Bienvenido(a) a Crisis Energética sábado, 07 diciembre 2019 @ 12:27 CET

Cómo no hay que abordar el problema del petróleo

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Artículos El diario español El País publica hoy un articulo de opinión muy interesante de Joseph S. Nye, que es catedrático en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard. En él reconoce en un par de ocasiones que podemos estar llegando al cenit de la producción mundial de petróleo, lógicamente sin mencionar el concepto y utilizando la sutil expresión, tan del gusto de personajes políticamente convenientes, como Felipe González de que es un asunto de demanda que supera a la oferta. Todo ello, para a continuación arrimar el ascua a sardinas poco recomendables, a juicio de Crisis Energética. Dado su interés público, CE no se resiste a comentar, en negrita y cursiva los aspectos más cuestionables de este autor.

En su reciente discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente George W. Bush declaró que "Estados Unidos es adicto al petróleo". Anunció un programa de investigación energética que reducirá las importaciones de crudo estadounidense desde Oriente Próximo en un 75% durante las próximas dos décadas. Pero la seguridad energética del país no aumentaría mucho aunque ese programa triunfara. Sólo una quinta parte del petróleo que consume Estados Unidos procede del golfo Pérsico.

En este caso, el catedrático debería comentar cual es la lógica –o la falta de ella-, ya que si EE.UU. apenas utiliza el 25% del petróleo importado del golfo Pérsico, no se sabe muy bien por qué su presidente está tan preocupado por la “seguridad energética”, que da pie a su artículo.

Los estadounidenses no son los únicos que enfocan el petróleo como un problema de seguridad. China e India, los dos países más poblados del mundo, también son conscientes de que su elevado nivel de crecimiento económico depende del crudo extranjero. Aunque estos dos países juntos sólo consumen un poco menos de la mitad que Estados Unidos, su consumo está creciendo con rapidez. Cuando el consumo per cápita de los países pobres sea igual al de los ricos, ¿habrá petróleo suficiente para todos? China e India han recorrido el mundo firmando costosos acuerdos financieros y políticos para tratar de asegurarse el suministro de petróleo por parte de los nuevos productores. Por ejemplo, cuando los países occidentales aconsejaron a sus compañías petrolíferas que no trataran con el Gobierno sudanés por su inadecuada respuesta al genocidio de Darfur, China se apresuró a comprar todo el crudo del país.

Empieza a ser cargante la obsesión de estos “think tank” occidentales de que los chinos y los hindúes nos van a perjudicar, cuando luego reconoce que estos dos colosos demográficos, que suman unos 2.500 millones de personas (más de 10 veces más que la población de los EE.UU.) apenas consumen algo menos que la mitad del consumo de los EE.UU. Es decir, unas 20 veces menso que el ciudadano medio estadounidense ¿quién es el verdadero peligro para la humanidad? ¿Quién es el que amenaza la “seguridad energética” de los demás? Ya está bien, Sr. Nye y compañía, de utilizar este simple cliché como una verdad absoluta que consagra el derecho del adicto a seguir consumiendo sin tasa, mientras cuestiona el derecho de los demás a intentar llegar a la décima parte de lo que consume uno. Además, está la golfería de intentar hacer ver la maldad china, capaz de firmar acuerdos para llevarse “todo” el petróleo de Sudán, inmediatamente después de que las compañías occidentales abandonasen (porque les tumbaban los helicópteros militares en los que llegaron a hacerse cargo del país ¿recuerda “Black Hawk derribado”?), haciendo ver que los buenos de los occidentales respetamos mucho los derechos humanos y luego vienen los malos de los chinos y se llevan el petróleo, sin importarles el asunto, mientras calla, por ejemplo, que “todo” Sudán son apenas 300.000 barriles diarios, algo menos que la Guinea Ecuatorial del democrático Obiang, que produce unos 350.000 barriles diarios, en cuyas costas la flota estadounidense ha asentado sus reales recientemente, junto con Santo Tomé y Príncipe, o que la “democrática” Nigeria, donde también están sacando tajada, a razón, de 2,5 millones de barriles diarios, gran parte de los cuales van a EE.UU. y el resto a Europa occidental, sin que parezcan importarles mucho los derechos humanos ahí. El cinismo del catedrático llega a extremos que es de obligado cumplimiento contestar.

