.

Además, resulta que el petróleo fácil ya ha sido bombeado. El informe del NPC - elaborado por más de 350 expertos encabezados por Lee Raymond, ex presidente de Exxon-Mobil- ha sintetizado las proyecciones de producción elaboradas por una docena de petroleras y compañías consultoras en el campo de la energía alcanzando un resultado sorprendente. Todas las previsiones, menos una, quedan por debajo del listón que supondría un aumento de la demanda del 50%, y el promedio de las doce revela una carestía de 10 millones de barriles diarios en relación a la proyección de la demanda mundial elaborada para el 2030 por el U. S. Energy Information Administration. Como sintetiza un titular de Science a propósito del informe del NPC, incluso los más optimistas en la industria del petróleo esperan que la demanda supere a la oferta de crudo en un futuro alarmantemente próximo.

Las expectativas del Ártico

Con esta situación de fondo, la reciente misión de dos batiscafos rusos al fondo del Polo Norte ha disparado en la opinión pública grandes expectativas sobre las riquezas en hidrocarburos del Ártico, de forma que esta región ha sido presentada como "la gran esperanza blanca" de un mundo que empieza a preocuparse seriamente por la carestía de recursos energéticos. ¿Están justificadas tales expectativas?

La extracción de petróleo y gas en el Ártico es ya, hoy en día, una realidad. En los últimos veinte años la región de Prudhoe Bay, en Alaska, ha suministrado alrededor de un millón de barriles diarios (mbd), mientras que los campos gigantes de Siberia occidental, Medvezhye, Yamburg y Urengoye, localizados al sudeste de la península de Yamal, resultan vitales para el suministro de gas natural a Europa. Este hecho, junto a las apreciaciones del Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), justifica la creencia generalizada de que los yacimientos citados tan sólo constituyen la punta de un enorme iceberg. No en vano el USGS ha calculado que el subsuelo de la región que circunda el Ártico, compartida por cinco estados - EE. UU., Canadá, Groenlandia (Dinamarca), Noruega y Rusia- podría albergar hasta el 25% de los recursos de hidrocarburos que quedan por descubrir en el planeta.

Sin embargo, tal y como se constata en un estudio titulado El futuro del Ártico (Future of the Arctic),presentado a finales del año pasado por las compañías Wood Mackenzie y Fugro Robertson, este optimismo tiene visos de exageración. El citado estudio asegura que el potencial es mucho menor y que, por ejemplo, las cuencas sedimentarias de Norteamérica y Groenlandia tan sólo contienen alrededor de un cuarta parte de los volúmenes de petróleo previamente calculados y, además, que muy probablemente la mayor parte de las reservas de hidrocarburos árticos son de gas natural.

Según el informe de estas compañías, muchas de las cuencas árticas contienen acumulaciones ya descubiertas de hidrocarburos de primera calidad que totalizan 233.000 millones de barriles de equivalente de petróleo (mbep). A estos habría que añadir un potencial por descubrir de 166.000 mbep. De estas cifras, el 85% de los recursos descubiertos y el 74% del potencial por descubrir corresponderían a gas natural, con la particularidad de que el 69% de dicho gas estaría en Rusia.

En el 2000, Fugro Robertson estimaba en 800.000 mbpe los recursos globales de petróleo y gas por descubrir, el 51% de los cuales sería petróleo. Sobre la base de esta estimación, los recursos del Ártico por descubrir representarían una quinta parte del potencial global. Sin embargo, el análisis más reciente de Wood Mackenzie y Fugro Robertson sugiere que el Ártico probablemente contiene el 10% del petróleo y el 29% del gas que quedan por descubrir en el planeta. Este porcentaje de petróleo en relación al del gas no constituye una buena noticia, porque movilizar las reservas de gas de regiones remotas y transportarlas a los mercados resulta a menudo muy complicado. Las limitaciones existentes en materia de tecnología e infraestructuras de exportación podrían retrasar la producción de buena parte de los yacimientos de gas hasta mediados de siglo.

Por lo que respecta al petróleo, de confirmarse las estimaciones de Wood Mackenzie y Fugro Robertson, los recursos del Ártico resultan relativamente decepcionantes de cara a cubrir las futuras necesidades globales. El petróleo del Ártico no podrá sustituir al de los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que poseen dos tercios de las reservas conocidas y unos volúmenes por descubrir sustancialmente más importantes. Eso no significa que dichos recursos no representen un gran interés para aquellas compañías que dispongan de una tecnología avanzada, dinero y tiempo, ya que la exploración y explotación de hidrocarburos en el Ártico debe encarar importantes desafíos como los altos costes, impacto medioambiental y seguridad del personal bajo las durísimas condiciones de trabajo impuestas por un clima frío y el hielo. Si a todo lo expuesto le sumamos el rifirrafe geopolítico sobre la división de las aguas territoriales, todo parece indicar que la explotación de las riquezas del Ártico no constituyen una tabla de salvación a la que podamos aferrarnos para posponer el inicio de la cada vez más urgente transición al petróleo.

M. MARZO, catedrático de Recursos Energéticos de la UB