Bienvenido(a) a Crisis Energética viernes, 19 enero 2018 @ 23:46 CET

Inflación, petróleo y dinero en tiempos de crisis (I)

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Artículos Para poder exponer algo sobre la inflación primero se debe hablar un poco del dinero. A continuación expondremos la estrecha relación que éste guarda con el petróleo hoy en día, advirtiendo que la crisis energética provocada por el cenit de producción del petróleo podría estallar en primera instancia como una crisis financiera global.

El dinero surge para eliminar ciertas dificultades engorrosas que aparecían en el truque, pues si uno deseaba una olla y sólo tenía pollos, por poner un ejemplo tonto, necesitaba encontrar no un vendedor de ollas, sino un vendedor de ollas que quisiera pollos. La solución apareció cuando las personas se pusieron de acuerdo para intercambiar los bienes mediante un elemento que fuera neutro frente a los productos y que sirviera para hacer ‘trueque’ con cualquier bien con independencia de las necesidades perentorias del vendedor y el comprador. Esto es la moneda y es así como aparece el dinero y el sistema bancario que lo permite hace ya miles de años, aún con formas y métodos muy distintos a los actuales. La masa monetaria, en consecuencia, debe guardar una estrecha relación con los bienes que deben intercambiarse. En un principio, debe darse un precario equilibrio de modo que ni falte ni sobre dinero. Éste es el hecho básico que da utilidad a la moneda y le hace ser lo que es, un equivalente justo de intercambio. Pero los problemas aparecen cuando la cantidad de moneda aumenta a mayor velocidad que la producción de bienes que se intercambian. Esto es algo que ha sucedido cuando el gobierno de turno en cada momento histórico ha considerado que se podía manipular el dinero creándolo de la nada, sin respaldo en un incremento parejo de riqueza material.

Cuando sucede esto el estado se comporta como un estafador cuando imprime billetes falsos y los pone en circulación. La diferencia fundamental es que el estafador no tiene derecho legal alguno para imprimir billetes y el gobierno sí que se ha dado a sí mismo esa facultad. Es decir, el estado comete un fraude contra la riqueza y el trabajo de las personas que representa. A este fraude no tipificado en ley alguna es lo que los economistas llaman inflación. Bueno, en realidad le asignan otra definición. Pero espero aclarar que la correcta es esta y no la que suelen dar los economistas al uso.

También podríamos definir la inflación como el impuesto más sibilino y sutil que gobierno alguno inventó. Pues se introduce sin aprobarse en la corte o el parlamento y, lo que es peor, sin que se avise al ciudadano de que lo va a pagar.

Explicaremos este siniestro fraude con un ejemplo para que el lector entienda cómo puede ser que su patrimonio se evapore día a día sin darse cuenta, terminando liquidado en parte o en su totalidad allí donde el estado quiere que se derive. Pido disculpas de ante mano a los funcionarios, pues mi intención no va más allá del ejemplo.

Supongamos que el gobierno de una nación democrática pequeña y con muchos funcionarios vislumbra problemas para poder ganar las próximas elecciones. Decide entonces enfrentarse a algunos gastos que superan a sus ingresos. Es decir, decide acometer más gastos de los que puede pagar. Pero no quiere aumentar los impuestos para aumentar los ingresos porque están próximas las elecciones y esas medidas son siempre muy impopulares. Uno de los gastos extras es incrementar el sueldo a los funcionarios en un 10% para ganar su voto. Así que avisa a quien corresponde, se hace el proceso bancario pertinente y las máquinas de la fábrica de moneda comienzan a imprimir los billetes necesarios que terminarán en manos de los funcionarios.

Estos trabajadores se ponen muy alegres porque piensan que realmente se les ha pagado más dinero, del que ya había en circulación. Así que dan por descontado que su poder adquisitivo ha aumentado y se preparan para realizar algunos dispendios extraordinarios que estaban aparcados hacía tiempo por las sucesivas congelaciones salariales. Cuando llegan las elecciones, como es de bien nacidos ser agradecidos, ceden alegremente su voto a quien parece haberles hecho un poco más ricos.