Algunos expertos en el tema señalan que la producción de petróleo tocará techo más o menos dentro de una década. Otros replican que el descubrimiento de nuevos yacimientos y la mejora de las tecnologías de extracción en los ya existentes convierte esos pronósticos en demasiado alarmistas. Como no se dispone de cifras precisas sobre las reservas en países como Arabia Saudí, es imposible saldar definitivamente estas discrepancias. Pero la mayoría de los expertos coincide en que el mundo no se quedará sin petróleo en fecha próxima, a pesar del crecimiento de la demanda china e india. Está demostrado que existen reservas de alrededor de un billón de barriles, y es probable que se encuentren más. En cualquier caso, las discusiones sobre la magnitud de las reservas mundiales de crudo y acerca de en qué momento se llegará al techo de producción esquiva el principal problema de seguridad. La clave del mismo no radica en la cantidad global de petróleo, sino en su ubicación. Dos tercios de las reservas constatadas se encuentran en el golfo Pérsico, una de las zonas más inestables del mundo.

Aquí el profesor Joseph S. Nye acepta que hay quien piensa que la cosa puede “tocar techo” en una década, pero enseguida se consuela con las tecnologías y los nuevos descubrimientos que no se ven por ninguna parte, pero que siempre se creen en estos círculos, y volvemos al manido argumento de que lo principal es la seguridad energética y no el cenit. Maniobra típica de despiste de los “think tank” que abrevan en el sistema. En Crisis Energética diríamos más bien al contrario: son las peregrinas discusiones sobre “seguridad energética” y la “ubicación” del billón de barriles que quedan (en zonas llamadas por estos grandes pensadores “geopolíticamente inestables”), las que nos distraen del verdadero hecho de consecuencias incalculables: la inexorable llegada al cenit de producción y el posterior e inevitable declive. Y el argumento de Nye pierde aceite precisamente por ese manguito: si en el mundo hay petróleo suficiente en los próximos años y la tecnología y los nuevos yacimientos que se descubran aportarán aún más y además los EE.UU. apenas dependen en un 25% de sus importaciones de esas “zonas inestables” ¿a qué preocuparse por escribir este artículo? Ahora bien, si al llegar al cenit de la producción mundial, cada vez va a haber menos petróleo para más personas que quieren consumir cada vez más, entonces, sí que hay que preocuparse por las existencias y entonces sí que cualquier sitio productor se vuelve automáticamente en “zona inestable”, como está sucediendo.

Es probable que el suministro de petróleo sea vulnerable a las perturbaciones políticas mucho antes de que comiencen a plantearse problemas de escasez en general. Para China e India, esto no hace más que reforzar su deseo de asegurarse la provisión de petróleo desde países situados fuera del golfo Pérsico. (¡Y para EE.UU. y Europa, claro está, que son los mayores consumidores, con diferencia! Vuelve el cinismo acusador sobre el pobre que aspira a dos barriles anuales per capita, acusado por el rico que consume 20 barriles per capita y año de “elemento peligroso”!) La misma razón ha conducido al objetivo declarado por Bush de reducir las importaciones desde esa zona en un 75% durante las próximas dos décadas. A primera vista, la labor de Bush parece fácil. Estados Unidos consume alrededor de 21 millones de barriles de petróleo diarios, de los que importa 2,5 del golfo Pérsico. Antes incluso de que nuevas tecnologías produzcan esa misma cantidad de combustible, EE UU podría comenzar a importar desde Nigeria, Venezuela y otros países. Pero, aunque éstos se mantuvieran estables, Estados Unidos no se encontraría seguro. Lo importante es la cantidad total de petróleo que importa un país, no de dónde viene. Supongamos que hay una crisis en el golfo Pérsico ocasionada por las iniciativas de Irán para conseguir armas nucleares. De nuevo la prueba de la carga sobre Irán: el problema de la inestabilidad en el golfo, no es porque los EE.UU. hayan invadido a sangre y fuego Irak, porque estén ocupando militarmente Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos, además de amenazar a Irak por intentar hacer lo que han hecho ellos mismos y ha hecho Israel. No. El peligro siempre será porque los iraníes son una amenaza. El cinismo de este catedrático resulta estremecedor. Irán ha amenazado con reducir sus exportaciones de petróleo si el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas le impone sanciones por incumplir sus compromisos nucleares. Sigue la machaconería. Repita una mentira mil veces y la hará realidad. Irán no ha incumplido ningún compromiso, porque sólo pretende producir el combustible nuclear y permite las visitas de inspectores del OIEA. Son los que ya han hecho bombas bajo esa excusa y por supuesto ni firman el TNP, ni permiten visitas de inspectores, los que ahora acusan a Irán de “incumplir sus compromisos”. Esa es la prensa que tenemos. La mayoría de los expertos pronostica que esa medida elevaría el precio del crudo -incluyendo el de Venezuela y Nigeria, así como el procedente de otros países, que consumen EE UU, China e India- por encima de 100 dólares (83,7 euros) el barril. La rápida escalada de los precios dañaría a todas las economías importadoras de petróleo, al margen de donde proceda éste. El mundo aprendió esa lección después de la guerra árabe-israelí de 1973. Los países árabes embargaron las ventas de petróleo a Estados Unidos y a Holanda para castigarles por su apoyo a Israel. Pero el crudo destinado a esos dos países se trasladó a países como Japón, mientras que el dirigido a otras naciones consiguió llegar a EE UU y Holanda. El petróleo es una materia prima fungible y los mercados liquidan al mismo precio. Cuando pasó la polvareda, resultó que tanto los estadounidenses como los holandeses y otros importadores sufrieron más o menos el mismo grado de déficit y pagaron un mismo precio en daños.

