Bienvenido(a) a Crisis Energética miércoles, 28 junio 2017 @ 16:00 CEST

Matthew Simmons: llegará un caos energético si seguimos ignorando los riesgos

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Informes El presidente ejecutivo de Simmons & Company International, Matthew Simmons, cuya empresa es una de las principales del mundo en asesoría de inversiones energéticas, y ya conocido en estas páginas, acaba de publicar en su página web una presentación más, de las muchas que tiene a libre disposición pública, titulada "Energy Market Outlook" (fichero PDF, 3,4MB) en el que destaca algunas novedades bastante preocupantes.

Pedro Prieto, coeditor de esta página, ha traducido la presentación (fichero PDF, 2,7MB) de Simmons y nos ofrece a continuación sus comentarios a los datos y opiniones que presenta este inversionista energético tejano:

Actualización: el usuario elesceptico nos da cuenta de otra interesante presentación de Simmons, "Energy In A Post-Peak World" (fichero PDF, 3MB)):

La Simmons & Company International ha puesto una interesante serie de diapositivas (en formato slide show interactivo) en la web de 321energy. Aparte de servir como material didáctico para presentaciones, las 57 diapositivas (hay que descontar la de introducción y la final) suministran una idea bastante clara y concisa del pensamiento de Matt Simmons en torno al pico del petroleo y sus consecuencias. Para él, como ya se ha comentado en esta web, el pico podría haber pasado en el 2005 y hay que tomar medidas ya. Además de explicitar los datos y el razonamiento en que basa su hipótesis, en las diapositivas también puede verse (y leerse), el posible racionamiento de gasolina en los USA este verano, lo que puede pasar después del pico, la necesidad de la cooperación internacional, algunas de las nuevas fuentes de energía, y quienes serán los ganadores y perdedores a largo término. Todo esto en formato diapositiva... con lo que esto conlleva de poco texto explicativo.
Comentarios de Pedro Prieto a la presentación de Simmons:
Simmons nos muestra, como en otras ocasiones, algunos datos sobre el exponencial progreso del consumo de energía en el mundo en el siglo XX.

También nos detalla algunas de sus conclusiones personales a la vista del informe de 2006 de la Agencia Internacional de la Energía, sobre el que pivota su presentación, adobada de sus opiniones personales como experto en la materia. Los datos de dicho informe ya se han dado a conocer a nuestros lectores y hasta aquí, no hay nada novedoso, salvo el esfuerzo de Simmons por resaltar que la AIE sigue viendo crecimientos muy espectaculares de los combustibles fósiles para los próximos 25 años. Nada menos que entre el 40% para el petróleo y el 40% para el gas natural en el periodo 2005-2030 analizado por una agencia que es fuente de referencia mundial.

Y a partir de ahí, Simmons pasa a desbrozar el informe para averiguar que el mundo se encuentra terriblemente interrelacionado entre productores con capacidad de exportar crudo e importadores con necesidad de importarlo (página 8), con un claro déficit en el total mundial.

Con posterioridad, el presidente de Simmons International analiza el estado de la mayor parte de los grandes yacimientos petrolíferos mundiales, para concluir que la inmensa mayoría o están en declive o en franco declive, siendo como son los que hasta ahora han aportado la parte del león del suministro mundial.

Estudia también la delicada situación energética de los EE. UU. haciendo especial hincapié en que el gas está en una situación tan crítica, al menos, como el petróleo y que dentro de su país, las descompensaciones entre los diferentes estados, que el llama los “parásitos energéticos” y los demás, conforman un panorama de interrelación e interdependencia similar al de los países del mundo.

Especial mención hay que hacer al repaso que da Simmons al estado de las infraestructuras energéticas mundiales, que considera en estado semi ruinoso, por la edad que tienen (todo se desgasta en esta vida y las infraestructuras tienen una vida relativamente limitada), haciendo especial hincapié en que renovarlas costará una fortuna, no solo económica, sino energéticamente, para no obtener más beneficio que el que sigan funcionando sin interrupción, sin valor añadido alguno al que tienen en la actualidad. Este aspecto tiende a ser ignorado por los que creen que levantar estos gigantescos complejos es cosa de ponerse y poco más.

Aborda también con especial énfasis el hecho de que la tecnología, especialmente la aplicada al sector petrolífero, ha creado unas falsas expectativas de que “todo se podía hacer” con ellas, y que han resultado muy contraproducentes para el conjunto del sistema productivo energético. Y menciona los casos de las perforaciones horizontales y otras, que lo único que han conseguido es aumentar el ritmo de extracción y provocar colapsos energéticos y mayores tasas o ritmos de caída de las producciones cuando se ha pasado del cenit de la producción en muchas regiones y países.

Simmons también aborda la cuestión de los combustibles no convencionales, de donde cabe destacar dos aspectos, uno de ellos importantísimo a nuestro juicio.

El primero es que, aún reconociendo que hay mucho volumen de combustible teórico en las entrañas de la tierra, se muestra muy escéptico con el hecho de que pueda ser todo él recuperable. Es más, parece pensar que es un error pensar así y que la mayoría se quedará siempre en el subsuelo, porque el coste energético (además del económico) y los aportes de agua necesarios suponen una severa limitación de facto a estas explotaciones.