Pasados los meses y las elecciones que dieron la victoria al partido en el gobierno, un funcionario acude a comprar manzanas y descubre que su precio y en general el de toda la fruta ha subido. De hecho hacía tiempo que no subía tanto. ¿Qué ha sucedido? Simplificando para que se entienda, la relación natural entre oferta y demanda ha forzado la subida del precio cuando han aparecido compradores con mayor poder adquisitivo que antes (los funcionarios). Es decir, las manzanas y en general toda la fruta que antes tenía un precio equiparable a su bien material, al aparecer más dinero en circulación, sube de precio no porque valga más sino porque el dinero vale menos. Es decir, en la frutería ha aparecido más liquidez sin tener respaldo en un incremento equivalente de la cantidad de fruta disponible, así que ésta debe subir su valor monetario, pues hemos dicho que el dinero cumple su función cuando hay una correspondencia entre su cuantía y el número de bienes y servicios que representa.

El resultado termina siendo muy curioso. Porque lo que parecía ser un mayor poder de compra para el funcionario ha terminado siendo humo, pues ha subido el precio de las manzanas y de toda la fruta en general, ajustándose su poder adquisitivo actual con el que tenía antes. Pero, por otro lado (y este es la parte más amarga de la historia), todos aquellos que no son funcionarios han experimentado el incremento del valor de la fruta pero en su caso sin disponer de mayor liquidez. Así que sufren una disminución real del poder adquisitivo que les da la fuerza de su trabajo mediante sus nóminas, las plusvalías de su patrimonio o los subsidios y pensiones que cobran.

Es decir, el gobierno ha trasladado con mucha sutileza el coste de la compra de los votos de los funcionarios a los que no lo son. Digamos que les ha hecho pagar un impuesto sin previo aviso y sin que los mismos pagadores se hayan dado cuenta de ello.

Cuando sucede lo del ejemplo en la economía real, aunque el común de las personas no suele llevar una contabilidad doméstica exhaustiva, la gente comienza a descubrir que su poder adquisitivo desciende porque debe pagar más dinero por la misma cantidad de cosas. Así que sospecha que algo está pasando. El estado, que siempre sondea en los abismos, descubre estas preocupaciones y se adelanta desviando la atención mediante dos tácticas muy sibilinas y que siempre funcionan por la desinformación del personal: el concepto ‘presión inflacionista’ y la manipulación de los índices. En el primer caso se informa a los ciudadanos desde los medios de que hay ‘presiones inflacionistas’ en determinados sectores de la economía porque aparecen ‘chicos malos’ que están especulando con los precios al alza. En el caso del ejemplo anterior sería el pobre frutero, que muy al contrario de lo que dice el inicuo gobierno no especula de forma perversa, sino simplemente está protegiendo su negocio de la secreta devaluación monetaria. En el segundo caso, los que detentan el inmenso poder de crear dinero prodigan aún más su perversidad, distorsionando los índices que presuntamente deberían informar al público de la subida real de los precios en los bienes y servicios por la expansión de la masa monetaria. Para ello emplean técnicos expertos en cálculos ajenos a toda evidencia y capaces de imaginarse abstracciones economicistas tan truculentas como los ajustes hedónicos o hedonistas y otras lindezas que ya fueron tratadas en el artículo el mito de la inflación controlada.

Pero ¿qué naturaleza tiene el dinero para que se pueda manipular de este modo? ¿Siempre ha sido así? No podemos responder a esta pregunta sin poner antes en perspectiva el objeto a analizar.

El dinero tiene diferentes formas en función de su convertibilidad o no a bienes tan tangibles como los metales preciosos. Estas son el dinero real, el dinero fiduciario, el dinero fiat y el dinero fiat imaginario.