Este es un argumento de muy difícil digestión y muy retorcido, para ser creíble. Efectivamente, si Irán reduce su suministro, subirá el precio del crudo. Pero hay ahora un nuevo argumento, que ha hecho fortuna entre los “expertos” que menciona Nye y que consiste en descubrir, a estas alturas y presentándolo como novedad al mundo analfabeto que se supone somos el resto de los mortales, que el petróleo es una “materia fungible” (ver los comentarios al final del artículo, sobre este asunto en “Energy Resources”) Fungible es “que se consume con el uso”. Vaya, es toda una novedad, que los economicistas empiecen a darse cuenta de que el petróleo se consume con el uso. Parece que es la forma en que nos van a ir presentando a los mortales poco a poco, que el petróleo no pare, como creíamos hasta ahora, a juzgar por la forma en que se ha organizado el crecimiento de la economía. Pero donde falla el argumento de Nye, es en su apreciación de que si uno reduce el suministro a otros, “como ya se demostró en la crisis de 1973”, los países que no son objeto de la reducción forzada, irán a comprar ahora ese petróleo y dejarán de comprarlo en otros sitios, con l oque los boicoteados terminarán comprando el que queda libre en otros lugares. Es de un retorcido mayestático, pero debería funcionar en una economía de mercado clásica. Siempre que el bien no escasease, como sucedería si ya estuviésemos llegando al cenit, que es la premisa que escamotea Nye y que algunos acólitos reproducen al pie de la letra (ver los comentarios citados al final)

Esto significa que China e India se están engañando si piensan que los acuerdos preferenciales para lograr petróleo sudanés o iraní les garantizarán seguridad. Cuando se produzca una perturbación, China, India y EE UU tendrán que enfrentarse a los mismos precios, y, por tanto, a iguales daños. Entretanto, la mala interpretación mercantilista de los mercados por parte de China significa que este país paga con frecuencia más caro lo que cree, erróneamente, que es seguridad energética. Bush comete un error similar. Aunque redujera las importaciones desde Oriente Próximo, Estados Unidos no tendrá seguridad energética a menos que ponga freno a su sed de petróleo general. En el pasado, el aumento de los precios ayudó a reducir el consumo de petróleo en el país, que ahora, de cada dólar empleado en producción, sólo gasta en crudo la mitad de lo que gastaba antes de que los precios se dispararan en la década de 1970.

iCantos de cisne y cantos de sirena, para intentar, de nuevo, poner la culpabilidad de la nueva glotonería energética sobre China e India. Claro que se tendrán que enfrentar a los mismos daños, pero eso será inevitable, si el petróleo comienza a escasear a nivel mundial y los modelos económicos de crecimiento infinito siguen sin cambiar en los países capitalistas, incluyendo en ellos a China e India, claro está. Y cuando el S. Nye dice que ahora se gasta la mitad de crudo en producir la misma unidad de PIB (frase favorita de los economicistas), se calla, que el consumo de petróleo se ha triplicado, a pesar de ello, desde el año 70, que con tanto gusto y fervor cita. Y sin embargo, los descubrimientos se han invertido respecto de la producción. En aquel entonces se descubrían unos 30.000 millones de barriles al año y muchos en grandes campos gigantes de más de 1.000 millones de barriles. Hoy apenas se descubren, incluyendo petróleos en aguas ya muy profundas, árticos o polares y petróleo extrapesados, unos 7 u 8.000 millones, si el año es bueno, todos en pequeños pozos dispersos y difíciles, mientras que hoy consumimos unos 32.000 millones de barriles anuales. Los nuevos descubrimientos que vaticina Nye, están más en el aire que el CO2 de efecto invernadero.

No obstante, alrededor de la mitad del petróleo que consumen los estadounidenses se emplea como combustible para coches y camiones. Estados Unidos no solucionará su problema de seguridad energética a menos que ahorre más combustible, posiblemente mediante una combinación de tecnologías, impuestos sobre el carburante y leyes.