Pero el segundo aspecto es mucho más crucial. Es su constatación de que el petróleo convencional llegó a su cenit mundial en 2005 (en esto estaría de acuerdo con el profesor Kenneth Deffeyes, de la Universidad de Princeton) y muestra unas tablas de la producción dadas por la propia AIE (página 29 de su presentación) que así parecen indicarlo por el momento. El cenit se alcanzó, según Simmons, en un nivel de 74 millones de barriles diarios. De resultas de este análisis, aprendemos que en la actualidad, la diferencia hasta los 85 millones de barriles que se consumen hoy por todos los conceptos, se está cubriendo con otros productos industriales, como los líquidos del gas natural y las “ganancias de refinerías”, una fórmula de “escurrir” mejor los diferentes procesos para sacar más de lo mismo. La página 30 de la presentación muestra claramente la tendencia a rellenar más el consumo total mundial con líquidos del gas natural y “ordeñando” mejor las refinerías; algo que no tendría mucho sentido, si hubiese petróleo en abundancia y en buenas condiciones de recuperación bajo el suelo. Es un primer indicio algo alarmante. Todos esos líquidos, junto con el petróleo convencional y los condensados, son denominados en la jerga técnica “all liquids”, una medida útil como referencia, pero que esconde el hecho de que también incluye los biocombustibles, y por lo tanto, pese a ser una medida cierta de la producción bruta, no lo es tanto de la producción neta de combustibles, por ejemplo, dado que para la producción de biocombustibles se utilizan derivados del petróleo (o gas natural), de manera que en la categoría de “all liquids” no equivale exactamente a los combustibles líquidos que finalmente quedan disponible para el consumo: algunos volúmenes han sido consumidos para hacer posible otras cantidades de combustibles.

Sin embargo, todavía es más sorprendente la conclusión a la que llega en la página 31 de su presentación, cuando establece el cenit de la producción mundial de petróleo en yacimientos terrestres, nada menos que en el año 1970 (¡el mismo en el que los EE. UU. llegaron a su cenit particular de producción de petróleo!) y en el nivel de los 55 millones de barriles diarios, incluyendo los gases licuados del petróleo y los no convencionales en tierra. A partir de ese momento, nos muestra que los aumentos de la producción mundial han venido fundamentalmente por las explotaciones con plataformas marinas, que se han indo alejando de las costas hasta entrar en la calificación de “petróleo de aguas profundas” (para todo petróleo extraído con una lámina de agua superior a los 500 m).

Esta sensación, poco documentada en la prensa y medios especializados, deja un poso problemático, como el de la afirmación, generalmente desconocida por el gran público que sigue teniendo la sensación de que nadamos en la abundancia de reservas, de que el gas natural en los EE. UU. también llegó al cenit, nada menos que en 1973.

Estos rellenos con alternativas, que la prensa y medios especializados han estado vendiendo durante un par de décadas como la glorificación de la tecnología, que podría suplir y rellenar cualquier carencia, empiezan a hacer aguas. Por un lado, muestran que la realidad geológica se va imponiendo y forzando al hombre a lugares cada vez más problemáticos (síntoma evidente de la aparición cercana de la escasez) y por otro, que la tecnología tendrá los límites que la física le imponga, se pongan como se pongan sus sacerdotes.

El listado de países que ya han pasado del cenit es asombroso. La convicción, muy pública y conocida de Simmons, de que la última gran joya de la corona petrolífera, el campo de Ghawar en Arabia Saudita, también está en declive, junto con los de Burgan en Kuwait y el de Cantarell, es para empezar a preocuparse en serio.

Y sus análisis sobre las tasas o ritmos de caída de la producción de diferentes regiones y países, que el común de las gentes cree pueden ser muy suaves y la realidad va mostrando que pueden ser verdaderamente abismales, no es menos preocupante (¡hasta un 20-25% al año! Aunque a veces puedan ser de entre el 5 y el 10% anual).

Finalmente concluir que Crisis Energética no tiene por qué coincidir y de hecho no coincide, con las recetas que Simmons propone aplicar, como buen multimillonario tejano, de ajustar los excesivos consumos con aumentos de precios, así, a secas. Esto es una clásica invitación a dejar que “el mercado opere”, típica de todo liberal que se precie, en este caso estadounidense. Pero algunos sabemos lo que sucede cuando “se deja al mercado operar”, como se le deja ahora (nunca operó tanto el mercado en todo el mundo; nunca hubo tanta miseria en valores absolutos; nunca hubo tanta diferencia entre ricos y pobres). Las fuertes subidas de precios que proclama Simmons para atajar el problema del agotamiento y reducir la tasa del declive de la producción, pueden ser muy buenas para los EE. UU., pero catastróficas para los que tienen menor poder adquisitivo, que son los más. Por eso algunos sospechamos y no endosamos sus propuestas de hacer los “cambios copernicanos” que exige a nivel mundial, proponiendo dirigirlos desde “donde hay más experiencia”, una posible y velada invitación a hacerlas “bajo el liderazgo de los EE. UU.” o en todo caso, con el concurso de Europa y Japón, con quizá China y Rusia que es como pedir más de lo mismo, con los mismos que liderando el mundo hasta ahora lo han dejado en tan calamitosa situación.

Y hasta mis los comentarios como editor de Crisis Energética. El resto, que lo opinen los lectores.