El dinero real. A través de la historia el dinero real ha sido el oro y la plata. Por razones de conveniencia estos metales fueron amonedados con el sello de la autoridad gobernante que hacía constar la pureza y el peso de la moneda. De hecho acuñar monedas de oro y plata siempre ha sido un acto de soberanía monopolizado por el estado. Y siempre ha sido así hasta que hace unos 300 años comenzaron a aparecer nuevas formas de dinero. El escocés John Law fue uno de los precursores del papel moneda sin respaldo y el artífice de la primera burbuja especulativa de consecuencias dramáticas para la economía francesa. Hoy en día el dinero real sigue existiendo porque responde a las necesidades reales de la naturaleza humana. Sólo que ha caído en desuso por las trabas que los mismos gobiernos han ido estableciendo a su uso.

El dinero fiduciario. En su momento se le llamó así porque no se trataba de monedas de oro o plata, sino de certificados que prometían la entrega de oro o plata al tenedor. Algunos certificados fueron simples constancias de un depósito de oro o plata a favor de un titular. Otros certificados tomaron la forma de ‘pagarés’ emitidos por alguna compañía bancaria. Eran pagarés sin fecha de vencimiento y ‘cobrables’ en oro o en plata a la vista y al portador. Se llamó dinero fiduciario por la raíz latina del vocablo ‘fido’, que significa ‘confío’. Es decir, el tenedor del pagaré ‘confiaba’ que el emisor del pagaré entregaría oro o plata contra la presentación del billete. Hoy en día ya no existe dinero fiduciario en el mundo. Ningún billete representa derecho alguno exigible por su dueño a cargo del emisor del papel moneda.

El dinero fiat. Se llama así al dinero que no promete entrega alguna de oro, plata o cualquier otra cosa al portador del mismo. La palabra ‘fiat’ significa ‘hágase’ en latín. Es dinero que existe por decreto y en virtud o abuso de la potestad que tiene concedida el que gobierna y que en consecuencia no tiene más respaldo que esa potestad, pues no promete, insisto, ninguna entrega de algo de valor a su dueño. No obstante esta naturaleza tan anómica del papel moneda, hoy en día es el único dinero que se permite circular a nivel mundial por imperativo legal. Este dinero vale en el comercio porque en el momento de su creación sustituyó a otro dinero que sí tenía valor (dinero real) o prometía valor (dinero fiduciario). Ambos tipos de dinero transmitieron parte de su valor al dinero fiat y el comercio internacional lo admitió en los intercambios comerciales. La fecha de este fausto evento es el 15 de agosto de 1971, cuando el presidente Nixon declaró nula la promesa de redimir (pagar) oro por dólares en poder de los Bancos Centrales del mundo a razón de una onza de oro por cada 35$ presentados para su cobro. El comercio internacional no tuvo más remedio que plegarse a esta exigencia de EEUU por su fortaleza económica y porque el líquido que comenzaba a engrasar toda la economía (el petróleo) pasó a intercambiarse por dólares gracias a los acuerdos entre la dinastía Saud y el gobierno de EEUU. El resto de commodities siguió esta senda por el empuje de la fortaleza del dólar hasta quedar nominado en estos billetes de color verde el resto de las transacciones comerciales internacionales.