De nuevo, un poco de bla, bla, bla. Ahí es donde el afamado catedrático tendría que haber dado cifras: cifras de ahorro esperado, según políticas concretas, cifras de ahorros por mejoras tecnológicas que nunca llegan a ahorrar, cifras sobre el ahorro o mejora que supondrán los nuevos impuestos (la máquina más brutal de –hacer- ahorrar de que disponen los Estados modernos). Pero aquí, el profesor Nye, se queda en una vaguedad pasmosa. Lástima de artículo desaprovechado

El petróleo no fue la causa de la guerra de Irak en el sentido simplista de que el control del petróleo iraquí por parte de Estados Unidos convertiría esta materia prima en algo más seguro. El hecho de que el mundo dependa del petróleo del golfo Pérsico significa que todos los países tienen interés en mantener la estabilidad de esa región, mejorando al mismo tiempo el ahorro de energía y diversificando, en conjunto, sus proveedores de energía.

Conclusiones: invadimos Irak para restaurar la democracia, no por el petróleo; el petróleo iraquí está “más seguro” en nuestras manos. Si la fastidiamos en el golfo Pérsico, el resto del mundo también la fastidiará (eso, en algunos sitios, se llama chantaje puro y duro), por lo que “todos los países tienen que estar interesados en crear “estabilidad” en el golfo (es decir pax americana) y luego, ya saben, la fórmula de siempre: un poquito de ahorro por aquí (sin especificar), un poquito de diversificación de proveedores por allá y asunto resuelto. Para ese viaje, señor Nye, no hacían falta alforjas tan gordas como las de El País.

Joseph S. Nye es catedrático en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard. Su último libro es The Power Game: A Washington Novel (El juego de poder: una novela de Washington). Traducción de News Clips. © Project Syndicate, 2006.

Crisis Energética copia a continuación un debate mantenido precisamente el día anterior a la publicación de este artículo de opinión, entre el moderador del grupo de debate sobre energía “Energy Resources” y el editor de esta página, Pedro Prieto. Pueden observarse las similitudes, casi gemelas, incluso en terminología, entre las opiniones del moderador estadounidense de Energy Resources y el Sr. Nye. Seguramente beben en las mismas fuentes que manan sospechosamente sincronizadas.

Oil, a fungible commodity

Most energy pundits on the Internet seem to have no idea what a fungible commodity is, or even any concept as to what the word "fungible" means. Almost certainly Hugo Chavez, president of Venezuela has no idea what a fungible commodity is. He seems to think that if he does not sell Venezuelan oil to the US then the US would have less oil and the rest of the world would have more. He could punish us by refusing us oil.

Actually it doesn't matter who we get our oil from. If Chavez cut off sales to the US, then someone else would buy more oil from Venezuela and less from other countries. That oil they did not buy from other countries would simply be diverted to the US. It might add a slight premium to shipping costs but nothing more.

Picture world oil as one big barrel of oil. Exporting countries dump oil into that barrel and importing countries suck oil from that barrel. Oil is oil is oil! That is what "a fungible commodity" means. Someone should explain that to Hugo Chavez. Someone should send him Sunday's Dilbert strip. (URL below).

Dilbert Comic

(Actually I do not agree with Scott Adams here. If everyone bought a more fuel-efficient car then demand for oil would likely fall. This would delay oil depletion slightly. But of course this would mean the population of the world would continue to increase as long as there was energy and food enabling it to do so. But in the long run this would only increase the misery when the inevitable crash did come. But that's another story.)

Ron Patterson

Oil, a fungible commodity. Respuesta

With all respects, Ron, I believe you are underestimating Hugo Chavez from a typical preposterous and arrogant Western position. He does understand very well the concept "fungible" because is of Latin origin and he speaks a Latin language. Besides, he is one of the few world leaders publicly admitting that oil is a finite resource and that we are close to the peak. A much more intelligent position than the one of your president Bush, who is still talking and deceiving his citizens with the absurdity of a new, definitive and imminent energy breakthrough to become energy independent from foreign oil (perhaps if he gets the Iraq and Iran countries plus the three other gulf states to be part of the Union, he would then don't have to depend from "foreign oil").

It does matter where one gets the oil from. Very much. In a very moment in which oil is starting to decline in global production, it will not be, as you say, "If Chavez cut off sales to the US, then someone else would buy more oil from Venezuela and less from other countries". This is the naïve statement.

The "someones" that will acquire oil from Venezuela, instead of US, will be using a growingly scarce commodity (in fact, very much a "fungible matter") in a growing economic and consumption environment. Therefore, they will probably buy what Venezuela denies to the US and BESIDES the global market will still be anxious for more oil. What you are imagining is a world depicted as a barrel, with a tap big enough to supply whatever the needs are. What Chavez depicts is an imminent world as a barrel also, but in which the drinkers are too many and the tap does not satisfy everyone needs. In this case, whatever is denied to the biggest drinker, may be drunk, with pleasure, by the rest of thirsty drinkers. Who is more naïve, military responses apart?

Pedro from Madrid