El dinero fiat imaginario. Con el dinero fiduciario emitido por los bancos apareció otro tipo de dinero que consistía en un saldo reflejado en una cuenta corriente. Al dejar de existir el dinero fiduciario las cuentas bancarias de depositantes se volvieron cuentas en dinero fiat imaginario. Es decir, el saldo no sólo dejó de ser dinero real convertible a monedas de oro o plata de las que se podía tomar posesión física, sino que también dejó de ser billetes y monedas de dinero fiat físico que se podía llevar al bolsillo. El dinero reflejado en el apunte bancario pasó a ser algo completamente imaginario porque su existencia sólo quedó garantizada por unos dígitos reflejados en la cuenta corriente del titular. A 27 de enero de 2006 existía en la unión europea la cantidad de 530 billones de euros en billetes y monedas de dinero fiat. Pero al mismo tiempo existía la cantidad totalmente imaginaria de 2.903 billones en saldos bancarios a favor de depositantes. La suma de las dos cantidades constituye el M1 o ‘circulante monetario’, es decir 3.433 billones de euros. Pasándolo a porcentaje tenemos que el 84,56% del dinero que usamos los europeos sólo existe en nuestra imaginación colectiva porque es dinero fiat imaginario que sólo existe apuntado en transacciones bancarias.

Bien, hemos dicho antes que el patrón oro se dejó pero traspasó parte de su valor al dinero fiat. La pregunta que cabe hacerse ahora es ¿cuánto del dinero fiat está respaldado en oro hoy en día? Pues hemos dicho que si algo de valor conservó este dinero fue gracias al que absorbió del dinero real. Con fecha 27 de enero de 2006 el banco central europeo informa que en los bancos centrales hay depositados 164 billones de euros en oro y derechos en oro. No entraremos a considerar ahora en qué consisten esos ‘derechos en oro’, pues en algún artículo posterior los analizaremos e indagaremos qué son en realidad. Así que dando por hecho que es oro todo lo que reluce en las cuentas oficiales, resulta que sólo un 4,77% del M1 está respaldado en el metal precioso. Para entendernos mejor, de todo el dinero fiat sólo hay un 4,77% de dinero real. Y esto que no estamos convirtiendo el oro a 35$ la onza como en 1971, sino a más de 550$. Pondremos un par de ejemplos próximos al lector para acercarle a sus propias carnes el fraude del dinero fiat. Un piso valorado en 40 millones de pesetas en dinero fiat, si lo convirtiéramos a dinero real valdría 1,9 millones. Un salario neto de 1.200 euros en dinero fiat convertido a dinero real equivale a 57,24 euros. Creo que con estos dos ejemplos se entiende con facilidad eso de que el dinero fiat ‘absorbió’ sólo parte del valor del dinero real.

Alguno podría pensar que está loco el que estas líneas escribe porque las cosas ya no funcionan así y esto son meras elucubraciones de alguien con ganas de meter miedo a la gente. Pero lo cierto es que hoy vivimos en una situación confusa que pocos intelectuales han entendido en toda su profundidad. La economía mundial está controlada por los estados gracias a que la propiedad más tangible de todo individuo (el dinero) es creada, suministrada y controlada exclusivamente por ellos. Ni Marx llegó a imaginar un control tan férreo y efectivo sobre la propiedad como el dinero fiat actual, por la sencilla razón de que en su tiempo el dinero era oro y plata, monedas libres de manipulación por decreto gubernamental.

Se debe advertir en consecuencia que el estado es el verdadero propietario del dinero fiat porque puede vulnerar el derecho a la propiedad privada cuando desee, inflacionando la economía o devaluando la moneda sin realizar compensación alguna en bienes a los súbditos que evidentemente quedan perjudicados. El motivo principal es que detenta el monopolio de la impresión del papel moneda y acapara la determinación de su valor real. Esto suena aterrador, aunque así es en realidad. El sistema monetario internacional ha concentrado el poder en pocas manos, como nunca antes se había producido en toda la historia de la humanidad. Alan Greenspan decía tres palabras y seis mil millones de habitantes temblaban. Prácticamente no hay ser humano que pueda escapar al gobierno de la Reserva Federal. Si Bernanke se equivoca presionado por la belicosa administración Bush, puede caernos encima la devaluación monetaria más drástica y perversa de toda la historia del dinero, subiendo las tasas de interés a niveles estratosféricos y provocando quiebras de empresas suficientes como para hacer crecer el desempleo a niveles nunca vistos desde que el hombre fue expulsado del paraíso y necesitó ganarse el pan con el sudor de su frente. Evidentemente, los proyectos económicos a nivel individual y familiar se derrumbarían uno tras otro.

Las expectativas personales de progreso de todo individuo están finalmente en sus manos. Este poder concentrado, absolutista, es posible gracias a la existencia del siguiente postulado moderno: "Yo determino cuánto vale el dinero". Nunca Ciro de Persia, Alejandro Magno, Julio César o Napoleón pudieron determinar cuánto valía el dinero de sus súbditos. ¡Jamás tuvieron tal poder! Hoy ya no es así, pero paradójicamente gracias a ello se ha podido expandir la economía mundial y generar una riqueza monetaria sobre el sustrato energético del petróleo de dimensiones tan descomunales que ninguno de los personajes mencionados pudo nunca ambicionar en el más grandioso de sus sueños de poder.

Pero hemos dicho antes que la masa monetaria se podía expandir siempre y cuando hubiera parejo un aumento en la riqueza real de bienes materiales. Y desde que se suprimió el patrón oro ha aumentado sin parangón el dinero en circulación. ¿Se ha expandido en paralelo la riqueza material? Si. ¿También sin parangón? En efecto. ¿Y cómo ha sido eso? Introduciendo los combustibles fósiles en el sistema económico. La tecnología en sus más diversas manifestaciones ha permitido incorporar un aporte energético al sistema económico/productivo que ha multiplicado la cuantía y el valor de los bienes de consumo hasta emparejarlo con la masa monetaria circulante. Por poner un ejemplo burdo, es fácil entender que vale más una lechuga que se puede desplazar 5.000 Km a otra que sólo sirve para hacer un abastecimiento autárquico. O dicho de otro modo, una empresa que venda lechugas como la primera obtendrá mucha más financiación bancaria que el hortelano del segundo caso porque su ‘posible’ mercado es más ‘global’. Y en consecuencia su empresa valdrá más, mucho más, tanto que hasta podría cotizar en bolsa sólo por vender muchas lechugas en los 5 continentes. Aún más claro. No se producen las mismas lechugas en multitud de huertas dispersas cultivadas a mano por muchos labradores con escasa materia orgánica como abono y regadas con calderetas, que en una única parcela muy grande abonada con petroquímica, regada por goteo bombeado y trabajada con un único operario muy mecanizado.

En consecuencia, no es muy difícil entender que el pacto entre la dinastía de los Saud y el gobierno americano que parió el sistema monetario fiat fue mucho más que un acuerdo entre ‘caballeros’. Fue la piedra angular que obró el milagro y ganó para la democracia mundial esa multiplicación energética de los panes y los peces. Evidentemente, al emparejarse el dólar al petróleo se ligó de forma irreversible esa moneda al multiplicador energético y en consecuencia el dominio de los mercados internacionales fue automático una vez los verdes dominaron las transacciones comerciales mundiales. De ahí que hayamos dicho que la Reserva Federal ‘controle’ el destino de todo el mundo, porque controla el valor de la moneda-energía. Es decir, del petrodólar. O por decirlo aún con más fuerza, de lo que hoy permite sostener la soberanía de todas las naciones porque es el fundamento de la paridad que existe entre la masa monetaria y la riqueza material de cada estado. No es extraño entonces que el dólar haya terminado siendo finalmente el respaldo de todo el sistema bancario mundial, pues todos los bancos centrales deben comprar dólares primero que hagan de garantes para poder emitir a continuación moneda nacional.

Pero las cosas funcionan la mar de bien desde hace ya 35 años, podría objetar algún escéptico, por lo que no deberíamos preocuparnos mucho de estas historietas de terror. Sí, es cierto. Podría ser. Pero se vislumbran suficientes peligros en un horizonte no muy lejano como para estar muy, pero que muy preocupados.

Marcos Martínez para CE.
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